Juanes en la estratosfera

Juanes en la estratosfera

El músico antioqueño le contó a BOCAS sus encuentros con los mayores ídolos del rock y el pop.

Juanes BOCAS

Juanes, en entrevista con la revista BOCAS.

Foto:

Mario Alzate / Revista BOCAS.

24 de abril 2017 , 11:44 p.m.

En algo menos de 18 meses, durante los días hábiles de la semana, luego de dejar a sus hijos en el colegio y con la disciplina y método de un relojero, Juanes compuso 44 canciones.

Tal cual como su edad: 44.

Sin embargo, como es apenas lógico, solo 12 composiciones quedaron consignadas en su nuevo trabajo, Mis planes son amarte, que es, de lejos, la más curiosa y ambiciosa obra de su carrera.

Ambiciosa por una sencilla razón: no es solo un disco, es un disco con película; o es, mejor, un filme con álbum; o un álbum visual, según como cada quien lo quiera llamar.

Un proyecto al que le gastó año y medio a la parte musical y otro año más, entre producción y posproducción, a la parte visual que, palabras más, palabras menos, recrea un viaje sensorial de Juanes –él es el protagonista, obvio–, que incluye espacio sideral, una nave espacial, un astronauta, indígenas en Veracruz (México) y Antioquia (Colombia), chamanes, brebajes, viajes en auto, en moto y a pie, algunos rocanroles y muchas baladas. Todo atravesado por un hilo conductor que no es otra cosa que una apasionada historia de amor. Un viaje musical, interestelar, hippie e indigenista. ¡Vaya lío en el que se metió!

Digamos que es el primer “álbum visual” de un artista latinoamericano (Daft Punk y Beyoncé habían pegado primero) y digamos que es la obra más personal de Juanes. Solo digamos.

Lo cierto es que, una vez terminada la música, el artista paisa decidió llamar a Kacho López, un respetado director audiovisual puertorriqueño, con quien ya había hecho un corto de 20 minutos: “Hagamos una película que enlace todo el álbum. Tengo una idea”, le dijo. Entonces le contó de su “viaje”.

Juanes asumió el trabajo de la búsqueda de los recursos, convenció al presidente de su compañía (“la cara de ese man cuando le conté del espacio y los indígenas y todo eso... ¡Ja!”, dice…) y armó el proyecto con dinero de su bolsillo, de su disquera (Universal), de una tarjeta de crédito (MasterCard), de una telefónica (Claro) y de dos marcas de país (México y Colombia). Rodaron la película entre Veracruz, Toluca, Ciudad de México y Medellín. Así, entre las avenidas de Ciudad de México, las playas de Veracruz y los bosques de Antioquia, Juanes debutó como actor. “Una cosa es hacer un video musical, donde estás cantando; otra cosa es actuar, meterse en ese cuento. Yo decía: ‘Creo que lo puedo hacer y lo voy a intentar, pero ¡qué angustia!’. El caso es que lo sacamos adelante, así algunas veces me haya tocado parar el rodaje por cuenta de que, con ese casco de astronauta, ahí metido en un bosque, no podía ni respirar. Entonces yo gritaba: ‘¡Ya no quiero ser más astronauta!’”.

Juanes BOCAS

Juanes, en su estudio en Miami.

Foto:

Mario Alzate / Revista BOCAS.

Pero lo hizo. Juan Esteban Aristizábal Vásquez, el hijo célebre de Carolina del Príncipe (Antioquia, Colombia), el papá de tres hijos (Luna, Paloma y Dante), el hombre de 44, el muchacho buena onda –porque sigue siendo un pelado ingenuo, amabilísimo, sincero y bondadoso–, el famoso músico que en sí es una de las más rutilantes estrellas del pop en Latinoamérica, el paisa que está cerca de alcanzar la cifra de los 20’000.000 de álbumes vendidos, se hizo actor, se vistió de astronauta y sacó adelante su curiosa pieza conceptual.

Juanes ya puede decir que alcanzó la estratosfera.

Hoy, a sus 44, usted parece un tipo mucho más casero y, por lo que deja ver su “álbum visual”, un tipo mucho más espiritual. ¿De dónde sale todo este cuento místico que involucra lo interestelar, lo hippie y lo indigenista?
Creo que han sido unos años de reacomodarme, en todos los sentidos. Siento que tenía que sacudirme y que tenía que ir a un lugar donde yo me sintiera realmente muy cómodo. No es que no me sintiera cómodo antes, sino que uno va en un proceso en la vida de crecimiento en todos los aspectos. Y siempre he estado obsesionado con esos temas que ahora se ven en esta película. Lo que pasa es que antes no lo había como compartido.

¿Es su propio viaje espiritual?
Es un viaje para encontrar el mundo y la vida. Porque la vida es un viaje en donde uno conoce el amor a través de los hijos, a través de la pareja o a través de uno mismo, y es un proceso muy profundo. El tema del espacio, por ejemplo, de los planetas y de los viajes interestelares, y del tiempo y del espacio, es algo que a mí siempre me ha fascinado. Y esta era la oportunidad. Por eso la idea del astronauta. Por eso nos imaginamos un astronauta caminando por un bosque. Porque resulta que yo me sentía en un lugar como “yo qué estoy haciendo aquí”. Una cosa rara.

¿Qué hay con las referencias indigenistas que atraviesan completamente su nuevo trabajo?
Cuando en la película llegamos a la aldea y nos abrazamos con los indígenas, ese sencillo gesto de abrazarnos todos es simplemente reconocer lo que somos, no pasar por encima de nuestros antepasados ni de nuestra esencia. Por el contrario, se trata de encontrarnos, respetarnos y conocernos. Yo había ido a la sierra nevada de Santa Marta hace unos diez años con Karen [su esposa]. Conocí a los koguis y me conecté mucho con ellos. Todo me pareció impresionante. Después, en el año 2009, me fui con Karen a Tierradentro [Cauca] y allí hicimos un viaje de hongos. Eso fue impresionante, un viaje demasiado intenso y demasiado profundo para explicarlo con palabras.

Inténtelo…
Un viaje al interior de uno. Como volver otra vez a reencontrarse con la esencia. Fue como limpiar la tubería del alma. Una cosa muy sanadora.

Algunas veces me tocó parar el rodaje porque con ese casco de astonauta, ahí metido en un bosque, no podía ni respirar. Entonces yo gritaba 'Yo no quiero ser más astronauta'.

¿Alucinó?, ¿se conmovió?
Aluciné en el sentido de que veía los otros colores de la hierba, pero no de cosas que no estuvieran ahí. Tuve sensaciones de alegría, de tristeza, de angustia. Y sí, llorábamos y luego estábamos tranquilos. Fue una cosa muy bonita, una conexión como con la tierra y con la esencia.

¿Qué hay del rollo galáctico que también marca su nueva propuesta? Parece ser que usted está enganchado con la idea de otras vidas en el espacio sideral, ¿o me equivoco?

Para mí es un tema de sentido común y lógica. Cuando veo las noticias de la Nasa que dicen que es posible que haya vida en otros planetas me da mucha emoción, pero al mismo tiempo digo: “¡Hey, por favor, es apenas obvio!”. Eso, para mí, es algo totalmente obvio.

¿Ha tenido encuentros del “tercer tipo”?
Hace seis años, creo. Estaba en Ginebra, Suiza, en un hotel. Era la una de la mañana y yo traía la hora de Miami, o sea, no podía dormir. Estaba superdespierto. Y de repente veo en el cielo cinco luces gigantes, como esas farolas que tú ves que van a aterrizar en el aeropuerto, y mi primera reacción fue pensar: “Ese es un mago… ¿Cómo va a aterrizar así en el aeropuerto?”. Cuando, a los cinco minutos, empiezo a caer en cuenta lo que me estaba pasando. “¿Qué es esto? ¡No! ¡A ver!”. Y esa ciudad en silencio absoluto, no había ningún ruido, ningún carro, ninguna moto, ninguna persona, cero, silencio total. De pronto las luces se empiezan a mover de un lado para el otro, perfectamente… Un movimiento perfecto, ni se alejaban ni se acercaban. Luces que formaron varias figuras geométricas como un triángulo, línea recta. Todo eso sobre el lago de Ginebra, por algo así como 25 minutos. El caso es que esa noche no dormí, me metí al internet y empecé a buscar avistamientos y vi cantidades de las mismas figuras y de las mismas luces que yo vi, en otras partes del mundo… Esa noche quedé totalmente descolocado y entonces dije: “los pilares de mi educación se derrumbaron”.

¿Cómo que los pilares de su educación se derrumbaron?
Pues como a vos te educan. Digamos, la Iglesia y su visión de la creación, y de la fe, y de Dios, y del cielo, y del infierno, en fin… Y tienes como unas bases de lo que vos pensás que es la realidad y te das cuenta de que eso no es así. Entonces toca volver a armar todo, otra vez. Y me pongo a pensar: “¿Por qué no se habla más de eso, que es de lo que se debe hablar?”. Yo pienso que no puede haber nada más soberbio en la vida que pensar que estamos solos aquí, que solo somos nosotros.

Juanes BOCAS

Juanes, vestido de astronauta, en el largometraje Mis planes son amarte.

Foto:

Cortesía Universal.

Hace un tiempo usted le dijo a BOCAS que estaba cansado de ser Juanes…
No dije que estaba cansado de mí. Lo que pasó fue que yo me miré al espejo y dije: “Yo no me puedo acostar con usted esta noche”. O sea, no me reconocía.

¿Se cansó del personaje?
Me cansé y empecé a no disfrutar lo que estaba haciendo.

Todo parece indicar que con Mis planes son amarte va a volver a subir a la cresta de la ola y, de alguna manera, va a volver a ser la gran celebridad que era antes. ¿Le da pereza volver a lidiar con la vida del exitoso pop star?
Yo siento que quiero seguir haciendo mi música, pero quiero poder tener el control de mi espacio, de mis cosas, de mi trabajo, de mi familia. Estoy claro en que no volveré a hacer cosas para ser de todo el mundo, menos de uno mismo. Por el contrario, yo quiero sentirme sano mentalmente, tener la oportunidad de tocar, de viajar y hacer mi música, feliz.

¿Cuándo se dio cuenta de que perdió el control de sí mismo? ¿Tiene clara esa escena?
Son muchas. Mi hija, Luna, nació en 2003. En sus primeros años casi que ni la veía. Ella, a veces, ni me reconocía. Pero yo seguía en este ritmo y tenía que seguir. Luego, cuando iba a nacer Paloma, recuerdo que volví a casa a las cinco de la mañana de un viaje en Venezuela. Paloma nació a las doce del día y a las cuatro de la tarde me fui otra vez para Venezuela. Obviamente, en ese momento uno estaba como en otra, montado en esa película del “qué chévere” y seguí. Luego nació Dante. Cuando tenía un año, más o menos, tuve que salir de viaje y él se quedó en la puerta, que es de vidrio, y lo vi desde lejos llorando. Pero una cosa que no te podés imaginar. Yo sentía que ese man me necesitaba y eso a mí me mató.

¿Qué fue lo que más se recriminó?

Me dije: “Yo no soy un producto. Sé que vendo música, vendo canciones, conciertos, pero yo no soy un producto. Soy un ser humano. Soy una persona”. Y ahí dije, “no más”. Eso fue entre 2009 y 2010. En este momento de mi vida, por fortuna, siento que me dediqué a mis hijos lo suficiente y que tenemos una amistad superchévere. Ellos saben que yo me voy, pero que no me voy a ir dos meses de la casa. Hoy me miro en el espejo y digo: “Bien”. Hoy puedo dormir conmigo.

Juanes BOCAS

Juanes, en su estudio en Miami.

Foto:

Mario Alzate / Revista BOCAS.

Por supuesto que hay un precio cuando se juega el rol de la celebridad, pero hay otras cosas muy chéveres, como tocar con los Rolling Stones en Bogotá. ¿O no?
¡Sí! Lo más ruidoso de todo, digamos, fue el momento del concierto. Fue brutal. Pero lo más chévere fue lo que viví antes del show. Primero, yo ya estaba medio avisado porque uno de sus mánager, en Estados Unidos, llamó a mi mánager y le dijo que me iban a llamar para un toque. Segundo, ¡pum!, la llamada de Mick Jagger. Yo no le entendí un carajo porque tiene ese acento londinense que no se le entiende nada; solamente que debíamos ensayar al otro día en la mañana, que tenía tres canciones que eran "Beast of Burden" y otras dos que no recuerdo. Pero yo ya había revisado la letra de "Beast…" y esa era la que yo quería cantar y se lo hice saber. Entonces él me dijo: “Vamos a ver qué hacemos”, y le insistí: “Esa canción me la sé y me gusta mucho”. Al otro día, en efecto, me encontré con esos tipos que son amabilísimos. Nos metimos en un cuartico pequeñito en el estadio El Campín donde estaban los amplificadores chiquitos como para ensayos de garaje y eso fue lo que me encantó. Ahí me di cuenta de que yo estaba en un toque de garaje con los Rolling Stones. Fue de locos verlos tocar ahí, a los cuatro… El sueño de todo rockero.

Un poco acojonante hacer rock con los Stones, ¿o no?
Pero claro. Keith Richards me dijo: “Hey, improvisa un poco con la guitarra, después de mí”. Luego, Jagger me mostró la letra de la canción, que finalmente fue "Beast of Burden", él cantaba su parte y después me señalaba, y yo sin gafas y no veía nada, entonces todo de memoria. ¡Nooo, muy fuerte! ¡Muy divertido! Es que estar en ese cuartico, con esos tipos tan grandes, a la edad que tienen y rockeando así… ¡Muy bonito! Y después el momento del show... ¡Qué noche tan bonita!

Sigamos con la fama, la fortuna de ser una celebridad y la cercanía con los pesos pesados. Un buen día Yoko Ono lo llamó a usted para que hiciera parte del show de los 75 años de John Lennon. ¿Qué pasó?
Eso fue en Nueva York. Pero de nuevo muy angustioso por el tema del idioma, porque, por más que te guste Lennon, pues el hecho es que tú vas a cantar en el idioma de ellos, un idioma que no es el tuyo.

Usted cantó "Woman", ¿no?
Prácticamente me acostaba y me despertaba con esa canción. La ponía en mi teléfono y repítala y repítala. Incluso me metí en Google para que me dijera bien la pronunciación de ciertas palabras.

Es cierto que Yoko le dijo que a Lennon le hubiera gustado que usted fuera uno de sus invitados por el tema de la paz.
Sí, es verdad. Algunas veces a vos te dicen esas cosas y no sabes por qué. Pero, la verdad, es que sí siento conexión con todo lo que él decía.

Y también fue un afortunado en hacer parte de los músicos que homenajearon a los Eagles, en la noche de los Kennedy Center Honors, frente a Obama...
Esa noche, con los Eagles, fue peor porque yo me sentía como un gringo en Valledupar cantando La gota fría. Me tocaba cantar "Hotel California", con Steve Vai en la guitarra, y cinco minutos antes, dije: “¡No, hijueputa!, ¿yo qué estoy haciendo acá?, ¿por qué me meto en esto?, ¿qué es esta locura?”. Me dieron unos nervios terribles de estar tocando frente al presidente Obama. Pero me salvó algo. Pensé: “¡Bueno!, estoy en mi colegio, voy a cantar en el acto cívico de mi colegio”. Y hasta luego. No miré a nadie. Y fue superchévere porque, después, todos los músicos me decían: “¡Buena esa!, ¡buen toque!”. Y yo: “¿En serio?”.

Nos metimos en un cuartico en el estadio El Campín donde había amplificadores chiquitos como para ensayos de garaje. Ahí me di cuenta de que yo estaba en un toque de garaje con los Rolling Stones.

Sigamos con sus “encuentros cercanos del tercer tipo” con las megaestrellas. Esta vez con los duros de Metálica, los ídolos de su adolescencia cuando los escuchaba en una esquina de Envigado, tomando vino de caja.
Yo disfruto mucho eso porque, más allá del estrellato, sé que son manes como nosotros, gente que ha dedicado toda su vida a esto. Con Metálica me pasó una cosa bacana. En un momento me quedé hablando con Lars Ulrich [baterista y fundador de la banda], porque él es como el más querido y le pregunté todo lo que yo afirmaba de pelado: “¿Explícame en este disco qué pasó? ¿Por qué el redoblante aquí? ¿Por qué esto? ¿Por qué aquello?” Y él me respondía todo con gran amabilidad. El caso es que yo estaba hablando con él y de pronto me cogió alguien por detrás, y me levanta como si un oso me abrazara, y yo quedé con los pies arriba, y apenas volteo era el cantante James Hetfield. Y ahí sí se me salió el fan y le dije: “Tengo que decirte algo, hermano: tú cambiaste mi vida, en mi habitación tenía miles de afiches tuyos y yo me sé todas tus canciones”. Y James era como: “¿A este man qué le pasa?”. Es que yo tenía mucha emoción. Ellos marcaron mi vida, en serio.

¿Qué hay de su encuentro con Bono en Japón?
Esa fue una marcha por la lucha contra el hambre en Hokkaido, Japón. Un tipo encantador. Quedé muy impresionado de cómo estaba enterado del conflicto armado en Colombia y de cómo me preguntaba con sumo detalle por las Farc y el Gobierno. Estaba enteradísimo.

¿Qué hay de cierto que el gran cantante de jazz, Tony Bennett, le dio la receta para cantar mejor?
Eso fue en Capitol Récords. Y yo de querido le dije: “Maestro, ¿cuál es la fórmula para cantar tan bonito como usted lo hace?”. Y él me dijo: “Espera un momento”. Y se fue. Al rato volvió con un casete de los años ochenta con un curso de técnica vocal. “Estúdialo”, me dijo. Y lo he hecho. Es un gran secreto… ¡Ja!

Ahora pasemos del mundo anglo al mundo en español. ¿Cuál fue su famoso y curioso encuentro con un gigante como Juan Gabriel?
Yo me enteré de que Juan Gabriel iba a hacer un disco de duetos y yo le dije al presidente de la compañía: “Jesús [López], a mí me encanta Juan Gabriel, invítame a hacer parte de eso”. Dos años se demoró ese proyecto. Un día me respondieron que sí, que hay que ir a Cancún, a las once de la mañana, a la casa de Juan Gabriel. Yo fui cumplidísimo. Pasó una hora, dos, almorzamos, tres, cuatro, tomamos whisky, cinco, seis, siete, ocho horas y, ya en la noche, llegó el man, como si nada, no dijo: “¡Qué pena, me demoré”! Nada, nos sentamos a hablar y el tipo empieza a hablarme de la China, directamente. De China, de vestidos en China, de telas en China. Solo habló de eso. Y luego grabamos la canción “Querida”. Y la verdad que fue muy chévere.

Juanes BOCAS

Retrato de Juanes para BOCAS.

Foto:

Mario Alzate / Revista BOCAS.

Otro peso pesado, muy importante en su vida, es Juan Luis Guerra. De la admiración pasó a una gran amistad. ¿Cómo fue eso?
Yo siempre admiré a Juan Luis. Desde mi época de colegio lo escuché. Una vez lo invitamos a un concierto que hicimos en Los Ángeles y ahí lo conocí. Un tipo dulce y amable. Después le propuse que produjera mi Unplugged y ahí me di cuenta del genio que es. Llegaba a los ensayos con un maletín, con todas las partituras de todas las canciones y los arreglos, como un científico. De golpe, en el ensayo, decía: “El tercer violín de atrás se salió del compás”. Y yo decía: “¿Cómo hace?”. De allí en adelante, una amistad enorme. Duda que tengo, duda que despejo con Juan Luis. Le mando mensajitos de voz y todo.

Última con famosos. ¿Es cierto que usted, por error, cambió una palabra de una canción de Caetano Veloso y él muy amablemente lo corrigió?
¡Uy, sí!, Ese fue el oso más grande de los premios Grammy. Era un homenaje a Caetano y decidimos cantar su canción Sampa, él con su guitarra y nuestras voces en portugués. Yo estudié la canción y, en el ensayo, el man todo feliz, todo amable, me dice: “¡Espectacular!, ¡me encanta!, ¡lo estás haciendo genial!, pero te pido un favor: no digas piranha, porque piranha en mi país es puta. Di, como dice la canción, Ipiranga”. Y yo: “¡Ahhh!, perdón, la palabra se parece muchísimo”. ¡Qué pena!, ¡qué risa!

Juanes, ¿qué pasa en la música de hoy? ¿En qué anda el sonido mundial?
En la música de hoy pasa algo, que solo se mira desde el punto de vista del consumo. Todo pasa muy rápido. Ya no es tanto el asunto del disco, de la obra completa. Ahora es una canción y ya. Digamos que aquel rito de hacer ese álbum y presentarlo todo como una obra, cada vez lo siento menos real. Ahora, por otro lado, la música, que es armonía, melodía y ritmo, hoy siento que es mucho más ritmo que armonía y melodía. Obviamente que hay de todo y que si buscas, pues vas a encontrar una cantidad de música muy impresionante. Todo está muy mecanizado. Algo muy curioso que me ocurrió fue cuando estábamos grabando este disco y fuimos a grabar las baterías del álbum. Cuando estábamos en el estudio, el ingeniero del estudio nos dice: “Hey, ¡qué bueno que van a usar a un baterista! Hace tres o cuatro meses que no grabamos una batería de verdad”. ¡Imagínate!, el mismo baterista me dijo: “Hermano, hace mucho tiempo que no me llaman para grabar una batería”. A mí eso me dio muy duro. Hoy, la mayoría de las canciones no tienen elementos orgánicos, o sea, muy poquitos, una guitarra por allá, una batería por acá…

Juanes BOCAS

El músico antioqueño Juanes.

Foto:

Mario Alzate / Revista BOCAS.

Usted es un activista por la paz. ¿Cómo ve el proceso de paz que va en su recta final en Colombia?
Desde el principio, desde la primera vez que vi que anunciaron eso, me emocioné mucho. “¡Qué bueno lo que está pasando!”, dije. Y así lo expresé. Pero la cantidad de insultos que me metieron tan horribles por apoyar la paz… ¡Madre mía! Sin embargo, sigo convencido de que ese es el camino correcto para Colombia. Pero, mirá, es tan sencillo como que estamos polarizados desde nuestras casas. Y no hay que ir lejos, en mi casa, por ejemplo, todos piensan de una manera, menos yo. Hablo de mi casa en Medellín: mi mamá, mis hermanos. Empezamos en la mesa a hablar de ese tema y terminamos discutiendo.

¿Y ha logrado convencer a alguno de sus familiares?
¡Ja! Ahí, más o menos. Pero yo sí sigo convencido de que es el camino. Yo sé que la implementación es muy difícil y sé que eso va a tomar muchos años. Sé que el posconflicto colombiano va a ser largo, pero yo sí me emociono cuando veo las noticias con esos manes caminando desde sus campamentos a la vida civil. Y sé que no todos van a hacerlo bien y que muchos otros se van a rearmar otra vez. Pero, para ser claro, hasta que no se busque otra alternativa para el negocio de las drogas, ese tema de la violencia no lo van a parar. ¡Olvídese! Eso va a seguir y se va a mutar de otra forma y de otra forma. Van a reincidir y van a armar otros grupos, si es que ya no los armaron. Y seguirán con ese negocio, porque es un negocio muy poderoso. Pero vuelvo y digo, hay otra gente, que es la mayoría, que quiere encontrar su vida y encontrar su futuro. Creo que Colombia lo va a lograr. Es que, ¿cómo no vamos a ser capaces nosotros de superar esto?

Usted siempre manda un mensaje de paz en su música… Y no es una pose…
Porque yo sí creo en eso. Si no creyera en eso, qué me voy a poner a decir nada. Y sí que es muy difícil tener paz y no tener con qué comer. Muy difícil. Pero con paz habrá más maneras de tener qué comer. El problema es mucho más profundo que “métalos a la cárcel a todos”. Así no es. Aquí hay pobreza que lleva a la desigualdad y la desigualdad a la rabia y la rabia a la frustración y la frustración a la guerra. Hay que combatir muchas cosas.

¿Le dan ganas de participar más activamente en el proceso de paz de Colombia? Sé, por ejemplo, que estuvo hablando con Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador. ¿Qué pasó ahí?
Yo hablé con el man porque me parece un tipo muy claro, honesto y, haber hecho todo ese proceso, me parece muy valioso. Cada vez que él habla, a mí me gusta y me convence. Entonces tenía esa curiosidad. Quería saber qué estaba pasando. Simplemente quería escuchar de parte de él qué había pasado. Y por eso, después de hablar con él, sigo de verdad convencido de que este es el camino correcto.

Juanes BOCAS

Juanes.

Foto:

Mario Alzate / Revista BOCAS.

¿Qué opinión le merece Juan Manuel Santos?
Yo pienso que él, políticamente, se la jugó toda con la paz y me parece que ese es un mérito importante.

¿Qué opinión le merece Álvaro Uribe Vélez?
Un tipo que dividió al país. Pero, ¡ojo!, ni soy uribista, ni soy santista. No soy nada de esas cosas.

¿Si pudiera aprobar una ley para mejorar a Colombia cuál sería?

No sé si implementar una ley, pero yo, sinceramente, sí siento que hay que replantear el problema del narcotráfico, del negocio de las drogas.

¿Legalización?
No sé si la palabra es legalización o despenalización, pero eso hay que revisarlo.

Cambio de tercio, viene una película sobre la vida de Juanes en Netflix. ¿Qué hay con eso?, ¿cómo es?, ¿un actor va a hacer de Juanes?

Entiendo que es más inspirado en un personaje como yo. Que está más inclinado al mensaje de mi música, que en las cosas de mi vida privada. Entiendo que la escritora ha escuchado todas mis canciones y que sobre eso está creando un personaje. Creo que la cosa va más por ahí, que por un asunto autobiográfico, porque siento que todavía no es el momento de hacer eso. Todavía me faltan otros buenos capítulos.

Y por último, Juanes, ¿la música por siempre?

Sinceramente, sí. Porque yo vibro con la música. Desde niño, no hacía más que tocar la guitarra y lo que yo sentía cuando escuchaba música, que me gustaba tanto, todavía lo siento. Soy el mismo peladito emocionado con la música.

MAURICIO SILVA GUZMÁN
FOTOS: MARIO ALZATE
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 62 - ABRIL 2017

BOCAS 62 - Juanes

"Juanes en la estratosfera"
Entrevista con Juanes Por Mauricio Silva Guzmán.
Fotos: Mario Alzate.

Foto:

Revista BOCAS

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