En el barrio Las Cruces nació ‘Ni una panza vacía’

En el barrio Las Cruces nació ‘Ni una panza vacía’

Una pareja de jóvenes entrega 70 desayunos y almuerzos diariamente para ayudar a los más pobres.

Julián y Laura en el barrio Las Cruces

Han recorrido cerca de 500 kilómetros en el norte y sur de la ciudad para brindar algo de comer

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

16 de junio 2017 , 06:54 p.m.

Laura García y Julián Zárate, de 26 años, son una pareja de músicos que viven en el barrio Las Cruces en la localidad de Santa Fe.

Junto con saxofones, instrumentos de viento y una gata llamada Jackie preparan almuerzos y desayunos desde hace tres meses para entregar gratuitamente a personas que se les cruzan en el camino a sus actividades educativas y laborales.

Todas los días, desde las 8 de la noche, comienzan a calentar las ollas donde preparan los platillos; Laura se encarga de cortar las verduras mientras que Julián guisa los alimentos. Y en las mañanas preparan los desayunos para que se entreguen casi recién preparados.

Quisimos ayudar y no pensamos en limitarnos por la situación económica, recuerdo que mi esposa me dijo un domingo recién salíamos de una iglesia que fuéramos a comprar los desechables para los almuerzos, creo que desde ahí comenzamos este proyecto”, comentó Julián mientras alistaba la bolsa de lona reforzada en donde cargan diariamente la comida.

Julián y Laura en el barrio Las Cruces

La cocina de Julián y Laura.

Foto:

Santiago Rico

Sus ingresos no son estables, pues como músicos, algunas veces, dependen de los eventos para los que sean convocados; sin embargo, entre semana trabajan con la familia de Laura en una ebanistería.

Laura, con un gesto alegre, cuenta que su familia les preguntó una vez sobre la imagen que estaban publicando muy seguido en las redes sociales con la frase ‘Ni una panza vacía’.

“Les hablamos del proyecto sin intención de recibir ayuda, aunque la necesitábamos, y nos ayudaron”, afirman entre risas.

Cuando les preguntan cómo hacen para entregar la comida y abrazar a los habitantes de la calle, ellos sonríen y le dicen a más de uno que los acompañe a ver la emoción de “los olvidados”. Explican que ellos también se alegran de que alguien se les acerque, les brinde un abrazo y algo de comer sin importar el estado en el que se encuentran.

Esta pareja recorre tramos de hasta seis kilómetros en una bicicleta eléctrica no solo en busca de habitantes de calle, sino de personas que a pesar de su apariencia, “necesitan unas palabras de aliento y algo de comer”, como lo dice Julián.

Aunque esperan recibir más ayuda, no quieren vincularse con personas que busquen otros fines, solamente quieren servir a aquellos que lo necesitan.

SANTIAGO RICO DURÁN
Escribanos a edwric@eltiempo.com
Especial para EL TIEMPO

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