Los imaginarios de Bogotá en 100 años de cambios

Los imaginarios de Bogotá en 100 años de cambios

El Encuentro de Bogotanólogos dio una mirada a las formas como la capital se ha visto a sí misma.

Juan Carlos Pérgolis

Juan Carlos Pérgolis, arquitecto de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, y profesor de la Universidad Piloto. 

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

28 de septiembre 2017 , 09:09 p.m.

De las mulas a las moles de concreto, pasando por el Bogotazo y las primeras avenidas, el 2.° Encuentro de Bogotanólogos fue un análisis del siglo XX capitalino.

El evento, que terminó el jueves en el Archivo de Bogotá , reunió miradas de expertos en arquitectura, urbanismo, planeación e historia, quienes han desarrollado estudios tomando como base las dinámicas urbanas: poblaciones, barrios, localidades, política, etc.

Juan Carlos Pérgolis, arquitecto de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, y profesor de la Universidad Piloto de Colombia, presentó la investigación ‘Imaginarios y representaciones’. Fue un paseo por los diferentes momentos de la ciudad.

Tras recordar que sendos incendios a finales del siglo XVIII y en 1900 borraron miles de documentos claves del archivo bogotano,
se introdujo una vista desde el segundo incendio en adelante. Así aparece una fotografía que muestra la plaza de Bolívar entre 1910 y 1920, cuando era más bien un parque: expone jardines y carruajes bien arreglados, con el palacio Liévano de fondo, dando un aspecto afrancesado, como de postal. Era el comienzo de un interés por mostrar una Bogotá bonita, aunque todavía no lo fuera, y el paso a la modernidad era apenas una añoranza a futuro.

Entre 1930 y 1940 se apreciaban fotografías enfocadas en la gente, y en ese punto afloró una identidad marcada por el vestuario, que todavía prevalece, mezclada con otras: el cachaco.

Desde 1940 hacia 1950, el centro será el sinónimo de estatus, y como eje reunirá no solo el poder político y administrativo, sino también el esparcimiento y los desarrollos urbanos. De esta época, Pérgolis recomienda una novela que da cuenta del espíritu de aquellos tiempos: El rumor del astracán, de Azriel Bibliowicz.

Grandes cambios

¿Por qué la gente se fue del centro? Ese fue el interrogante que se planteó el arquitecto, y se lo respondió de múltiples formas: por el miedo a la violencia que dejó el 9 de abril de 1948 (Bogotazo), pero también por el afán de exclusividad que ciudadanos acomodados vislumbraron en los terrenos del norte. Así fue como entre 1950 y 1960 en la urbe, aunque el toque cachaco de la vestimenta permanecía, empiezan a surgir nuevas fachadas en la carrera 7.ª, lo mismo que grandes estructuras como el hotel Tequendama fueron dando cuenta de una modernidad más palpable, con aspiraciones a que el mundo entrara en la ciudad a través del aeropuerto El Dorado y, por qué no, a través de la televisión que nacía.

Fueron tiempos en que en paralelo convivieron varias nociones de Bogotá: la primera, que la denominaba ‘Atenas sudamericana’, que buscaba resaltar altos valores de antaño, como la ilustración, la arquitectura con columnatas e imponencia; la segunda, pensada como Atenas sudamericana en versión mejorada, que propendió por hacer de Bogotá un centro de acogida para intelectuales, sobre todo latinoamericanos, y tercera, una ciudad aún con tensiones entre lo urbano y lo rural, que aún no desaparecía.

Entre 1960 y 1970 imperó la televisión con su imposición de estéticas y gustos: la moda de Londres, la discoteca de Nueva York, las vías anchas para que llegaran los carros (según el modelo de ciudad de Le Corbusier), todo lo cual daría paso, entre 1970 y 1980, a la aparición de los primeros centros comerciales (Unicentro, en 1976) y los primeros conjuntos cerrados, que trataron de borrar el espacio público como algo común para reemplazarlo por un espacio exclusivo y limitado a unos pocos, excluyente, aunque seguro.

Esa tensión trató de ser saldada, entre 1980 y 1990, con la construcción de nuevas superficies habitacionales como la Ciudadela Colsubsidio, que quiso rescatar el espacio público y las plazoletas como lugar de encuentro. Sin embargo, el imaginario del barrio (lo local) como algo seguro, y del resto de la ciudad (lo externo) como algo inseguro, no dejaría de predominar. Hasta que irrumpió Antanas Mockus con su cultura ciudadana unificadora del imaginario de ciudad, que sumada a las grandes obras de infraestructura pública de Enrique Peñalosa (en su primera alcaldía), con alamedas, grandes parques y ciclorrutas, la dejarían encaminada al inicio del siglo XXI como una ‘Ciudad coqueta’ y ‘2.600 metros más cerca de las estrellas’: “Optimista, confiable, segura de sí misma y con apropiación urbana por los ciudadanos”, destacó Pérgolis.

Los años que vinieron después, son otra historia.

Una cátedra de expertos

El 2.° Encuentro de Bogotanólogos, realizado en el Archivo de Bogotá (carrera 6B n.° 5-57), con el respaldo de la Secretaría General de la Alcaldía, finalizó el jueves después de dos días de debate, reflexión y análisis en torno a Bogotá. Múltiples expertos participaron en esta edición, y se presentaron diversas charlas magistrales.

El jueves, por ejemplo, estuvo la cátedra ‘Los archivos de Bogotá imaginada’, dictada por Armando Silva.

También se dio el conversatorio ‘Expresión de la ciudad’, en el que participaron Carlos Zambrano, de la Universidad EAN, y Luis F. Castellanos, de la Universidad Pedagógica.

Expertos de las universidades Javeriana, del Rosario y Nacional se contaron entre los ponentes de la actividad.

BOGOTÁ

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