Doce horas a la espera de la santa bendición

Doce horas a la espera de la santa bendición

Pese a los trayectos, las filas, el sol y la lluvia, se ingeniaron para soportar hasta el final.

Papa Francisco en el parque Simón Bolívar

Los feligreses esperaron pacientes la llegada del Papa.

Foto:

Juan Diego Buitrago / EL TIEMPO

08 de septiembre 2017 , 11:01 a.m.

No importó el inclemente clima de Bogotá, que pasó de un ardiente sol a un aguacero, para que 1’300.000 personas esperaran 12 horas en el parque Simón Bolívar con el fin de participar en la misa campal que celebró este jueves el papa Francisco.

“La eucaristía paga todo, fue muy linda”, dijo a la salida Alison Castañeda, una estudiante que asistió acompañada de su mamá. Las dos llegaron desde Soacha y estuvieron todo el día esperando el gran acontecimiento. Y no fueron las únicas que hicieron largos viajes para asistir al histórico encuentro.

Aunque tuvo que coger dos buses y pedirles a otros dos conductores particulares que la acercaran a uno de los puntos que daba al Simón Bolívar, Olga Lucía Moreno esperó casi en primera fila el papamóvil en el que llegó Francisco, y lo vio pasar de frente.
A las 3 de la mañana comenzó su travesía desde Bosa Recreo, en el sur de la ciudad, con medio pollo en su maleta, empaquetados, dos litros de bebida y dulces para la extensa jornada.

A esta samaria, que lleva 24 años viviendo en Bogotá, no le importó que tuviera que esperar medio día para ver a su santidad. Ella era solo uno de los miles de feligreses que con camándulas en sus cuellos y camisas blancas llegaron desde las 5 de la mañana para estar en la Eucaristía.

No los detuvo el frío inclemente de la madrugada sabanera ni el fuerte sol que quemó las mejillas de muchos en la mañana. Tampoco el aguacero que cayó desde el mediodía, que se repitió en varias ocasiones y que hizo más difícil la espera, pero, como decían bromeando los católicos, “de aquí no nos mueve ni el Papa”.

Eso mismo pensaba Olga Lucía, que trabaja como aseadora, y que este jueves tuvo permiso de su jefe para ir al Simón Bolívar a ubicarse en una de las atestadas zonas.

Madrugadores para la misa del papa

Olga Lucía llevaba doce camándulas para que el Papa se las bendijera.

Foto:

Michael Cruz / EL TIEMPO

“Es que si no se hace el esfuerzo aquí en Bogotá, ¿cuándo lo ve uno? Con el salario mínimo no se llega a Roma”, expresó ella, mientras agarraba un paquete de camándulas. Las compró el miércoles en San Victorino.

“Es una docena que traje a la Eucaristía, para que el Papa las bendiga. En Navidad se las daré como regalo a mi familia, que está entre Santa Marta y el Cesar”, contaba la mujer, cuyos ojos brillaban de la emoción, mientras besaba una de las camándulas y luego la guardaba en un pequeño cofre.

Esa era la más especial, porque se la dará a su nieta, de un año. “Quiero que la guarde, para que la use el día de su primera comunión. No importa que no sea de plata, o que se oxide con el tiempo, porque mi nieta estará bendecida por siempre”.

La jornada

Los 14 puntos del Simón Bolívar por donde ingresaban los ciudadanos se abrieron a las 5 de la mañana y a esa hora ya eran miles de personas las que habían madrugado para entrar.

El flujo de Bogotá y visitantes de toda Colombia aumentó a las 8 de la mañana, cuando empezaron a llegar buses de todas partes. Los alrededores del parque eran un mar de gente, con camisas blancas. Pasando los filtros de seguridad y una vez instalados en las más de 30 zonas dispuestas, los asistentes se volvieron una familia.

“Es como hacer un picnic, la gente se acostó en el pasto y comenzaron a repartir comida para un lado y para otro, así no lo conocieran a uno. Estoy asombrado de los bogotanos”, comentó Dante, un paisa de 33 años.

Madrugadores para la misa del papa

Desde la madrugada estuvieron esperando el ingreso los feligreses en el Simón Bolívar.

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

Cuando comenzó la lluvia, hacia el mediodía y el ambiente se tornó frío y gris, la mayoría sacó bolsas plásticas, capas e impermeables. Algunos oraron para que mejorara el clima, y en la espera se mantuvo el fervor, mientras en la tarima del parque grupos de folclor colombiano, de góspel y otros ritmos animaban a la multitud.

A las 4 de la tarde, comenzaron a batir pañuelos blancos, porque el papamóvil entró al parque Simón Bolívar, como estaba presupuestado. Hubo un minuto de silencio: la gente estaba estupefacta y los presentes miraban para todos lados a ver por dónde pasaría.

Su mirada la guiaban a los dos helicópteros que cuidaban desde el aire al sucesor de Pedro, y entonces comenzaron a entonar: “¡Que viva el Papa, que viva Francisco!” y aplaudían los feligreses, mientras el pontífice se abría paso entre las lágrimas de emoción de los creyentes y los saludos que le hacían desde las tribunas.

Media hora después de su ingreso, llegó al altar desde donde dirigiría la santa eucaristía. Entró acompañado del arzobispo de Bogotá, Rubén Salazar, y de los obispos de la Conferencia Episcopal, quienes lo asistieron durante la ceremonia que se extendió hasta las 6 de la tarde.

El Papa besó el altar, comenzó la liturgia, y en medio de ella personalidades del arte y la música de Colombia cantaron los coros para la misa campal, que erizaban la piel de los asistentes. A más de uno se le escurrían las lágrimas por el conmovedor encuentro.

Madrugadores para la misa del papa

Desde la madrugada estuvieron esperando el ingreso los feligreses en el Simón Bolívar.

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

Su sermón estuvo centrado en la injusticia y en la necesidad de la paz y la reconciliación, y encomendó a Bogotá y a Colombia a Dios.

Durante las peticiones hechas por personas de la comunidad religiosa, mujeres y otros asistentes, se destacó la de Óscar Jacanamijoy, un miembro de la comunidad indígena que habló en su lengua de origen.

El encuentro llenó de paz a los asistentes. “Yo salgo renovada, bendecida, regocijada por el santo padre”, expresó Martha Pinilla.

Adiós al Papa

Una caravana de al menos 50 motorizados cubrió el carro en el que salió el papa Francisco por la carrera 60, en medio del aplauso de la gente que se lanzó a la vía para tener el último contacto cercano con él.

A esa hora ya había empezado un espectáculo de juegos pirotécnicos que familias enteras recibieron con beneplácito, conmovidas como estaban de haber participado en la eucaristía del máximo jerarca de la Iglesia. El ‘show’ de fuegos artificiales fue intenso. Así lo reconocían los asistentes, quienes con calma fueron saliendo del Simón Bolívar poco a poco, en una de las mayores evacuaciones que se ha realizado en este escenario.

Francisco se fue en un carro particular, sonriéndoles a los colombianos, que tras doce horas de espera solo podían agradecerle al sumo pontífice por darle su bendición a este país.

MICHAEL CRUZ
Redacción Bogotá
Escríbanos a miccru@eltiempo.com

‘Todos somos vulnerables, todos’

El la noche del jueves, el papa Francisco fue recibido en la Nunciatura Apostólica, donde pernocta, por muchachos en situación de discapacidad. Y allí Lina María, joven con discapacidad cognitiva de la corporación Transición Es Crecer, pronunció un discurso que emocionó al pontífice. Entre lágrimas, dijo: “Queremos un mundo en el que la vulnerabilidad sea reconocida como esencia de lo humano, que lejos de debilitarnos nos fortalece y dignifica, un lugar de encuentro común que nos humaniza. Queremos un mundo compasivo y solidario”.

El Papa la aplaudió y le pidió repetir su mensaje. Luego dijo: “Todos somos vulnerables, todos. Adentro, en los sentimientos, en tantas cosas que no nos funcionan adentro y nadie las ve, pero hay otras que se ven. Necesitamos que esa vulnerabilidad sea respetada, acariciada, curada en la medida de lo posible y que dé fruto para los demás. Solo Dios no es vulnerable”.

REDACCIÓN VIDA

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