Dos años más con Petro y Bogotá se habría reventado: Peñalosa

Dos años más con Petro y Bogotá se habría reventado: Peñalosa

El alcalde de Bogotá está tranquilo por su año de gestión. Explica qué ha hecho por la ciudad.

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Este es el segundo periodo de Enrique Peñalosa en la Alcaldía de Bogotá. El primero duró tres años, entre 1998 y el 2000.

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Alcaldía Mayor de Bogotá

01 de enero 2017 , 09:34 p.m.

Lleva un año sentado nuevamente en el potro de la Alcaldía de Bogotá. ¿Cómo explica su baja popularidad?

No soy un experto en eso de la popularidad. Pero creo que hay algunas explicaciones. Una tal vez es que hay expectativas grandes de que uno puede arreglar todos los problemas de la ciudad en seis meses. Otra es que la izquierda pensó que se iba a entronizar en la Alcaldía de Bogotá para siempre, a punta de repartir subsidios indiscriminadamente. Y como están en shock por haberla perdido, porque con la Alcaldía organizaban una gigantesca maquinaria y tenían miles de contratistas, se han vuelto muy efectivos en la guerra de las redes sociales y en difundir la mentira.

Pero hay una manera de contrarrestar esa campaña difamatoria, que es hacer y mostrar…

Hemos hecho un esfuerzo extraordinario. Estoy totalmente tranquilo en eso. Pero encontramos una alcaldía tremendamente desbarajustada, con unos problemas enormes en la atención de salud y otros gigantescos en la estatización mal hecha de las basuras: hemos pagado 120.000 millones de pesos en multas a la Superintendencia, más 250.000 millones que se gastó el Acueducto en montar esa empresa pública de aseo.

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A la gente le resulta antipático que los funcionarios que entran le echen la culpa a su antecesor. Pero, honestamente, ¿lo que usted encontró era así de inviable?

La ciudad estaba en un desorden gigantesco, con miles de contratistas sin oficio. En el gobierno pasado se tuvo el aumento más grande de los ingresos en la historia de Bogotá, de 50 por ciento. No por nada genial, sino por el incremento en el valor de los inmuebles; pero, el gasto creció en casi 100 por ciento y no se construyó un solo colegio ni se aumentó una cama de hospital. Son ejemplos concretos.

En lo positivo, no tenemos ningún interés en hundir nada. Pero era una administración que peleaba con el Concejo, con el Gobierno Nacional, con los empresarios, no había construcción de vivienda social. No se hizo un solo proyecto en el centro, la gran promesa de (Gustavo) Petro. Nunca en la historia hubo tanta expulsión de ciudadanos pobres hacia Soacha.

Por esa responsabilidad de las basuras, al doctor Petro lo acaban de multar con una cifra impagable. ¿Usted está de acuerdo con esa multa?

No puedo juzgar esa sanción. Lo que sí creo es que por lo menos debe haber la claridad política sobre los errores inmensos que se cometieron. Y sigo: se montó un SITP mal diseñado, mal implementado, con unos problemas inimaginables. Estamos haciendo hasta lo infinito para que Bogotá no se quede sin transporte público. Recibimos una ciudad desbarajustada por completo, quebrada, con deudas de los hospitales…

Si ‘Petrópolis’ hubiera seguido dos años más, ¿Bogotá habría aguantado?

Se habría reventado. En salud íbamos para una crisis inmanejable en Capital Salud, el servicio de los hospitales y el hacinamiento en las áreas de urgencias: habría colapsado el sistema. Y el SITP estaba a punto de estallar. Hemos tenido que tomar mil decisiones para ir poco a poco ordenando el sistema de transporte masivo.

¿Y el metro?

Su diseño era totalmente inviable, rodeado de muchas grandes mentiras. Por ejemplo, que ese metro estaba listo para hacerse. Para comenzar, esos estudios no se hicieron bien, porque los parámetros de diseño para utilizar la ruta centro-norte eran no utilizar ninguna vía por donde fuera a operar u operara TransMilenio, lo que excluía de entrada la NQS, la Caracas y la séptima.

¿Pero qué interés puede tener el diseñador en hacer un mal diseño?

La culpa no fue del diseñador. La culpa fue del IDU, que pidió una línea con esas especificaciones, lo que de entrada implicaba que había que meter un metro subterráneo por las carreras 13 y 11, porque por ahí obviamente no se puede meter una línea elevada.

¿Por qué cree que el IDU hizo eso?

Fue un gran error técnico. Cuando nosotros llegamos encontramos un metro que no era viable. Primero se diseñó hasta la (calle) 127. Luego, la misma administración Petro empezó a recortarlo y dijo que hasta la 100. Cuando llegamos, solamente en el mejor de los casos el metro podía ir hasta la 53, y eso suponiendo que no habría sobrecostos por los inestables terrenos de Bogotá.

¿De ahí su decisión de revisar lo planeado?

Exacto. Contratamos a una de las mejores consultoras especialistas en metro en el mundo, Systra, y ella encontró que teníamos razón. Cada kilómetro de metro elevado cuesta 190.000 millones de pesos menos que en el metro subterráneo.

¿Cuándo pondrá la primera piedra de ese metro elevado?

Este año, a finales, estaremos abriendo licitación para el metro. En resumen: lo que vamos a hacer va a movilizar el doble de pasajeros, un millón día en lugar de 500.000 día. Creamos la empresa Metro, a finales del año tuvimos ya la junta, y haremos un esfuerzo muy grande para que haya unos programas de renovación urbana a lo largo de los grandes corredores viales.

En su primer año le ha salido bien haber acabado con el terrible foco del ‘Bronx’, las iniciativas para ir recuperando el espacio público, las relaciones con el Gobierno para que la Nación apoye a Bogotá, la colaboración del Concejo y, aunque la cifra sigue siendo alta, han comenzado a reducirse los hurtos en Bogotá. ¿Me quedo corta con esa enumeración de logros?

Ese es un resumen muy general. Concretar el metro ha sido una tarea titánica, y lo logramos. Pasamos a la etapa de factibilidad en la ampliación de la autopista (Norte), de la carrera séptima y la ALO al sur. Salvo que algo raro pase, casi con seguridad comenzaremos obras a finales de este año en estas vías. De manera que entre lo bueno no me está concediendo avanzar en muchos temas en los que era vital conseguir los recursos. El Concejo nos ayudó a aprobar la venta de la empresa de teléfonos (ETB). Venía en picada. Si no se vende, se habría quebrado y dejado de tener cualquier valor en cosa de tres años. Conseguimos los recursos con el proceso del proyecto de democratización de la Empresa de Energía, para hacer las grandes obras de Bogotá, para las cuales no había ni recursos ni diseños.

En salud sigue habiendo muchas quejas en atención a infancia y tercera edad…

Lo que pasa es que los que están contentos con los cambios no lo dicen, y los que no sí lo dicen. Hay gente que se ha visto afectada porque el tema suscita muchos intereses: la salud en Bogotá tiene casi dos billones y medio de pesos de presupuesto, y había cientos de contratistas y 22 hospitales funcionando muy mal. Pero los usuarios tienen que darse cuenta de que en el tema del hacinamiento de las urgencias se ha hecho un esfuerzo enorme.

¿Cómo va a lograr que la gente no amanezca tirada en los corredores de los hospitales los sábados y domingos, como es usual?

Hemos abierto ya diez centros de atención inmediata para que la gente no tenga que ir necesariamente a urgencias cuando está enferma. La fusión de los hospitales solo entró en vigencia hace tres meses. Donde había 22 hospitales ahora hay cuatro con mucho mejor servicio a los ciudadanos, porque cuando tienen que pasar de uno de primer nivel a uno de segundo o tercero, no tienen que depender del permiso de la EPS.

Por primera vez en 12 años, los hospitales terminan el 2016 sin tener deudas ni con sus trabajadores ni con sus proveedores. Recibimos la EPS Capital Salud totalmente quebrada, con un hueco de más de 500.000 millones de pesos, y los hospitales con uno de 250.000 millones. Hemos ido haciendo los ajustes dentro de lo posible, pero son reformas estructurales y de fondo.

¿Cuál es su balance en el tema de seguridad?

Salvo el hurto de vehículos, todos los indicadores están mejorando. El secretario de Seguridad está haciendo un trabajo mucho más inteligente, priorizando los aspectos críticos. Algo que es terrible en Bogotá es que el Gobierno Nacional le da tres veces menos policía que a Bucaramanga (en relación con el número de habitantes), por ejemplo. Con la poca que tenemos, por primera vez en ocho años disminuyeron los hurtos a personas. Los homicidios bajaron el 6 por ciento. Seguimos trabajando duro.

De Peñalosa se creía que se iba a notar rápido su alcaldía en temas como mejorar TransMilenio. Con todo respeto, no se nota todavía mucho…

Hemos hecho muchísimas mejoras operativas para aumentar la velocidad y la comodidad. Hemos reducido casi el 40 por ciento de los robos a punta de policía de civil. Pero no es mucho lo que se puede hacer a corto plazo. En un sistema que está reventado, los grandes cambios se demoran. Ni siquiera hemos tenido los recursos para hacer unas estaciones invulnerables a colados. Encontramos unas licitaciones mal hechas y unos diseños equivocados para la troncal Boyacá. Corregir eso no se hace de un día para el otro.

Dígame una idea genial que Enrique Peñalosa haya puesto en práctica este año.

Genial suena pretencioso, pero estamos avanzando en una transformación impresionante de la ciudad. El tema es urgente: estamos a punto de colapsar por la movilidad. Es urgente poner transporte masivo por todos lados. El metro sí, pero también TransMilenio. Por la carrera séptima, la situación es crítica. La troncal por ahí va a transformar socialmente a la ciudad porque va a lograr que los estratos altos dejen sus carros y utilicen el transporte masivo. Va a ser una troncal de lujo.

Hábleme de cosas inmediatas que haya hecho...

A la gente se le olvida cómo eran las cosas. En Bogotá comienza a sentirse orden. Cuando llegamos, todos los postes de la ciudad estaban sucios con afiches, pasacalles, grafitis, pendones, mugre por todas partes, el espacio público tomado. La gente estaba desesperada porque los vendedores y consumidores de droga se habían tomado los parques. Ya hemos iluminado casi 300 de ellos.

Los trancones no se han arreglado...

Ni se van a arreglar por ahora.

¿Cómo así?

A Bogotá le entran 600 kilómetros de carros cada año. No hay ninguna posibilidad de hacer 600 kilómetros de vías anuales.

Es una respuesta honesta. Entonces, ¿en qué se puede mejorar?

En la implementación de las grandes troncales del sistema de transporte masivo, que no van a arreglar los trancones –eso no se arregla en ninguna ciudad grande del mundo– pero sí la movilidad. En el 2021, el 85 por ciento de las viviendas van a estar a menos de un kilómetro de una línea de transporte masivo, o de una ciclorruta de importancia. Eso no lo tiene ni Nueva York, ni París ni Londres. Debemos lograr que la ciudad crezca más cerca, y con base en transporte masivo porque si la gente se va a vivir a municipios cercanos, de casas con jardín, totalmente dependientes del carro, es imposible solucionar la movilidad. Lo más revolucionario que estamos haciendo es el esquema de Ciudad Norte.

¿Revolucionario en qué?

En seguridad y calidad de vida. Haremos una ciudad en 5.000 hectáreas, que es lo único que le queda a Bogotá, donde tendremos casi 500.000 viviendas y más de un millón de personas, con siete líneas de transporte masivo, más de 300 kilómetros de aceras de 12 metros de ancho, más de 100 kilómetros de parques lineales, más de 1.800 hectáreas de zonas verdes, de bosques (18 veces el parque Simón Bolívar). Será un ejemplo mundial de calidad urbana y movilidad sostenible.

No me explico por qué un alcalde que está cumpliendo, que tiene cifras, metas, proyectos, que tiene un orden, que está haciendo cosas, tiene tan bajo reconocimiento.

La vez pasada que fui alcalde llegué a tener solo 17 por ciento de imagen positiva y terminé con la más alta de la historia. Ahora no la tengo tan mal como antes, pero tampoco significa que vaya a subir después, porque la gran mayoría de los grandes proyectos que vamos a hacer terminarán uno, dos o tres años después de que me vaya. Es inevitable. Los recursos de la venta de la ETB y los de la Empresa de Energía solo llegarán a comienzos del 2018, y los diseños que estamos contratando estarán listos en el segundo semestre de este año.

Pero usted insiste en que sus enemigos también han hecho su trabajo…

Algo indispensable para la campaña presidencial de Petro es demostrar que esta alcaldía es mala para ocultar la falta de resultados de la de él. Pero estoy haciendo lo que hay que hacer, no solamente bueno sino excepcionalmente bueno: una transformación en todo sentido de la ciudad, desde cosas muy pequeñas como mejoras en limpieza, grafitis, afiches e iluminación de parques hasta la preparación de unos megaproyectos. Si todo resulta, invertiremos –sin contar con las inversiones usuales de la Alcaldía–, más de 10.000 millones de dólares en los próximos cinco años, equivalentes al doble de lo que se invirtió en la ampliación del canal de Panamá. Pero toma tiempo.

Al alcalde Petro le fue mal en Bogotá, salió muy desprestigiado. ¿Por qué cree que a pesar de eso figura bien en las encuestas presidenciales?

En el mundo está de moda una combinación de dos factores: la mentira desenfrenada en las redes sociales –antes uno se quejaba de la prensa amarillista o sesgada, pero ¡nada comparable con esta avalancha!– combinada con un fenómeno de reacción ciudadana antiestablecimiento. Todo lo que huela a eso (al establecimiento), la ciudadanía lo rechaza. Por eso, el brexit, Podemos en España, la Alcaldía de Roma, Trump… De alguna manera, en ese antiestablecimiento que está de moda encaja Petro. Después, cuando a los ciudadanos les llegan los Chávez o Maduro, ya no les parece tan simpático el antiestablecimiento.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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