Alberto, el ‘peso pesado’ del reciclaje en el centro

Alberto, el ‘peso pesado’ del reciclaje en el centro

Cuenta que lleva más de 50 años en el oficio, que está amenazado y que tiene a su mujer enferma.

Reciclaje en Bogotá

Este adulto mayor, que recorre el centro de Bogotá, calcula que al día recorre de 15 a 20 kilómetros para poder conseguir el sustento de su familia.

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Hugo Parra / EL TIEMPO

14 de abril 2017 , 08:09 p.m.

Con más de 300 kilos de peso ‘al hombro’, 72 años de edad, 50 en el oficio, 9 hijos y más de 200.000 kilómetros de patoneadas, Alberto Silva Zabala, el adulto mayor que recoge materiales para reciclaje en el centro de Bogotá, hoy siente que se le acaban las fuerzas. Ya no sabe de dónde las saca.

Son cientos de cajas de cartón, de botellas, papel, plástico y metales que pareciera le van a caer encima.

–Ya estoy viejito, dice. Y sonríe.

Hoy, lo que más lo agobia, no es esa carga que vende por pesaje en las bodegas de los barrios Cundinamarca y Samper Mendoza, sino los otros pesos, los invisibles, los que no se ven atados a su carreta: la envidia, porque hace un par de semanas fue amenazado por alias ‘Guillo’, el de la camioneta roja, solo porque los comerciantes le regalan las cajas de cartón; por la pensión, tan esquiva y lejana como los años que ya recorrió, porque dice que llegó a esta edad sin tener un futuro seguro; y por último, lo que más le duele y le preocupa, la salud de su mujer, la madre de sus hijos, postrada en una cama, enferma, dice.

De las amenazas

–Es que estamos en Colombia hermanito, un país altamente peligroso, afirma mientras toma un café con leche y una almojábana.

Ahora tiene ‘guardaespaldas’ porque también le han robado galones de plástico, sus cajas, sus herramientas, tantas veces que ya perdió la cuenta… más de diez. Pero él no quiere problemas ni con los ladrones, ni con la justicia ni con el de la camioneta roja y por eso toma sus precauciones.

–Por eso es que este país lleva medio siglo en guerra. ¿No será porque somos muy abejitas?

El kilo de cartón lo pagan a 300 pesos y por cada guacal de madera que lleva a las bodegas de acopio son 200 pesos, lo que vale una caja de chicles. Con eso suma al día unos diez o quince mil pesos: 3.500 para el almuerzo, otro tanto para el ayudante que se consiguió para que lo acompañe después de la amenaza y lo que le sobra, cuando es que le sobra, lo usa para pagar el sustento de su casa.

–El otro día me entrevistaron y después de eso me iban a robar que porque yo era rico y famoso, como si esto fuera una mina de esmeraldas –señala los bultos que le cuelgan a su carreta–. Si eso fuera una mina, todos andaríamos armados con un pistolón así de largo y señala su antebrazo.

De la pensión

–Oiga, ¿será que el Gobierno no me da una pensión, toda la vida jodiéndome y será que no me pueden ayudar?

De lo que puede recordar es que no ha cotizado más de 120 semanas, según su relato y, cuenta, que lo poco que hace al día lo utiliza para pagar los medicamentos de ella.

El hombre no se queja, al contrario, se sonríe y con orgullo dice que, aunque es un trabajo duro, gracias a este logró sacar a todos sus hijos adelante. Muchos de ellos trabajan en la electrónica, asegura.

–¿Y ellos le ayudan?

–Antes yo les ayudo a ellos –contesta–. Es que cada uno anda en lo suyo –manifiesta mientras mira por el vidrio a su ayudante que vigila la carrera–.

–Oiga, ¿no será que por ahí me dan una camioneta?

–¿Usted sabe manejar?

–Pues claro, ¿se imagina? Yo la parqueo en la esquina y me pongo a recoger.

Al consultarle sobre ese tema, conocido como la formalización del oficio, que es asociarse y pertenecer a alguna de las organizaciones de recicladores que deben registrarse e integrarse al sistema que se maneja en la Superintendencia de Servicios Públicos y que a su vez deben también ellos, los recicladores, estar registrados en la Unidad Administrativa de Servicios Especiales (Uaesp), Alberto apenas si balbucea.

No entiende de todo ese papeleo. Y es que este hombre, como el 70 por ciento de los que recorren las calles de la ciudad, o no pertenecen a ninguna organización o si lo están como él, no saben cómo operan, no cotizan a la pensión y de la salud ni hablar: les llega o porque están registrados con sus parientes como beneficiarios, en el mejor de los casos, o son atendidos por salud pública.

Del pago al que tiene derecho por el aprovechamiento, ese que todos los ciudadanos cancelan en la tarifa del aseo, es poco o nada lo que sabe. Tampoco entiende.

Lejos está este reciclador de saber que solo en el 2016 se les giraron más de 33.500 millones de pesos, una cifra tan abultada como los corotos que carga y que en total, según los registros oficiales se les han pagado cerca de 70.000 millones de pesos por materiales reportados desde el año 2012 a 2016, una cifra incomparable con los 200 pesos que, durante nuestra primera entrevista, le pagó otro reciclador por un guacal de madera que recogió por los lados de la plaza de las Nieves en la calle 20.

–¿Cuántos recicladores hay en Bogotá?

– Hummm. Quién sabe…

Solo en las 50 cuadras que recorre día a día, dice, se encuentra a unos 200.

–Por ahí unos 15.000.

La cifra que él calcula no está lejos de la realidad: en la Uaesp, esa sigla que ni él, con tantos años de estar en el medio, puede saber qué significa, aparecen reportados 21.336 recicladores de oficio. De estos, 11.082 están bancarizados, es decir que tienen cuenta, hay 9.238 carnetizados y el 70 por ciento de todos ellos no pertenecen a nada.

Al revisar todos esos pagos se encuentra que con ellos se han beneficiado 8.649 recicladores.

–Es que no hay planillas, uno ya no las consigue y lo que no se pesa y no se registra, se pierde, no lo pagan. Por ahí me deben como 600.000 pesitos. Oiga, ¿será que sí me los pagan?

Lo que dice este curtido hombre es que desconoce cómo es la mecánica de los pagos, el pesaje y cómo es la transacción para que le llegue su platica. Y así están la mayoría de sus colegas que no tienen ni idea de cómo es eso de que el material que él lleva y es aprovechable se registra en el Sistema Único de Información (SUI), otra de esas siglas sofisticadas de los sistemas modernos.

Luego la Superintendencia de Servicios avala el pago y ordena a los prestadores del aseo, es decir las empresas que recogen la ‘basura’, que les pague porque son ellas a las que les llega esa plata a través de la tarifa de aseo.

La otra modalidad es el pago individual que por el Decreto 597 del 2016 a partir de abril del 2018 no se podrá hacer sino solo a través de las organizaciones.

16.000 toneladas

A ciencia cierta nadie entiende cómo es que hoy la ciudad pasó de pagar 1.520 toneladas de materiales aprovechables a 16.000 toneladas, que fueron reportadas en 10 meses, según las cifras de la Superservicios.

En cumplimiento de lo ordenado por la Corte Constitucional que protegió los derechos de esta población y le ordenó al Estado colombiano desarrollar acciones afirmativas para mejorar la calidad de vida de estos trabajadores, la semana pasada se llevó a cabo una jornada de registro de organizaciones de recicladores para formalizar el servicio: fueron en total registradas 61 organizaciones donde están afiliados 6.200 recicladores de oficio.

Sin embargo, el propio superintendente delegado para Acueducto, Alcantarillado y Aseo, Julián López, denunció que pese a que la jornada era gratuita a muchos les estaban cobrando.

–¿No será porque somos muy abejitas, no?, dijo Alberto y luego partió.

HUGO PARRA
Redactor de EL TIEMPO

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