No le digo a la gente lo que quiere oír, sino lo que pienso: Peñalosa

No le digo a la gente lo que quiere oír, sino lo que pienso: Peñalosa

El alcalde llega a la mitad de su mandato –según encuestas– como el más impopular del país.

‘Yo no le digo a la gente lo que quiere oír, sino lo que pienso’

Según Peñalosa, a los bogotanos les cuesta ver y reconocer lo positivo.

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Diego Santacruz / EL TIEMPO

31 de diciembre 2017 , 12:06 a.m.

Si hay un mandatario que nunca disfrutó de la consabida luna de miel que usualmente se les concede a quienes llegan a ocupar un cargo de elección popular, es Enrique Peñalosa. Al llegar a la mitad de su mandato, el actual inquilino del Palacio Liévano registra los peores números en las encuestas y enfrenta un proceso revocatorio que puede convertirse en realidad. Aun así, el burgomaestre de 63 años sigue siendo fiel a su estilo de siempre, sin hacerles el quite a las polémicas. Tras insistir en que anda demasiado ocupado para prestarles atención a los sondeos, habló de su impopularidad, de lo hecho hasta ahora y de lo que viene en el que se considera el segundo puesto en importancia en el país. Esto fue lo que le dijo a EL TIEMPO.

Bogotá es el epicentro del pesimismo en Colombia. ¿Por qué?

Esa es una actitud bogotana muy complicada. Recuerdo que cuando fui candidato a la presidencia e iba a los lugares más deprimidos de otras capitales y le preguntaba a la gente cómo estaba, me contestaban “excelente”. Aquí es al revés. Lo que vemos usualmente es el vaso medio vacío. El sistema TransMilenio ha sido copiado en 300 ciudades del mundo y aquí lo asociamos con nuestra desgracia.

Pero hay razones objetivas para quejarse…

Razones siempre hay. Aun así, nos falta aceptar lo positivo. Nuestros resultados en seguridad o en educación superan con creces los de las demás capitales colombianas. Y en lo que corresponde a TransMilenio, las encuestas muestran que la gente que lo usa tiene una opinión mucho más positiva del servicio que aquella que no lo usa.

¿Y usted lo usa?

Con mucha frecuencia. Si lo uso por la mañana, lo que veo es a centenares de personas yendo de un sitio a otro, mientras hablan o chatean por su celular, que disfrutan de la luz del día y llegan más rápido a su destino que utilizando cualquier otro medio. Eso no quiere decir que no tenga problemas. Si hasta el metro de Tokio los tiene. En Medellín, en más de una ocasión hay que esperar que pasen varios trenes para poder subirse al metro y nadie coge a piedra los vagones.

Entonces, ¿qué pasa? ¿La gente no lo quiere?

Así es. Muchos jóvenes de los que andan en bicicleta me critican y no saben que la masificación de su uso me la inventé yo, comenzando por el término ciclorruta. Seguramente tengo dificultades de comunicación, pero lo que verdaderamente me inquieta es darme cuenta de que los bogotanos tenemos que desarrollar la autoestima. Esta es una ciudad maravillosa, que no tiene nada que ver con esa imagen aburrida, chapineruna, o desastrosa que más de uno comparte.

¿Le quita el sueño que la gente no lo quiera?

La verdad, no. Cuando estuve en la alcaldía la vez pasada tuve al comienzo la imagen más baja y al final la más alta, en comparación con mis antecesores. Entonces sé por experiencia que lo que baja puede subir.

¿Eso le va a pasar esta vez?

Lo veo más difícil porque las cosas realmente grandes que estamos haciendo se van a ver unos años después de que me vaya. Pero no importa.

Los que andan en bicicleta me critican y no saben que la masificación de su uso me la inventé yo

¿Por qué?

Porque a diferencia de la inmensa mayoría de políticos que ven los cargos como un escalón más de poder, o un trampolín para otro, a mí lo que me mueve es lo que hay que hacer, para mi es una pasión, una obsesión. Yo decidí ser alcalde para hacer lo que creía que se necesitaba y se necesita en esta ciudad. Este es un medio, no un fin.

¿Cuál es el fin?

Cambiar el modelo de ciudad; la manera de vivir. En mi primer periodo eso incluyó el transporte masivo, los colegios públicos o las aceras. Ahora se trata de profundizar ese camino y diseñar la Bogotá del futuro.

Esa visión no es compartida por todos…

Es que a diferencia de los políticos tradicionales yo no le digo a la gente lo que quiere oír, sino lo que pienso. Las personas saben qué es lo que quiero, con algunas caricaturas y deformaciones, como que unos creen que soy enemigo del carro y otros piensan que soy un oligarca de extrema derecha, cuando lo que más me mueve es construir igualdad, inclusión.

¿Qué lo mueve?

A mí me apasiona la ciudad, y cómo una buena ciudad puede construir igualdad y felicidad. Llevo toda una vida estudiando el tema y pensando lo que hay que hacer. Estoy seguro de que los bogotanos van a ser mucho más felices después de que hagamos lo que nos hemos propuesto, así muchos no me crean. Todavía me sorprende encontrar gente que piensa que no vamos a hacer el metro.

Pero una imagen tan baja en las encuestas le quita gobernabilidad…

Puede ser, pero yo estoy demasiado ocupado como para andar pensando en las encuestas y no me importa tomar decisiones impopulares. Por eso le metí mano a subsidios que se habían otorgado a la loca, sin pensar cuánto iban a costar o de dónde iba a salir la plata para pagarlos, o subí el costo del pasaje de TransMilenio.

Soy consciente del costo político que eso implica, pero no voy a ser irresponsable y populista. El tiempo que tengo es muy corto y sería una tragedia dar marcha atrás.

Sin embargo, si usted no fuera impopular, la revocatoria no tendría chance…

Ese es un tema que parte de una descripción mía que no corresponde con lo que soy. No soy oligarca ni politiquero, ando sin escoltas cada vez que puedo, uso el transporte público, me muevo en bicicleta, pero la imagen es otra. La verdad es que me resulta casi incomprensible saber qué mueve positivamente a la opinión. La visita del Papa salió impecable, todo el mundo feliz y bajamos en las encuestas. También bajamos después de la noticia del metro y la de la descontaminación del río Bogotá.

Unos creen que soy enemigo del carro y otros piensan que soy un oligarca de extrema derecha, cuando lo que más me mueve es construir igualdad

¿Cómo lo tratan los ciudadanos?

Salgo todos los días y camino por la calle solo. Jamás he dejado de hacerlo. Claro, me insulta uno que otro, pero la inmensa mayoría de la gente es superamable, quiere tomarse fotos conmigo o contarme problemas o propuestas. Pero las encuestas muestran un 90 por ciento de opinión desfavorable. Cuando las cosas salen bien, es un logro de “la ciudad”. Pero si se inunda el deprimido de la 94, la culpa es de Peñalosa. Pocos reconocen el esfuerzo que hicimos para acelerar la obra y terminarlo.

Parte del tema es la percepción de que usted lleva dos años en el cargo y no ha pasado nada…

Soy el primero en señalar que la mayor parte de lo que vamos a hacer se va a concluir después. Los contratos grandes comienzan a finales del 2018 y se verán todavía más en el siguiente año, pero las inauguraciones le van a tocar al alcalde que venga o al de más allá. Aun así, hemos hecho cosas muy importantes.

¿Cuáles?

En salud, por ejemplo, a la gente le tocaba llegar a los hospitales a hacer fila en la calle a las tres de la mañana. Eso se acabó. También acabamos con el ‘Bronx’ en donde no mandaba el Estado. La baja en homicidios es impresionante y estamos muy por debajo del promedio nacional. Eso para no hablar de las 48 canchas de fútbol en pasto sintético que hemos entregado, de los 600 parques iluminados, de los barrios pintados, de los huecos tapados y muchas obras más.

Y de lo que viene, ¿qué lo enorgullece más?

Concretar el metro, algo que fue infinitamente difícil. Ese propósito se murió cuarenta veces y revivió otras cuarenta. Igualmente, la descontaminación del río Bogotá, la troncal de la 7.ª, la aprobación de la venta de la ETB, de las acciones de la Energía, la ALO, 60 colegios, megaparques. En muchos casos eso implicó comenzar a hacer diseños de cero, porque cuando llegamos no había nada y tuvimos que invertir 300.000 millones que les van a servir a los próximos alcaldes.

Cuando las cosas salen bien, es un logro de “la ciudad”. Pero si se inunda el deprimido de la 94, la culpa es de Peñalosa

¿Qué más?

Algo que va a ser una megarrevolución que es Lagos de Torca y lo que se llama ciudad norte. Bogotá se ha hecho mal. En cambio, en esas dos zonas va a haber espacio para 450.000 viviendas, algo que equivale a tres veces y media Manizales, con cientos de kilómetros de ciclorrutas, parques lineales y transporte masivo. Todo con un esquema que garantiza que los constructores privados pagan el desarrollo de la infraestructura pública. Eso no tiene precedentes en Colombia, sobre todo a esa escala.

¿Cuál es la lógica detrás de todo eso?

Que aquí hay una visión de ciudad, no un listado de obras. Mi punto central es que una urbe como Bogotá es un medio para una manera de vivir. Y una ciudad bien hecha hace que la gente sea más feliz, que no se sienta excluida. Mi objetivo es que seamos más igualitarios, lo cual me devuelve a TransMilenio, las ciclovías o el desarrollo de espacios públicos.

Por cierto, el TransMilenio por la 7.ª también despierta críticas…

Hay incontables razones de por qué vale la pena hacer esa troncal, desde el punto de vista técnico. Pero también hay que decir las cosas de frente y preguntarse cuál es la causa de que nadie se oponga a la troncal de la avenida Suba, pero a esta sí. Se dice que es por falta de espacio, y eso es carreta. La razón es que el trazado pasa por el corazón del sector en el que vive buena parte de los colombianos más ricos y poderosos; yo lo que quiero es que la gente, independientemente de sus ingresos, pueda usar ese sistema porque le garantiza llegar cómoda y rápidamente a su destino. Insisto, es un tema de equidad. La troncal de la 7.ª ahorrará cientos de horas anuales a los usuarios del transporte público y también mejorará la movilidad de los de carro.

En una ciudad estratificada…

Que necesita dejar de serlo. Otra de mis obsesiones es el sendero de los cerros porque aquí hay parques de ingreso alto, medio y bajo. Aquí lo que queremos es construir 70 kilómetros de senderos, en donde se van a encontrar todos los bogotanos, como iguales. Un sendero que por cierto va a servir de cortafuegos para contener los incendios forestales.

Es obligatorio preguntarle por la Van der Hammen…

Reitero que la reserva hoy es solo la expresión de un deseo. Son 1.400 hectáreas privadas, de las cuales hay solo 15 con árboles. El resto, así me critiquen, son potreros, colegios, bodegas, parqueaderos. Eso se ve en una foto de Google. La resolución de la CAR habla de comprar solo 550 hectáreas. Lo demás sigue igual: propiedad privada, con usos distintos a los forestales. Esas 550 hectáreas valen, como mínimo, 800.000 millones de pesos. Nadie ha dicho de dónde saldría ese dinero, ni qué entidad debe pagarlo ni cuándo. En resumen, no hay nada que nos lleve a pensar que va a haber una reserva en diez, veinte o cincuenta años.

¿Qué propone?

Hacer la Van der Hammen una realidad que se asemeja mucho más a los estudios originales que buscaban conectar los cerros con el río. Proponemos una revolución: 1.700 hectáreas, de las que más de 500 hacen parte de la actual ‘reserva’: un área verde que equivale a seis veces la del Central Park de Nueva York o 17 veces el parque Simón Bolívar. Más de la mitad sería bosque restituido y el resto sería parque muy arborizado para el disfrute de la ciudadanía. Hoy no hay nada, ni perspectivas de que se vaya a hacer nada. Nosotros proponemos una reserva y parque interconectado de 1.700 hectáreas de terrenos públicos, abiertos a todos.

Tampoco se puede pasar por alto el desafío de la seguridad. Las encuestas muestran un deterioro…

Hemos hecho un esfuerzo monumental. Los recursos del presupuesto de seguridad han subido cerca de 240 por ciento y se ven en cámaras, equipamiento, un centro de comando y control, además de operativos complejísimos. Pero seguimos con menos personal del que necesitamos. Bucaramanga, para citar un ejemplo concreto, cuenta con tres veces más policías por habitante que Bogotá. Y aun así, nuestros indicadores son mejores que los de la mayoría de las capitales.

La reserva hoy es solo la expresión de un deseo. Son 1.400 hectáreas privadas, de las cuales hay solo 15 con árboles. El resto, así me critiquen, son potreros

¿Dónde está el problema?

Hay un tema de falta de cupos carcelarios. Pero lo más complicado es que los jueces dejan libres a los delincuentes. Hay personas que hemos capturado decenas de veces y salen a delinquir al otro día. Es evidente que el sistema no funciona, y en esto yo, y los demás alcaldes de las capitales, respaldamos la posición del Fiscal sobre la gravedad de la impunidad actual.

¿Cómo hacen?

Este año hemos hecho 36.000 capturas y desmantelado 160 bandas. Trabajamos mucho en prevención, como lo muestra todo lo que hacemos para ofrecerles a los jóvenes alternativas de diversión y deporte o combatir la deserción escolar. Es obvio que falta, pero estamos haciendo la tarea con los recursos que tenemos.

Le quedan dos años de mandato. ¿Qué les promete a los bogotanos?

Que vamos a seguir trabajando. Aquí no estamos dando palos de ciego, sino construyendo la ciudad del presente y la del futuro, con gente extraordinaria, profesional y comprometida. Esa construcción va a traer incomodidades porque vamos a invertir más de 60 billones de pesos en infraestructura –de los que el metro es solo una sexta parte–, pero puedo asegurar que le vamos a cambiar la cara a la ciudad y todos vamos a vivir mejor. Entiendo las impaciencias y acepto que no me quieran. Solo pido que me crean. Los hechos nos van a dar la razón.

RICARDO ÁVILA
Subdirector de Opinión - EL TIEMPO
Twitter: @ravilapinto

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