Bogotá y la región se le miden a ambicioso estudio de crecimiento

Bogotá y la región se le miden a ambicioso estudio de crecimiento

Mirará cuál es la huella urbana que han dejado las últimas décadas de expansión de las poblaciones.

Panorámica Bogotá

Municipios de la Sabana que limitan al norte con la capital también participan de la huella urbana.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

20 de septiembre 2017 , 10:17 p.m.

Para conocer de cuánto suelo disponen Bogotá y 17 municipios que la rodean para crecer de aquí al 2050, y para revisar cómo ha sido la expansión urbana de estos territorios, Findeter, la Gobernación de Cundinamarca y Bogotá adelantan el estudio de huella urbana.

Es el primero de esta magnitud que se realiza en el país y en una zona tan amplia; es clave para la organización de los Planes de Ordenamiento Territorial (POT), que hoy evalúan la ciudad y algunos municipios de la Sabana.

Surgió de los acuerdos a los que han llegado estas poblaciones en el Comité de Integración Territorial (CIT) que hoy conforman, y tuvo un costo de más de 1.290 millones de pesos. Sus resultados se conocerán en abril del próximo año.

Aunque el concepto puede parecer complejo, Ramiro López-Ghio, especialista senior en Desarrollo Fiscal y Municipal del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señala que esta huella contempla “el área construida o edificada de un asentamiento humano con niveles de densidad que la clasifican como urbana”.

Enrique Rojas, profesor de la Universidad Manuela Beltrán, complementa asegurando que este indicador evalúa la evolución que ha tenido un territorio, y los rastros que ha dejado con su expansión.

Se emplea para generar planes de crecimiento y de ordenamiento de las ciudades”, señala Rojas, y agrega que “se traduce en cómo crece una ciudad y cómo aumenta o disminuye la densidad poblacional en ella”.

Hay que tener en cuenta que los suelos en un territorio son limitados y no todos pueden ser ocupados, pues deben conservarse las zonas ecológicas, las que contribuyen a las fuentes hídricas, entre otros.

Para qué sirve

El crecimiento urbano es inevitable, pero la pregunta es cómo vamos a hacerlo y cómo vamos a organizarlo”, afirma Santiago Higuera, director de Economía Urbana de Planeación.

Este fue uno de los supuestos para acordar el estudio conjunto, dado que, como indicó el funcionario, la ciudad no puede pensar su crecimiento sin tener en cuenta a la región, y viceversa.

“La huella urbana refleja el territorio ocupado, porque llega más gente, nacen más hogares o estos son cada vez más pequeños”, indicó Higuera, y señaló que esa expansión no se genera solo en número de viviendas.

“Todo eso hace que se demanden espacio, empleo, que se creen nuevas empresas y que se requieran infraestructura de transporte, redes de servicios, espacio público y demás”, dijo.

En síntesis, el estudio de huella urbana “es una herramienta que le permite a una ciudad o municipio tomar decisiones de planeación. Saber qué clase de política y qué afectación está haciendo”, enfatizó Higuera.

En eso coincide Ana María Palau, vicepresidenta de Planeación de Findeter, entidad nacional que apoya el estudio. Señaló que este “no es un modelo de ordenamiento territorial. Es un insumo necesario para las dinámicas que se manejan en la región, y aunque suene técnico, tiene unos impactos en la calidad de vida de los habitantes”.
Aseguró que a largo plazo permite trazar planes para hacer las ciudades más compactas y eficientes a la hora de ofrecer servicios.

¿Qué contempla?

Las imágenes satelitales son una pieza clave en los estudios de huella urbana, porque precisamente miran el rastro que ha dejado el crecimiento de una población en una superficie específica.

El objetivo es analizar tanto la ocupación actual como las tendencias de crecimiento de las aglomeraciones a lo largo del tiempo”, precisa Ramiro López-Ghio, del BID.
Carlos Agudelo, docente de la Facultad de Urbanismo de la Universidad de la Salle, indica que más allá de medir la densidad, “lo que hay que entrar a revisar es esos datos qué nos indican. Por ejemplo, si la huella urbana de una ciudad es muy extensa, la gente termina desplazándose más”, concluyó.

Impacto ambiental de la expansión

Mientras el indicador de huella urbana se concentra en mirar la expansión de un territorio y la densidad poblacional en este, la huella ecológica revisa cuántos recursos requiere una población para sobrevivir. Ahí se incluyen los bienes naturales, los alimentos, entre otros.

Según la Ph. D. Dolors Armenteras, profesora asociada de la Universidad Nacional, el término “es utilizado para contabilizar de alguna forma y cuantificar los impactos de la humanidad en los ecosistemas de la Tierra, si queremos manejar el planeta de manera sostenible en beneficio tanto del bienestar humano como de nuestro patrimonio natural”.

Lo clave es que el indicador compara el “uso de recursos biológicos por parte de la humanidad con la capacidad del planeta para regenerar los mismos”, indica Dolors.
Una de las maneras más populares de medirlo es utilizar el que diseñó la Global Footprint Network, una red internacional.

EL TIEMPO realizó el ejemplo con dos casos, para ilustrar la huella ecológica que se consume. El primero es de una persona vegetariana, que anda en bicicleta la mayor parte de la semana y cuya vivienda cumple con ciertas condiciones de eficiencia energética, como buena iluminación. El otro es de una persona que consume carne y se desplaza en vehículo motorizado.

Siguiendo el test que organizó la Global Footprint Network, que evalúa tres áreas principalmente (alimentación, hogar y transporte), se concluye que la persona del primer caso deja una huella ecológica de 2,5 hectáreas globales (gha.)

Esto significa que si todo el planeta tuviera sus hábitos de vida, que consisten en realizar por lo menos ocho viajes a la semana en cicla, y usar para los restantes transporte masivo; no consumir carnes; reciclar moderadamente en su vivienda y contar en ella con buena iluminación, se necesitarían 1,6 planetas para suplir las necesidades de la humanidad.

Caso contrario ocurre con la persona que usa su vehículo por lo menos dos veces al día, en trayectos promedio de 30 kilómetros ida y regreso, y solo usa transporte masivo en una ocasión a la semana. Además, si consume carne por lo menos una vez por día, no recicla y no tiene una vivienda con eficiencia energética (buena iluminación, sistema para reusar el agua), la huella ecológica es de 6,2 gha. Si todos los humanos tuvieran estos hábitos se necesitarían 3,6 planetas para subsistir.

MICHAEL CRUZ ROA
Periodista de EL TIEMPO
Escríbanos a miccru@eltiempo.com

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