El diccionario de las palabras más 'boletas' y 'chirriadas' de Bogotá

El diccionario de las palabras más 'boletas' y 'chirriadas' de Bogotá

Instituto Distrital de Patrimonio presentó el 'Bogotálogo II', con modismos y jergas de la ciudad.

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Un bogotano de padres quindianos, Andrés Ospina, es el autor de la obra.

Foto:

Cortesía Instituto Distrital de Patrimonio

19 de diciembre 2016 , 10:26 a.m.

‘A lo Vietnam’ (honestamente) que hace mucho rato no me reía tanto con la lectura de un libro como lo hice con el ‘Bogotálogo II’, de Andrés Ospina. Esta suerte de lexicón de la lengua que se habla, se oye, se degusta y se maltrata en Bogotá llega en una nueva edición más ‘engallada’ (artefacto ornado por florituras y dotado de aditamentos) que nunca.

El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) le volvió a apostar al proyecto y lo patrocinó. En el 2010 ya había ganado la convocatoria Ciudad y Patrimonio, para la primera edición.

Aprovecho la ocasión para, en vez de seleccionar unas cuantas palabras y soltar sus significados a la ‘topa tolondra’ (actividad realizada sin esmero ni técnica), apropiarme de ellas y ‘boletearlas’ (boletear: exhibirse innecesaria y peligrosamente; ponerse a sí mismo o a los demás en ridículo) en un texto que tratará de ser coherente con el deseo de Ospina.

“Por tratarse de un material en construcción, no temo en demasía a que algunas fallas se sigan perpetuando. Me acompaña la esperanza de que en años posteriores habrán de ser otros quienes se dediquen a pulir aquello que nosotros dejamos imperfecto”, comentó el escritor.

Mejor dicho, la idea es que ‘sardinos’ (fórmula anacrónica y de muy dudoso gusto para referirse a un jovenzuelo, adolescente, jovencita o mozalbete) y ‘cuchos’ (ancianos) disfruten estas palabrejas, tan ocurrentes como insólitas. Es que no nos digamos mentiras, la lengua viva puede con todo, es poesía.

(Blogs: El Blogotazo, de Andrés Ospina)

En el prólogo que el nadaísta Eduardo Arias le dedicó, se dice que el ‘Bogotálogo’ se nutre de la tradicional jerga cachaca, esa que es ‘chirriada’ (elegante, óptima), y de los otros argots que se han catalizado en una ciudad variopinta, que “a partir de la segunda mitad del siglo XX comenzó a recibir gran cantidad de migrantes del campo y de otras ciudades”. En todo caso, la voz de la capital es un completo ‘sancocho’ (mezcla cargada de variedad de insumos).

Humor y desenfado

A Ospina, los más puristas del idioma lo podrían tildar de ‘chirri’ (individuo de mal gusto) y de ‘chunchurria’ (individuo despreciable) por atreverse a convertir en libro expresiones que ni de riesgo pasarán por la Real Academia de la Lengua. ‘¡Qué tal el despelote (caos) de palabras que armó este ‘chino’!’, diría el clásico Rufino José Cuervo, si aún diera guerra en este mundo.

Pero alguien tenía que darse a la labor, y ya por ‘sapo’ (quien se mete en asuntos que no le incumben) o por ‘ñoño’ (individuo consagrado de manera desmesurada a sus deberes, adicto a sus tareas estudiantiles o laborales), el ‘sardino’ de marras se le midió a la empresa. También podría chismosear uno que no le faltaron ánimos de ‘pantallero’ (individuo ávido de figuración), pero eso ya entra en los terrenos de la especulación y estamos escribiendo en un periódico serio.

Llevo como dos horas redactando, me disperso tantico y pienso “uuuuf, qué rico mandarme una ‘cuca’ bien sabrosa”. De inmediato reflexiono y me pregunto, “qué va a entender el lector por ‘cuca’, ¿pensarán que soy un morboso?”. Tal vez sí, porque en su acepción procaz y callejera ‘cuca’ viene a ser vagina. Eso sí, aclaro que la cuca aludida por este cronista es la “galleta de color oscura y forma circular elaborada con panela”.

Para terminar este texto con el que a la vez me divierto y me gano las ‘lucas’ (dinero) para mi sustento, le echo una llamada a Andrés:

–¿Y cuáles palabras de este ‘Bogotálogo’ ampliado te causaron (así, con tuteo confianzudo) mayor recordación?

–Muletillas del tipo ‘como tal’, que usan mucho los empleados de ‘call centers’. Me llama la atención que la aplican para al final embaucar y dar a entender que no tienen solución al problema ‘como tal’. Otra es ‘tangaloneta’, que viene a ser la mezcla de tanga con pantaloneta, lo que muestra todo lo que es el ingenio bogotano –resuelve el escritor.

Y para este último párrafo, tenga usted en cuenta lo que advierte el prologuista Arias, si se anima a comprar el libro (disponible desde la próxima semana en las principales librerías del país): “No es una biblia que deba reverenciarse y tomarse al pie de la letra. Más bien invita a una mirada activa, crítica y reflexiva en un ambiente de humor y nostalgia estimulantes”.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO

En Twitter @felipemotoa

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