El padre Diego Jaramillo llegó a los 85 años

El padre Diego Jaramillo llegó a los 85 años

Lleva 25 años apareciendo de lunes a viernes en el emblemático espacio del Minuto de Dios.

Padre Diego Jaramillo cumple 85 años

Desde 1992, el sacerdote aparece en el programa ‘El minuto de Dios’. Debutó en 1959.

Foto:

Cortesía Organización Minuto de Dios

30 de mayo 2017 , 02:25 a.m.

El padre Diego Jaramillo cumplió 85 años este mes y dice que aún tiene energías para emprender en favor de los pobres. Este ícono de la televisión y el catolicismo colombianos, reconocido como presentador del programa ‘El minuto de Dios’ (MDD), aparece en la pantalla chica desde 1959.

Era un joven sacerdote (nacido en Yarumal, Antioquia) cuando en Bogotá, 1952, conoció al padre Rafael García-Herreros, fundador de la Organización El Minuto de Dios. Jaramillo admiraba los escritos literarios que Herreros publicaba en diversos periódicos, de tal forma que encontraron afinidades de conversación y nació una amistad. En 1956, el padre Diego se ordenó, apadrinado por su amigo. El año anterior, un 10 de enero 1955, la primera emisión televisiva del MDD vio la luz pública.

“En 1959 yo estaba en Bogotá y el padre debía irse a Cúcuta. Me pidió que lo remplazara unos días, entonces hice como seis emisiones; ese fue mi bautismo en la TV. Luego, en 1967, cuando me vine aquí definitivamente (a la capital, pues vivía en Cali), el padre Rafael me pidió que lo remplazara los martes. Desde entonces, esos días, durante 50 años, he hablado en televisión. Pero fue en 1992, cuando el padre se enfermó y falleció en noviembre, cuando asumí el programa de lunes a viernes, y ya ajusté 25 años”, cuenta el clérigo, de pelo cano, gafas redondas y acento paisa.

El cura, que ha liderado incontables labores sociales a través de las distintas divisiones de la Organización MDD (de la cual es presidente), no necesita bastón para caminar; su rutina se inicia con las primeras horas de la mañana y, aunque se confiesa amante de los chicharrones, evita la comida grasosa porque le han realizado dos cirugías a corazón abierto.

“Mi motor es el servicio a los pobres. Estamos trabajando fuerte en el jardín botánico que desarrollamos en Tena, Cundinamarca, el que visito para aportar ideas. Allí producimos panela y alambiques para enseñar técnicas a los jóvenes; tenemos un cultivo de café, con beneficiadero incluido, de tal manera que los muchachos bogotanos que no conocen el proceso lo puedan ver. También, un jardín de orquídeas, que ya va llegando a 2.000 diferentes, sin contar muchas otras plantas”, apunta el religioso sobre una de sus últimas pasiones.

Como presidente del MDD, debe conducir las acciones de casi 10.000 personas que laboran para las distintas entidades. Nada más en las 95 sedes de la Corporación Universitaria MDD hay 130.000 estudiantes; y en la Corporación Educativa, que suma 32 colegios y jardines infantiles, son alrededor de 25.300.

La semana pasada, por ejemplo, les entregó a cinco familias de escasos recursos del barrio Entre Nubes (localidad de San Cristóbal) igual número de casas. Esto, gracias al respaldo de instituciones estadounidenses, pues MDD Corporation es otra de las divisiones, con presencia en Miami (EE. UU.). “He sido bueno para coleccionar estampillas, monedas, mapas, libros. Pero soy desprendido y las he regalado tranquilamente, lo cual me ha favorecido en mi labor dentro del MDD, porque hay gente bondadosa que trae dinero, y al otro día lo estoy entregando sin que me interese apropiarme de nada, ¿para qué? Lo importante es llevar alegría a los demás”.

Se confiesa poco amigo de la práctica deportiva y recuerda que en el Seminario los ponían a jugar fútbol, momentos en que se dedicaba más a charlar con los compañeros que a competir. Porque otro de sus gustos es el conocimiento: no en vano es presidente de la Academia de Historia Eclesiástica de Bogotá y en sus años mozos se graduó en licenciatura en teología (U. Javeriana) y en estudios eclesiásticos, en París.

En adelante, y en la búsqueda de llegar al siglo de vida, espera seguir trabajando en lo que lo hace feliz y entregando las reflexiones diarias, que siempre acaban con un mensaje patentado: “Dios mío, en tus manos colocamos este día que ya pasó y la noche que llega”.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa

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