El museo de la chicha está en el corazón de Bogotá

El museo de la chicha está en el corazón de Bogotá

'La bendita', que hace honor a la bebida, es el único lugar que puso a machacar maíz a extranjeros.

Chicha La Bendita

Alfredo Ortiz fundó La Bendita, donde les dio vida a la cultura muisca y a la chicha, una bebida ancestral.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

04 de mayo 2018 , 07:55 p.m.

En un rincón del Chorro de Quevedo, justo ahí donde se dice que levantaron las primeras viviendas de Bogotá, se esconde La Bendita, el primer museo de la chicha del país. Más que por turistas, el lugar es visitado a diario por estudiantes universitarios, de colegios y del Sena, lo que es motivo de orgullo para Alfredo Ortiz, el fundador del lugar.

El objetivo de este personaje es recuperar nuestras costumbres ancestrales y, sobre todo, reconocer de dónde venimos.

El lugar está ubicado en el corazón de Bogotá, en la carrera 1.ª con calle 12B bis, y allí es inevitable observar el letrero autóctono que está en la entrada. “Nuestra marca es una indígena que representa a la madre naturaleza, la cosecha y la abundancia de los cultivos; la corona es del mito del origen del maíz”, afirmó Ortiz.

Para llegar al museo primero se debe pasar por una tienda que con fotos, objetos y cuadros refleja lo que fue la Bogotá de los años 50.

“Allá se crea el mestizaje y acá –dentro del museo– el origen muisca”, comparte Alfredo, mientras acomoda su sombrero y la ruana que no deja ver su vestido de paño y tirantas que lleva por debajo. La típica pinta cachaca.

Allá se crea el mestizaje y acá    -dentro del museo– el origen muisca

Pues el amor y pertenencia de Alfredo por la capital es tan grande que entre sus vecinos y amigos es conocido como el ‘Cacha’.

Chicha La Bendita

'Beber chicha es darle un besito a la naturaleza’, dice el ‘Cacha’ a quienes lo visitan.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Un viaje en el tiempo

Hacia 1538 gobernaban dos caciques en el altiplano cundiboyacense: el Zipa y el Zaque, eran los líderes, elegidos por matriarcado.

Sí, eran las mujeres quienes tomaban las decisiones en aquella época, incluso las que llevaban a cabo el proceso de hacer nuestra bebida ancestral, la ‘fucua’. Ese fue el nombre que nuestros antepasados le dieron a la chicha, pero con la conquista cambió, y el matriarcado se acabó.

Así lo cuenta el ‘Cacha’ a todos los visitantes de La Bendita, además, él mismo prepara la bebida y tiene todos los elementos en el museo. Los mismos estudiantes y turistas hacen parte de esto y machacan el maíz con él, tal como lo hacían los muiscas; ahora el proceso es bien distinto.

Siempre hay que hacerlo con bonito pensar, bonita palabra y bonito corazón, nunca se debe estar de mal genio porque eso trasciende a nivel espiritual

En ese entonces no existía la caña de azúcar y el maíz era fermentado por las mismas mujeres que lo mascaban y ensalivaban, haciendo uso de las máquinas más sofisticadas de la época: la piedra de moler y el zarzo, entre otras.

Por obvias razones la chicha de hoy en día no es la misma de nuestros ancestros, sin embargo, Alfredo la hace dentro del museo de la forma más tradicional posible.

Desde la medianoche hasta las cinco de la mañana, él le hace una ofrenda, le danza y le canta. En ocasiones se hace de día y su compañera también lo ayuda. “Siempre hay que hacerlo con bonito pensar, bonita palabra y bonito corazón, nunca se debe estar de mal genio porque eso trasciende a nivel espiritual”, comparte el ‘Cacha’.

La dejamos en el olvido

Visitar La Bendita no solo es revivir las costumbres ancestrales, también es un llamado de atención a la memoria, pues cuando llegó la industria de la cerveza nos olvidamos de la chicha y todo el significado ancestral y cultural que es beber tan solo un sorbo de esta.

La prohibieron del todo, hasta el punto que era ilegal venderla

“En 1889 llegó Leo Kopp, fundador de la gran fábrica de cerveza alemana Bavaria. Después en 1900 se inicia la intriga, el chisme y la mala prensa”, afirmó Alfredo mientras señala carteles, periódicos e imágenes de su museo que contienen frases como “La chicha engendra el crimen, no tome bebidas fermentadas”, “Las cárceles se llenan de gente que toman chicha” o “La chicha embrutece”.

Y así fue como luego la Pola y otras marcas desplazaron a la chicha. “La prohibieron del todo, hasta el punto que era ilegal venderla”, explicó Ortiz.

Afortunadamente algunos portadores de origen como lo es el ‘Cacha’ y otros de sus vecinos quisieron rescatar la importancia histórica de la bebida y aquel ritual autóctono de Bogotá.

Chicha La Bendita

Tomar zhuke, chirrinchi, guarapo y chicha en La Bendita nos conecta con nuestros ancestros.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

Hoy en día hasta chicha de colores vemos por el Callejón del Embudo en La Candelaria.

Y aunque cada quien la elige de acuerdo con su estilo y preferencia, en La Bendita los curiosos y amantes de la chicha pueden beberla como lo hacían los muiscas y llevarse a casa no solo la chicha, también otras bebidas ancestrales como lo son el zhuke, el chirrinchi y el guarapo.


Sara Daniela Caicedo
Redacción EL TIEMPO ZONA
sarcai@eltiempo.com

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