Las dos caras de la prohibición del parrillero en moto

Las dos caras de la prohibición del parrillero en moto

Motociclista explica el impacto que tiene la medida al realizar su trabajo.

Camilo Hernández

Camilo Hernández es conductor designado en una aseguradora.

Foto:

César Melgarejo / ELTIEMPO

25 de enero 2018 , 08:50 p.m.

Camilo Hernández es un publicista de 28 años que trabaja en el sector del Ricaurte. Los fines de semana es conductor designado para la aseguradora Axa Colpatria. Él y su hermano deben transportarse en la moto de 150 centímetros cúbicos para cumplir con esta obligación, uno de conductor y otro de pasajero.

“Nosotros nos vamos en la moto y recogemos al usuario”, aseguró. La dinámica es la siguiente: uno conduce el carro y el otro se devuelve en la moto. Con este trabajo reciben entre 900.000 y 1’300.000 pesos mensuales, lo que representa el 50 por ciento de su ingreso actual.

Camilo tiene dos motos, de 125 y 150 centímetros cúbicos de cilindraje. Aseguró que al ser de bajo consumo es una complicación para cumplir con los horarios. “En varios casos la aseguradora me dice: ‘debe cumplir un servicio en 45 minutos, a las dos de la madrugada’, y uno va a 80 kilómetros por hora, para recoger a un usuario en Cajicá”, comentó.

Este joven utiliza la moto todos los días, debe transportar a su hermano desde la cuatro de la mañana a las distintas tiendas de Justo y Bueno, para que realice el inventario del contenido. “Es una buena opción para economizar”, agregó.

Hernández está preocupado, no sabe cómo suplir este ingreso, además cree que la medida no es la solución para los problemas de inseguridad. “Para bajar el índice de robos, de infracciones y mejorar la seguridad se necesita hacer un plan estratégico, en donde se monitoreé continuamente. Se debe mirar el modelo de otras ciudades en donde la restricción no es permanente”, afirmó.

A Lina Hernández le costó dos meses recuperarse emocionalmente, después de ser asaltada a dos cuadras de su casa en el sector de Modelia. A mediados de diciembre del 2015, esta médica veterinaria se encontraba caminado desde la estación Modelia de TransMilenio, tras regresar de su turno nocturno en una veterinaria de la 134 con 19.

Cuando se aproximaba a su residencia, entre las calles 25 y 26 con 80, su celular sonó. “Yo confiada porque estaba muy cerca de mi casa decidí contestar”.

Dos hombres con cascos polarizados que se movilizaban en una moto, la abordaron. Uno de ellos, la intimidó por la espalda, le dijo “entrégueme el celular”. Hernández reaccionó de forma esquiva, así que el asaltante le rasguñó el cuello para raparle su celular. Luego se subió de nuevo a la moto, que según Hernández tenía la placa tapada con una bolsa negra. Ella salió corriendo detrás de los asaltantes, hasta que reaccionó y prefirió detenerse.

Era las 10 de la mañana, cuando llegó a su casa y vio las manos marcadas de su agresor desde la clavícula hasta la oreja. Sentía rabia e impotencia. “Lo primero que uno hace es autoculparse”, dijo.

Después de este incidente, Lina no caminaba con la misma confianza. “Yo escuchaba una moto y se me aceleraba el corazón, me entraba a una tienda; en la calle siempre sentía que me perseguían”, comentó. Ella cree que la medida debe ser aplicada por sectores, horas y días. “Así como uno se acopló al pico y placa, que sea igual con los parrilleros”, agregó.

BOGOTÁ

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