La fundación que se enriqueció a costa del hospital La Samaritana

La fundación que se enriqueció a costa del hospital La Samaritana

Montó unidad de cuidados intensivos privada en hospital público. Tiene nexos con un 'parapolítico'.

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El hospital universitario La Samaritana está ubicado en localidad de San Cristóbal.

Foto:

Archivo particular

01 de agosto 2016 , 02:50 a.m.

Una de las unidades de cuidados intensivos (UCI) más modernas del país funciona en el cuarto piso del hospital universitario La Samaritana (localidad de San Cristóbal), el único centro asistencial de tercer y cuarto niveles de la red hospitalaria del departamento de Cundinamarca.

Tiene 10 camas y está dotada con la última tecnología para la atención de pacientes en estado crítico. A la entrada, una placa señala que empezó a funcionar en el 2007, en la administración del entonces gobernador Pablo Ardila. (Lea: Escoja bien su EPS: conozca las mejores y las peores)

Pero los modernos equipos médicos operan como un servicio particular, no obstante estar en un hospital público. Además, los pacientes de La Samaritana no tienen derecho a utilizarla, a menos que paguen el servicio adicional.

Quien se lucra de la explotación de la moderna UCI es una entidad privada: la Fundación Integral para la Salud y la Educación Comunitaria (Finsema), con sede en Bucaramanga, Santander, y ligada al político santandereano Luis Alberto Gil, quien purgó siete años de prisión por ‘parapolítica’.

Finsema, que en papeles figura con 4 millones de pesos de capital, ha facturado a la fecha 45.700 millones de pesos por los servicios prestados en la UCI particular.

(Lea: Hospitales de Bogotá pierden al año $ 150.000 millones en sobrecostos)

La fundación logró hacerse al jugoso negocio luego de participar en una convocatoria pública en la que fue la única ofertante.

Tras salir ganadora, firmó una alianza estratégica con el hospital, que tiene su propia UCI para el servicio al público, aunque en un espacio más reducido.

El contrato, con plazo de ejecución de 10 años y prorrogable año tras año, está bajo la lupa de la Contraloría Departamental de Cundinamarca, que en las primeras pesquisas hizo hallazgos de tipo fiscal, disciplinario y administrativo, y no se descarta que otros entes de control, como la Fiscalía, entren a revisar el singular negocio.

Para los investigadores de la Contraloría, en la práctica no hubo tal alianza estratégica, sino un comodato en el que solo ha ganado Finsema.

En efecto, durante 11 años, esa fundación ha explotado la UCI, pero en ese tiempo no amplió la unidad de cuidados intensivos de neonatos, una de sus obligaciones iniciales, que luego logró cambiar a su favor. (Lea: Los cinco viejos hospitales de Bogotá que aún siguen en pie)

Así lo establecieron los investigadores tras reconstruir el contrato, porque el documento inicial se quemó en circunstancias que aún no han sido aclaradas.

“Esa UCI es un mundo aparte, pero tiene a su disposición la infraestructura de un hospital del más alto nivel, de prestigio y con 84 años de historia. Incluso, para su proceso de facturación no tuvo que comprar software, porque le cedieron el del hospital, junto con el servidor y la asistencia tecnológica”, dijo un funcionario del hospital.

‘Se lleva los equipos’
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crisis hospitalaria afecta la samaritana

Foto:

El plazo de ejecución del contrato se cumplirá en menos de un mes, y ese día Finsema se llevará los equipos.

“En el contrato no se previó una cláusula de reversión”, le dijo a EL TIEMPO el contralor de Cundinamarca, Ricardo López, quien inspeccionó recientemente la UCI con su equipo investigador. Por el contrario, el contrato advierte que los equipos seguirán siendo de la fundación.

Por norma, tras una alianza estratégica, la entidad pública se queda con los equipos y materiales. En este caso, se van a llevar hasta las sábanas”, dijo la fuente del hospital.

De hecho, La Samaritana tan solo recibió el 15 por ciento de lo que Finsema recaudó por estancia en su UCI, es decir, la tarifa diaria que se cobra al paciente. Por ese concepto, la fundación facturó 13.516 millones de pesos y le desembolsó al centro asistencial apenas 2.270 millones de pesos.

Y Finsema tiene una cartera de 907 millones con La Samaritana. La nueva junta directiva del hospital ya tiene un informe en el cual figuran las cifras y más detalles del contrato, lo que llevó a su terminación.

“El año pasado, el hospital arrojó un balance positivo de 26.000 millones de pesos. Significa que hay recursos suficientes para montar esa UCI que opera el privado, pero para sus propios pacientes”, dijo uno de los directivos.

EL TIEMPO estableció que la dirección que registra la fundación queda en una casa de familia de Bucaramanga y cuando se llamó al teléfono de contacto se negaron a informar dónde quedan las oficinas.

Al respecto, el representante legal dijo que un vocero de la fundación iba a hablar sobre el polémico contrato, pero al cierre de esta edición no había devuelto la llamada.

UNIDAD INVESTIGATIVAu.investigativa@eltiempo.com

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