Navidad para los habitantes de calle, al calor de los voluntarios

Navidad para los habitantes de calle, al calor de los voluntarios

Cerca de 300 personas en situación de vulnerabilidad cerraron el 2017 con música, comida y novena.

Novena

Cerca del mediodía, cientos de habitantes de calle cerraron la celebración navideña con un tamal.

Foto:

Juan M. Vargas / EL TIEMPO

22 de diciembre 2017 , 09:30 p.m.

“Estamos humanizando las calles”, repetía fray Gabriel Gutiérrez, quien se hace llamar ‘Fray Ñero’, porque lleva 30 años trabajando con habitantes de calle. Él fue quien organizó, junto con un grupo de unos 25 jóvenes voluntarios de Callejeros de la Misericordia, esta celebración a la que asistieron cerca de 300 personas. ‘Fray Ñero’ pedía a los asistentes que se organizaran para entregarles un refrigerio, pero hacer fila no es una actividad muy propia de un habitante de calle.

Detrás de ellos se instalaron dos carpas de la Policía de Turismo y un bus del Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idiprón), donde se ofrecieron servicios médicos, pruebas de VIH, sífilis y cortes de pelo; brindando, en realidad, una salida. “El que quiera volver a su vida, reintegrarse a la sociedad, ahí está el carro del Idiprón esperándolo”, anunció alguien que se presentó como el patrullero Andrés.

“¿Están dando ropa?”, le preguntaron un par de personas a Jaime Eduardo Molina, un médico que hace cinco años decidió dedicar su tiempo a ayudar a quienes habitan las frías calles de la ciudad. Para él, el problema más serio de la indigencia que enfrenta la capital es la llegada de cientos de indígenas embera. “Muchas son menores que llegan y son explotadas sexualmente. Es común ver a niñas de 12 años embarazadas o cargando hijos recién nacidos”, afirmó Molina.

Las razones para ser habitante de calle son muchas. “Algunos llegan a esta situación por violencia, por drogadicción, por vulnerabilidades de muchos tipos”, explica fray Gutiérrez. Sin embargo, lo más difícil, en su opinión, es que la ciudadanía no los comprende, los mira con asco y los excluye. Eso, afirma, los aleja de los derechos que tienen como ciudadanos.

Luego de la novena empezó la fiesta. Una orquesta llamada Son de Calle animó la mañana con salsa. En el público estaba ‘Madonna’, una mujer transgénero de 49 años, que bailaba moviendo sus piernas y su bastón. Hace 18 años vive en la calle y duerme a veces en el parque de Las Cruces, aunque en ocasiones logra pagar un cuarto. Anda con bastón porque el VIH que contrajo en el 93, cuando se inyectaba hormonas para verse más femenina, se le convirtió en sida.

“¿Quiere saber cómo es la vida de una travesti en la calle? Muy dura. Yo he sido víctima de violencia sexual, los clientes me pegan. La prostitución no me gusta, pero a veces el hambre no me deja vivir”, dijo.

Hacia el mediodía, la orquesta finalizó su presentación y los habitantes de calle hicieron una fila, muy a su manera, para recibir un tamal como almuerzo.

DAVID RIAÑO VALENCIA
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA
@davidrianov
leoria@eltiempo.com

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