Jimmy, el joven que pasó del consumo de drogas a la silla de ruedas

Jimmy, el joven que pasó del consumo de drogas a la silla de ruedas

Hoy tiene 27 años y aunque le tomó más de ocho años, se convirtió en deportista de alto rendimiento.

Ferney

Jimmy entrenando para las competencias nacionales de atletismo de campo en Barranquilla.

Foto:

Cortesía

28 de junio 2018 , 12:08 p.m.

“Si pudiera devolver el tiempo lo haría” dice Jimmy Ferney Benítez, de 27 años, mientras se acomoda en su silla de ruedas.

A los 9 años consumió drogas, pues su padre también lo hacía; desde ese momento se convirtió en adicto. “Fumaba marihuana o tomaba pepas, dejé el estudio y me volví callejero”, cuenta como si estuviera reviviendo esos momentos en los que se ponía a gritar, salía a correr, o se sentía invencible cuando estaba bajo el efecto de estas sustancias. Hoy se arrepiente.

El 5 de septiembre del 2008 celebraba sus 17 años y, como era costumbre, salía con sus amigos a compartir un rato agradable, y lo fue hasta que fumó marihuana, salió a correr como loco y saltó de un tercer piso; creía que sería la gran hazaña, pero cayó en la terraza de otra casa y quedó inmóvil.

Llegaron los bomberos, los paramédicos, y los vecinos del barrio El Guavio se preguntaban qué había pasado. Él, en el suelo, tampoco imaginaba las consecuencias de su arrebato. Lo llevaron al hospital Santa Clara, y allí le dieron la peor noticia: había sufrido fractura de columna y lesiones en la médula espinal; eso le impediría caminar de nuevo.

Luego de meses en el hospital, mientras lo operaban para acomodarle las vértebras, regresó a su casa y entró en depresión, no se quería levantar de la cama. “Yo no quería salir porque me daba pena que la gente me viera; además, recordaba todo lo que hacía cuando podía usar mis piernas: montaba bici, caminaba largas distancias, corría, saltaba, pero cuando aterrizaba en la realidad, solo me veía postrado. Anhelaba levantarme, me sentía impotente; además, creía que ya no podía hacer nada atado a una silla de ruedas”, relata con un nudo en la garganta. Jimmy duró 2 años así, no le hallaba sentido a la vida, deseaba morir acostado en una cama. No moverse le provocó tres graves heridas en la piel. “Mi puño cabía por allí, se me veían los huesos”, cuenta.

Yo no quería salir porque me daba pena que la gente me viera; además, recordaba todo lo que hacía cuando podía usar mis piernas

Ferney

El joven de 27 años entrena desde las 6 de la mañana hasta las 4:30 de la tarde.

Foto:

Cortesía

Los médicos le advirtieron a su familia sobre el grave estado en que se encontraba, hasta que una fisioterapeuta lo devolvió a la vida: “No recuerdo el nombre, pero fue un ángel para mí; ella me decía: ‘Tú puedes hacer todo lo que te propongas’; entonces me convencí de eso y decidí amar la vida y luchar por ella”, expresa con una sonrisa en el rostro.

Decidió corregir sus errores, así que validó el bachillerato. “Quería hacer las cosas bien, me esforcé por ser el mejor y siempre ocupaba los primeros puestos”, recuerda.

Solo le faltaba cicatrizar una pequeña parte de la herida; todo marchaba bien, hasta que un día le empezó a salir mucha sangre. Tenía una infección en el hueso y tuvo que retornar al hospital. “Me dio muy duro porque ya tenía unos planes, quería terminar el bachillerato y estudiar diseño gráfico”, relata mientras muestra las cicatrices de las heridas que lo afligieron durante dos años.

No se rindió, así que se propuso metas; la primera de ellas fue subirse a la cancha de microfútbol. “Se me metió en la cabeza que quería subirme a la cancha, así que todos los días iba, me empezaba a trepar hasta donde alcanzara y volvía y me bajaba. También hice barras para fortalecer mis brazos, hasta que lo logré. Tardé un año, pero lo hice”, cuenta mientras su sobrino le muestra un dibujo que él hizo hace años, pues diseñar, hacer tatuajes y el deporte se convirtieron en su pasión.

Su pasatiempo favorito es merodear por la ciudad en su silla de ruedas, y en esas conoció a Pablo Peña, un entrenador del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), cuya labor es entrenar a deportistas de alto rendimiento que se encuentren en sillas de ruedas.

Él lo invitó a entrenar, y se apasionó tanto que ya no pasa por su cabeza volver a consumir drogas o soñar con la muerte.

Jimmy entrena atletismo de campo desde las 6 de la mañana hasta las 4:30 de la tarde. “Sueño con ganarme las medallas de oro en torneos nacionales; de hecho, me estoy preparando para un campeonato nacional que se llevará a cabo en Barranquilla en el mes de octubre”, relata entusiasmado.

“Las drogas no traen nada bueno, aquellos que dicen ser tus amigos desaparecen cuando llegan los momentos difíciles. Los únicos presentes son Dios y la familia. A aquellos jóvenes que son adictos o empezaron a consumir les digo que no esperen a que les pase una tragedia para reflexionar. Yo duré luchando por mi vida 8 años, y nunca seré el mismo, ya no podré caminar; ¡si tan solo pudiera devolver el tiempo, le habría hecho caso a mi mamá cada vez que me decía: ‘¡Mijo, no vaya por allá!”, concluye Jimmy, cabizbajo.

Luisa Sánchez
Especial para EL TIEMPO
En twitter: @lusanchez1240

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.