En estos dos barrios de Kennedy se incuban los nuevos ‘Bronx’

En estos dos barrios de Kennedy se incuban los nuevos ‘Bronx’

Distrito asegura que ya se adelantan trabajos de inteligencias en zonas tomadas por la inseguridad.

María Paz

La transversal 81G bis (centro), en María Paz, es llamada ‘Cartuchito’. Jíbaros venden alucinógenos en el sector.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda y Hernando Banquez

19 de marzo 2017 , 12:39 a.m.

—¿Dónde queda el ‘Cartuchito’? –pregunta el periodista en la esquina de la diagonal 38 sur con transversal 81G, costado norte de Corabastos, barrio María Paz.

—¿Qué necesita, lo acompaño? –responde el habitante de la calle, animoso, tras soltar un costal lleno de cartón. Alrededor, hombres y mujeres, de vestiduras ennegrecidas y rotas, y caras igual de trajinadas, escarban entre pilas de basura.

—No, gracias, pero ¿por aquí sí es el ‘Cartuchito’?

—Sí, en la otra cuadra, ¿qué necesita, comprar bareta? Vamos lo llevo.

—Gracias, ahora no.

Los carros zigzaguean, apenas tocando el acelerador, para sortear los obstáculos de la vía: basura, carretas, perros malolientes en busca de un sobrado. Es la diagonal 38 sur.

Como lo anticipó el sujeto del costal, en la transversal 81G bis aparece el que los entendidos denominan como el ‘Cartuchito’. Si la 38 es un caos, habría que buscar en el infierno de Dante para definir esta calle, convertida en callejón por el hormiguero de consumidores que allí reposan y transan. Sobre el pavimento, un tapete de residuos y desechos de todo cariz.

—Vamo a prenderlo ya, perra –invita un muchacho de unos 20 años.

—Espere, perro, voy a dejar esto y vuelvo –responde su compañera de vicio, de camiseta azul (agujereada como un colador), enarbolando una bolsa negra con papel para reciclar. En la otra mano, un bareto.

—Muévale que aquí la espero –concede el joven.

De esquina a esquina huele a perro, a humedad, a basuco, a marihuana. A lo largo, cinco bodegas atestadas de material reciclado hacen acopio de lo que traen hombres y mujeres, y así mismo, tres puertas se tragan, ‘sin dar boleta’, a individuos que no vuelven a salir quién sabe hasta qué hora. No solo acceden andrajosos, también lo hacen otros de aspecto corriente. Son tipos los que abren y permiten el ingreso.

Otros, en la acera, cobijados por la atmósfera de tolerancia, le echan fogonazos a sus pipas. “La banda del rebusque”, se lee en una inscripción plasmada con aerosol. Esta calle es tan pesada que ni Google Street View la registró en fotos.

Barrio María Paz

María Paz, barrio vecino a la plaza de mercado Corabastos.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda y Hernando Banquez / EL TIEMPO

De regreso en la 38 sur, esta vez en la esquina de la transversal 81D, dos agentes motorizados estacionan y abordan a tres sujetos que se disponen a consumir basuco. Les piden sus cédulas y tras confirmar antecedentes vía electrónica les quitan sus pipas.

“Tombos maric@!s. Cualquiera de esos les saca una miniuzi (subfusil) y los despacha por sapos”, masculla, desde la acera opuesta, un flaco de aspecto descuidado. Escupe y avanza entre el basural que cada día queda en el traspatio de Corabastos, donde a la misma hora (tres de la tarde), un mendigo parte trozos de yuca que recogió antes, los apila y luego clama: “Lleve yuca barata, barata”.

Todas las anteriores son imágenes frecuentes del sector, como la de dos niños de caras sucias, no mayores de seis años, que ayudan a su abuela a llenar con mandarinas maduras una bolsa blanca, recolectando las que se pueden salvar entre los desperdicios.

Acorralados

A cuatro cuadras, en la esquina de la carrera 82 con 39D, hay un parque infantil. Pero no es un espacio más del barrio Llano Grande (costado occidental de Corabastos): es el parque que tuvo que ser cercado ¡con alambres de púa! Para que no volvieran a montarse los cambuches de habitantes de la calle.

La comunidad, agobiada con los problemas que trae esa población, tomó la decisión de quemar palos, plásticos y demás elementos instalados sobre los juegos infantiles. Aquella fue una extensa jornada de trabajo, pero si no lo hacían, el sitio se habría metido en un punto de no retorno. Ahora, la imagen que uno se encuentra parece extraída del cine, de ‘El niño con el pijama a rayas’: dos pequeños, detrás del alambrado, el cual sería estúpido tratar de pasar a las malas, escarban la tierra y cargan con tierra sus camiones de juguete. Para acceder, la misma comunidad arregló una portezuela que se abre solo cuando los niños hacen la petición.

Aquí los líderes comunitarios piden que no se incluyan sus nombres en la crónica, pues no han faltado papeles anónimos en que les advierten “pilas con ponerse de hablador”. En los últimos tres años y más desde que el ‘Bronx’ se atomizó por varias zonas de Bogotá (tras la retoma que hicieron las autoridades en mayo del 2016), en este barrio la ley la impone el hampa.

El 13 de marzo, una funcionaria de la Alcaldía Mayor llegó a observar y tomar apunte de los intransitables terrenos de la carrera 82 (entre la diagonal 38 bis sur y la calle 40B sur):

—¿Qué le pasa vieja hijueput@!+? –la increpó uno de los jíbaros que en esa extensa calle (unos 200 metros) se mantiene alerta: –¿Para qué nos toma fotos?

—No son fotos a ustedes, son fotos para que arreglen la vía –intervino el líder que la acompañaba. Pero la mujer se intimidó y se marchó al instante.

No se puede decir que Llano Grande es igual que María Paz. Sin embargo, la tensión en sus calles es palpable. En plena esquina de la carrera 83 con 39A sur, un muchacho de gorra, ‘jeans’ y camiseta vende dosis de marihuana y bichas de basuco. Al pasar por su lado se apresta a escuchar alguna solicitud, pero retrocede al ver que no hay tal.

En una segunda revista por el mismo punto se nota que un taxi que antes estaba parqueado sobre la calle ahora se ubica sobre la carrera. El mismo de la gorra abre una de sus puertas, se mete y vuelve a salir. Los vecinos preocupados confieren que ese y otro vehículo amarillo son frecuentes, “son de la banda que se mueve aquí. Uno se pregunta qué más harán con esos taxis, ¿paseos millonarios?…”, comenta una líder, que se sabe las placas de memoria y aunque ha denunciado ante la Policía, nada pasa.

En esta situación lo que más llama la atención del periodista es que los miembros de la comunidad que conocen dónde operan los bandidos no confían en los uniformados. La seguridad de la zona está a cargo del cuadrante 89 de la Policía (CAI Caldas). Antes, la gente los llamaba, y aunque estos pasan “ocasionalmente a dar revista, no les hacen nada a los jíbaros”, concreta otra lideresa, quien advierte que uno de los agentes, quien lleva al menos siete años de servicio en el mismo punto, estaría aliado con los delincuentes.

El llamado de la comunidad, está claro, es a que el Distrito tome cartas en el asunto y contenga la situación que se está llevando por delante a la gente de bien, al punto de poner a jugar a los niños dentro de una jaula cercada con alambres de púa.

Autoridades se comprometen

Aunque la Secretaría de Seguridad prefirió abstenerse de pronunciarse sobre el trabajo de seguridad e inteligencia que se desarrolla en los sectores aledaños a Corabastos a principios de semana, el alcalde Enrique Peñalosa felicitó a la Fiscalía tras capturar a 20 delincuentes que operaban en una banda de la zona.

“Este punto estará en nuestro foco durante los próximos meses, ha tenido un desorden histórico grave”, advirtió el mandatario.

Frente al deterioro de las vías públicas, que propician el expendio y consumo de drogas, el alcalde local de Kennedy, Juan Felipe Zapata, comentó: “Sobre el mal estado de la carrera 82 (Llano Grande), en el 2012 se firmó entre la Alcaldía y el Fondo de Desarrollo Local un convenio para rehabilitarla, entre la calle 38 C sur y la diagonal 38 sur. Las obras se suspendieron en ese entonces porque se encontraron problemas de filtración de agua. En el 2017, esta vía ha sido priorizada, y en los próximos días se iniciarán los trabajos”.

En cuanto a la diagonal 38 sur (María Paz), desde la que se desprende el llamado ‘Cartuchito’ (transversal 81G bis), la Alcaldía señaló que se está finalizando un diagnóstico para dar inicio a la construcción de mobiliario urbano y espacio público que permitan generar orden.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa

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