A ritmo de rap, cientos de seguidores le dijeron adiós a 'Samurái'

A ritmo de rap, cientos de seguidores le dijeron adiós a 'Samurái'

Sus familiares y amigos exigen justicia por su muerte, confirmada tras 33 días de búsqueda.

Así fue el entierro de ‘Samurai- el poeta’Tras un mes de búsqueda, se corroboró con muestras de ADN la identidad del cantante.
Adiós al artista Samurái

César Melgarejo / EL TIEMPO

17 de enero 2018 , 01:03 a.m.

“La muerte llega y no le importa si uno es joven o no”, dijo un hombre de unos 40 años mientras los amigos y seguidores de Héctor Éverson Hernández, Samurái, se agolpaban cerca de la sala de velación, ubicada en la calle 33 A n.° 13-31, para darle el último adiós a uno de los cantantes de rap más reconocidos de Bogotá.

El cuerpo de Samurái fue hallado en Ciudad Bolívar el pasado 4 de enero, pero solo hasta este lunes se confirmó su identidad. La búsqueda de 33 días terminó con un trágico desenlace. En frente de la funeraria, algunas motos estacionadas todavía llevaban pegados los afiches con la cara de Hernández, mismo que usaron para empapelar la ciudad cuando lo estaban buscando.

Algunas personas entraron a la sala donde estaba el ataúd con las cabezas agachadas y con caminar apesadumbrado, mientras otras salían de ahí con la cara bañada en lágrimas buscando una esquina desocupada dónde llorar. Junto al cuerpo, los asistentes le dieron el último adiós al ritmo de su música. “La espada del Samurái”, decía una canción, del samurái más querido en la escena urbana de la capital.

Su música es poesía, por eso vivirá siempre

“Perdimos a una gran persona, un gran rapero, un gran artista”, dijo Camilo Rojas, uno de sus fanáticos que, aunque no lo conoció en persona, vino a despedirlo como a un héroe. “Su música es poesía, por eso vivirá siempre”, agregó.

El cuerpo del artista solo estuvo cuatro horas en la sala de velación, pues por su avanzado estado de descomposición tenía que ser sepultado de inmediato. Los que lo esperaban hicieron una calle de honor a su paso y siguieron el coche fúnebre, a pie, hasta la iglesia de Santa Teresita, en Teusaquillo.

Los más grandes éxitos de Samurái acompañaron la marcha fúnebre y sus fanáticos los cantaban en coro. “¡Qué viva Samurái!”, gritaban cada tanto. Una pancarta que decía “Justicia” encabezó el recorrido y ese grito se escuchó en la puerta de la iglesia.

Una vez adentro, el sermón del sacerdote fue opacado por la música a todo volumen que sonaba desde los carros de quienes asistieron al sepelio. “Dios quiere que seamos importantes”, dijo el cura mientras afuera la gente gritaba “¡Samurái, eterno!” y “¡Cantor, pintor, poeta!”, como él se denominaba a sí mismo. Unas 500 personas esperaban fuera de la iglesia la salida del ataúd. Algunos sostenían en alto sus álbumes y coreaban sus canciones. “Tiempos de guerra vienen y van, reír por no llorar, sufrir, andar, pecar”, cantaban.

A bordo de un carro fúnebre, Samurái emprendió el camino a su último lugar en la Tierra: el cementerio Jardines de Paz, en el norte de la ciudad. En la entrada lo esperaban más seguidores para escoltarlo hasta su tumba. “¡Justicia por Samu!”, fue el clamor colectivo que se repitió en las calles internas del cementerio. El sacerdote de la capilla esperaba el paso de la caravana en la que ya había cerca de mil personas sosteniendo su celular en alto y grabando una escena nada común.

Junto a su tumba lo esperaba un grupo de mariachis. La caravana se detuvo y la música empezó. “Yo sé bien que estoy afuera, pero el día en que yo me muera sé que tendrás que llorar”, cantaron los músicos, y fue la única vez que se escuchó algo distinto a rap en todo el día.

“La calle de honor para el socio”, pidió uno de los asistentes, y el ataúd se abría camino entre sus seguidores hacia la tumba. Flores blancas, ropa negra y ojos encharcados fue el protocolo para despedir al cantante. “¡Samurái, por siempre en nuestros corazones!”, gritaban mientras el ataúd llegaba a su destino. La música rap, la que él compuso y todos los presentes se sabían de memoria, fue la banda sonora oficial del último adiós.

“Samurái se merece un minuto de silencio”, pidió su familia. “¡Su hijo fue el mejor en todo el mundo!”, le dijo uno de los seguidores a la madre del artista. Luego, el silencio llegó.

DAVID RIAÑO VALENCIA
Escuela de Periodismo Multimedia de EL TIEMPO
En Twitter: @davidrianov
leoria@eltiempo.com

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