"Hoy los futbolistas juegan por salir con la modelo más linda"

"Hoy los futbolistas juegan por salir con la modelo más linda"

BOCAS entrevistó a Iván "el Bam Bam" Zamorano, uno de los más grandes futbolistas de Chile.

BOCAS - Zamorano

Iván "el Bam Bam" Zamorano, uno de los jugadores históricos de la selección chilena de fútbol.

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Pablo Salgado / Revista BOCAS

10 de julio 2017 , 03:11 p.m.


Madrid, 7 de enero de 1995: “¡Gol, gol, gol! ¡Gol del Real Madrid! ¡Marcó Zamorano! Minuto 21. Balón en profundidad, en globo. Zamorano lo ha matado, lo deja, lo toca suave y define con la pierna mala, con la izquierda. ¡Gol del Real Madrid!”. Así relató la Cadena Ser el segundo gol de ese día, uno de los más importantes de la carrera del temible Iván Zamorano, en la memorable goleada 5-0 ante el Barcelona.

En su momento, no había otro como él. Era el verdadero killer. Se tomaba el tiempo justo para definir de primera. Para atacar la red desde el área sin dejar reaccionar a los defensores. A veces, hacía parecer que remataba mejor con la cabeza que con el pie derecho. Pero de vez en cuando sacaba pinceladas hermosas. Como ese gol que le marcó a la Roma en el 98, con la camiseta del Inter, luego de haber metido una diagonal para desmarcarse: bajó con la punta del pie derecho un balón imposible y, con ese primer control tan suyo, dejó la pelota servida para definir ante la salida de Chimenti, el arquero titular de la Roma. ¡Joya!

Imposible olvidar sus cabezazos, sus goles dentro del área, su carácter y sus ganas de siempre ir al frente. Imposible olvidar esa celebración en la que abría los brazos y a manera de avión planeaba, para luego enfundarse con algún compañero en un fuerte y emotivo abrazo.

A 14 años de su retiro y con 50 recién cumplidos, el Bam Bam Zamorano no ha cambiado la personalidad que demostró durante su larga y exitosa carrera. Sin el pelo largo de antes y con la figura atlética de un futbolista consagrado, ahora pasa los días dedicado a su familia –su esposa y sus tres hijos–, viviendo en Miami, trabajando como comentarista de Univisión Deportes y, desde hace un tiempo para acá, produciendo el vino El Gran Capitán 1+8. Ahora, el histórico goleador de la selección chilena disfruta de la vida “como disfrutaba del fútbol cuando jugaba”, dice.

El vínculo con su padre fue vital para forjar su carácter. Asegura que fue su papá quien lo empujó a ser quien es. La relación no duró mucho. Apenas 13 años le bastaron a Iván Zamorano padre, para mostrarle al Piojo, su hijo, cómo debía jugar la vida, cómo debía afrontar el fútbol.

“Mi padre siempre me decía: ‘en el fútbol, como en la vida misma, no siempre llegan los mejores, sino los que tienen la capacidad de luchar más’”. Al principio Zamorano no entendía por qué su padre, por momentos, era tan duro con él. Años después comprendió que fue la manera indicada para hacerlo más fuerte, para encaminarlo en una carrera exitosa llena de goles.

España, julio de 1994: luego de haber sido goleador de la Liga Española, Iván Zamorano recibió una impactante noticia: Jorge Valdano, nuevo entrenador del Real Madrid, le informó que no iba a ser tenido en cuenta en la plantilla profesional y que sería el quinto delantero de su equipo. “Es justo ahí cuando me acuerdo de la frase de mi padre. Ese día empecé una lucha conmigo mismo para demostrarme que podía estar en el equipo”. Y así lo hizo. Trabajó tan duro en la pretemporada, que en la primera práctica no tuvo inconveniente en barrer al mismo entrenador para quitarle una pelota y así ganarse el cupo en la plantilla.

Zamorano nació en Maipú, en un barrio a las afueras de Santiago de Chile, donde, según él, se ha estigmatizado sobre lo que se vive ahí. Sin embargo, el Bam Bam no duda en asegurar que a pesar de ser un barrio humilde, es un lugar lleno de gente buena. Su debut como profesional lo hizo lejos de casa. El Cobresal lo recibió en 1985 y rápidamente fue prestado al Cobreandina, de la segunda división chilena. Sus goles y su figuración lo devolvieron al Cobresal, donde fue campeón de la Copa Chile contra su amado Colo-Colo. En 1987 el Bolonia italiano lo compró, pero el entrenador de ese entonces no lo tuvo en cuenta y fue prestado al St. Galle, de Suiza. Los 37 goles que marcó en apenas dos temporadas lo ubicaron en el Sevilla, de España, donde jugó 65 partidos y anotó 23 goles.

En 1992 se convirtió en el jugador más costoso hasta entonces del fútbol chileno. El Real Madrid se había hecho de sus servicios por seis millones de dólares. Allá jugó cuatro temporadas en las que consiguió una Copa del Rey, una Liga y una Supercopa española, además fue el máximo goleador en la temporada 1992-1993. Por una decisión personal, y con ganas de asumir nuevos retos, fue fichado por el Inter de Milán en 1996, donde jugó hasta el 2000. En italia logró 40 goles en 148 partidos, pero quizá su número más importante fue el “1+8” a su espalda. Para Zamorano, los delanteros debían jugar siempre con el 9 y así lo hizo en el Inter hasta el 98. En esa temporada, Ronaldo fue fichado por los “neroazurros” y, por un millonario contrato con una marca comercial, el brasilero debió jugar con el 9 a la espalda. Zamorano no tuvo problema en cederlo y decidió vestirse con el 18, solo que pidió incluir el signo de más en medio de los dos números. “Esa camiseta es la más vendida en la historia del fútbol italiano. La tengo enmarcada en mi casa. Es de lo más lindo que me dejó el fútbol”, dice.

En las últimas temporadas, el Bam Bam tuvo que afrontar el banquillo del Inter, algo que no soportó por mucho tiempo. Decidió irse a jugar al fútbol mexicano. El América de México fue su nueva casa a partir del 2001. Allí guio a “las Águilas” a un nuevo título después de doce años de sequía. Jugó tres temporadas, para luego cumplir una cita pactada con el amor: en el 2003 viajó de nuevo a Chile y se puso la camiseta del equipo de sus amores, del que su padre lo había hecho hincha. El Colo-Colo vibró con la llegada de su gran ídolo. No pudo ser campeón y su retiro no fue el mejor: fue suspendido por una agresión a un árbitro en una final y ahí dejó la competencia. “Jugué esos meses sin cobrar, tenía una deuda con mi pasado. Me faltó el título, pero fue de lo más lindo que me pudo pasar.”

En la selección chilena jugó sin parar desde 1987 hasta el 2001. Fue uno de los afectados por la sanción que sufrió su equipo en 1989 luego del partido contra Brasil en el Maracaná, en la que el portero de Chile, el Cóndor Rojas, simuló que una bengala le había caído en la cabeza desde la tribuna. La suspensión de cuatro años que sufrió su selección lo privó de jugar el Mundial USA 94. En Francia 98 tuvo revancha: formó una de las duplas históricas del fútbol chileno, con Marcelo Salas, y su selección llegó a octavos. Además, logró la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos del 2000 y disputó la final de la Copa América 87, de la que fue subcampeón. Con “la roja” anotó cuarenta goles en 75 partidos y se convirtió en uno de los tres jugadores históricos del fútbol chileno.

Su grandeza futbolística la transmite con su forma de ser. No hay a quien le niegue una foto. No importa con quien sea, siempre hay un momento para hablar de fútbol, de la vida y de su padre. Asegura que la familia es lo más importante, para él no hay más allá. Para él, ser feliz le significa estar con sus tres hijos, su esposa, su mamá y su hermana. Claro, también con su papá, a quien no puede ver desde hace 37 años, pero con el que habla todos los días. “Para mí, él siempre está presente”.

Esta es la historia del gran capitán. Del 1+8.

Para mí el 9 de área se está extinguiendo, pero en muchas ocasiones me veo reflejado en Falcao. El 90% de sus goles son dentro del área, como hacía yo.

¿En qué momento dejó de ser el Piojo para volverse Bam Bam?
Fue Juanito Espinosa, un periodista que relataba los partidos de Cobresal, el que lo puso. Él me buscó y me dijo que no le gustaba mi apodo del Piojo, que teníamos que buscar un sobrenombre para hacer más llamativos sus relatos. Me preguntó que cuál era el programa de televisión que más veía y yo le dije que los Picapiedra. Entonces dijo: “¡Uy! Ahí hay un monito al que le dicen ‘Bam Bam’“. Entonces, ahí conversando, relató un gol y dijo: “¡Goool de Iván ‘Bam Bam’ Zamorano!”. Desde ese día quedé así. Fue un momento muy especial en mi vida.

¿Cómo fue su infancia?

Fui muy feliz. Mis padres siempre me inculcaron muchos valores. Fue una infancia llena de fútbol. Mi papá era loco por el fútbol. Todo giraba en torno a eso. Antes de caminar ya le pegaba a la pelota. Mi papá era muy apasionado. Todo eso me lo transmitió a pesar de que lo perdí estando muy chico.

¿Cómo fue esa relación con su papá?
Espectacular. Mi padre fue un hombre lleno de sabiduría. Sus mensajes y todo lo que me decía lo rescato hasta el día de hoy, intentando que su huella y su recuerdo siempre estén en mi mente y en la de mis hijos.

Usted tenía trece años y se convirtió en el hombre de su casa. ¿Cómo fue eso?
Fue difícil. Mi papá era el que llevaba el sustento a la casa, nunca nos faltó algo a mi mamá, mi hermana y a mí. Así que me tocó coger las riendas y ayudar a mi mamá. Maduré muy pronto. Trabajaba en lo que podía: barría, le ayudaba a un tío cargando un camión. Eso sí, nunca dejé de jugar al fútbol porque sabía que por ahí podía ayudar como quería a mi familia.

¿Es cierto que con su primer sueldo como jugador se compró unos jeans a cuotas?
[Risas] Sí, fue en Cobresal. Me ganaba muy poco. Algo así como 10 dólares mensuales de ese entonces. Yo creía que era rico, entonces le mandaba la mitad a mi mamá a Maipú, lo otro lo ahorraba... Y bueno me tocó comprarme unos jeans a plazos. Los pagué en doce meses.

Y ya en Cobresal, en la primera división, lo mandaron a jugar a Cobreandina, en segunda. ¿Por qué?
Era muy joven. Jugué los primeros partidos, pero se recuperaron los titulares, que eran Carlos Solar y Nelson Pereti y hacían muchos goles. Ahí el técnico decidió prestarme para que jugara más partidos. Con 18 años fui el goleador del ascenso, hice 38 goles en 36 partidos. Volví a Cobresal después de eso y le ganamos la Copa Chile a mi equipo, el Colo-Colo.

Apareció el traspaso al Bolonia de Italia, pero cuando llegó, el técnico no lo tuvo en cuenta. ¿Qué pasó?
Sí, fue Manfredi. Me pasó lo mismo que en Cobresal. Me dijo que necesitaba más experiencia y me prestaron al St. Galle, de Suiza. Nunca me opuse ni me quejé. Lo asumí y me fui a Suiza, donde por fortuna me fue muy bien.

En su carrera deportiva siempre fue un hombre de duplas y justamente en Suiza logró conformar una con Hugo Rubio. ¿Cómo la crearon?

Yo fui el que les dije a los suizos que fueran por Rubio. Él ya estaba en Italia. Armamos una dupla hermosa. De 24 goles que hice, en 20 participó Hugo. Además, nos volvimos compadres: soy el padrino de su hijo y él es padrino de mi hijo. La pasamos bien, gracias a eso el Sevilla me buscó.

Y ya en Sevilla, en el 91, su amado Colo-Colo quedó campeón de la Libertadores. ¿Cómo vivió esa final?

Con mucha intensidad. Llamé a mi mejor amigo y él me puso el partido por teléfono. Eran las cuatro de la mañana en Sevilla. Fui muy feliz, te podrás imaginar lo que fue ese día para mí. Me volví loco.

¿Cómo se dio su llegada al Real Madrid?
Yo tenía un empresario que se llama Alberto Toldrá que me estaba ubicando en un gran equipo. Mi hermana, justo por esa época, decidió casarse. El día que se estaba casando por lo civil, con cuarenta invitados, la jueza empezó la ceremonia y justo ahí sonó el teléfono. Contestó la suegra de mi hermana y dijo que era para mí. La jueza, muy enojada, me dio permiso de atender. Era mi representante. Me dijo: “Eres jugador del Real Madrid, te espero esta noche acá en España”. Yo le dije que no podía hablar y que por favor me llamara más tarde [Risas]. Me preguntó que si estaba loco, que si no entendía lo que estaba pasando, y yo nuevamente le respondí que hablábamos después. Terminó la ceremonia y cuando fui a felicitar a mi hermana, la abracé y le dije: “Felicidades, te amo mucho. Desde ahora soy jugador del Real Madrid”. Mi hermana gritó, se volvió loca. Desde ese momento la fiesta fue para mí y no para mi hermana.

La noche anterior soñé que le ganábamos al Barcelona 5 a 0. Sabía desde antes que esa iba a ser mi noche. En el primer tiempo íbamos 3-0 con goles míos.

En su primera temporada en el Real Madrid hizo muchos goles [37], pero en la segunda hubo una racha de casi cuatro meses en los que no anotó. ¿Cómo se asumen esos momentos?
Te come la cabeza. No es fácil estar en el Real Madrid sin hacer goles durante tanto tiempo, pero nunca dejé de hacer el esfuerzo por el equipo. No hacía goles, pero ayudaba a que el equipo los marcara. Alguien me dijo que me habían hecho el mal de ojo y que eso se curaba acostándome con una negra, pero no, son rachas. Por suerte para el equipo, y no tanto para mí, terminó justamente contra el Sevilla [risas].

¿En qué momento se dio cuenta de lo importante que era estar en el Real Madrid?
Desde el primer día. Te bajas del avión y lo primero que hacen es llevarte a la sala de trofeos del equipo para mostrarte a dónde estás llegando. Ahí te das cuenta de que hay que seguir escribiendo la historia de esa manera y que estás en el equipo más importante del mundo.

Temporada del 94. Llega Jorge Valdano y le dice que no va a contar con usted en el equipo. ¿Cómo vivió ese momento?
Son cosas que hay que asumir. Yo en ese momento no tenía que demostrarle nada a nadie, todos sabían quién era Zamorano, pero sí tenía que demostrarme a mí mismo que Valdano estaba equivocado. Eso fue lo más difícil. Tenía que entrenar como siempre y hablar donde mejor lo hacía: en el área. No tenía otra opción y así se dio. Mi lucha no fue contra Valdano ni contra los medios, fue contra mí mismo. La salida fácil era irme a otro equipo, me querían cinco grandes en Europa, pero no, eso lo tenía que cambiar yo. Ese año, mi mayor triunfo fue darme cuenta de que no hay nada imposible y que cuando uno quiere algo, lo logra.

Volvamos a las duplas. Ahí nació otra con Emilio Amavisca, su amigo y su compañero en el título de ese año.
Justamente a Emilio también lo querían sacar. Y eso nos unió. A él le costó un poco más entrar, pero cuando lo hizo formamos una dupla temible. Fue la dupla del año. Hoy somos grandes amigos. Logramos cambiar una situación muy difícil para convertirla en el mejor año de nuestras vidas.

Hay un partido memorable esa temporada y es la goleada frente al Barcelona en el Santiago Bernabéu. ¿Qué recuerda del 5-0 contra el Barcelona?
Yo he tenido noches mágicas en el fútbol, pero ninguna como esa. La noche anterior a ese partido soñé que le ganábamos al Barcelona 5-0. Sabía desde antes que esa iba a ser mi noche. En el primer tiempo terminamos ganando 3-0 con goles míos y en el vestuario les dije a todos los jugadores, uno por uno, que ese día ganábamos 5-0, ni uno más ni uno menos. Y así fue, tuvimos, además de los cinco goles, cuatro opciones claras que no fueron. Ese 5-0 estaba pactado desde la noche anterior, eso solo pasa una vez en la vida.

¿Por qué, después del golazo del título contra el Deportivo La Coruña, usted se frena cuando va a celebrar?
¡Uf! Ese gol lo tuvo todo. Primero, un pase de treinta metros de Amavisca. Pum… perfecto, llegó a mi pecho. Segundo, en el aire la controlé y la dejé para definir, pero la pelota no me bajó. Tercero, el remate que hice fue muy difícil porque no tenía ángulo, la pelota pasó y pegó en el palo. Ahí me frené, pero después no se fue afuera sino que entró. Es la única vez que me saqué la camiseta para celebrar. Hice 370 goles y solo ese día me la quité. Fue mágico, ese gol no se hubiera dado sin él.

¿Sin él?
Sí. En ese gol estuvo mi papá.

Después de los años dorados, ¿por qué decidió ir al Inter?
El Real Madrid me quería renovar, pero yo tenía una espina clavada y era el fútbol italiano. Además, necesitaba un cambio. Fueron por mí la Fiorentina, la “Juve”, el Bayern, pero conocí a Moratti y ahí me enamoré de la institución del Inter y de la persona que es Moratti.

¿Le costó entregar el número 9 a Ronaldo en el 98?
No, yo siempre fui muy solidario con el fútbol. Si tenía que correr por mis compañeros, lo hacía, así que cuando me la pidieron, se la di. Además, me estaban dando la oportunidad de reinventarme, así lo tomé.

Y el “1+8”, ¿de dónde salió?
Massola me preguntó que con qué camiseta iba a jugar, le dije que con el 99, pero él me respondió que no se podía. Yo no quería perder el 9 a la espalda. Entonces me dijo: “Algo que sume nueve: 27, 18”. “¡Claro! –respondí–, el 18. ¿Pero le podremos poner un signo de más en medio?”. Hablamos con Moratti y él pidió permiso. En ese entonces él era el amo y señor del fútbol italiano. Ahí nació la mítica camiseta: 1+8, la que es hasta hoy la más vendida en la historia del fútbol de ese país.

Usted jugó y compartió camerino con Luis Enrique [en el Real Madrid] y con Simeone [en el Inter]. ¿Desde ese entonces se les veía la chapa para ser entrenadores?
A Luis Enrique no tanto. Luis Enrique era un jugador extraordinario, pero no se le veía esa identidad con el fútbol. Sentía el fútbol sí, pero no hablaba todo el día de fútbol. Pero al Cholo sí. Era un loco, movía los vasos, solo pensaba en fútbol. Yo compartía habitación con él y en esa época decía que tenía tres sueños: dirigir a Racing, ya lo hizo; dirigir al Atlético de Madrid, lo hace ahora; y por último, a la selección argentina, que ojalá se le cumpla.

¿Cómo fue ese momento en la selección luego de la suspensión por lo que pasó en el Maracaná en el 89?
Me afectó muchísimo. Fueron cuatro años donde no se jugaba por nada. Nos castigaron muy duro, pero tampoco culpo a Rojas, son cosas que pasan. Yo en ese momento era el único jugador chileno que jugaba en Europa y era duro ver cómo todos iban a sus selecciones y a mí me tocaba irme a la casa.

¿Perdió mucho el fútbol chileno con esa sanción?
Perdió mucho mucho. Pero a la vez nos hizo crecer. Salimos fortalecidos para lo que se vino.

Fue una infancia llena de fútbol. Mi papá era loco por el fútbol. Todo giraba en torno a eso. Antes de caminar ya le pegaba a la pelota. Mi papá era muy apasionado.

Y llegó el 98, cuando apareció otra dupla suya, la famosa Sa-Za (Salas-Zamorano). ¿Qué encontró el técnico Acosta para volver a un mundial?
Encontró actitud, encontró mística. Él sacó lo mejor de nosotros, nos devolvió la ilusión. En esa época marcamos mucho para lo que hoy está pasando. Fuimos los referentes para lo que hoy está pasando con la roja.

¿Y su dupla con Salas?
Con Marcelo fuimos grandes compañeros. En la cancha nos conocíamos mucho. Él sabía dónde estaba yo y yo sabía dónde estaba él. No fuimos grandes amigos, pero tampoco grandes enemigos, como algunos quisieron hacerlo ver.

Para un goleador como usted, ¿fue una cuenta pendiente no haber marcado gol en un mundial?
No, absolutamente. Quizá en los museos y en la historia se diga eso, pero después de todo lo que logré e hice en el fútbol eso no es una cuenta pendiente. Me saqué la espina con la medalla olímpica.

¿Cuál fue el momento más duro en Europa para usted?
Tuve momentos deportivos difíciles. Perder la UEFA con el Inter y, al principio, lo de Valdano. Pero personalmente me costaron mucho los últimos seis meses en el Inter. Pasaba más tiempo en el banco que en la cancha, por eso decidí irme a México.

Usted llegó a Ciudad de México y en la primera entrevista dijo: “Yo no me voy del América sin ser campeón”. ¿Así de seguro estaba?
[Risas] Eso es bonito. Apenas llegué a México dije la frase. Ahí, el jefe de prensa del equipo me miró y me dijo: “Sabes en la que te metiste, ¿no? El América no es campeón hace 12 años”. Yo no sabía eso, pero bueno, fue un lindo reto y al final logramos el título e hice un gol en la final.

¿Y la llegada a Colo-Colo?
¡Uy! Fue lo más lindo que me pasó. Esos meses jugué sin cobrar. Era mi sueño retirarme ahí, fue cuando más cerca sentí a mi padre. Todo fue lindo, maravilloso.

¿Qué pasó en esa final contra Cobreloa?

Una anécdota más. Sentí que me quitaban mi sueño de ser campeón con “el cacique”. En ese segundo gol en fuera de lugar fuimos a cuestionar al juez y al único que expulsó fue a mí. Ahí perdí la cabeza durante treinta segundos porque vi frustrado mi sueño. Por ahí toqué al juez y, bueno, me sancionaron dieciséis partidos y me retiré. Pero ojo, es una anécdota más, eso no borra todo lo lindo que me dio el fútbol [risas].

Volvamos a la relación con su padre. ¿Siente que el vacío que le dejó fue lo que lo hizo despertar para ser exitoso?
Puede ser. Seguramente sí. Sacó el fuego interior. Fue la persona que siempre me supo dar el consejo perfecto. Siempre sacó lo mejor de mí. Cuando era pequeño todo el mundo hablaba de mis cualidades y de lo bueno que era, pero él nunca me decía nada, solo que tenía que seguir trabajando. Eso sí, cuando llegaba por la noche y hablaba con mi mamá, explotaba y se llenaba de elogios para mí. Pero él nunca quiso que me conformara y, bueno, creo que lo logró.

Y después del retiro, ¿qué vino para usted?
Hice una despedida lindísima con muchas estrellas y fui feliz. De allá para acá, estoy dedicado a mi familia. A disfrutar de mis tres hijos, de mi esposa, y a devolverle al deporte un poco de lo que me dio.

¿En qué consiste esa Ciudad Deportiva que usted tiene en Santiago?
El deporte debe ser un espacio para generar mejores sociedades. Tenemos que apoyar esos espacios, como la cultura y la educación. Es un lugar para que la gente haga deporte, para que los niños crezcan sanos lejos de tanta tentación. Tuvimos algunos problemas, pero por fortuna hoy funciona de maravilla.

¿Qué es más fácil: describir un gol como analista o bajarla de pecho y definir?

¡Uf!, el área siempre fue mi casa. Indudablemente hacer goles es mucho más fácil. Encontrar las palabras correctas para describir un gol no es sencillo. Lo hago, lo disfruto, pero nada como hacer un gol.

¿Se identifica con algún delantero actual?
Para mí el “9” de área se está extinguiendo. Quedan muy pocos, pero en muchas ocasiones me veo reflejado en Falcao. El 90 % de sus goles son dentro del área, como hacía yo, siempre trata de definir de primera o acomodarse para cabecear. Al igual que a mí se le ve muy cómodo impactando la pelota con la cabeza. Él es el último gran centro delantero.

Usted vivió una situación similar con Valdano y el Real Madrid, ¿Qué piensa de lo que está pasando con James Rodríguez?
Si algo tengo claro y lo he hecho toda mi vida es no hablar ni meterme en las decisiones de los demás. Todos somos diferentes. Lo que sí creo es que James tiene que ser feliz. También tener claro que las decisiones importantes se tienen que tomar con la cabeza, analizando y no con los sentimientos.

¿Cuál de las últimas selecciones chilenas le ha gustado más?
Disfruté muchísimo la de Bielsa. Lo que hizo Marcelo en Chile fue determinante. Transformó nuestro fútbol, se marcó un antes y un después, pero sin duda alguna soy feliz con la actualidad de la selección chilena.

¿Qué piensa de Alexis y Vidal? ¿Son los nuevos Sa-Za?
Sí, sin duda. No juegan en las mismas posiciones, pero son dos jugadores distintos, que marcan el camino de esta selección. A Arturo lo conozco desde muy pequeño y me impresiona ese jugador, en donde lo pongan funciona. Son dos líderes que le aportan mucho a esta generación.

¿Se ve como entrenador?

Estudié para serlo, pero hoy disfruto lo que hago. La paso bien comentando partidos, puedo dedicarles tiempo a mi familia y a mis negocios. En algún momento llegará, pero todavía no. Me han ofrecido posibilidades, pero cuando lo tome será porque es un proyecto serio y con estabilidad.

¿Han cambiado mucho las generaciones de los futbolistas?
No, no han cambiado. Lo que ha cambiado son las prioridades de los futbolistas. Hoy los futbolistas juegan a lo mejor por salir con la modelo más linda, por tener un auto último modelo o por tener contratos publicitarios. Los futbolistas ven menos fútbol. Yo siempre jugaba era por amor a la pelota, como me lo inculcó mi papá.

Ya para terminar, su vida parece estar muy vinculada con el recuerdo que tiene de su padre. ¿Qué es lo que más recuerda de él?

Muchas cosas. Todos los días pienso en él, pero hay dos frases que siempre llevo y tengo presentes. La primera: “El esfuerzo y la perseverancia son dos palabras que te deben acompañar toda la vida”; y así ha sido. Y la segunda, la más contundente: “En el fútbol, como en la vida misma, no siempre llegan los mejores, sino los que tienen la capacidad de luchar más”; él me enseñó a luchar más, para llegar a ser el mejor.

SEBASTIÁN HEREDIA
FOTOS: PABLO SALGADO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 64 - JUNIO 2017 

BOCAS 64 - BAM BAM

Bam Bam llegó a los 50
Entrevista con Iván Zamorano
Por Sebastián Heredia. Fotos: Pablo Salgado.

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