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La apuesta de entregar jeringas a adictos para prevenir enfermedades

Martes 27 de septiembre de 2016
Bogotá

La apuesta de entregar jeringas a adictos para prevenir enfermedades

Esa es la fórmula de una ONG bogotana que hasta ahora ha entregado 13.000 kits.

Por:  JOSÉ DARÍO PUENTES RAMOS | 

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Antes de empezar la entrevista, Diana* cierra los ojos y permanece quieta por unos segundos. Está sentada. Con su mano derecha sostiene un cigarrillo que se consume solo; la mano izquierda cuelga a pocos centímetros del piso, haciendo que sobresalgan de la manga de la chaqueta negra que lleva puesta unas pequeñísimas heridas arriba de la muñeca. Son los lugares en donde se inyecta heroína.

Se espabila y comienza a contar su historia:

—¿Cuántas dosis consumes al día?

—Entre cuatro y seis. A veces ocho.

Diana probó la heroína a los 18 años. Había oído que era la sustancia más placentera de todas. “Y efectivamente lo es”, afirma. Pero así como este psicoactivo genera esa sensación, también provoca flacidez muscular, depresión respiratoria y pérdida de la conciencia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Además, sus consumidores quedan expuestos a contagiarse de VIH/sida y hepatitis B y C.

Ella dice que primero la fumó en papel aluminio y luego la esnifó, pero lo dejó de hacer porque se hacía mucho daño en los pulmones. Ahora tiene 24 años y desde hace dos, intermitentemente, se la inyecta. Pero en los últimos cuatro meses no ha parado de drogarse.

Personas como Diana son las beneficiarias del programa ‘Cambie’, iniciativa que tiene como objetivo evitar que consumidores de drogas por vía intravenosa se contagien de enfermedades derivadas de su uso. Es liderado por la organización Acción Técnica Social (ATS) y cuenta con el respaldo de la Open Society Foundations y la Secretaría de Salud de Bogotá.

La principal acción de ‘Cambie’ es la entrega de kits con elementos para realizar una inyección higiénica y segura. “Son gratuitos. Los ofrecemos de dos tipos: uno básico y el otro con complementos que damos a medida que los inyectores se van involucrando con el proyecto”, comenta Yanina Silva, enfermera de profesión y coordinadora del programa.

El kit básico contiene una jeringa, que puede ser de aguja larga o corta –dependiendo de la contextura de cada persona y las zonas del cuerpo en donde se inyecta–; una banda de caucho, que sirve de torniquete y así facilita la ubicación de las venas; agua esterilizada y un paño de alcohol para desinfectar la piel. Los complementos son un filtro para limpiar las impurezas de las sustancias, curas, condones y una cazoleta.

“Con la cazoleta pueden dejar de usar otros artefactos para cocinar las sustancias, como tapas de gaseosa. Estas generan toxicidad cuando se calientan”, explica Silva.

En un local del centro de Bogotá, que pasa desapercibido entre oficinas, bares y el transporte público, se entregan los kits. Pero quien desee obtener alguno, primero debe pasar un filtro que determina si es consumidor de drogas inyectables o no. “Es un formulario donde preguntamos la trayectoria de consumo, las prácticas, si cocina o limpia la sustancia. Son datos que solo un inyector conoce”, dice la enfermera.

Con la información que entrega cada persona, se controla la entrega de los elementos. Por ejemplo, Diana recibe 30 kits a la semana. Cuando ingresó al proyecto, indicó cuántas veces consume heroína al día (“entre cuatro y seis”). De ese modo no tienen la necesidad de reutilizar jeringas, porque siempre tendrá una nueva a la mano. “Tenemos una relación muy estrecha con cada uno de los usuarios del servicio, lo que nos permite hacerle seguimiento”, agrega Silva.

Desde abril de 2015 –mes en el que inició a operar ‘Cambie’ en Bogotá– hasta la actualidad, cerca de 150 inyectores se han inscrito al programa y alrededor de 13.000 kits fueron entregados.

En ese mismo local también se recogen jeringas usadas, esto con el fin de evitar su reutilización y, en el caso de los habitantes de calle, su intercambio o comercialización. Al 31 de diciembre del año pasado se recolectaron 7.094, que fueron entregadas a hospitales del Distrito para su destrucción. (Lea también: Alquiler de jeringas, rutina de riesgo en barrio del centro de Cali)

Prevención y atención del consumo

El último estudio sobre uso de drogas en Colombia, elaborado en 2013 por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y los ministerios de Justicia y Salud, indicó que 31.852 personas probaron la heroína alguna vez en la vida y estimó que en el país hay 7.000 heroinómanos.

Según estos resultados, son pocos los colombianos que consumen esta droga en comparación a otras sustancias psicoactivas (SPA), como la marihuana –439.630 adictos– y la cocaína –98.772 adictos–. Sin embargo, en el mismo estudio hay un dato que inquieta: de acuerdo con los reportes de especialistas y centros de tratamiento para drogodependientes, el uso de heroína va en aumento.

Por esa razón, el Ministerio de Salud puso en marcha en 2014 un programa de intercambio de jeringas en lugares donde el consumo de drogas por vía intravenosa, como la heroína, es crítico. En Pereira, la primera ciudad que se benefició de esta estrategia, se entregaron 23.000 paquetes de material para inyección. ‘Cambie’ participó en este proyecto.

“Lo que nosotros hacemos está enmarcado en políticas públicas aprobadas a nivel nacional”, puntualiza Julián Quintero, director de la organización ATS. “Al revisarlas verá que se enfocan en la prevención y la atención al consumo”.

Quintero se refiere a la ‘Política nacional para la reducción del consumo de SPA’, formulada en 2007, y al ‘Plan nacional para la promoción de la salud y la atención del consumo de SPA’, de 2014. Mientras que en la primera se plantea cómo debe actuar el Gobierno para reducir el número de usuarios de drogas, la segunda expone acciones puntuales para atenderlos. El intercambio de jeringas es una de ellas.

Más que entregar jeringas

Tanto la política de 2007 como el plan de 2014 piden que la atención a los consumidores de SPA sea integral. Esto quiere decir que se les debe brindar acceso a servicios de salud y ayuda psicosocial. “Después de llenar el formulario, la persona pasa por una valoración de enfermería. A veces, sin necesidad de preguntar, nos dicen: “Mire, me pasó algo malo cuando me chuté (inyectarse)”, asegura Silva.

Cuando ‘Cambie’ detecta que el usuario tiene graves problemas de salud, lo remiten de inmediato a un hospital. Así mismo, promueven el autocuidado a través de charlas sobre hábitos saludables –algunos de los consumidores que atienden viven en precarias condiciones–, inyección higiénica, contagio de VIH/sida y manejo de sobredosis. Incluso, ayudan a vincular en el sistema de salud pública a quienes no están inscritos.

“Aquí me enseñaron a inyectarme de forma segura. Antes de que el programa me diera el material, usaba una jeringa varias veces. Estaba exponiéndose a muchas infecciones. Además me lastimaba mucho, porque a las agujas se les va acabando el filo”, cuenta Diana.

En 2015 se evitaron 21 muertes por sobredosis gracias a la información y a las charlas que recibieron los inscritos al programa, aseguran Silva y Quintero.

Antonio*, de 30 años y contextura delgada, estuvo recibiendo kits hasta hace un mes y medio, cuando tomó la decisión de comenzar un tratamiento para dejar su adicción a la heroína. En su opinión, esta iniciativa es oportuna porque no solo se preocupa por la salud de los inyectores. “También da oportunidades para que las personas excluidas por la sociedad aprendan cosas productivas”.

En el local, de lunes a viernes, se dictan talleres de artesanías, serigrafía, fotografía y producción radial. “Son actividades que a ellos les interesan, porque en un centro de rehabilitación prácticamente los ponen a hacer escobas”, manifiesta Quintero, quien critica el modo en que las instituciones gubernamentales hablan de prevención y atención del consumo de drogas.

El debate

Precisamente a comienzos de este año se abrió la discusión sobre la efectividad de la distribución de material para inyección higiénica y los Centros de Atención Médica a Drogadictos (Camad). Luis Gonzalo Morales, secretario de Salud de Bogotá, anunció días después de su posesión en el cargo que estos programas estarán en evaluación mientras se crea una estrategia integral de prevención y atención. “No es que el intercambio de jeringas no sirva, pero debe hacerse bajo un programa integral, con servicios de salud y atención personalizada”, le dijo a ELTIEMPO.COM.

Para el funcionario, es imposible entregar kits de jeringas cuando no se tiene certeza de cuántos heroinómanos viven en la capital y en qué zonas se ubican. Además, cree que si se distribuyen de forma masiva, pueden terminar en manos de personas que no consumen drogas.

“De los 7.000 consumidores que existen en Colombia, según el estudio de 2013 de UNODC, estimamos que hay cerca de 2.500 a 3.000 en Bogotá. Entonces, encontrar a ese número de pacientes entre 8 millones de habitantes es como buscar una aguja en un pajar”, señaló Morales, quien agrega: “No hay que limitarse a entregar jeringas. Se les debe arrastrar al abandono de la adicción”.

En respuesta a las declaraciones del secretario de Salud, el director de ATS asegura que su organización realizó en 2014 un diagnóstico del consumo de drogas inyectables en Bogotá. Con esta valoración lograron inferir el perfil del usuario de estas sustancias –principalmente personas de los estratos socioeconómicos medio y medio-alto que no sobrepasan los 35 años– y los sectores en donde se concentran –Santa Fe, Las Aguas y algunos puntos de Chapinero–. “Esa información se la enviamos a la Secretaría de Salud. Nos extraña que digan que no tienen datos demográficos de los consumidores”, expresa Silva.

Con respecto a la atención integral, Quintero defiende la gestión del programa: “Les enseñamos a seguir hábitos higiénicos a la hora de chutarse, les damos apoyo psicosocial, les hacemos seguimiento, les damos la opción de participar en talleres… Nadie en Bogotá se ve con los que se inyectan como nosotros. Ni sus psiquiatras”.

Mientras se define cuál será la estrategia de la capital para prevenir y atender el consumo de SPA, el Distrito seguirá respaldando a ‘Cambie’ y continuará con los Camad, así lo aseguró Morales.

En cuanto a Diana, en un local del centro de Bogotá esperan a que vaya la próxima semana para deshacerse de las jeringas usadas. De allí saldrá con otros 30 kits.

*Nombres cambiados para proteger la identidad de las fuentes.

JOSÉ DARÍO PUENTES RAMOS

Redacción ELTIEMPO.COM

jospue@eltiempo.com

En Twitter: @josedapuentes

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