Si no estuvo en Rock al Parque, le contamos cómo es un 'pogo'

Si no estuvo en Rock al Parque, le contamos cómo es un 'pogo'

El habitual baile brusco y grupal de rockeros y metaleros es característico en los conciertos. 

Baile en Rock al Parque

Con empujones, golpes y hasta patadas se baila en un pogo.

Foto:

Mauricio Moreno/ EL TIEMPO

04 de julio 2017 , 04:24 p.m.

Cayó la noche en Rock al Parque, y el 'hard core' (música fuerte, más que el 'metal') dejó oír su potencia, elevada al máximo por su batería a todo retumbe, unas guitarras a máxima velocidad y una voz que, pese a lo ininteligible para el nuevo oyente, invitó “¡a darnos zapato, hijuep@#*”, lo que a su vez desembocó en dos murallas humanas de cientos de asistentes que a la indicación del músico chocaron como dos ejércitos, hasta fusionarse y convertir el aforo en una licuadora industrial que giraba a la velocidad de piernas, botas, espaldas y rostros sudorosos, moretones, empujones, caídas y un vórtice de adrenalina.

Hasta una morenita, delgada, liviana y sin atisbo de timidez, practicó patadas voladoras y codos de muay thai, sin destinatario fijo, al mejor estilo de Jackie Chan y Karate Kid.

Y en verdad que al final de todo este choque de energías, como en la mejor expresión del llamado ‘pogo’ (tradicional baile brusco y grupal), casi no hubo peleas o agresiones que demandaran la presencia de los policías, que en la distancia observaron impávidos toda la expresión cultural. 

En uno de los escenarios alternos, una miniestampida humana arrastra al periodista hasta un tumulto de millares. Ha empezado el toque de un grupo argentino, y la multitud es de miles. El sonido de aires balcánicos, circenses y en todo caso originales prenden la mecha con prontitud.

En una de las canciones más alegres, el olor a perfume femenino, a axila con poca higiene, a trenzas de estilo rastafari y a humo de todo tipo –de cigarillos legales y no legales– asciende hasta los orificios nasales para confirmar que la aglomeración está viva. Y huele a su propia identidad.

“¡El que no salte es un amargo!”, advierte el vocalista, que no va a permitir descansos.

Pogo y baile en Rock al Parque

Quien se mete en las licuadoras del 'pogo' está dispuesto a dar y recibir empujones.

Foto:

Mauricio Moreno/ EL TIEMPO

El desmadre llega con el incremento de las notas, y los más tímidos son centrifugados del gentío, porque el que no salta la lleva, porque al que no se mueva lo mueven.

Entre saltos y giros de baile que reúnen por lo menos a 3.000 asistentes, se ven rostros que abren sus bocas, toman bocanadas de aire y exhalan para continuar en su frenesí musical, incluida una pelirroja que no debe de medir más de metro y medio, pero cuyo desgreñado pelo rojo, que va y viene como un péndulo, la eleva mucho más alto de lo que su pequeña humanidad lo haría en estado de reposo.

Felipe Motoa Franco
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa​

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