El hombre clave de la seguridad en Bogotá

El hombre clave de la seguridad en Bogotá

Daniel Mejía Londoño tiene la labor de reducir las cifras de delitos que afectan a la capital.

Daniel Mejía

Daniel Mejía, secretario de Seguridad, nació en Bogotá el 1 de marzo de 1975. Es Economista de la Universidad de los Andes.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

21 de abril 2017 , 10:46 p.m.

Ahí está sentado una vez más, después de un año y tres meses, en la cafetería de la Universidad de los Andes, a la que no iba desde el 31 de diciembre del 2015, cuando cambió su cargo de docente por el de Secretario de Seguridad.

Impecable de pies a cabeza, comiendo pastel de zanahoria con su infaltable Coca-Cola light y soportando los chistes de sus colegas y excompañeros sobre la diplomacia que ahora lo caracteriza cuando responde llamadas de concejales, representantes a la Cámara o medios de comunicación.

Esta vez volvió a los Andes como parte del gabinete del alcalde Enrique Peñalosa para acompañarlo en un foro con los estudiantes. Tiene algo de nostalgia, como si añorara sus días de docente.

Hernando Zuleta, su amigo, el que lo sucedió en la dirección del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed) de la universidad, lo esperó en la entrada principal, lo vio bajarse de la camioneta acompañado de sus escoltas y su asesora, le lanzó una sonrisa burlona y se abrazaron fuerte, como cuando un par de buenos amigos han pasado mucho tiempo sin verse.


Entre chanzas recordaron sus buenos tiempos de docentes y hablaron de los retos que tiene esta administración.

Daniel Mejía Londoño, el economista y docente por más de 10 años de la Universidad de los Andes, el fundador del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed) de esa universidad, el exasesor del exministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, y el ahora secretario de Seguridad de la ‘Bogotá Mejor para Todos’, es un tipo serio, tranquilo, poco conversador, de carácter fuerte, humor fino y excesivamente puntual.

No es un político, es un académico que decidió salir de la comodidad de las aulas de clase para saltar al mundo real, aplicar las políticas en las que ha trabajado la mayor parte de su vida y enfrentar la realidad.

“Algún día volveré a la academia, pero es necesario que alguien como yo, dedicado a la política pública, deje de decir y empiece a hacer”, dice tajantemente pese a que su nuevo trabajo, el primero en un cargo público, lo haya obligado a sacrificar tiempo con su familia y le exija cumplir con ciertos protocolos políticos a los que no estaba acostumbrado.

Algún día volveré a la academia, pero es necesario que alguien como yo, dedicado a la política pública, deje de decir y empiece a hacer

Los retos del Secretario

El 1.° de enero del 2016, cuando asumió oficialmente el cargo, con 1,6 billones de pesos como presupuesto para los cuatro años, uno de sus grandes retos era reducir las cifras de homicidios, que en el 2015 registraron 1.344 casos, es decir, 17 asesinatos por cada 100.000 habitantes, según cifras de Bogotá Cómo Vamos.

Pese a que el 2016 finalizó con 79 casos menos, y en lo que va del 2017 se han registrado 265 homicidios en la ciudad, 22 casos menos que en el mismo periodo del año pasado, este sigue siendo uno de sus más grandes retos, pues las cifras todavía preocupan.

Sin embargo, su vasta experiencia en el tema de las drogas ha hecho que dar duros golpes al microtráfico se convierta casi que en su obsesión. Por eso, en mayo del mismo año en el que asumió su cargo, se desplegó un gigantesco operativo en el que se desmanteló una gran olla en pleno centro de Bogotá: el ‘Bronx’.

Además, hasta el 10 de marzo de este año, 15 bandas delincuenciales fueron desarticuladas, tres de ellas dedicadas a traficar drogas en entornos escolares, otra de sus preocupaciones.

Su familia, su razón

Su agenda jamás está disponible antes de las 8 de la mañana, porque su ritual más importante del día es levantar a sus hijos a las 6 a. m. y despacharlos para el colegio. Los fines de semana intenta priorizar el tiempo con su familia por encima del trabajo. No sale de su casa sin hacer ejercicio, no soporta los errores ortográficos, no le faltan sus botellas de Coca-Cola light al día y lo pone de muy mal genio la impuntualidad.
Sus días transcurren entre reuniones, eventos en los barrios, sesiones en el Concejo, foros, más de 20 llamadas diarias, almuerzos en el carro y, cuando finalmente logra terminar la jornada, llega a casa a encontrarse con su esposa, sus dos hijos y su perrita Rebeca, su descanso y fuente de energía.

La sonrisa del Secretario

Mientras espera en la Casa de Justicia de San Cristóbal al veedor distrital, quien ya lleva 20 minutos de retraso, para cumplir con su tercer compromiso del día, respira profundo y reitera cuánto le molesta la impuntualidad y el incumplimiento de la gente, pero nunca se sale de casillas.

Aprovecha este tiempo ‘muerto’ para hablar de Millonarios, el equipo de sus amores, y contar que intenta ir con frecuencia al estadio y llevar a sus hijos. Bromea sobre sus rutinas de soga rápida y polígono, pues es teniente de la reserva profesional de la Policía Nacional desde el 2013.

Su asesora y su jefa de prensa le sabotean los zapatos: ellas dicen que son marca Ferragamo, muy a su estilo, y él levanta los pies, muestra que son Bosi, mucho más económicos de los que sugieren, las desmiente y se ríe. Son las 4 de la tarde y es la segunda vez en el día que se ríe; la primera fue con sus amigos en los Andes. Pareciera que solo unos pocos, los que lo conocen, merecen verlo sonreír.

El veedor llega y es momento de empezar el diálogo con la comunidad. El “doctor Mejía” vuelve a ponerse serio y se concentra en su trabajo.

En su rostro se refleja angustia, su entrecejo fruncido lo hace ver como si estuviera enfadado todo el tiempo, y su mirada al vacío confirma que hay algo que no lo deja estar tranquilo. Es evidente que seguir combatiendo el microtráfico, mejorar la seguridad ciudadana y hacer una gran gestión, entre muchas otras cosas, es lo que está a punto de quitarle el sueño.

Lo que ha hecho y lo que falta

Reducir la cifra de homicidios de 1.344 en el 2015 a 1.265 en el 2016, bajando la tasa en un 6 por ciento; disminuir los índices de hurtos de residencia, vehículos y personas y lanzar la aplicación móvil ‘Seguridad en Línea’, una herramienta para que los ciudadanos denuncien delitos menores desde su celular o computador, son algunas de las cosas que ha conseguido el secretario Mejía y sus aliados por la seguridad.
Sin embargo, de acuerdo con las denuncias ciudadanas, los hurtos, las riñas, las lesiones personales, el microtráfico que rodea las instituciones educativas y el aumento de habitantes de calle siguen siendo temas preocupantes.

Además de tener el compromiso de poner a funcionar 2.000 cámaras en toda la ciudad para el 2017, tienen el reto de terminar de instalar el Centro de Comando y Control (C4), que reemplazó el Fondo de Vigilancia y Seguridad; aumentar el número de policías, reforzar la seguridad en los entornos escolares y darles a los ciudadanos tranquilidad y confianza.

Ana María Ocoró Lozada
Redactora de EL TIEMPO

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