Convertir la chatarra en arte: la obra de Juan Guillermo

Convertir la chatarra en arte: la obra de Juan Guillermo

Hizo un cocodrilo con 1.600 herraduras y 32 piezas de ajedrez las construyó con llaves de chapas

El hombre que convierte la chatarra en arte

Este cocodrilo es una de sus grandes obras, pesa 600 kilos y tiene 1.600 herraduras.

Foto:

John Cerón / EL TIEMPO

12 de abril 2017 , 10:57 p.m.

Con tornillos viejos, llaves de chapas en desuso, monedas antiguas y mucha imaginación, Juan Guillermo Cifuentes Lotero crea figuras que luego se convierten en arte.

Una de sus grandes obras se puede apreciar a un costado de la antigua estación del tren en Zipaquirá (Cundinamarca): un Cocodrilo del Nilo, como él mismo lo llama, que está hecho de 1.600 herraduras y pesa aproximadamente 600 kilos.

“Duré tres meses haciéndolo. Cuando lo estaba terminando necesité de la ayuda de dos personas para poder moverlo y por último pintarlo de verde. Sus dientes están hechos de tubos y en las puntas les puse unas pequeñas balineras para darles redondez”, asegura el artista, quien lleva 12, de sus 60 años de vida, haciendo este arte.

Cuando se le pide que describa su oficio, manifiesta que es empírico y que este amor por transformar lo que para los demás es basura lo aprendió de su abuelo materno, que era titiritero.

“La chatarra es el material más noble que existe en el planeta, lo digo con sentimiento porque la gente lo desecha y a mí me ha dado algunos pesitos”, asegura, al momento que pone en sus manos una de las piezas de un ajedrez inspirado en el Quijote de la Mancha.

La reina, que en este caso es Dulcinea, está hecha de dos tornillos finamente unidos con soldadura de bronce que asemejan su vestido. Dos esferas, una grande y otra pequeña, imitan la cabeza y la moña del pelo. Una arandela es la corona, el cetro es otro tornillo y un pedazo de lámina es la capa del vestido.

“El Quijote, que es el rey, es más sencillo, para él utilicé pedazos de tornillo y dos monedas viejas, una es el escudo y la otra la base que lo sostiene”, describe Juan Guillermo.

En cada una de las 32 piezas que componen este juego-ciencia gastó tres horas y utilizó, además de los tornillos, pedazos de cadena de bicicleta, pequeños piñones y retazos de lámina.

Material por arrobas

Para conseguir la materia prima, este artista no se preocupa, ya que a diario camina por todo el municipio cundinamarqués y en una bolsa recoge tornillos, arandelas, herraduras, candados y pedazos de metal.

“La gente ya conoce lo que hago y me traen el material de hierro que ellos ya no utilizan. Cuando tengo algún trabajo por encargo, prefiero ir hasta la chatarrería para comprar lo que necesito”, manifiesta.

En su taller, ubicado en la vereda Mortiño del municipio de Cogua (Cundinamarca), almacena cuatro arrobas de llaves y seis arrobas de tornillos.

“Primero selecciono el material, lo limpio y luego pinto en un papel la figura que voy a construir. Escojo y organizó los elementos y les busco el parecido que tienen con la figura que voy a construir, para luego pegarlas con soldadura autógena o eléctrica. Muchas piezas deben ser calentadas a más de 1.500 grados centígrados para doblarlas y que se dejen manipular y así darles la forma que busco”, cuenta Guillermo mientras nos invita a ver la escultura del toro y el torero que está ubicada en uno de los locales de la terminal férrea.

“Este es un homenaje a los animales, ya que el maltrato hacia ellos no va conmigo. Se puede ver un poco fuerte porque la figura del torero tiene clavada una espada y las banderillas. Está hecha en su mayoría de herraduras. Me gusta trabajar estas piezas porque son como un imán, positivas”, agrega este bogotano de nacimiento, pero quien vive en la capital salinera de Colombia desde cuando tenía cuatro años.

Por el mundo

Su trabajo no solo ha sido admirado en Zipaquirá, también ha estado en Milán (Italia), España y Chiapas (México), en donde, según Juan Guillermo, participó en la feria de Tapachula. “Es la feria más importante de Centroamérica, allí hay venta y exposición de artesanías”, asegura.

Para él, lo más importante no es solo el arte que realiza, sino que con esto aporta un granito de arena para salvar el medioambiente y de paso deja un legado cultural para Zipaquirá, y muy pronto espera que sea para todo el país.

“Últimamente, hemos estado haciendo talleres para enseñarle a la gente a hacer figuras con las llantas usadas. Muchas son convertidas en materas o en figuras de pájaros. Además de ser algo lúdico, se convierte en una fuente de empleo para quienes participan en esta escuela”, asegura con orgullo, en el instante en que camina por el local en donde exhibe sus esculturas y que hasta hace unos meses era de parada obligada de quienes llegaban en el tren turístico de la Sabana. “La locomotora ahora se detiene unos metros atrás de la estación. Esto hizo que bajarán las ventas, pues los turistas ya no se acercan”, concluye Juan Guillermo, el hombre que hace con la chatarra arte.

JOHN CERÓN
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter @CeronBastidas

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA