Lin Manuel Miranda: la sensación de Broadway

Lin Manuel Miranda: la sensación de Broadway

El escritor, rapero y actor Lin Manuel Miranda en entrevista para Revista BOCAS.

Lin Manuel Miranda Portada

El escritor, rapero y actor Lin Manuel Miranda es la actual sensación en Broadway.

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Matthew Murphy

06 de marzo 2017 , 06:41 p.m.

Apenas llega, Lin Manuel Miranda observa con detenimiento las caricaturas exhibidas en una de las paredes del restaurante Sardis, una institución en el distrito teatral de Nueva York: “¿A quién tenemos acá?, Stockard Channing, ¿es esa Brook Shields? [sí era], Lily Tomlin, cool”.

Curiosamente, a pesar de haber trabajado a dos cuadras, no suele comer allí con regularidad. Por el momento, sirve como el mejor lugar para hablar, pues a última hora el punto de encuentro original, el teatro Richard Rogers, no pudo ser usado debido a reglas del sindicato. Ese recinto es donde, desde agosto de 2015, Miranda bate récord tras récord con su musical Hamilton. En taquilla, en críticas positivas, en Grammys, con el Pulitzer, en visitas de famosos que quieren presumir, y hace poco en los Tony, donde la obra fue reconocida con once premios: mejor musical, libreto, dirección, diseño de vestuario, orquestación, coreografía y actores de reparto.

Hamilton es una mezcla de concierto de hip-hop, clase de historia y entretenimiento al mejor estilo de Broadway. Inspirado por la biografía de Alexander Hamilton, escrita por Ron Chernow, Miranda y el resto del reparto llevan a la audiencia por un fascinante viaje al nacimiento de Estados Unidos. La genialidad de todo es que lo hacen principalmente a punta de rap y con un elenco predominantemente hispano y afroamericano. Miranda, de 36 años, no solo compuso la música y la letra de la obra, también la protagonizó con un profundo magnetismo hasta el 9 de julio.

En Nueva York, la ciudad donde nació, la música fue un factor predominante en la niñez de Miranda. Sus padres, los puertorriqueños Luis Miranda y Luz Towns, no tenían presupuesto para comprar entradas a los musicales de Broadway, así que calmaban su apetito por el género con los discos y casetes de las bandas sonoras de los shows. En las reuniones familiares, Lin Manuel era el encargado del entretenimiento, ya fuera tocando el piano o recreando la coreografía de “Thriller” de Michael Jackson. En sus años de secundaria, en el Hunter College, un colegio para jóvenes “intelectualmente dotados”, la vena artística se manifestó en el montaje de varias obras, incluyendo West Side Story.

Lin Manuel Miranda. Foto por: Matthew Murphy.

Lin Manuel Miranda. Foto por: Matthew Murphy.

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Tras graduarse de bachillerato, Miranda se sintió cada vez más intrigado por el mundo del teatro y los musicales. En la Universidad de Wesleyan formó un grupo de comedia hip-hop y empezó a escribir obras originales, inspirado por el clásico de Broadway Rent. Fue allí donde hizo el primer borrador de In the Heights, un musical sobre varias generaciones de latinos en el barrio neoyorquino de Washington Heights. Una de las motivaciones, dice Miranda, fue la escasez de papeles para latinos en las producciones existentes. En lugar de esperar a que alguien más los creara, decidió tomar cartas en el asunto.

In the Heights se estrenó en Broadway en 2008 y llegó a ganar el Tony a mejor musical y el Grammy a mejor álbum de teatro musical, entre otros galardones. El éxito puso a Miranda en el centro de una industria conocida por su falta de diversidad. Fue justamente durante unas breves vacaciones en medio de esta producción que leyó el libro de Chernow.

Vestido con un suéter de lana gris, pantalones gris oscuro y un gorro de lana que se quitó para liberar su cola de caballo, Miranda trató de resumir en una mezcla de inglés y español el torbellino que ha sido su vida desde que tuvo por primera vez en sus manos la biografía de Alexander Hamilton.

Alexander Hamilton no es un personaje histórico tan familiar para los colombianos como, por ejemplo, Simón Bolívar, ¿cómo lo describiría para nuestros lectores?
Lo que tienen que saber factualmente es que nació en Nevis, una isla en el Caribe. Vino a lo que en esa época se llamaban las colonias para recibir su educación, se unió a la revolución, peleando como soldado, pero también inventó nuestra economía, fue el primer secretario del Tesoro de (George) Washington e inventó el sistema bancario y sistema de crédito. Para bien o para mal, la economía global le debe mucho a Alexander Hamilton. Peleó con todos los otros fundadores, especialmente con Thomas Jefferson, con quien siempre se enfrentaba sobre qué tipo de país iba a ser este. Y fue asesinado en un duelo por el vicepresidente de Estados Unidos, Aaron Burr. Le digo a la gente que Dick Cheney no fue el primer vicepresidente en dispararle a alguien, el primero fue Burr. Es una vida llena de drama. También protagonizó el primer escándalo sexual en la política estadounidense. Lo acusaron de malversar fondos del gobierno, pero él se defendió aclarando que había tenido un affaire con una mujer y que le estaba pagando al esposo de esta, quien lo estaba chantajeando, de su propio bolsillo. Él mismo escribió todo –en lo que se conocen como “Los papeles de María Reynolds”–. Hay tanto drama en su vida que lo difícil fue mantenerlo en menos de tres horas.

Mucho se ha hablado de las vacaciones en Playa del Carmen, México, donde leyó la biografía de Ron Chernow sobre Hamilton.
Lo empecé un poquito antes de esas vacaciones, pero fue ahí donde leí la mayoría. Antes de que fuera una obra, la idea era hacer un álbum conceptual. Yo iba a hacer mi Jesucristo superstar, que empezó como un disco. La primera vez leyéndolo, ya, de cantazo, estaba imaginando artistas de R&B y hip-hop en los papeles de los fundadores. La trayectoria de Hamilton es la de un escritor. Escapó del Caribe porque pudo escribir, se hizo amigo de Washington, por escribir y fue útil de esa manera, pero también empezó peleas, como cualquiera, con su pluma. Para mí esa fue la inspiración. Este es un rapero, este es un tipo que se mete y sale de problemas con lo que escribe.

¿Cuándo pasó de la idea al papel?
Empecé a escribir desde que se me ocurrió la idea. La primera canción que escribí es la primera canción de nuestra obra, se llama “Alexander Hamilton” y fue mi intento de condensar su vida en el Caribe en una canción. Las primeras cincuenta páginas del libro en una canción. Fue el desafío que me impuse.

¿Y eso cuánto le tomó?
Cómo seis meses, también estaba actuando en In the Heights. Lo sé porque cuando me presenté en la Casa Blanca, eso fue en mayo de 2009, solo hice esa canción. Llevaba un año cocinando la idea para cuando hice esa presentación, y lo estaba haciendo por divertirme. No estaba pensando en una obra, solo estaba superinspirado por esta historia y empecé a escribirla inmediatamente.

Y la audiencia de prueba fue nadie más y nadie menos que el presidente Barack Obama y su esposa. Todos hemos visto el video en YouTube.
Ese video es, en cuatro minutos, la experiencia que ha tenido este show. Yo digo que creo que Hamilton fue el primer rapero y todo el mundo se ríe. Y luego, durante la canción, cuando empiezo a contar la vida de Hamilton, la gente para de reír y comienza a escuchar; y es porque el cuento de Hamilton es tan tan impresionante. Es la primera historia exitosa de un inmigrante en Estados Unidos. Y no solo historia, sino el drama, los horrores que le ocurrieron cuando niño. También tantas cosas en su vida, tantas cosas que hizo y tantas cosas que vio, aparte del nacimiento de este país. Estuvo con Washington durante la guerra revolucionaria, estuvo durante la creación de nuestro gobierno, también es un testigo de época de nuestra historia.

¿Ha pensado sacar lo que quedó por fuera en otro formato o plataforma?
Bueno, estamos sacando el Hamilton Mix Tape (mezclas especiales de la música). Tenemos artistas en el género de hip-hop y R&B y de música popular que hacen covers de las canciones del show, otras canciones inspiradas en las canciones del show y también canciones que no alcanzaron a quedar. Habrá una batalla de rap sobre la esclavitud, que es material extra que escribí, pero que no está en la obra.

¿Cómo decidió qué quedaba y qué cortaba?
La misma vida de Hamilton nos dio claridad. Supe exactamente los momentos sobre los que quería escribir, los que quería dramatizar con canciones. En In the Heights corté más de sesenta canciones. En Hamilton, unas diez.

Escribir cincuenta canciones, así sea en el transcurso de seis años es mucho. ¿Qué técnica usó para, por ejemplo, sentarse a escribir una canción sobre los papeles de María Reynolds, la amante de Hamilton?
Al principio me sentí muy intimidado. Había tanta información. Tú puedes escribir tres obras sobre Hamilton y no cubrirlo todo. Tuve un consejo que me dio un escritor, John Weidman, autor de los libretos de muchos shows como Pacific Overtures y Assassins. Me dijo que empezara con los momentos que me inspiraban y que eso iba a formar su propia espina dorsal. Y eso fue lo que hice. Comencé escribiendo un concierto de 12 canciones que era como los puntos destacados de su vida, el escándalo sexual, las batallas con Jefferson, los grandes éxitos de su vida (la versión “Behind the Music”) y después me pregunté que más quería cubrir. Empecé con la inspiración de su vida.

¿Cuándo se dio cuenta de que lo que estaba haciendo era algo realmente especial?
Desde el video de la Casa Blanca, porque ese video ha estado en YouTube desde 2009. Cuando miraba los comentarios –nunca es bueno mirar los comentarios porque son locos–, los más frecuentes eran: “Mi profesor me mostró esto”. Yo sabía que los maestros de historia ya lo habían descubierto y que lo estaban usando en sus clases. Así que dije: “Si nadie más que los profesores vienen a ver el show, o traen a sus estudiantes a verlo, con eso es suficiente”. Pero el fenómeno más allá de eso ha sido tan increíble. Me acuerdo cuando anunciamos que íbamos a extender las presentaciones por cuatro semanas más en el Teatro Público, los teléfonos colapsaron, ese fue el momento cuando dije: “Oh, esto es una cosa completamente diferente”.

¿Ya sabían que pasaban a Broadway?
Sí, ya planeábamos esperar el verano para pasar. Porque también sabía que con otra ronda de ensayos yo podía hacer más cambios, mejorarlo aún más. Hubo 25 cosas que yo cambié entre la versión off-Broadway y la de Broadway.

¿Qué cosas cambió?
Para mí, es diferente porque soy escritor y actor. No estoy en la audiencia mirando si la gente está riendo o llorando, yo lo siento desde el escenario. Así que esos seis meses en el Teatro Público fueron increíbles porque como escritor yo sentía y estaba ahí cada noche. Sabía qué funcionaba 100% de las veces, qué funcionaba 75% de las veces, sabía qué funcionaba cuando la audiencia era de estudiantes o cuando era matiné y eran todos viejitos. Yo llegué a Broadway armado ya con mucha información y algunos de los cambios fueron muy pequeños: una línea, una melodía, un arreglo de una canción que puede ser más contemporánea. Un cambio importante fue el que hicimos para George Washington. La canción que tenemos en el segundo acto era sobre su renuncia, sobre impuestos y sobre una pelea con Jefferson; al final la dejamos solo sobre la renuncia, porque una de las grandes cosas que hizo Washington fue hacerse a un lado después de dos periodos presidenciales.

Un ejemplo que muchos políticos de ahora deberían seguir.
La embajadora de Estados Unidos ante la ONU vino a ver el show y dijo: “Quiero traer tantos líderes a ver este show, porque lo que yo hago en mi trabajo es tratar de convencer a líderes mundiales que se vayan, que se retiren”. Hay una manera con la que los líderes se convencen de que son los únicos que pueden resolver los problemas. Eso no solo es internacional, (Michael) Bloomberg lo hizo acá en Nueva York. Decidió que necesitaba un tercer periodo y lo consiguió. Lo revolucionario de Washington fue saber que para continuar como una nación joven tenía que hacerse a un lado, y tenía que probar que la maquinaria funcionaba, no solo él como líder.

Lin Manuel Miranda. Foto por: Matthew Murphy.

Lin Manuel Miranda. Foto por: Matthew Murphy.

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Uno de las factores por los que el show funciona tan bien son los paralelos que se pueden extraer con la política actual, no solo de Estados Unidos. sino de América Latina.
Estoy tan envuelto en la obra, con los siete shows y terminando el disco y terminando el libro, que apenas estoy empezando a leer sobre política estadounidense.

Pero a través de su papá, que es un asesor político, usted está de alguna forma vinculado. De hecho, hasta trabajó haciendo jingles para políticos.
Sí, yo escribía jingles instrumentales, no escribía letras para sus candidatos.

Uno de los highlights, dentro de los cientos que ha tenido la obra, es la doble visita del presidente Barack Obama, aunque en el segundo show usted estaba de descanso y actuó como Hamilton Javier Muñoz.
Es interesante que me recuerde que mi primera audiencia fue con Obama [en 2009] y la primera vez que vi el show completo, como parte de la audiencia, fue también cuando vino Obama a verlo. Vino a la sexta función previa, antes del estreno oficial en Broadway, el primer sábado del show. Fue como cerrar un círculo completo. Lo que me encanta es la poesía de haber cantado esa canción al principio de su gobierno en 2009 y luego este show abriendo en su último año en la presidencia… Hay una poesía ahí, que aún no sé qué es exactamente. Pero finalizamos dentro de su gobierno y lo único que creo que comparten Hamilton y Obama es que su cuento es superpoco probable. ¿Quién podría pensar que alguien llamado Barack Hussein Obama, con su padre de Kenia y su mamá de Kansas, podía ser presidente de los Estados Unidos? Y es lo mismo con Hamilton. Cuando ves dónde empezó y a dónde llegó, es increíble su historia. Eso es superamericano, la habilidad de ascender.

Siente que en esta industria ha tenido que trabajar el doble para conseguir al menos la mitad de las metas.
Yo creo que todos los inmigrantes en Estados Unidos tienen que trabajar el doble para conseguir al menos la mitad de lo que quieren. Y claro, yo he tenido mucha suerte como escritor y mucho éxito…

Pero más que suerte, parece que ha sido talento…
Bueno, hay mucha gente tan talentosa como yo que no ha tenido las oportunidades que se me han presentado. Se trata de responder a las oportunidades con trabajo duro y a la suerte con trabajo duro. Ese video de la Casa Blanca es un ejemplo perfecto. Eso pudo ser un video simple de C-Span (el canal del Congreso estadounidense), pero HBO estaba esa noche allí y grabó el momento como si fuera una película protagonizada por el presidente. Claro, trabajé duro, me pasé un año en esa canción, pero fue buena suerte. He tenido mucho de las dos cosas.

En el proceso de pasarlo del Teatro Público a Broadway, ¿alguien expresó reservas sobre la diversidad del reparto?
No, nunca. Porque el género de música que yo escribo exige este elenco. Si escuchas mis composiciones con un poco de gente blanca cantándola, seguro vas a decir: “Esto es fuckin raro”. No se siente adecuado. El principio de la música que yo escribo es diversidad. Estoy tratando de conectar música popular con este género. Es un prerrequisito y los productores que trabajan conmigo saben eso. Si firma para trabajar con Lin Manuel Miranda, tiene que trabajar con un reparto diverso. Eso es lo mínimo que va a pasar, porque esa es la clase de música que escribo.

Y no solo es hip-hop, hay varias baladas entre las canciones, aunque no hay ningún género latino.
La inspiración para mí fue Hamilton como rapero. Es su manera de escribir. Y también el volumen de cosas que tenemos que cubrir exige este género, porque además se pueden meter más palabras en cada compás, a menos de que seas Gilberto Santa Rosa y cantes superrápido… No lo podía hacer en la forma de salsa, pero también es divertido explorar todos estos géneros de música estadounidenses. Por ejemplo, a Jefferson le escribí una canción de jazz, el jazz que lleva al hip-hop.

Ver Hamilton se ha convertido en la forma en que los famosos presumen. Cualquier celebridad que va a ver el show tiene que poner en las redes sociales la foto tras bambalinas. ¿Usted se entera con anticipación cuando alguien famoso va o solo cuando sale al escenario y los detecta en la audiencia?
No, a mí me gusta saber. A veces se me sube a la cabeza si es un escritor que respeto, luego empiezo a pensar sobre la escritura y no sobre cómo hacer el show. Y lo más nervioso que yo he estado sobre un escenario fue cuando Juan Luis Guerra vino a ver In The Heights. Me acuerdo que uno de los miembros de la banda cometió un error en una nota y Robin de Jesús [quien interpretaba a Sonny en el musical] me dijo: “Juan Luis Guerra cree que tú escribiste eso”. Estaba muy nervioso. En Hamilton los que me han puesto más nervioso son Busta Rhymes y Eminem, que vino hace dos semanas. Estas son personas que líricamente son mis héroes. Busta y Eminem son iguales allá arriba [muestra hacia lo alto]. Estaba muy nervioso porque estaba rapeando en frente de los mejores raperos. Con el resto de los famosos estoy bien. Por fortuna no pasó nada que lamentar. No cometí errores por los nervios, pero me rompí el culo rapeando.

¿La energía fue diferente?
La energía es diferente cada noche, porque estamos en una posición en la que la audiencia tiene que hacer tanto trabajo para llegar a ver el show. Ya sea rico o pobre. Cada miembro de la audiencia en el teatro realmente quiere estar ahí. Esa energía es lo que lo hace diferente cada noche y es superemocionante porque es la misma energía la que nos llega a nosotros. Yo tengo muy en cuenta que esta puede ser la única oportunidad en la vida de ver el show, así que mi vida gira en torno a estar en mi punto máximo todos los días a las 8:00 p. m., de modo que pueda darles el mejor show de sus vidas.

¿Cuál fue el primer musical que vio?
Les Miserables. Tenía siete años. Algo no muy apropiado para esa edad porque todos terminan muriendo. Me acuerdo que lloré cuando se murió Fantine; me acuerdo del suicidio de Javert, al final; y me acuerdo que él cantó una nota superrara y la orquesta tuvo que ir a encontrarlo. [Empieza a cantar “There’s no way to go” y termina en una nota superalta]. Y después la música tuvo que subir. Incluso a los siete años me daba cuenta de eso. Mis padres me llevaron y dormí un poquito entre canciones.

¿Cuándo nació en usted el amor por los musicales?
Lo increíble de Les Miserables no fue ir a verlo, sino el disco. Yo me acuerdo de mis padres con el disco, mi mamá llorando cada vez que sonaba la canción “Bring him home”. Todas las veces, y eso era como un par de veces a la semana, porque lo poníamos en el carro. Creo que viendo ese efecto de la música de musicales en mis padres tocó algo dentro de mí que me hizo pensar “yo quiero tener la capacidad de poder afectar a la gente así, hacer que la gente ría, llore”, creo que eso forma parte de eso.

Hablando de llorar, la canción con la que cierra Hamilton, “Who Lives, Who Dies, Who Tells Your Story”, no deja un ojo seco en el teatro.
Sí, brutal. Yo fui el primero que lloré cuando estaba leyendo el último capítulo del libro y cuando estaba escribiendo esa canción. No paraba de llorar. Me acuerdo que lo escribí entre las tres de la madrugada y las nueve de la mañana. Estábamos haciendo un taller y nos faltaba la última canción, así que le dediqué toda la noche. Esto fue antes de que naciera mi hijo y mi esposa me escuchó [hace gemidos de llanto] y mi perra chiquitica llorando. Era como Tita en Como agua para chocolate, cuando ella llora en el bizcocho y luego todo el mundo llora comiendo el bizcocho. Yo lloré haciendo el bizcocho de esta canción final y por eso todos lloran [risas].

CLAUDIA SANDOVAL GÓMEZ
FOTOS: MATTHEW MURPHY
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 55 - AGOSTO 2016

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