Consumidores y vendedores de droga, el lunar de los nuevos parques

Consumidores y vendedores de droga, el lunar de los nuevos parques

A pesar de estar iluminados, los ciudadanos cuestionan la falta de seguridad en varios de ellos.

Parque La Estrada

En el parque La Estada, de Engativá, vecinos vecinos denuncian constante presencia de consumidores de droga.

Foto:

Cortesía: IDRD

16 de junio 2018 , 11:23 p.m.

La apuesta de la Alcaldía para arrebatarles los parques de la ciudad a los vendedores y consumidores de droga y entregárselos de nuevo a la ciudadanía –principalmente a los niños y jóvenes– ha sido la de arreglarlos, iluminarlos, construir canchas de fútbol y dotarlos de nuevos equipos.

En este momento, la Administración está interviniendo 390 escenarios de estos; ha entregado 66 campos de césped sintético (30 más están en obra), y la Uaesp se ha encargado de instalar luces led en 985 parques en todas las localidades, de los 1.000 contemplados en el Plan de Desarrollo.

No obstante todo esto, el pulso entre el tráfico al menudeo de sustancias prohibidas y el Distrito en estos escenarios públicos no está ganado. De acuerdo con el edil de Suba César Salamanca, su comunidad les dio la espalda a los parques hace más de 10 años debido a la llegada de los jíbaros y el descuido de la infraestructura de estos.

...ha sido complejo que los niños puedan utilizarlas debido al consumo que hay de drogas...

“Ahora, ni siquiera las canchas sintéticas o las bonitas obras que están haciendo en los parques (en Suba son 36 por parte de la alcaldía local y 37 por parte del IDRD) han podido hacer que la gente se apropie de estos lugares”, lamentó el cabildante, quien señaló que el caso del parque Nuevo Tibabuyes es una muestra de ello. “Allí acaban de abrir dos canchas sintéticas, pero ha sido complejo que los niños puedan utilizarlas debido al consumo que hay de drogas por parte de un promedio de 30 a 40 jóvenes”, advirtió Salamanca.

Una situación similar viven los ciudadanos que habitan cerca del parque Las Margaritas, detrás del portal de Las Américas, en Bosa. Según comentó una mujer que solía ir a este lugar con sus hijos, ahora es imposible por la cantidad de consumidores de droga que se mantienen en el lugar, especialmente bicitaxistas que se apoderaron de la zona los fines de semana y a cualquier hora del día. Aunque el parque Las Margaritas está en buenas condiciones, los niños no pueden disfrutarlo.
Según opinó César, la revolución en la reconstrucción de los espacios verdes abandonados por mucho tiempo se convirtió en un proceso de aprendizaje que debe consolidar un mecanismo de apropiación.

“Tendremos que ver cuál es el modelo de apropiación de parques que sirva para cada territorio. Deben estar involucradas diferentes entidades, y los habitantes y vecinos naturales deben perder el miedo a estos espacios después de una década o más de haberlos dejado de usar”, dijo.

Esta opinión la comparte el experto en seguridad de la Universidad Central Andrés Nieto, quien señala que “lo que se requiere es una política integral, no solo el mejoramiento de espacios públicos sino intervenciones directas en las comunidades, educación, empleo y desarrollo de lazos comunitarios”.

Según confirmaron en el IDRD, para buscar que la ciudadanía use los nuevos escenarios, a través de 47 promotores de cultura, encargados de la atención a los usuarios de las canchas sintéticas, “se llevan a cabo charlas y actividades a la comunidad con material lúdico pedagógico, con el que se hace énfasis en el buen uso de los escenarios”.

¿Cómo recuperarlos?

Atentas a este fenómeno, las secretarías de Gobierno y Seguridad han implementado la nueva estrategia denominada Encuentros Ciudadanos, con la cual buscan tener conversaciones cercanas con las comunidades y escuchar de primera mano sus principales necesidades. 

De los encuentros que se han realizado hasta el momento, en Ciudad Bolívar, Kennedy, Suba y Engativá, a los que siempre asisten el secretario de Gobierno, Miguel Uribe, y el de Seguridad, Jairo García, en compañía de la Policía, han identificado que el consumo de estupefacientes en zonas comunes es de los problemas que más afecta a los ciudadanos.

Por esta razón han implementado acciones para combatirlo a través del fortalecimiento de los frentes locales de seguridad e, incluso, la reestructuración de las rondas que están realizando los patrulleros de la policía en los sectores afectados.
Otra apuesta para intentar reducir el consumo de sustancias prohibidas en espacios públicos viene de la mano de la implementación del nuevo Código de Convivencia o Policía, que en su artículo 140 numeral 7 sanciona el consumir bebidas alcohólicas y sustancias psicoactivas en espacios comunes.

Según confirmó la Secretaría de Seguridad, desde el primero de agosto del 2017 hasta el 6 de junio de este año se han impuesto en la capital del país 38.637 comparendos por infringir esta norma.

Sauzalito, uno de los espacios afectados

El parque Sauzalito queda en Fontibón, donde las denuncias por la falta de seguridad eran recurrentes. Por ejemplo, Catalina Castro recuerda: “Esto era un robadero. A las 4 de la tarde, por aquí no se podía pasar; cuando llegaba de trabajar me daba mucho miedo, uno veía a unos niñitos de menos de 15 años metiendo vicio”, dice.

Y cómo no tener miedo si dentro del parque se veían jóvenes fumando marihuana o inhalando bóxer, sentados en la zona verde. En ocasiones amenazaban con robar a los transeúntes si no se les daba ‘la monedita’. “Una vez tenía que atravesar el parque; estaba muy oscuro, entonces no alcancé a ver de lejos que había tres muchachos metiendo droga; me robaron el celular y la billetera”, relata Juan Pineda, un residente del barrio.

Sin embargo, el 10 de abril del 2017, el IDRD y la Uaesp iluminaron este espacio, y el miedo de los ciudadanos se dispersó un poco, pensaron que sería más seguro.

“No es que uno pueda caminar a las 9 de la noche por acá, porque la inseguridad en toda la ciudad está terrible, pero ya es más visible cuando hay malandros por ahí esperando a alguien; entonces, uno espera o simplemente no se pasa por el parque”, cuenta Carlos Castañeda, un hombre de 63 años cuyo pasatiempo favorito es caminar al aire libre, y por eso ha sido testigo de las modalidades de robo, como esa de que fue víctima Cristian López.

Él se dirigía a su casa a las 9 de la noche y, aunque había personas transitando por allí, le robaron su reloj, billetera, celular y la maleta.

“La iluminación no es que haya ayudado mucho; solo cambia la visibilidad. Algunas veces alcanza a intervenir la policía porque cerca hay un CAI, pero cuando está muy solo, pues uno no grita ni pide auxilio por miedo a que le hagan algo”, concluye el hombre de 25 años.

Según el IDRD, la iluminación en este sector está compuesta por 46 luminarias de 250 watios, 42 de 400 watios, y asegura que esto mejoró la seguridad en el sector, permitiendo que el parque esté abierto hasta las 10 de la noche; antes solo estaba al servicio de la comunidad hasta las 6 de la tarde

Este informe fue propuesto por Adriana Gómez y Jen Neira en el consejo de redacción en línea del martes 12 de junio del 2018 en nuestras cuentas de Facebook: ELTIEMPO y Twitter: @BogotaET

ÓSCAR MURILLO MOJICA Y LUISA SÁNCHEZ
EL TIEMPO@BogotáET

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