El crudo relato de un amor que nació en la mendicidad

El crudo relato de un amor que nació en la mendicidad

Después de tres años viviendo en la calle, esta pareja se está superando y quiere casarse.

Alejandra y David vivieron tres años en la calle.

Bajo esta palma canaria, ubicada en la avenida Boyacá con Suba, vivieron por un año David y Alejandra.

Foto:

Óscar Murillo Mojica / EL TIEMPO ZONA

18 de abril 2017 , 06:26 a.m.

En los tres años que David Beltrán y Alejandra Pizarro vivieron en la calle no hubo infidelidades. Tampoco agresiones físicas, ni siquiera una grosería y jamás un abandono. Se conocieron hace cuatro años en Galerías. Ella estaba fumando bazuco en la calle 63 con avenida Caracas cuando él la abordó en su moto.

‘Vamos para mi casa’ –la invitó– ‘soy viciosa, no prostituta’– respondió Alejandra. Fue amor a primera vista. David era administrador de un bar de Chapinero y consumía perico cada ocho o quince días; y Alejandra, con ocho semanas de gestación, estaba sumergida en el dolor por un engaño.

“Al papá de mi hija lo vi besándose con un travesti, y por eso yo iba a abortar. En ese entonces vivía en el Minuto de Dios y me iba de fiesta de a tres días, pero no vivía en la calle. David me dijo: ‘no abortes que yo te apoyo’”, recordó Alejandra el primer gesto de amor de su novio.

Y así fue, estuvieron juntos todo el embarazo, juntos y consumidos por las drogas y el alcohol. Incluso David le dijo a su madre que la bebé que esperaba su pareja era de él. Sin embargo, apenas nació, el ICBF se las quitó. La custodia la obtuvo la mamá de Alejandra y ella, siempre con David, se dejó absorber por el infierno del bazuco y la mendicidad.

Al papá de mi hija lo vi besándose con un travesti, y por eso yo iba a abortar

“Duré tres años sin saber nada de nadie, a la niña no la pude ver crecer”, contó esta mujer de treinta años que pasó algunas de sus noches más difíciles bajó los mechones de una palma canaria con forma de choza que está ubicada en los puentes de la avenida Suba con Boyacá.

“Nosotros no llegábamos allí a consumir sino a dormir, hacía mucho frío, aparte de eso nos tocaba tener cuidado con las maletas porque nos robaron varias veces”, contó David, un experimentado barman que durante tres años recorrió 18 países de Europa como asistente de bar en un buque.

En este lugar, casi a la intemperie, esta pareja vivió por un año. Salían a los semáforos de la avenida Boyacá y de la Suba con un montón de trapos que hacían la forma de un bebé pidiendo dinero a quienes pasaban por allí. Lograban conseguir entre 25 y 40 mil pesos diarios, lo necesario para dos botellas de vodka de $ 7.000 cada una, 10 bolsas de bazuco de $ 2.000 y un almuerzo, que a veces era cada dos días.

Germán Camacho, un hombre que vive desde el 2009 dentro de las estructuras del puente de la avenida Suba con Boyacá, recordó a esta pareja que fue su vecina. “Ellos dormían bajo la palma, pero eran desechables. Yo les daba cartones para el frío”, contó Germán. Para caer hasta este punto, según Alejandra -de ojos grandes, manos inquietas y 1.70 centímetros de altura- fueron determinantes las fiestas y el desenfreno que conoció desde muy pequeña y en su propia casa.

David y Alejandra dejaron las callesTras vivir tres años en la mendicidad, esta pareja se supera y quiere casarse.
Rehabilitados del bronx

EL TIEMPO ZONA llevó a esta pareja a la palma donde vivieron por más de un año. Crédito: Óscar Murillo Mojica y Unidad de Video EL TIEMPO

“Mis papás consumían (ya no lo hacen) y yo me levantaba a estudiar pero eso era lleno de gente borracha y fumando por ahí. Entonces me fui a vivir con mi abuela como a los 12 años, pero como yo veía que mi papá fumaba, me quería madurar biche”, recordó Alejandra esas épocas en las que a punta de maquillaje se disfrazaba de adulta para poder ingresar a las discotecas.

Por su parte, David, un amante del fútbol -es portero- permitió a sus 16 años que la vida le anotara el gol más fatal y prefirió la marihuana, el perico y el alcohol, por encima del deporte. “Me gustaba el fútbol, jugué torneos en Soacha, luego conocí el mundo del rock, el metal, el hardcore, iba a fiestas donde había drogas y consumía, pero igual trabajaba y estudiaba, no pensé que con probar cada 15 días o cada mes iba a llegar a la calle”, exhaló David.

El árbol que fuera el improvisado nido de amor de David y Alejandra está ubicado en la localidad de Suba. Según la Secretaría Distrital de Integración Social (SDIS), en los ejercicios de caracterización que se realizaron durante el año 2014 y 2015 en esta localidad, se identificó la presencia de 67 parches y 194 cambuches. Adicionalmente, según el último censo del DANE publicado en el 2011, en Bogotá hay cerca de 9.614 personas habitando las calles, datos a los que ya no pertenecen estos enamorados. 

Mis papás consumían (ya no lo hacen) y yo me levantaba a estudiar pero eso era lleno de gente borracha y fumando por ahí

El punto de quiebre

Después de abandonar la palma en la Suba con Boyacá, esta pareja vivió en la extinta calle de ‘El Bronx’. Pagaban $ 15.000 para pasar la noche en unos hoteles cuyas habitaciones eran habitadas por ratas que se paseaban por las mesas y la cama. David le tiene pavor a los roedores por lo que decidieron adoptar una gata para que los espantara. Este animal los acompañó durante sus tiempos más difíciles y lo hace ahora, cuando dan pasos de gigante por la rehabilitación.

La vida de ellos era rebuscar dinero para consumir. Cabalgaban agotadoras jornadas de tres días metiendo bazuco y vodka para luego dormir, como muertos, durante dos o tres días enteros. En una de esas, la madrugada del 17 de diciembre del 2015, y apoderada por el cansancio, Alejandra quiso ir en busca de dinero para algo de comer, pero David se lo impidió. “Me daba miedo que un ‘sayayín’ me la violara a esa hora”, contó.

“Me compré una botella de vodka y una pepa para pararme porque estaba cansado y me fui al semáforo a ‘retacar’”, contó David. “Llegaron las 2 de la mañana, las 3, las 4, las 8 de la mañana y no aparecía”, continuó la historia Alejandra. “Pensé que se lo habían llevado a la UPJ pero al tercer día le dije a alguien que llamara al papá de David y él contó que un TransMilenio lo había cogido y que estaba en el hospital San José”, recordó entre sollozos ‘mi negra’, como le dice con amor David, un hombre de mirada serena y de sonrisa constante.

Lo que pasó esa madrugada fue que en el momento en el que David, de 38 años de edad, intentó colarse en la estación Centro Memoria, en la calle 26 con carrera 19B, un J6 que iba a toda velocidad golpeó la parte izquierda de su rostro. “No me mató de milagro, es porque Dios tiene un propósito conmigo”, contó.

El golpe le destrozó medio rostro, su mandíbula se fracturó en tres partes, igual que su oído. Fueron necesarias varias cirugías, y mucho platino, para reconstruirle la cara. Todos los gastos fueron asumidos por TransMilenio, pero las secuelas son difíciles de superar.

Alejandra y David salieron del infierno y quieren casarse.

Después de que un articulado de TransMilenio arrollara a David, la pareja decidió dejar atrás la mendicidad.

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Óscar Murillo Mojica / EL TIEMPO ZONA

David y Alejandra salieron del infierno y quieren casarse,

A esta casa, la del comerciante Germán Peña, esta pareja asiste dos o tres veces por semana para escuchar la palabra de Dios.

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Óscar Murillo Mojica / EL TIEMPO ZONA

David y Alejandra salieron del infierno y quieren casarse.

La pareja ya terminó el ciclo prematrimonial de la iglesia a la que asisten y están cerca del altar.

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Óscar Murillo Mojica / EL TIEMPO ZONA

Tras esta nueva oportunidad la pareja decidió, con su mente, corazón, pero sobre todo con su alma, y apoyados en Dios, salir adelante, dejar la calle, las drogas y contraer matrimonio. Es por esto que tras un año lejos del vicio –con tentaciones, pero sin caídas– ya superaron el ciclo prematrimonial de la iglesia a la que asisten y viven juntos en un apartaestudio en el que pagan $ 450.000 mensuales, en el barrio Minuto de Dios.

“Salir de esto es muy difícil, pero no imposible. Pero es más fácil de la mano de Dios”, predicó David, quien continuó: “Siempre nos damos apoyo. Ella sabe que si yo caigo y echo para atrás, ella tiene que seguir sin mí, y si es al revés, pues también”, sentenció.
Germán Peña, un comerciante que vio como este hombre y su prometida entraron y salieron del infierno, está convencido de que la mano del Todopoderoso se inclinó y tocó a estas personas.

“Dios hizo una obra en mí, yo era alcohólico y me sacó de eso, yo estaba destruido, mi familia, mi economía, Dios hizo una obra en mí, así que le dije: úsame en lo que quieras”, y parece que le fue encomendada, en gran parte, la vida de esta pareja.

David sigue trabajando en las esquinas, limpiando vidrios en la calle 157 con carrera 19, en Cedritos, pero el dinero que reúne ahora -y que se lo da a guardar a Germán, porque mejor no tentar al diablo- es para el arriendo, la comida y para su matrimonio. “Necesito un trabajo, quiero salir de estar en un semáforo, quiero superarme, además, si ella va a ser mi esposa, quiero que tenga una buena estabilidad”, suspiró David.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
Redacción El Tiempo Zona

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