Pedro Almodóvar: el hombre que le mostró el cine español al mundo

Pedro Almodóvar: el hombre que le mostró el cine español al mundo

El famoso director habló con la Revista BOCAS .

Almodóvar portada

Una entrevista con uno de los símbolos más fuertes de la España moderna.

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Foto Archivo

06 de marzo 2017 , 05:41 p.m.

Cuando recogió el premio Óscar a la mejor película extranjera en 2000 por Todo sobre mi madre, Penélope Cruz –que presentaba el galardón junto a Antonio Banderas– desveló el nombre oculto en el sobre al eufórico grito de “¡Pedro!”.

Esta complicidad responde a una larga amistad. La actriz, que ha participado en cinco de sus películas (Carne trémula, la ya mentada Todo sobre mi madre, Volver, Los abrazos rotos y Los amantes pasajeros), forma parte del excelso grupo de chicas Almodóvar, una etiqueta que, como un sello de calidad, acompaña a las intérpretes que han tenido el honor y el placer de trabajar bajo las órdenes del heterodoxo autor.

Pero ¿de dónde viene esa obsesión por encumbrar el mundo femenino? Almodóvar nació en un pueblo de Castilla-La Mancha, tierra de molinos, vinos recios y llanuras. Sin embargo, no han sido tanto sus paisajes como sus mujeres las que han marcado su existencia y han fraguado su empatía con el sexo femenino, el sello de su cine. “En los años cincuenta siempre íbamos acompañados de nuestras madres, en cualquier situación: en el río, donde bajaban a lavar la ropa; en el patio, donde trabajaban, cantaban, reían, parloteaban y comentaban qué sucedía en el pueblo. Fueron responsables de mi primera educación y descubrí la vida a través de ellas, así como el futuro, porque hablaban de quién estaba embarazada, de los niños… Como solo contaba cuatro años de edad, mi madre y sus vecinas hablaban con total libertad frente a mí, sin ser conscientes de que estaba escuchándolas y tomando nota de todo”, dice el célebre director.

Pedro Almodóvar. Foto Archivo.

Pedro Almodóvar. Foto Archivo.

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Pedro Almodóvar compartió sus recuerdos infantiles en el pasado Festival de Cannes, donde acudió a presentar su última película, Julieta. De nuevo, un filme protagonizado por mujeres que está inspirado en tres cuentos de la premio nobel canadiense Alice Munro, “Destino”, “Pronto” y “Silencio”, publicados en el libro Escapada. Su relectura, Julieta, habla de la relación agridulce de una madre y una hija. Se trata de una cinta sobria para la irreverencia a la que nos tiene acostumbrados el español, pero desgarrada y con dejes transgresores en algunos de sus personajes. “Julieta representa a esa mujer libre en todos los sentidos, en la España de los años ochenta”, define su creador. El origen de esta querencia ahonda en la dicha de su infancia: “Supongo que estas señoras fortísimas me hicieron comprometerme a hablar de ellas en mi porvenir”, añade.

Y de ahí que actrices como Nicole Kidman, Angelina Jolie, Juliette Binoche, Rachel Weisz y Catherine Deneuve hayan dejado caer en entrevistas concedidas en el pasado que querían trabajar con Almodóvar. Sigourney Weaver llegó a declarar que aceptaría rodar bajo sus órdenes aunque no tuviera que decir ni una palabra.

Como Ford, como Wilde, como Lubitsch, Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1949) se ha ganado el derecho a ser conocido por su apellido. El español, por su personalidad única, es uno de los grandes directores de la historia del cine, uno de los más célebres creadores de personajes femeninos en la pantalla grande y un símbolo de la España moderna.

Tal es el prestigio y reconocimiento de Almodóvar que, del 29 de noviembre al 17 de diciembre, el Museo de Arte Moderno de Nueva York ha programado una retrospectiva donde se puede rastrear su buceo en el alma femenina. La institución cultural destaca así a un director naturalista y provocador, ganador de dos premios Óscar, el ya mencionado a Todo sobre mi madre, y en 2003 al guion por Hable con ella. El MoMA –que ya había dedicado un espacio para una retrospectiva más pequeña en 2011– destaca su autenticidad, al haber construido “un universo colorista habitado por personajes fuera de lo convencional, sexualidades e identidades de género fluidas y mujeres complejas y singulares” y bajo la curaduría de Rajendra Roy presentará todas sus películas, desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), hasta una proyección temprana de Julieta, previa a la que se hará en el Festival de Cine de Nueva York.

El pasado mayo, en Cannes, los actores de la que es su vigésima película se deshicieron en elogios hacia el director. Michelle Jenner, conocida por su papel de la reina Isabel la Católica en la serie Isabel, debutaba junto al manchego en esta película. Durante nuestro encuentro en el festival francés reincidió en la referencia “director de mujeres” que de siempre se le ha atribuido. “Hay pocos realizadores que retraten el universo femenino como lo hace él. Sobre todo porque en el cine es complicado contar historias de mujeres de diferentes edades. Es poco frecuente encontrar personajes de señoras maduras. En su cine es habitual y es de agradecer, tanto como actriz como en cuanto a espectadora y mujer”.

Todo su elenco es consciente de las puertas internacionales que Almodóvar abre a sus actores. El autor de 66 años ha logrado un amplio reconocimiento internacional, con galardones en todas las esquinas del planeta, Bogotá incluida, donde en 1987 se le reconoció con el premio al mejor director por La ley del deseo. Han pasado muchos años desde entonces, pero Almodóvar sigue siendo un niño lleno de ingenio cuando afronta un rodaje. De ese modo lo ve su actor protagonista en Julieta, Daniel Grao: “La exigencia la tiene primeramente consigo mismo y resulta productiva. Cuando filma está jugando, pero se va demandando a él y te va demandando a ti. A lo mejor un mismo día rodamos 20 versiones y tantas otras posibilidades y lo que se le vaya a ocurrir. Está creando todo el rato y se mete en la sala de montaje y sigue creando. Es un espectáculo verlo trabajar”.

El estreno en España de su última película se vio empañado por los papeles de Panamá, donde su nombre y el de su hermano, el productor Agustín Almodóvar, aparecieron vinculados a una compañía en un paraíso fiscal. Durante la promoción de Julieta en su país, evitó hacer declaraciones, pero en Cannes habló con sinceridad de turbulencias políticas, de la Movida Madrileña, del miedo a la muerte, de Meryl Streep, de los papeles de Panamá y de la poderosa relación de su vida con su obra que, dice, es lo mismo.

Usted es Caballero de la Orden de la Legión de Honor francesa, es Doctor Honoris Causa en Harvard y en Oxford y próximamente se le dedicará una retrospectiva en el MoMA. ¿Por qué se le reconoce tanto fuera y tan poquito en España?

Es cierto que fuera me dan más premios, pero no creo que en mi país se me reconozca poco. He ido a menos universidades en España, porque cuando estoy en Madrid me dedico a trabajar, pero sí hay solicitudes para que acuda. Lo que sucede es que cuando salimos de viaje para presentar una película, tratamos de satisfacer todas las solicitudes como parte de la promoción. Así que, como no puede ser que conozca más universidades en EE. UU. que en casa, he decidido visitar más facultades en España.

¿Se siente querido en su país?

Quizás todo consiste en que afuera siempre eres un visitante y a la visita o al invitado siempre se le trata mejor, mientras que en España soy un pesado que siempre está ahí. Pero no me siento maltratado en mi país. Cada día salgo a la calle, porque terapéuticamente he de caminar al menos media hora, y me encuentro con gente que me trata de manera muy familiar. En algún momento y por otras circunstancias [Almodóvar se refiere a 2004, año en que su hermano Agustín y él se dieron de baja de la Academia de Cine Español tras conocer que La mala educación solo había sido nominada a cuatro candidaturas] tuve algún encuentro ofensivo y desagradable, pero no ha sido la dinámica habitual de mi relación con la España que yo conozco y trato. Además, tampoco necesito tanta consideración. Ya hace tiempo que decidí vivir en España y rodar mis películas en español, de modo que no sería tampoco grato ni positivo que tuviera el pensamiento de que la gente me trata mal. Es mi cultura, es mi lengua, estoy allí y le doy valor a las cosas que veo cotidianamente.

Pedro Almodóvar. Foto Archivo.

Pedro Almodóvar. Foto Archivo.

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¿Cómo fue la traslación de su vida privada al arte?

Corresponde mucho más a la primera época de mi vida, a mi infancia y a mi adolescencia. Siempre tengo en mente de un modo muy fresco y vivo las mujeres de esa niñez en la que no participaba en absoluto, sino que era un mero receptor.

¿Cómo le han definido los años ochenta como persona y como artista?

Tuve la suerte de ser joven en esa época y de poder vivir la nueva libertad que nos traía la democracia española de la manera más exagerada. Aquella etapa ha sido definitiva en mi vida, sobre todo como cineasta. Si no hubiera empezado entonces, no hubiera podido hacer ninguna de las películas que he rodado.

En efecto, fue un precursor de La Movida. ¿Cómo consiguió sobrevivir y no morir en el intento cuando tantos otros se quedaron en el camino?

Me ayudó mucho tener una vocación tan concreta, la de hacer cine. En esa fiesta continua desde el año 1977 hasta 1983, en el que día y noche se confundían y éramos muy jóvenes, recuerdo que era el primero en retirarme. Si quería conseguir mi sueño tenía que emplearme verdaderamente en ello. Y a veces, cuando estábamos ya muy puestos, mis amigos me decían, atacados: “¿Cómo te puedes ir ahora?”. Contábamos con salud suficiente para tirar adelante, pero yo siempre tenía cosas que hacer al día siguiente. Cuando no era algo relacionado con la película de Super-8 que estaba haciendo, era porque me había propuesto terminar de escribir Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón o Laberinto de pasiones, que hice mientras trabajaba de ordenanza en Telefónica. La vocación de cineasta, que ha fagocitado por completo mi vida me dio una dirección y fue lo que logró que me contuviera en un momento en que teníamos mucho por descubrir y en el que queríamos disfrutar con el descubrimiento.

Franco murió en 1975, pero sin embargo usted ha marcado el principio de la libertad en 1977. ¿Cómo vivió el paso de la dictadura a la democracia?

España no se comportó como un país libre hasta años después de la muerte del dictador. Había mucho miedo a un golpe de Estado y fue en el año 1977 cuando perdimos ese temor. No obstante, todo depende siempre de quién seas. En los años sesenta, si eras Ava Gardner, podías pasártelo genial en Madrid y disfrutar de una vida nocturna increíble, a pesar de Franco. El productor Samuel Bronston rodó muchas películas en España en aquella década, así que Madrid era un segundo Hollywood y los actores vivían en la misma atmósfera de exageración y exceso que la que yo pude disfrutar de joven en los ochenta. Las fiestas se sucedían. Si Ava estuviera viva, ambos coincidiríamos en que Madrid era la mejor capital del mundo.

¿Ya no lo es ahora?

Entonces, por supuesto, teníamos que luchar, pero no había esa especie de competencia que han de vivir los jóvenes hoy para encontrar trabajo y poder hacer su vida. Ahora tienen más dificultades que las que yo tuve a finales de los setenta y principios de los ochenta.

¿Cómo mantiene el vínculo con la juventud actual, con la generación de los selfis y las redes sociales?

Estoy presente, pero de un modo pasivo. Si tuviera que hacer una película sobre la juventud española, me tocaría documentarme casi como si fuera un extranjero, porque aunque conozco elementos de su vida, el fondo lo desconozco en absoluto. Y lo lamento. Con el tiempo hay parte de la realidad de mi país con la que no tengo contacto. Por ejemplo, no tengo redes sociales. No sé cómo habla la nueva generación, ni lo que hacen para divertirse por las noches. Lo que sé es que tienen menos libertad de la que teníamos las personas de su edad en los años ochenta.

¿Cómo ve el panorama cinematográfico del presente?

El cine lo están produciendo las grandes cadenas de televisión y eso tiene un significado en el estilo de las películas que se hacen. Las cadenas impulsan películas con las que competir en prime time con otras cadenas una vez ha pasado su estreno. Ese punto de vista tiene mucho que ver con el espectáculo televisivo y eso es muy malo para el cine. Se premia el éxito, los nombres y hay un lugar ínfimo para el cine emergente, hecho a partir de muchísima ilusión e ideas descabelladas, que es el futuro. Y quiero que se haga porque va a ser el que va a inspirar a los chicos jóvenes. En definitiva, creo que no son buenos tiempos para el cine, pero para el autor es incluso peor.

¿Hay alguna película que destacaría de entre toda su filmografía por ser especial para usted?

Soy consciente de que hay algunas donde se produjo una inflexión que después influyó en el resto de mi carrera, de otras me siento especialmente orgulloso. Por ejemplo, La ley del deseo es una película clave de mi filmografía en los años ochenta. El otro día tuve un encuentro con el público en París tras una proyección de varios retazos de mis películas y me quedé impresionado y me sentí muy satisfecho. No sé si sería capaz de hacer aquello ahora, si podría conseguir el mismo nivel en las interpretaciones de Carmen Maura y Antonio Banderas. Tuve la sensación de haber sido muy afortunado de haber trabajado con ellos. Todo sobre mi madre también es una película clave en los años noventa y Hable con ella en el siglo XXI. Así mismo, La mala educación, que fue una película muy difícil para mí. Y Volver. Todavía no puedo ver Julieta con distancia. Necesito al menos cinco años para juzgarla.

También ha necesitado tiempo para hablar en público sobre los papeles de Panamá. En el Festival de Cannes le preguntaron y respondió que su hermano Agustín y usted son meros figurantes.

No voy de víctima en absoluto, pero no es justo que me hayan convertido en el protagonista de este asunto cuando no lo soy. Soy figurante sin frase. Si esta filtración ayuda para que sea un aviso severo de que no hay escondites, es algo que aplaudo. Ojalá sea cierto que la sociedad camina en esa dirección. Pero no estoy de acuerdo con la mercantilización de la información.

Pedro Almodóvar. Foto Archivo.

Pedro Almodóvar. Foto Archivo.

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En la rueda de prensa también pidió que nadie le haga biografías, porque afirma que su biografía está en sus películas. ¿De qué manera es así?

Es cierto. Y tampoco quiero que me dediquen un biopic. Me lo han ofrecido en numerosas ocasiones o que lo escribiera otro, pero es mi cine el que habla de mí. Si quisiera escribirla, me bastaría con hablar sobre cada una de mis películas, porque detrás de cada personaje estoy yo, así no coincida el género o la edad. Se podría contar mi biografía a través de los personajes y las situaciones de mis películas. Cuando las escribo son pura ficción, es una fábula, pero las bases pertenecen a mi vida y a la gente que me rodea. Mi vida se refleja en todas mis películas y si yo quisiera escribir una biografía, algunas secuencias de mis películas me servirían de conexión. Y ese reflejo también se refiere a algo que pertenece a la película, pero que no sale en la película. La vida que yo hacía en ese momento, cómo vivía el rodaje con las personas que lo vivían, contienen la memoria de las diferentes etapas en las que hacía esas películas. Podría hacer un relato autobiográfico citando mis veinte películas, pero estoy hambriento de futuro y de que el futuro sea lo más largo y longevo posible. No miro atrás.

El escritor Philip Roth dice que la vejez no es una enfermedad, sino una masacre. ¿Comparte su opinión?

Estoy de acuerdo con el escritor norteamericano. Tengo una gran esperanza en la ciencia. Espero que puedan ponerme una columna y un montón de órganos nuevos, porque le tengo mucho miedo al deterioro físico, que ya empiezo a conocer. Al mental también, por supuesto. Le tengo pavor a la incapacidad.

¿Se siente tan triste y solitario como el personaje de Julieta?

No, no he vivido una gran pérdida como ella. Mi gran pérdida ha sido la juventud, y eso es algo que tarde o temprano le llega a cada uno. Además de que significa que estás vivo. Pero sí estoy muy solitario por elección, aunque creo que es algo que debo cambiar porque la inspiración siempre viene del exterior.

Hace ya tiempo que le ronda la trama de esta película. De hecho, Elena Anaya sostenía el libro Escapada en una secuencia de La piel que habito. ¿Qué fue lo que le inspiró de los cuentos de Alice Munro para hacerlos tan suyos?

Alice Munro es una escritora que me apasiona. Sin embargo, siempre, no importa quién sea el autor, necesito sentir mío el relato para poder asumir la dirección. He de llevarlo a mi terreno. Y sobre todo en este caso en que el terreno donde transcurre la acción es España. Los relatos entre madre e hija e interfamiliares son muy distintos en nuestra cultura que en la cultura sajona. Por narices estaba obligado a cambiarlo. Lo que más me atrajo de las tres historias era la que sucedía en el trayecto en tren. Por un lado, me ilusionaba mucho la iconografía de rodar en un tren. Y por otro, era importante que la joven Julieta conociera los dos polos de cualquier existencia, el amor, unido al amor físico y a la concepción de una nueva vida, y la muerte. Después fui abordando al personaje en sus distintas edades.

¿Qué plus le ha dado a la historia el hecho de ambientarla en España?

En la cultura española, que una hija abandone a su madre sin una sola palabra es lo más atroz que le puede suceder a una mujer. El libro aborda algo muy interesante, las situaciones en que ciertas familias sufren una pérdida y el dolor en lugar de unir a las personas, las separa. Así sucede en Julieta, donde el dolor que comparten madre e hija las distancia. Eso ocurre en la vida, por ejemplo, cuando un joven matrimonio pierde a un hijo, pues normalmente no pueden seguir viviendo juntos, el hecho de que uno sea el reflejo del dolor del otro y viceversa se hace insoportable.

La unión a través de la muerte se produce en dos grandes secuencias de la película. ¿Por qué ha decidido reincidir en este vínculo?

La muerte me da mucho miedo. Es un tema del que seguiré hablando en mis películas, pero todavía me siento como un niño indefenso ante ese tema.

De nuevo, como en Hable con ella, aparece un personaje en coma. ¿Qué interés le despierta la aparición de alguien que está presente pero al tiempo ausente?

Creo que hay un enorme misterio, porque a pesar de lo que digan los especialistas, no sabemos lo que ocurre verdaderamente con una persona en coma. Está demostrado que no son un mueble ni un vegetal, tienen sensaciones, pensamientos o algún tipo de percepción exterior. No me gusta cuando los médicos dicen que cuando lloran es una reacción de la retina y que no tiene nada que ver con la conciencia. Es difícil creer que en una lágrima no hay un sentimiento.

Una vez más, repite con Alberto Iglesias como compositor de su banda sonora. ¿Quién es Alberto para usted?

Es lo que Bernard Herrmann fue para Hitchcock o Nino Rota para Fellini. Mantengo una excelente relación con él. Soy muy afortunado de trabajar con Alberto.

El papel de la protagonista lo interpretan Adriana Ugarte en la juventud y Emma Suárez en la edad adulta. ¿Siempre pensó en rodar Julieta con dos actrices distintas?

Hubo un momento en que quise rodarla en inglés y pensaba que fuera una sola. De hecho, ya había hablado con una actriz. Hubiera sido una película muy distinta de esta.

¿Nos puede decir su nombre?

Sí, porque ya lo publicó una revista estadounidense. No era mi intención revelarlo, se me escapó, porque, claro, uno no habla de las personas a las que no te has tirado. La actriz con la que podía haber trabajado, pero no trabajé, fue Meryl Streep. Estaba encantado. Después no me sentí seguro de rodar una película en inglés porque no tenía la certeza de conocer el día a día, las pequeñas cosas. Así que volví a Madrid y archivé la historia. Pero dos años después la recuperé para hacer una versión española.

¿Qué le provocó esa inseguridad?

No creo que tuviera problemas en la dirección de actores, es más el problema de las costumbres. Cuando voy a Los Ángeles soy un director de cine español de promoción de una película, pero necesito saber cómo es ir a la farmacia, cómo haces la compra, la selección de productos, si cocinas o te cocina alguien, cómo es ir al mismo bar o cafetería, qué haces cuando desayunas, si lees el periódico o no. Necesito estar seguro de que conozco los detalles cotidianos. Supongo que tendría que irme a vivir al menos seis meses para adquirir algunos hábitos.

Las actrices más famosas sueñan con trabajar con Almodóvar, pero imagino que al crearse expectativas de trabajar junto a usted, eso también supone una presión. ¿Me equivoco?

Es una gran ventaja que quieran trabajar conmigo y prefiero no sentir la presión de sentirme deseado, porque me gustaría recuperar la naturalidad de la reciprocidad. Necesito trabajar con determinadas actrices que les van bien a mis personajes y que haya un interés mutuo. Ese deseo que demuestran en las entrevistas me pone nervioso. Me resulta embarazoso oír hablar de mí como hablan los actores. Soy una persona muy tímida, aunque no lo parezca. Además, no tengo nunca la sensación de estar haciéndoles un favor, porque no soy generoso. Yo soy el primer interesado.

BEGOÑA DONAT
FOTOS: ARCHIVO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 57 - OCTUBRE 2016

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