El músico al que mataron en un puente peatonal y nadie investigó

El músico al que mataron en un puente peatonal y nadie investigó

‘Marcho por la vida de otros jóvenes porque a mi hijo ya me lo mataron’, dice Evangelina, su madre.

Jairo Steven Gallo Avendaño

Familiares y amigos se reunieron en el cementerio para recordar a Jairo Steven.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

21 de marzo 2017 , 02:18 p.m.

Jairo Steven Gallo Avendaño no alcanzó a cumplir los 22 años. Su madre, Evangelina, llora solo de recordar. Le llegan imágenes de su vida, como cuando estaba embarazada de él y fue atracada tres veces, y claro, las de hace dos años, cuando su hijo murió, víctima del mismo delito.

El niño que nació el 12 de febrero de 1993 partió joven, atravesando un puente peatonal en el norte de Bogotá. A sus padres aún les cuesta comprender por qué no hay ni la más mínima pista de los hombres que lo asesinaron.

Todo lo que pasó es incomprensible, sobre todo para una familia que vive desde el año 1983 en el barrio Buenavista, que fue parte de los fundadores y que ha logrado blindarse de la realidad social de un entorno difícil. “Recuerdo que cuando llegamos no había casas. Arribamos con nuestros cinco hijos para salir adelante”, recordó Wilder, padre del joven asesinado, recordando el paisaje de una comunidad anclada en los cerros orientales del norte de Bogotá.

Evangelina, una mujer que no ha parado de llorar la ausencia de su hijo, maneja una tienda desde hace 28 años. “El trabajo de un tendero en un barrio como el mío es difícil, pero siempre luché para que mis hijos estuvieran seguros. Nunca, nunca pensé que a mi Steven lo fueran a matar así”.

La vida de este joven fue tranquila, estudió todo su bachillerato en el colegio público Santa Clara, que luego se llamó Unión Colombia; luego, cursó un semestre de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Libre. “De ahí se salió y entró a estudiar Ingeniería Industrial en la Uniagraria. Yo pensé que tomar sus clases de noche le iba a convenir, además, iba a estar más cerca de la casa y se le iba a facilitar el transporte, pero ahora me doy cuenta de que eso también fue un error”, dijo su madre.

Pero más allá de sus deseos profesionales, Steven era un artista. Desde que le regalaron su primera guitarra se enamoró de la música y con el tiempo se puso a aprender a tocar el bajo a través de internet, instrumento que también le regaló su familia cuando solo tenía 15 años; luego vino la consola y todo lo demás. “Recuerdo que su primera banda se llamó Fénix y la armó con sus amigos del colegio”, contó su padre.

Jairo Steven Gallo Avendaño

Wilder Jairo Antonio Gallo Roa (Padre), Evangelina Avendaño Cañón (Madre), Carolina Gallo (hermana) y Dayana Gallo (hermana).

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Luego, con un grupo llamado Melfuri, grabó un par de discos, y posteriormente, por cosas de la vida, conformó otra que se llamó Ciudad Fénix, un proyecto que se truncó por la muerte del joven. “Con ellos alcanzaron a grabar un tema que se llamó ‘Ilusión’, otro que se llamó ‘Forajidos’, pero todo eso quedó en el olvido cuando lo mataron”, contó Carolina.

Aparte de todo esto, Steven trabajaba como mensajero en una empresa; era un joven que sabía que aquella era la única forma de salir adelante, tal como se lo enseñaron sus padres.

Era disciplinado, de hecho, su familia lo apoyaba y lo vieron en varias presentaciones. “A él le gustaba el pop, tenía muchos planes en ese sentido”, recordó Carolina.

De resto, su personalidad era la de un joven alegre, que pensaba las mejores palabras para expresarse. “Mi hermano nunca fue agresivo, me duele pensar que hace solo cinco años vivíamos todavía juntos”.

Recuerdos de paseos en familia hay muchos: Santa Marta, por ejemplo. Allá celebraron los 20 años del joven. También recuerdan mucho el de Leticia el 20 de enero de 2015, porque ese mismo año asesinaron a Steven. “A él le encantaba viajar. De hecho, él se fue a Brasil, al Mundial, hace tres años. La familia se había hecho ese propósito, no queríamos que nuestra realidad nos impidiera lograr ese sueño”, dijo Carolina.

‘Fue una cita con la muerte’

Los recuerdos de ese viaje a la selva estaban vivos. “Esos días, él nos había hablado de sus propósitos: soñaba con ser un empresario, idearse algún proyecto, ser independiente y poder alternar eso con su amor por la música, pero 15 días después él ya no estaba vivo”, contó su hermana Carolina Gallo.

Steven salió el sábado 7 de febrero del año 2015 a encontrarse con unos amigos, fue un día lluvioso que no le generó mucha confianza a su madre. “Es como si hubiera sido una cita con la muerte. Recuerdo mucho que esa mañana se levantó como a las 10 y yo le hice su desayunito. Yo ya había abierto la tienda y luego lo vi sacar a pasear a Max, el perro”.

El joven tenía planeado verse con unos amigos, disfrutar de la noche y relajarse de una semana de trabajo y estudio. “Yo creo que él quería celebrar el cumpleaños con sus amigos, porque yo le había dicho que el sábado siguiente nosotros se lo celebrábamos en la familia”, dijo Carolina.

Terminó en un establecimiento del centro comercial Mirandela, detrás del centro comercial Santa Fe. La noche fue tranquila y lo único fuera de lo común que hicieron, él y sus amigos, fue salir a comer algo de comidas rápidas. “Eso me lo contaron sus amigos, también, que cuando bajaron al primer piso llovía mucho y era como a la 1 de la mañana, por eso prefirieron llamar un taxi, pero como que nunca llegó”, dijo su padre.

Ante la imposibilidad de tomar transporte público y el cierre de todo el comercio, la única forma de aproximarse a sus casas era cruzar la autopista Norte utilizando el puente peatonal de la calle 183. “Ahí fue cuando Steven y sus dos amigos, Andrés Torres y Fabián González, comenzaron a atravesar el puente”, agregó.

Justo en ese momento se vieron rodeados de al menos nueve hombres. De nada sirvió su intención de devolverse, ya estaban imposibilitados de huir del lugar. Luego de esto vino un ataque violento. No les pidieron papeles ni plata, la agresión fue inminente y sin ninguna razón aparente. “A Andrés Torres lo golpearon muy duro y lo tuvieron agachado, a Fabián lo apuñalaron, de hecho, yo le vi la camiseta con mucha sangre y las heridas de mi hermano sí fueron mortales”.

Según las versiones preliminares de los hechos, Steven fue atacado en un punto más alejado de sus otros dos compañeros, como si hubiera intentado huir hacia el costado oriental del puente, casi bajando la rampa. “Ahí fue cuando lo apuñalaron en una arteria carótida. Él murió desangrado. Tampoco tenía golpes en su rostro, ni en sus manos, eso quiere decir que no hubo riña”.

El celador nos contó que él alcanzó a decirle: cela, ayúdame, que buscó agua para auxiliarlo y que llamó al CAI de la calle 187, pero ya era tarde

Steven luchó por su vida hasta el final, según relataron los investigadores de la Sijín; después de la agresión tuvo fuerzas para salir corriendo, se cayó dos veces, alcanzó a llegar a la caseta de un guarda de seguridad en el conjunto de casas Marantá y ahí se desplomó. “El celador nos contó que él alcanzó a decirle: ‘¡Cela, ayúdame!, que buscó agua para auxiliarlo y que llamó al CAI de la calle 187, pero ya era tarde”, contó Carolina.

Ese mismo hombre había visto unos sujetos deambular por el puente peatonal. Mientras el joven moría, sus otros dos amigos buscaban ayuda en el CAMI de la 187, muy lejos de él. Por la forma como ocurrieron los hechos, terminaron separados. Al otro día, todos los medios decían que la agresión había ocurrido por el robo de un celular, pero la verdad, la familia cree que semejante agresión amerita una investigación mayor porque el único aparato que se llevaron fue el de uno de los jóvenes y porque este lo entregó a cambio de que no lo golpearan más.

Un patrullero en moto alcanzó a llegar al sitio donde estaba Steven, pero ya estaba muy mal, no hablaba y para rematar la ambulancia no llegaba. “Hoy ni siquiera sabemos cómo llegó al hospital Simón Bolívar. Nadie nos ha aclarado esa duda”, dijo Carolina.

Dayana Gallo, hermana mayor de Andrés, fue quien recibió la llamada. “Eso fue como a las 6 de la mañana del domingo. Al poco tiempo llegamos al hospital, pero yo ya presentía que mi hermano estaba muerto porque el que me llamó era de criminalística. Cuando llegamos al hospital, nos dijeron que él había ingresado a las 3 de la mañana y que ya había fallecido”.

“¡No puede ser!”, fue el grito de lamento de la madre del joven al enterarse. Luego, cuando quisimos verlo, nos llevaron a un espacio del hospital parecido a una bodega, un lugar frío que la familia recuerda con dolor. “Ahí, una mujer nos dijo que el caso lo llevaba la Sijín y que no lo podíamos ver”, contó Dayana.

Jairo Steven Gallo Avendaño

La familia Jairo Steven decidió conmemorar la muerte del joven realizando una marcha desde el cementerio hasta en punto del puente peatonal en donde ocurrió la tragedia.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

A los pocos segundos, su madre dijo una frase inolvidable, de fortaleza: “Dios mío, Steven ya está muerto, nosotros estamos vivos, la vida sigue”. Su padre, mientras tanto, sintió que la tierra se lo tragaba cuando se enteró. “Ustedes no se imaginan el dolor tan tenaz. No ha sido fácil perder una persona tan admirable, no porque sea el hijo de uno, pero la verdad, si ustedes ven en el barrio, nosotros hemos sido ejemplo para mucha gente. Esta noticia nos conmovió a todos, como te digo, nosotros somos fundadores”.

Hoy no sabemos quiénes fueron los nueve vándalos, criminales, asesinos que mataron a mi hijo

Lo que más lamenta la familia es la ausencia total de una investigación, de resultados, de que, ni siquiera, les hayan entregado la ropa del joven. “Hoy no sabemos quiénes fueron los nueve vándalos, criminales, asesinos, que mataron a mi hijo”, dijo su padre.

La vida para esta familia ha sido dura después de la muerte de Steven. “A veces pienso que el aire no me va a entrar más, me he hinchado mucho, enfermado demasiado”.

Evangelina sigue trabajando en su tienda, aferrándose al recuerdo de su hijo.
Esta familia creció con muchas necesidades, pero gracias al ejemplo de sus padres cada hijo sacó adelante su carrera profesional y hoy son un ejemplo en la comunidad.

Hasta Max, el perro del músico, sufrió con la muerte de Steven: se le cayó el pelo, dejó de comer, adelgazó. “Se emociona con un joven del barrio que tiene un parecido. Nos tocó meter al animalito en un tratamiento. Aulló por muchas noches”.

La familia ha trabajado para superar la tragedia de muchas formas, se han unido más, se han esforzado por cumplir sus metas personales y profesionales, y se hicieron el propósito de evitar que tragedias como estas cambien la vida de más familias.

Exigen una investigación, justicia, que los llame alguien, quieren saber quiénes y por qué acorralaron a los tres jóvenes sin razón alguna, por qué estas son noticias de un día que luego quedan en el olvido.

Lo último que hicieron fue una caminata simbólica desde el cementerio hasta el punto del puente peatonal en donde ocurrió la tragedia. ‘Marcho por la vida de otros jóvenes, porque a mi hijo ya me lo mataron’, dijo Eva.

CAROL MALAVER
Subeditora Bogotá
Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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