Rock al Parque sumó dos días de pura adrenalina

Rock al Parque sumó dos días de pura adrenalina

Bogotanos y turistas han acudido a ver bandas de Estados Unidos, España, China y otros países.

Rock al ParqueEn el escenario Bio se oyen grupos de ska y rock, géneros alegres y festivos.
Rock al Parque

En el escenario Bio se oyen grupos de ska y rock, géneros alegres y festivos.

03 de julio 2017 , 01:02 a.m.

Desde el mediodía las filas se alargaban hasta media cuadra. La espera de un año para asistir a Rock al Parque 2017 había terminado. Los días sábado y domingo, el público atestó los tres escenarios dispuestos en el parque Simón Bolívar, en un desfogue de energías de talla continental.

Para el ingreso, cada persona debía retirarse botas, tenis o cualquier calzado que llevaran y así superar los dos controles policiales, en los que se quedaban monedas, chapas de correa y cualquier objeto con potencial lesivo.

Uno de los pocos que se salvó de semejante examen fue un rubio de unos 30 años con camiseta negra alusiva a un grupo y pantalón de tela. Caminaba apoyado en dos muletas, porque le faltaba su pierna derecha.

–Hoy usted es el rey de Rock al Parque–, le dijo su compañero de andanza, en tono de humor, todavía con las botas punteras en las manos.

–Me voy a desquitar de tanto juicio–, sentenció el mono, ad portas de sumergirse en el escenario Plaza. Atrás dejaron a los policías, y se mezclaron con la concurrencia, que aguardaba los platos fuertes.

Rock al parque 2017

En el escenario Plaza, la música ha sido más intensa, con géneros como ‘thrash metal’ y ‘hard core’, y bailes de ‘pogo’.

Foto:

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Plaza es el más grande y pesado, musicalmente hablando, de los espacios habilitados (tres en total, incluido Eco y Bio). Sin embargo, en la tarde aún estaba por tomar calor lo que en la noche sería un hervidero.

De entrada, una bogotana apretada y voluptuosa, con medias veladas negras, minifalda y chaqueta del mismo color. Sacó la lengua, destacó su piercing en el labio, alargó el brazo y disparó la cámara del celular para el autorretrato: cara, público y tarima en los planos sucesivos de su foto. Edición rápida en Instagram, etiquetas llamativas y listo, publicada. A esperar likes de seguidores.

En el ecuador de la tarde, que el sábado y el domingo fue de pleno sol y nada de lluvia, salió a tocar Cómo Asesinar Felipes, de Chile. Saxofones incluidos, y poco esperados en la tarima, donde abundaron el metal, el thrash metal y el hard core, dejaron un mensaje de paz con energía.

Sería el preámbulo de lo que después, con Estado de Coma en el escenario, se transformó en una batalla pacífica, no exenta de “pata y puño”, como dirían satisfechos algunos metaleros.

Cayó la noche, y el grupo dejó oír su potencia, elevada al máximo por su batería a todo retumbe, unas guitarras a máxima velocidad y una voz que, pese a lo ininteligible para el nuevo oyente, invitó “¡a darnos zapato, hijuep@#*”, lo que a su vez desembocó en dos murallas humanas de cientos de asistentes que a la indicación del músico chocaron como dos ejércitos, hasta fusionarse y convertir el aforo en una licuadora industrial que giraba a la velocidad de piernas, botas, espaldas y rostros sudorosos, moretones, empujones, caídas y un vórtice de adrenalina.

Hasta una morenita, delgada, liviana y sin ningún rastro de timidez, practicó patadas voladoras y codos de muay thai, sin destinatario fijo, al mejor estilo de Jackie Chan y Karate Kid.

Y en verdad que al final de todo este choque de energías, como en la mejor expresión del llamado ‘pogo’ (tradicional baile brusco y grupal), no hubo peleas o agresiones que demandaran la presencia de los policías, que en la distancia observaron impávidos toda la expresión cultural.

Remate

La noche penetró en los oídos de los asistentes y continuó la fiesta hasta cerca de la medianoche, cuando las bandas que cerraron (Macaco, de España; Obituary, de Estados Unidos, y Titán, de México) complacieron desde diferentes tonos a los miles de seguidores, que salieron extenuados tras un segundo día de conciertos.

Cuando, la noche de este lunes, los casi 70 grupos invitados hayan cumplido con su actuación, el Distrito estima que habrán asistido unos 246.700 bogotanos y turistas roqueros al que denominan el más grande festival gratuito de su género en América Latina: Rock al Parque.

Saltos, humo y palmas en el escenario Bio

En el camino al escenario Bio, donde suenan ska y géneros similares, una miniestampida humana arrastra al periodista hasta un tumulto de millares. Ha empezado el toque de Los Caligari (Argentina), y la asistencia muestra que aquí hay fanaticada.

Sus aires balcánicos, circenses y en todo caso originales prenden la mecha con prontitud.

Rock al parque 2017

La variedad de propuestas musicales convoca a más de 200.000 asistentes durante el fin de semana de Rock al Parque.

Foto:

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Trompetas, narices de payaso y caras pintadas se ven en escena. Ocho señoritas cargadas en hombros, que toman fotos con sus teléfonos, así como jóvenes de ambos géneros, elevan palmas y corean cada título que los argentinos interpretan.

En una de las canciones más alegres, el olor a perfume femenino, a axila con poca higiene, a trenzas de estilo rastafari y a humo de todo tipo –de cigarillos legales y no legales– asciende hasta los orificios nasales para confirmar que la aglomeración está viva. Y huele a su propia identidad.

“¡El que no salte es un amargo!”, advierte el vocalista, que no va a permitir descansos.

El desmadre llega con el incremento de las notas, y los más tímidos son centrifugados del gentío, porque el que no salta la lleva, porque al que no se mueva lo mueven.

Entre saltos y giros de baile que reúnen por lo menos a 3.000 asistentes, se ven rostros que abren sus bocas, toman bocanadas de aire y exhalan para continuar en su frenesí musical, incluida una pelirroja que no debe de medir más de metro y medio, pero cuyo desgreñado pelo rojo, que va y viene como un péndulo, la eleva mucho más alto de lo que su pequeña humanidad lo haría en estado de reposo.

Menos negro y más color en la zona Eco

Quienes iban en plan de relax o precisaban de un descanso del alto voltaje de otras tarimas se acomodaron en el escenario Eco. Un prado con árboles desperdigados acogió a la más colorida concurrencia. Grupitos se formaron en mesa redonda, corearon y bailaron tonadas de música alegre, hasta joropos mezclados con algo de rock liviano.

Rock al parque 2017

La edad no fue obstáculo para asistir a los conciertos. Mujeres y hombres, jóvenes y mayores se han gozado el festival.

Foto:

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

Con tenis negros, pantalón verde camuflado y chaqueta roja con parches y de tela rota, al estilo punk, un hombre calvo con cola estilo Krishna, piel roja, ojos chiquitos, dientes de conejo y una nariz que hablaba por él se abrazó a sí mismo, como si tuviera a su amada, y bailó solo un par de canciones hasta la última nota. Luego vino su amigo, le dio un calvazo y lo despertó de su inspirado ‘momentum’.

Al lado, una señorita de gafas negras aplaudió y grito “¡uuuuuuuuuuu!”, complacida con el son.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa

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