La historia detrás de la abuela que fue abandonada en El Dorado

La historia detrás de la abuela que fue abandonada en El Dorado

Su hijo mayor, al que ella no crió desde que tenía un mes de nacido, ahora se encargará de cuidarla.

Ligia Flórez, anciana abandonada en El Dorado

Ligia Flórez fue enviada sola de Ciudad de México a Bogotá.

Foto:

Cortesía SDIS

15 de octubre 2017 , 11:23 a.m.

El pasado 30 de mayo la ciudad se conmocionó con la historia de Ligia Flórez Muñoz, una mujer de 77 años, quien pese a sufrir párkinson, no poder hablar y cargar con un cuadro de desnutrición, fue enviada sola desde Ciudad de México –donde vivía con un hijo– hasta Bogotá, donde nadie la esperaba.

La única información que traía eran dos cartas en un bolsillo: una dirigida a Migración Colombia y otra a la Policía Nacional, ambas fechadas el 30/05/2017 y sin firma.

La aerolínea Interjet, que la trajo en el vuelo 2932, asumió su custodia mientras las autoridades se hacían cargo. La empresa, que excediendo sus obligaciones legales le pagó a su cliente una noche en el hotel Habitel, envió un mensaje de urgencia a la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS).

“Debido al estado de vulnerabilidad, Interjet alojó a la señora en un hotel y ha propendido por un trato humano e integral”, dice el documento que envió la aerolínea a la SDIS y en el que solicitó: “Agradecemos que reciban a la pasajera, quien se encuentra sola y en estado de vulnerabilidad dada su edad y su enfermedad”.

De inmediato, la entidad se dirigió al sitio donde estaba alojada para hacerle una valoración. En este lugar, y en compañía de personal de seguridad del hotel, se revisó el equipaje de la mujer. Allí encontraron ropa, medicamentos y sus documentos de identidad.

“Las condiciones identificadas al momento evidencian abandono social, toda vez que ningún familiar o amigo se acercó a recibirla”, dice el acta con la que la aerolínea hizo oficial la entrega de la custodia de Ligia al Distrito.

Tras una solicitud expresa del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, esta abuela ingresó al hogar geriátrico Centro Bosque Popular, donde hoy, cerca de cinco meses después, aguarda a que sus familiares vayan a su encuentro.

Después de haberla ingresado en este lugar, el reto fue hallar a sus familiares. Tarea difícil ya que la mujer no pronuncia ni una sílaba. En la búsqueda se logró identificar a dos de tres hijos. Uno es Germán Ortiz Flórez y el otro es Óscar Rodríguez Flórez.

El primero vive en Tumaco, Nariño (ciudad de donde es Ligia) y el segundo –quien habría sido el que la envió sola desde México– reside en Guanajuato. Habiendo aparecido sus hijos, parecía resuelto el principal problema de esta mujer: una gris soledad que se ha convertido en una profunda depresión, casi patológica.

Sin embargo, fue necesario que el equipo jurídico de la Secretaría de Integración realizara una denuncia por alimentos al adulto mayor en contra estos dos hombres. Tras contactarlos, el pasado 9 de junio se llevó a cabo una audiencia de conciliación en la Comisaría Décima de Familia, en Engativá. Óscar, quien está en México, participó a través de una videollamada.

“Óscar Rodríguez Flórez, quien se encuentra viviendo en el campestre Arrayán, Guanajuato, México, manifiesta que no tiene trabajo, no tiene legalizada su situación migratoria, no cuenta con permiso para trabajar, que dentro de tres meses podrá asumir la cuota alimentaria de 100.000 pesos mensuales o de más, pero que en este momento no puede dar nada”, narra el acta de esa conciliación.

Por su parte, Germán, quien tras enterarse de la situación tuvo que reunir dinero por tres meses para poder venir a Bogotá desde Nariño –en un viaje de 25 horas en bus– se comprometió a aportar el monto de 300.000 pesos mensuales para su madre.

Estos sacrificios parecen poco teniendo en cuenta que ella estaba sola y enferma. Sin embargo, lo de este hombre sí es un esfuerzo. “Pienso que es muy difícil decirlo, pero mi mamá tuvo sus errores. Ella no me crió por cosas que solo ella sabe, pero no puedo hacer nada, ya pasaron 50 años”, relató con resignación.

Germán jamás vivió con Ligia. Ni siquiera fue amamantado por ella. Creció con un nudo en el corazón que se desenvolvió en tres oportunidades en cinco décadas. Tres veces en las que este hombre le vio el rostro a su madre.

La primera fue cuando tenía 6 años, al pasar por casualidad por la misma calle en Tumaco (lo recuerda vagamente). Otra a sus 25, en Barranquilla, y por invitación de un hermano de ella. Y la última hace dos años, antes de que partiera a México con Óscar, su medio hermano.

La vida de Ligia

Nació el 16 de junio de 1940 en Tumaco. Tras terminar sus estudios de bachillerato decidió ir a Bogotá a estudiar en compañía de su novio, un joven de 18 años que también acababa de salir del colegio. Quedó en embarazo y dio a luz. Mes y medio después, simplemente desapareció.

El padre, confundido, resolvió enviar al pequeño a donde sus papás, a Nariño, para que ellos lo criaran. Luego, Ligia tuvo dos hijos más. “Mi abuela paterna se encargó de mí. Ella murió hace dos años, tenía 97. Me dio la crianza, el amor, el cariño, lo tuve todo respecto a eso”, narró Germán, quien añadió que tiene una hermana que vive en Cali y que también fue abandonada por Ligia, quien se la dejó a su mamá. El que no sufrió el desprecio de su madre fue Óscar.

Él siempre estuvo a su lado. Obtuvo toda su atención, cuidado y protección. Ella se dedicó a criarlo y compartió la vida a su lado, como si fuera hijo único. El tiempo pasó y el afecto se vio retribuido hace dos años cuando Óscar decidió irse con su madre a vivir a México. El sueño terminó con un tiquete de regreso a Bogotá, y dos cartas.

“Yo a él le dije dos cosas. Allá usted con su conciencia y allá Dios con usted”, reflexionó Germán sobre la decisión de su hermano de enviar a su madre sola, y sin dar aviso. Este hombre de 51 años es menudo en talla, pero inmenso en bondad. Es alegre, trabajador y cree profundamente en Dios.

“Por ella vine al mundo, por ella estoy acá. No se puede hacer nada, ni juzgarla. Todo va a salir bien, hay situaciones que uno no puede decir, por ejemplo las económicas, pero yo veré cómo me las arreglo para responder. Esto la verdad no es que lo haga yo, porque no podría; lo hace es Dios. Qué pena con mi mamá, pero mira la vida cómo es. El hijo que ella sí crió, la botó a su suerte”, sentenció.

Lo que le preocupa a Germán ahora es que cuando se resuelvan los trámites con el hogar geriátrico, y le entreguen a su mamá, la única opción que tiene es llevarla en bus hasta Cali, un desgastante viaje por tierra para esta mujer de 77 años. Por lo pronto busca la manera de conseguir el dinero para un tiquete de avión hasta Cali, donde la recibirá su hermana.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
Redactor de EL TIEMPO

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