La historia de Draco, el cachorro que murió luego de un baño

La historia de Draco, el cachorro que murió luego de un baño

Este es el relato de una joven que denunció a un almacén veterinario por maltrato animal.

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Draco era de raza criolla y tenía 4 meses de edad.

Foto:

Archivo particular

14 de octubre 2016 , 04:29 p.m.

Laura Suárez le contó a EL TIEMPO ZONA que el 8 de septiembre llevó a su mascota Draco, de raza criolla y 4 meses de edad, al almacén veterinario Ceragro, en Toberín, a que le realizaran un simple corte de pelo. Laura aseguró que ya había frecuentado el lugar previamente, para la vacunación y desparasitación de su perro.

“Cuando pasé a recogerlo, después de la sesión de peluquería, quedé muy sorprendida porque le quitaron todo el pelo sin mi autorización. Lo dejaron calvo. Hasta pensé que no era mi perro”, contó la joven. Al salir del lugar, el animal empezó a comportarse de una forma muy extraña. Se movía poco, no comía y tenía la respiración muy agitada.

Después de esto, la propietaria llevó a Draco a la Clínica Veterinaria de La Salle y cuando lo recibieron le dijeron que tenía altas probabilidades de muerte. El perro broncoaspiró en el hospital, debido a que tenía líquido en los pulmones. A los dos días de hospitalizado, falleció.

En la necropsia, realizada por el doctor César Cabrejo, le encontraron pelo y espuma en la tráquea, razón por la cual Laura, asesorada por los médicos, se atreve a asegurar que quienes lo bañaron, realizaron un mal procedimiento, que le causó la muerte.

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Así quedó Draco, luego del corte de pelo que le realizaron en el almacén veterinario Ceragro, en Toberín.

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Posteriormente, la joven se acercó al almacén veterinario para reclamar por el deceso de su mascota, a lo que, según ella, el dueño le respondió que se haría cargo de los gastos de la clínica, y le entregaría un nuevo ejemplar.

El TIEMPO ZONA se trató de comunicar con César Rojas, el dueño del lugar, en repetidas ocasiones, pero los empleados del establecimiento manifestaron que no se encontraba disponible, y que no hablaría más de este caso, debido a que, según ellos, todo estaba solucionado con la afectada.

¿Quién responde?

Este medio conoció algunos audios en los que César Rojas, le expresó a la dueña que, por ser un establecimiento que comercializa productos de animales, y no una clínica veterinaria, no es necesario que sus empleados sean profesionales.

Esto fue lo que más preocupó a la joven, porque no quiere que otras personas dejen sus mascotas en manos de empleados sin certificación. Por esta razón, interpuso una queja ante el Consejo de Profesional de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de Colombia (Comvezcol), entidad encargada de velar porque los profesionales en esta especialidad ejerzan su oficio de forma ética y legal.

Sin embargo, el Consejo manifestó que “como almacén, mientras no se distribuyan medicamentos de control y no se preste servicio de procedimientos quirúrgicos, no tendría soporte exigir la prestación de servicios de profesionales”.

También, agregó que algunos productos farmacéuticos, como los desparasitantes, no exigen que sean prescritos por profesionales de la medicina veterinaria. "Sobre la actividad de vacunación y manejo de los insumos propios, es preciso advertir que la formación técnica y tecnológica se capacita en el país también para la realización de este tipo de aplicaciones biológicas, de suerte que ni siquiera en los humanos se espera que toda vacuna sea aplicada por un médico".

Sin embargo, esto “no exime que, como establecimiento abierto al público y prestador de un servicio, se ciñan a las normas comerciales y de responsabilidad frente al consumidor, lo que quiere decir que se habilita acudir a la autoridad de registro comercial para efectos de reconocimiento del daño ocasionado a partir de la mala prestación del servicio”, reiteró la entidad.

Jorge García, empleado del lugar, aseguró que “ya el problema está solucionado y arreglado” y que van a “responder con lo que se comprometieron”. La solución preventiva que da Comvezcol frente a este caso, es que los usuarios “verifiquen que el lugar al que lleven sus mascotas cuente con permisos de funcionamiento ante la Secretaría de Salud, y que evalúen el acondicionamiento del lugar desde un punto de vista preventivo de los riesgos para los ejemplares”.

Por ahora, según Laura, los dueños despidieron al empleado que realizó el baño, y le adjudicaron a este la responsabilidad de pagar los gastos de la hospitalización y la obtención de la nueva mascota. La joven no se siente esperanzada y considera que ninguna institución hará que se haga justicia frente a su denuncia.

ANA MILENA MENDOZA
EL TIEMPO ZONA

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