Si Carlos Gaviria viviera...

Si Carlos Gaviria viviera...

La columna de Alberto Casas Santamaría para la edición de marzo de BOCAS.

Carlos Gaviria

Carlos Gaviria Díaz (1937-2015)

Foto:
31 de marzo 2017 , 10:50 a.m.


Si Carlos Gaviria viviera, como todos deseamos, sería el próximo presidente de Colombia, aunque ese resultado no lo deseáramos quienes no habríamos votado por él.

El magistrado y político antioqueño de cabellera y arreglada barba blanca arrasaría en primera vuelta en el próximo certamen electoral, por cuenta de las divisiones internas que afectan a todos los partidos clasificados ideológicamente de centro o de derecha. Tanto es así que esos partidos sueñan en agruparse en el “Sí” y en el “No” del proceso de paz, para alcanzar un cupo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Gaviria ha sido, en términos reales, el único que ha unido a la izquierda colombiana. Y su carrera política, sin que se lo hubiera propuesto, iba en ascenso fulgurante, hasta que una competencia interna de la izquierda le dio el triunfo a Gustavo Petro para ser el candidato presidencial en el 2009. Ahí arrancó de nuevo la división que afecta hasta hoy a la izquierda criolla, entre petristas y robledistas, fenómeno que solo hubiera podido evitar el Papá Noel, apodo con el que la prensa lo identificaba cariñosamente dado su parecido físico con la legendaria y simpática figura de Santa Claus.

El excandidato Gaviria era un intelectual de atractivo indiscutible. Escucharlo era el plato principal por los ingredientes con los que cocinaba su tesis, independientemente de coincidir o no. Mientras más polémico, mayor lucidez en el diálogo por la carga irónica que aplicaba a sus contradictores.

Sufrió en carne propia la guerra sucia, ahora tan de moda en todas las campañas, al ser señalado como beneficiario de una millonaria pensión, cargo que desbarató con pruebas contundentes. El bochornoso incidente coadyuvó a su rectitud y su conducta personal, intachables.

Sus conceptos en materia jurídica sobre aspectos fundamentales de la controversia nacional quedaron plasmados en célebres sentencias que hoy son doctrina de la Corte. Impuso puntos de vista sobre eutanasia, la unión de los homosexuales, la despenalización de la dosis mínima y del aborto. Se le adelantó al venado, como dicen en los llanos de Colombia.

La vida no le permitió participar en el proceso de paz con las Farc. Consideraba que era necesario reconocer la existencia del conflicto para buscar una solución definitiva. Se le calificaba como un constructor de paz. Del repertorio no escapaban sus debilidades por la historia, la poesía, la novela y los tangos. Era, como decían las señoras de antes: una caja de música.

Por supuesto que son varios los ejemplos de eminentes compatriotas con posibilidades presidenciales que fallecieron antes de alcanzar el honor de dirigir a la Nación. La más cercana y más probable, la de Luis Carlos Galán, asesinado con repugnante sevicia.

También la de Gilberto Álzate Avendaño: “Mariscal rampante”. Después de una lucha partidista muy activa, había transitado un camino triunfante de convivencia que lo habilitaba como candidato conservador del Frente Nacional; una complicación postoperatoria de la cirugía que se había practicado para resolver un desorden intestinal le provocó la muerte.

Sin Carlos Gaviria en el campo de juego, la izquierda no tiene buen pronóstico para el 18. Se valorizan Fajardo y Claudia López, que portan camisetas con atractivo logotipo de Independientes y recogen Indignados.

Mientras Humberto de la Calle convoca a los defensores del proceso para ganar en primera vuelta porque considera que el Acuerdo con las Farc no está blindado, el jefe del Centro Democrático ha instado a los del “No” para formar un frente común con miras a tener un solo candidato que los represente. Objetivo muy difícil de conseguir dada la indisciplina interna que afecta a las organizaciones partidistas, aunque debe reconocerse que el Centro Democrático tiene la ventaja de tener un jefe que la impone sin que nadie “chistie”.

No parecería en todo caso fórmula distinta de la de comprometerse a un apoyo en la segunda vuelta al candidato de su simpatía que pase el examen en la primera, algo así como una ruleta rusa.

ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 61 - MARZO 2017

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