La difícil tarea de rescatar a un adicto de las calles de Bogotá

La difícil tarea de rescatar a un adicto de las calles de Bogotá

577 ángeles azules trabajan a diario para convencer a habitantes de calle de ir a centros de ayuda.

Elsa Perdomo

El presupuesto para ayudar a los habitantes de la calle pasó de $ 43.747 millones en el 2015 a $ 70.700 millones en el 2017.

Foto:

Carol Malaver / EL TIEMPO

13 de junio 2017 , 12:16 p.m.

Vive en el barrio Santa Rosa de Lima (Santa Fe) en una pequeña casa que construyó a pedazos después de comprar un terreno en 250.000 pesos hace 20 años. Se levanta a las 4 a .m., deja listo el almuerzo de su familia y a las 5:30 se marcha hacia su trabajo: la calle.

Elsa Perdomo, de 47 años, no titubea ni un segundo. Baja rápida y segura hasta donde se lamenta un hombre que duerme encima de una tapa de concreto, a un costado de los puentes de la calle 26.

El rescate de adictos en las calles de BogotáEl rescate de adictos en las calles de Bogotá
Elsa Perdomo


Lo toca con suavidad, le habla al oído; no hay la más mínima mueca de repulsión por el olor que expide una herida infectada en su pierna izquierda. Ellos, el grupo de cuatro ángeles que trabajan para la Secretaría de Integración Social, saben que no se deja curar porque inspirando lástima se gana entre 100.000 y 150.000 pesos diarios. Todo con un destino claro: el basuco.

Pero ese día no podía soportar tanto dolor, le dijo sí a esa mujer de ojos azul profundo, y de inmediato llamaron al vehículo encargado de llevarlo a recibir atención médica. Solo dejó un viejo cojín rojo olvidado sobre el césped. “Toca que saquen una ley para que nadie dé limosna. Esto es lo que logra la gente”. Y lo dice ella que vivió varios años de su vida durmiendo en la calle con su parche ‘los Llillos’ en San Bernardo y Santa Bárbara centro.

Elsa Perdomo

Elsa Perdomo es una de las 250 servidoras conocidas como ángeles azules. Ellos realizan 2.500 recorridos cada mes.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

Unos metros más arriba está don Luis Rodríguez; de él sí lograron todos sus datos. Contó que tuvo una esposa y que un día la perdió. Su refugio han sido las drogas. “Es muy decente, hace dos meses le estamos rogando que vaya a los centros de autocuidado; a veces se peluquea, pero hoy no quiere, está deprimido”, contó Elsa, mientras el hombre le repetía: “Mañana, mañana”, en medio del sopor de las drogas.

Con pericia han escudriñado esos puentes, los conocen a todos, sus mañas, sus excusas para no dejarse ayudar. En un rincón hay otro habitante de la calle que vive en una carreta, es su hogar, y no lo dejaría abandonado por irse a un patio donde, obvio, no podría entrar con ella, ni con su perro, el único en quien confía en la calle. Dicen que si las mascotas y las carretas tuvieran un lugar en donde esperarlos, muchos más habitantes de la calle accederían a bañarse o afeitarse.

En ese tramo, Elsa coge a los indigentes duro pero con amor. “Les digo a mis compañeros que siempre hagan eso para saber si están vivos”.

Hoy, quienes le dicen sí a la ayuda pueden llegar a las 6:30 a. m. a los hogares; se bañan, les dan una sudadera, desayunan, toman onces, almuerzan y salen de nuevo. El problema no es que no haya cómo ayudarlos, el problema es que se resisten, la calle los llama.

Para ese momento, estos cuatro ángeles ya habían abordado unas 26 personas, pero unos meses atrás, en ese lugar, llegaron a encontrar hasta 120 habitantes de calle. Solían dormir en los bordes, bajo el puente, porque sentían que allí nadie los molestaría. Allí mismo hacían sus fogatas, dormían, comían y soportaban el repudio de la gente que los miraba a través de las ventanas de los buses.

No todas las zonas son iguales: la avenida 19, el parque Santander, el parque de Las Nieves, el Eje Ambiental, cada lugar tiene sus escollos, pero nada como Las Cruces. “Allá los consumidores son más sardinos, menores de 22 años. Hay niñas en la prostitución y el consumo es peor”. A ella no, pero a sus compañeros los han robado.

Casos tristes

Elsa es una mujer curtida, lo muestra su rostro. Su piel es pecosa de recorrer la ciudad con frío o calor. Llora con una facilidad que sorprende, pero quién no con una vida que da como para escribir un libro.

La primera persona que abordó en la calle fue hace cinco años, cuando entró a trabajar con la Secretaría de Integración Social. Era una niña que salió de su casa a los 14 años y se había enamorado de un hombre que luego la prostituyó. “Como era menor de edad y en el hogar no la podían recibir, yo me iba para la calle y me sentaba en el andén con ella. Luego comenzó a ir al Idiprón y ahora está viviendo por el lado de la décima con tercera, tiene una niña. Está mucho mejor”.

Para recordar tiene mil historias. El 28 de diciembre del año pasado, cuando ya su turno había terminado, alguien les dijo que necesitaba una ambulancia porque un bebé venía en camino en la calle. La vieron correr derramando sangre con el bebé en brazos por la Caracas con calle 13. Entonces, la 'mona’ atravesó calles hasta que encontró a una niña de 17 años con un 'top' y una pantaloneta negra curtidos por el mugre. “Yo voy a tener un bebé, pero no se lo quiero dar porque usted me lo quita”.

Con la paciencia que la caracteriza se ganó su confianza, cortó el cordón umbilical y se la llevó a ella y a su bebé al hospital San José. Tres meses después le llegó el rumor de que la niña había sido vendida por $ 100.000 a una desconocida; cierto o no, esas son las cosas de la calle que no puede superar.

Entre tanta gente buena que ella sabe que anda por las calles, hay algunos a quienes las drogas les despiertan todos los demonios, como al ‘Zurdo’, que suele tener como costumbre apuñalear a los habitantes de la calle. “Un día acuchilló siete veces a otro muchacho; ese día fue fatal, al final se salvó, pero quedó con problemas graves en la columna. Yo lo auxilié”.

Elsa Perdomo

Se abrirán diez centros nuevos con 790 cupos adicionales.

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Carol Malaver / EL TIEMPO

Pero, los días más tristes son aquellos en los que la indiferencia y la violencia de los otros ciudadanos salen a flote, como cuando un joven habitante de la calle de 23 años se tomaba un café y un buñuelo frente a una frutería del centro de Bogotá y no quiso quitarse ante el reclamo hiriente del dueño del negocio. “Fue terrible. El señor salió con una barra de metal y se la enterró en el pie. Me lo llevé al hospital del Guavio; regaba sangre por todos lados”, contó Elsa. Eso y los abuelos abandonados en cualquier rincón de una calle son los casos que más la tocan. Ella nunca ha tenido reparos para ayudar; con la misma voz suave aborda a un reciclador, a un ladrón o a una trabajadora sexual. Para ella no hay diferencias cuando alguien clama por ayuda. Por eso anhela algún día tener una casa y montar un hogar para ayudar a abuelos necesitados.

Sus compañeros de hazaña también tienen sus anécdotas, como cuando Luis Ignacio Ruiz, otro ángel de la calle, tuvo que encontrar personas muertas entre las casas del barrio Santa Inés en El Cartucho. “Es doloroso ver a los adictos crónicos. Es como si no tuvieran la más mínima esperanza de salir de la calle, como si esta ya hiciera parte de su cotidianidad”. O como la de Néver Luis Medrano, de Colosó (Sucre), otro ángel que se ganó un cachetadón por decirle a una mujer que no se podía subir a la camioneta por el alto grado de excitación en el que se encontraba por el consumo de pegante Bóxer. “Luego salió corriendo, y qué miedo me dio que la atropellara un bus”.

Los peligros a los que se exponen son muchos: robos, ataques con arma blanca, groserías... pero ellos poseen el temple que no cualquier ciudadano tendría; muchos de ellos saben lo que es dormir en la calle, que un perro sea su familia y una carreta, su casa. “Antes de ellos, 'paila', le tocaba a uno templar hambre. Ahora, por lo menos uno tiene uno sitio a donde llegar a dormir”, dijo Franky, uno de los muchos a los que Elsa ha despertado con susurros.

Los logros del programa

- Personas atendidas en el 2017: 5.552
- Personas atendidas en el 2016: 12.267.
- Personas atendidas en el ‘Bronx’: 2.835

-En el 2016 se abrieron cuatro nuevos centros de atención con 506 cupos adicionales y se atendieron en total 12.267 habitantes de la calle.

- 860 exhabitantes de calle fueron formados en artes y oficios como parte de su recuperación desde que se intervino el ‘Bronx’.

- 550 habitantes de la calle que aceptaron ayuda estatal se recuperan hoy de forma satisfactoria en los centros de atención.

- 327 ángeles azules, entre profesionales de diferentes áreas interdisciplinarias y promotores, se encuentran distribuidos en los centros de atención adelantando acompañamiento personal a cada exhabitante de la calle vinculado.

Bogotá cuenta, entre la SDIS y el Idiprón, con más de 12 centros de atención.

CAROL MALAVER
Subeditora de Bogotá
* Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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