Tramo de la carrera 7.ª de Bogotá sufrió un cambio extremo

Tramo de la carrera 7.ª de Bogotá sufrió un cambio extremo

En el día sin carro y sin moto, el Distrito señalizó y pintó de azul la ciclorruta de esta vía.

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El trabajo coordinado de 23 entidades permitió que este tramo de la carrera 7.ª tenga, transitoriamente, nueva cara.

Foto:

Milton Díaz / EL TIEMPO

02 de febrero 2017 , 08:49 p.m.

Los ciclistas que este jueves, a las 5 de la mañana, comenzaron a circular por la carrera 7.ª, entre la avenida Jiménez y la calle 17, en el día sin carro y sin moto, se ‘chocaron’ con un cambio extremo: la ciclorruta amaneció pintada de azul antideslizante con franjas amarillas, con sillas para los peatones, materas, canecas y módulos para las exposiciones fotográficas.

Se trata de una intervención urbana transitoria por parte del Distrito, ad portas de iniciar la obra de peatonalización, con el fin de organizar el uso del espacio público en una de las vías con mayor invasión de la ciudad.

La transformación, que se fue revelando con el paso de las horas en medio de un día completamente soleado, estuvo a cargo de Mónica Ramírez, gerente para el centro de Bogotá y responsable de esta acción sobre la vía. Dijo que la clave de la intervención fue la coordinación entre todas las instituciones.

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La idea se comenzó a trabajar hace poco más de un mes con el apoyo integral de 23 entidades del Distrito y de la Alcaldía Local. Así se consiguieron todos los materiales para darle una nueva cara a este sitio. De hecho, Ramírez pintó, ayudó a instalar y a organizar todos los elementos en el espacio público.

Este jueves, en un recorrido que desde tempranas horas hizo un periodista de EL TIEMPO por esa zona, antes de que saliera el sol, se encontró a Ramírez cargando y acomodando mesas, sillas y parasoles. Estaba organizando todo en el espacio.

“Esta era una sorpresa para todos los ciudadanos”, dijo mientras terminaba de acomodar tapetes y demás elementos que componen las ocho ‘islas verdes’, donde los peatones, ciclistas o turistas pueden sentarse a tomar o comer algo. “Se trata de una propuesta de urbanismo táctico, significa una intervención temporal en el espacio público, con el fin de organizar su uso”, agregó Ramírez, quien es la designada por el alcalde Enrique Peñalosa Londoño de llevar a cabo la transformación y recuperación del centro.

La ciudadana Vivian Díaz dijo en Facebook: “Eso se llama estética, funcionalidad, organización... se nota el cambio”.
“Ojalá Bogotá fuera así”, gritó un ciclista que pasaba hacia el norte. “Por fin hicieron algo”, respondió otro con rumbo opuesto.

Uno de los ciclistas se detuvo en el sitio, frente al parque Santander, para analizar la situación. Se trata de Andrés Ríos, estudiante de la Universidad Nacional, quien dijo: “Esta es una intervención interesante porque antes no había ninguna delimitación entre el espacio de los peatones y los ciclistas”.

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Añadió que lo que permite el color azul sobre la vía de los biciusuarios es poner en alerta a cada uno de ellos sobre cuál es el espacio que le corresponde.

“También me parece interesante la instalación de bancas, fotografías y todo el mobiliario, esto les permite a los ciudadanos apropiarse más de este espacio”, precisó Ríos.

Se estima que en unos dos meses se inicien las obras de la segunda fase de la peatonalización de la carrera 7.ª entre la Jiménez y la calle 26.

Estos trabajos, según el Distrito, se van a realizar por tramos. La otra parte que ya está peatonalizada va de la calle 10.ª a la Jiménez.

¿Y el otro tramo qué?

La decisión para continuar con este tipo de intervención urbana y temporal se va a tomar luego de una encuesta a los ciudadanos donde se les pregunta sobre el impacto que tuvo la demarcación y la instalación del mobiliario urbano.

Si funciona y opera bien, se prolonga hasta la calle 26 mientras se inician las obras de la segunda fase de la peatonalización que se estima duraría dos años y, según el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), tiene un costo aproximado de 34.382 millones de pesos.

Cálculos de Fenalco señalan que en las localidades de Santa Fe, Los Mártires y La Candelaria circulan 1’600.000 personas, hay más de 2.500 comerciantes y unos 250.000 residentes.

BOGOTÁ

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