El nivel excesivo de ruido que colapsa un tramo de la carrera séptima

El nivel excesivo de ruido que colapsa un tramo de la carrera séptima

Según mediciones oficiales, en parte peatonal hay actividades que sobrepasan decibeles permitidos.

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Además de la invasión de espacio público, en la Séptima se presenta un nivel excesivo de ruido.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

08 de enero 2017 , 12:30 a.m.

Caminar por la carrera 7.ª desde la avenida Jiménez hasta la calle 24 después de las 10 de la mañana o por la noche se convirtió en un dolor de cabeza que afecta a turistas, residentes, estudiantes, comerciantes y empleados que trabajan en el sector.

Además de la invasión de espacio público (en una tarde de temporada navideña hay más de mil vendedores ambulantes), inseguridad y habitantes de calle que usan las esquinas como baño público, hay otro mal que está enloqueciendo a todos por igual: el nivel excesivo de ruido.

Dos análisis técnicos realizados un jueves y un domingo de una semana normal por la Subdirección de Calidad del Aire, Auditiva y Visual de la Secretaría de Ambiente, por petición de las alcaldías locales de Santa Fe y La Candelaria debido a quejas ciudadanas, arrojan resultados alarmantes. La estridencia en algunos puntos es de tal magnitud que está 10 decibeles por encima de los límites máximos permitidos de contaminación auditiva.

La Resolución 0627 del 2006 sobre emisión de ruido y ruido ambiental establece que ese corredor, por tratarse de una zona comercial, tiene dos tipos de manejo auditivo permitido: entre las 7 de la mañana y las 9 de la noche el límite máximo debe ser de 70 decibeles; y en la noche, de 9 p. m. a 7 a. m., de 55.

En un primer monitoreo realizado a las 8:30 de la mañana frente al centro comercial Colombia Linda Feria Artesanal (calle 24), el reporte oficial fue de 62,1 decibeles, ruido generado por vehículos que a esa hora circulaban por las calles 23 y 24 más el murmullo de los transeúntes. Dos horas después, la medición llegó a 71,7 en ese mismo punto.

En un documento oficial que solicitó EL TIEMPO a las autoridades ambientales, se reporta que el 26 de septiembre el nivel de ruido se desbordó y llegó a 78,3, producto de una fuente de sonido desde el centro comercial que apuntaba hacia el espacio público.

A una cuadra de allí, la situación es peor. El 7 de septiembre del 2016, la Secretaría de Ambiente requirió al representante legal de Créelo porque los decibeles de los amplificadores llegaron a 85,4, es decir, 15,4 por encima del máximo permitido.

Para las autoridades locales, esta vía, que se proyectó como un espacio peatonal compartido con ciclistas, es hoy un caos incontrolable que empeora con el paso de las horas. Los fines de semana y el fin de año, la situación es más compleja.

En el mapa de la temperatura de la contaminación auditiva se observan puntos de medición que sobrepasan los niveles y que se multiplican en las culatas de los edificios.

Lo más grave de esta situación es que el control solo se puede hacer a fuentes de emisión fija de aquellos negocios legales como venta de celulares, juguetería, comida, calzado, ropa, entre otros, y que utilizan altoparlantes para promover sus productos.

El problema es que al estallido auditivo de los negocios legales hay que sumarle los grupos de rock, salsa, cantantes, imitadores, vendedores de fruta, jugos y demás puestos informales que utilizan el perifoneo sin ningún control.

Una medición particular realizada a un cantante imitador que se ubica en la 7.ª arrojó 72 decibeles. Otra, entre las calles 22 y 23 al lado de un grupo de rock que se ubica al costado oriental frente a un supermercado, registra decibeles superiores a 80. (Además: Teleskop renovará la esquina de la carrera 7.ª de Bogotá)

Y no hay una norma que permita de forma legal hacer la medición de la contaminación de estos grupos ni el impacto que tienen sobre el uso de amplificadores porque es una actividad prohibida.

En este sentido, la decisión de decomisar las fuentes sonoras está en manos de la Policía, de la alcaldía local o en hacer un trabajo de persuasión y acercamiento a los grupos musicales. Entre septiembre del 2015 y 2016, la autoridad ambiental realizó 15 visitas a establecimientos que fueron reportados con niveles de contaminación auditiva. En siete de estos comercios se enviaron requerimientos para seguimiento con el fin de evitar la contaminación por ruido.

En tres de ellos se les solicitó a los administradores o responsables reubicar las fuentes sonoras para evitar ruido en la calle. En otros tres no se detectaron problemas. Otros dos que incumplen la norma están en los respectivos procesos sancionatorios.

En muchos casos, al ver los operativos de control, los infractores les bajan el volumen a sus amplificadores o los guardan y por eso cuando se hacen las mediciones no registran contaminación. (Lea también: El 'fracking' de la carrera 7.a)

Todo este ruido es parte de un caos generalizado que convirtió esta zona en una vía en mal estado para la salud auditiva y anímica de los ciudadanos que pasan por allí.


Todos los males
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niveles de ruido en la carrera septima

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En el inventario de males de la carrera 7.ª figuran, además, la invasión total del espacio público, que desbordó a las autoridades, la contaminación visual, los malos olores, la indigencia, las basuras, la venta de productos de contrabando y los delincuentes que atacan a los transeúntes. En un recorrido por la zona, varios administradores y empleados de los negocios se quejan y piden más control a las autoridades.

“La carrera 7.ª es una plaza de mercado pero de mala calidad. Por la mañana están los indigentes en las puertas de nuestros negocios; entre las 10 y las 11 llegan los ecuatorianos o peruanos para invadir el espacio público. Luego llega el resto a vender productos de mala calidad”, dice el administrador de un reconocido establecimiento.

El líder de una asociación gremial de la zona relata que el pasado jueves en la mañana se encontró a la altura de la calle 19 a la banda conocida como los ‘controles’, falsos policías que engañan a turistas o transeúntes. “Estaban de cacería”, dice.

Otro comerciante reclama porque ‘las Gordas’, la banda de ‘cosquilleras’ que roba en ese corredor, siguen haciendo de las suyas. “Es una zona fea, sucia, desordenada”, afirma la vendedora de un almacén.

El alcalde de Santa Fe, Gustavo Niño Furnieles, dijo que por instrucciones del alcalde Enrique Peñalosa, el centro es una prioridad. “Vamos a recuperar la 7.ª desde la 19 hasta la 26 porque ha estado descuidada en los últimos meses”, dijo al señalar que ya se inició la intervención.

Se hará énfasis en la regulación del espacio público, en la apropiación por parte de la ciudadanía y en el control a los artistas en temas como el ruido, pues deben cumplir con las normas, afirmó.

‘Con 19 entidades, vamos a intervenir de forma integral’

Mónica Ramírez, responsable de gerenciar la recuperación integral del centro.

¿Qué harán con la 7.ª?

Estamos trabajando con las 19 entidades que tienen impacto en la zona, desde seguridad, iluminación hasta integración social, basuras, cultura, Policía (...) Es un tema grande. Entendemos que la 7.ª colapsó.

El IDU va a iniciar obras de peatonalización...

No vamos a esperar a que se inicien para actuar. Incluso, ya se inició con temas de infraestructura básica como la instalación de canecas de basura nuevas, se mejoró la iluminación, hay más pie de fuerza de la Policía en la zona y vamos a seguir con el proceso de reubicación de los vendedores informales.

¿En cuánto tiempo veremos resultados?

Son dos meses de orden antes de iniciar los trabajos de la peatonalización.

¿Y qué quieren lograr?

Espacios más amigables para quienes sí los están usando bien, que no se genere incomodidad. Vamos a conciliar y a organizar la 7.ª.

¿Cuántos recursos van a invertir?

No se puede hacer nada permanente ni que demande recursos porque luego viene la obra del IDU. Son acciones en cultura ciudadana, demarcar la ciclorruta... Es organizar.

HUGO PARRA GÓMEZ
Redactor EL TIEMPO

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