Marco Antonio Solís: el profeta de la balada mexicana

Marco Antonio Solís: el profeta de la balada mexicana

Uno de los cantantes más populares de América Latina habló con BOCAS.

Marco Antonio Solis Portada

Marco Antonio Solis

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Cortesía Universal Music

15 de marzo 2017 , 12:15 p.m.

Marco Antonio Solís entra por la puerta trasera a un teatro privado de los Estudios Raleigh, en Los Ángeles. Es octubre de 2015. Lleva gafas oscuras y una chaqueta de cuero café. El pelo largo y liso, hasta los hombros, es una versión moderna y estilizada de los crespos que lo caracterizaban en la década de 1980, cuando se convirtió en un símbolo de la renovación de la música mexicana.

Entonces tenía 20 años y era el líder de Los Bukis: en sus primeros discos todo el grupo aparecía uniformado con esmoquin negro y corbatín; después, ya en los años ochenta, las pintas con colores estrafalarios llegaron a las portadas y el grupo empezó a tener conciertos por todo México. En sus presentaciones vestían esmoquines dorados y hacían bailes coreográficos para los éxitos románticos, los corridos –como “Los alambrados” que compuso Solís en 1978 como homenaje a los inmigrantes ilegales–, las cumbias de Ramiro Aguilar y las rancheras de Eusebio Cortés. Ahora Solís tiene 56 años y tiene apenas algunas canas en su barba perfectamente afeitada. En 1995 se separó de Los Bukis y aunque como solista se enfocó de lleno en las baladas románticas, nunca abandonó las canciones tradicionales mexicanas.

Es posible que quienes nacieron después de 1990 no sepan quién es Marco Antonio Solís, pero es seguro que conocen sus canciones. Estribillos como los de “Tu cárcel” (pero recuerda / nadie es perfecto y tú lo verás); “Navidad sin ti” (llega Navidad / y yo sin ti / en esta soledad / recuerdo el día en que te perdí) o “La venia bendita” (porque este amor tan bonito / que se nos dio en el camino / tiene la venia bendita / del poderoso divino), no pueden faltar en ningún karaoke. Es más, sus canciones son tan icónicas que muchos ya olvidaron quién las cantaba originalmente: “Tu cárcel”, por ejemplo, tiene versiones que van desde la de Los Enanitos Verdes, que tiene un ritmo pop acelerado y un poquito de distorsión, hasta la de Lila Downs, con guitarra acústica y arreglos tradicionales de la región de Oaxaca.

En concierto, Solís es aún más icónico. En marzo de 2015, llenó la plaza de toros de Cali y un auditorio al aire libre en el norte de Bogotá. Casi todos los asistentes eran mujeres. Salió al escenario caminando lento, con una chaqueta de terciopelo rojo y un sombrero vueltiao (en Bogotá, la chaqueta era plateada con solapas negras). Y en algún momento hizo una pose que está inmortalizada en innumerables fotos y videos de sus seguidores: abrió los brazos con un aire casi místico, y miró hacia el cielo.

Esa actuación espontánea despierta pasiones. Una vez, antes de un concierto en Santiago de Chile, la presidenta de su club de fans le dijo a un periódico local: “Lo amo como ser humano, como algo sagrado, como algo divino”. Otros, más pragmáticos, también lo admiran por lo que aparece en su hoja de vida: si se tiene en cuenta su trabajo en Los Bukis, a Solís se le pueden contar más de 30 discos con una venta estimada en 50 millones de copias. Durante los últimos 10 años ha ganado cinco premios Latin Grammy y nueve de sus discos como solista han llegado al primer lugar de la lista de ventas de producciones latinas que semanalmente publica Billboard. Además –como para resaltar su aura de profeta– una vez compartió el escenario con “dios”: fue en un concierto en Buenos Aires, en 2007, cuando hizo un dúo con Diego Armando Maradona. Juntos cantaron “Si no te hubieras ido”, frente a 7.000 personas en el Luna Park.

Marco Antonio Solís. Foto: Cortesía Universal Music.

Marco Antonio Solís. Foto: Cortesía Universal Music.

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Cuando se le pregunta cómo empezó a cantar, Solís recuerda la vida en Ario de Rosales, un pueblito de Michoacán que queda a dos horas de la capital de ese estado, Morelia: “Descubrí mi voz en un micrófono en la plaza del pueblo, la gente comenzó a acercarse y ahí vi que esto me gustaba”. Entonces aprovecha para decir que Por amor a Morelia Michoacán, su último lanzamiento, fue grabado con 14 cámaras de alta definición durante un concierto, precisamente, en la plaza de toros de Morelia. Entonces resalta la importancia de volver a los orígenes, dice lo mucho que quiere a su tierra y explica la imagen del disco, en la que su rostro aparece rodeado por un popurrí de elementos tradicionales de la región. Para él es un homenaje al arte popular de Michoacán y merece un aplauso.

Los 50 periodistas rodean a Solís y él empieza a sonreír para las cámaras de canales latinos. Luego aparecen sus fans: justo antes de que empezaran las entrevistas, una periodista chilena, emocionada y dando saltitos, le pidió una selfie: “¿Me puedo tomar una foto? ¡Es que tienes un vozarrón increíble!”.

En los videos de Youtube de sus conciertos en Colombia uno se da cuenta de que su público predilecto son las mujeres. ¿Fue una decisión consciente hacer canciones para ellas?
No, es algo que fue sucediendo… Tal vez esto es solo en Colombia. Y en Argentina y Chile también. Pero acá, en Estados Unidos, es casi la mitad y la mitad. Pero yendo a tu pregunta, creo que la mujer es más romántica. Y mi música pues lleva más ese perfil, entonces creo que hay más conexión, es más emotivo. Es más emocional la mujer.

¿Tiene algún ritual antes de salir al escenario?
¡Uff! Sí. A veces… Regularmente me concentro, estoy un poquito solo y hago mis oraciones, de que todo salga bien. Es como una especie de… No es tanto un ritual, es una especie de preparación mental con un poco también de preparación del alma. Es como tocar la puerta y decir: “¿Listo? ¡Vamos!”. Para conectar… [Mira al techo y se da golpecitos en el pecho].

¿En serio? ¿Después de una carrera de casi cuarenta años, se sigue poniendo nervioso?
La responsabilidad es lo que nos pone nerviosos: que todo esté bien, que el audio esté bien, para llegar y disfrutar el escenario. Eso es lo que me preocupa, que al entrar, la primera frase se escuche bien. La música, todo.

Entonces es obsesivo en esos detalles…
Me gusta que el público disfrute el concierto. Y para disfrutarlo, tiene que oírlo bien. Verlo y oírlo bien. ¿Sabes el esfuerzo que hace la gente para llegar a los lugares? Lo más justo es que cuando lleguen, lo disfruten.

¿Y así ha sido siempre?
Sí, la verdad que sí.

¿Desde Los Bukis?
¡Desde Los Bukis! Sí. Fíjate, yo hasta colocaba las bocinas de tal manera…, para asegurarme de que el sonido fuera bueno en todo el auditorio. Claro, eran lugares más pequeños, pero yo me bajaba a la platea y decía: “A ver, habla”. Y si no se oía bien, me iba yo mismo a voltear las bocinas. Lo sigo haciendo de vez en cuando, cuando voy a pruebas de sonido. “Y la gente de acá qué va a oír” o “cómo va a ver”… Uno se siente a veces como el público, es bueno ponerse en los zapatos de ellos.

Y las oraciones… ¿Cómo son esas oraciones?
Es natural, ¿eh? No hay oraciones hechas. Yo creo que la oración más válida es la que fluye de tu alma en ese momento. ¿No? No es nunca lo mismo. Siempre sale algo distinto, pides algo distinto. Las oraciones son una conexión contigo mismo.

Marco Antonio Solís. Foto: Cortesía Universal Music.

Marco Antonio Solís. Foto: Cortesía Universal Music.

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¿Cuál fue la última vez que le dijeron “cursi”?
[Se ríe a carcajadas]. ¡No me han dicho eso todavía! A lo mejor no lo expresan. Depende de qué cantas, también. Yo le decía una vez a un amigo que el romanticismo corre ese riesgo siempre, de caer en lo cursi. Pero para mí un par de frases definen una canción, un par de frases le dan seriedad. Dos frases definen si es un tema cursi o no. Por eso hay que cuidar siempre ese par de frases.

Ahora usted hablaba del género romántico, pero muchas canciones tradicionales mexicanas son muy románticas también.
¡Claro! Lo ranchero es muy pasional. Mira esa canción “La venia bendita”, que es ya un clásico en Colombia y también en México y acá en Estados Unidos… Me llama la atención la aceptación que tuvo allá en Colombia. Es la canción que más rápido he escrito yo. La escribí en un trayecto de Ciudad de México a Cancún, en un vuelo, en la servilleta que te dan en el avión. Escribí ahí el ochenta, ochenta y cinco por ciento de la canción. Así surgió en mi grabadorcita, y fluyó.

¿En qué año la compuso?
En el 98… A mí me gusta involucrarme en los arreglos, en la entrada… Ahora es una de las canciones más importantes de mi repertorio.

Y así como “La venia bendita” hay muchísimas otras canciones que se han adaptado para otros artistas. Una de ellas es esa que dice “Pero recuerda, nadie es perfecto y tú lo veras”… “Tu cárcel”. De todas las versiones que existen, ¿cuál es su favorita? Claro, que no sea la de Los Bukis…
¿Que no sea mía? La de Enanitos Verdes, pues.

¿Por qué?
Porque le dieron una frescura y la hicieron en un tempo muy bueno. Muy novedosa. Conectó con la juventud también. Mira: esa canción la cantaba Maná en sus presentaciones, la metía así de pronto, de sorpresa, y a la gente le gustaba. Y yo le dije, a Fher: tienes que grabarla porque si la gente se prende tanto… ¡Grábala! Pero mira, se la ganó Enanitos Verdes. Y ya Maná hizo luego otras canciones, como “Si no te hubieras ido”…

¿Qué tiene la música mexicana? ¿Por qué cree que nos gusta tanto a los colombianos?
Colombia es el segundo país del mariachi, de la pasión. No sé por qué… Me llama mucho la atención cómo gozan las canciones “corta-venas” y todo eso.

Cuando le pusieron la estrella en el paseo de la fama de Hollywood usted dijo que había llegado a donde había llegado gracias a la fe. ¿Fe en usted mismo? ¿En Dios?
En Dios primeramente. Para mí Dios es todo, está en las personas, en el trabajo, en la música…

Es que amigos y colegas suyos siempre lo describen como alguien muy espiritual.
Es que ser espiritual es estar conectado con tu espíritu y hacerle caso. Yo sí soy muy intuitivo y creo que el Espíritu Santo es la voz de la verdad en tu ser… Es un tema escabroso, no se puede tratar tan fácil.

¿Escabroso?
Es muy difícil de explicar. Es estar conectado con tu espíritu. Ser espiritual es hacerle caso a tu ser verdadero, interior. A mí me ha funcionado eso porque en mis decisiones siempre juega esa famosa corazonada: decir “sí” o “no”, así, rápido. Cuando piensas, ya entra tu parte racional, tu parte humana, y ahí es donde te equivocas. Yo creo que las decisiones rápidas son inspiraciones. Fíjate: suenan parecido espíritu e inspirit, en inglés… Yo no sé si le pasa a la gente, pero para mí lo más rápido es lo más certero, cuando no tienes que pensar.

Uno encuentra canciones suyas con temas sociales. Desde “Casas de cartón”, el primer éxito que cantaron Los Bukis en 1975, hasta “A dónde vamos a parar”, que compuso hace apenas cinco años…
Sí…, fíjate. La que más me gusta se llama “Mi último adiós”, que habla del inmigrante. Es tal vez una de las más lindas. Hay que tocar esos temas porque son cosas que se dan. Que no se pueden ignorar.

¿Qué piensa de los 43 estudiantes que desaparecieron en la escuela de Ayotzinapa?
Ay, imagínate. La pena es general. Es un dolor, una impotencia. Nada podemos hacer, hay que continuar, hay que seguir. Claro, tomar conciencia de lo que sucedió, y arrancar. No nos podemos quedar con el dolor y sufrirlo toda la vida, la vida tiene que continuar y hay que arrancar positivamente desde otra perspectiva, desde otro estado de conciencia. Orar por estas personas, por los padres, que encuentren la paz, la calma…, la resignación. Creo que ya es tiempo, los mexicanos estamos concientizándonos de que ya es tiempo de cambiar

¿Es cierto que la primera vez que vino a Estados Unidos entró como ilegal?
Sí, nos pasamos por Tijuana. Estoy hablando del año 77. La verdad es que nos engañaron: nos pidieron los pasaportes, pero no teníamos visa…, la inexperiencia. Pero se dio una aventura ahí que se nos quedó para siempre, aprendimos cómo pasa la gente y cómo sigue pasando a los Estados Unidos. Y eso me dio pie para escribir una canción: “Los alambrados”. Porque los mojados pasan por el río, los alambrados son los que cruzan un alambre…

Esa canción, “Los alambrados”, es un corrido. ¿Escucha corridos de vez en cuando?
Más o menos, uno que otro…, pero no más de los pasaditos, corridos muy tradicionales mexicanos que no pueden faltar en una fiesta.

Es que a usted se le daba bien ese género en Los Bukis. Y en Colombia hay mucha gente que los escucha. ¿Alguna vez va a grabar un corrido nuevo?
Ese, a lo mejor. Es el único corrido que canto, muy de vez en cuando. Pero no… Yo no soy tanto de corridos, soy corrido de la casa no más… [Risas].

JOSÉ AGUSTÍN JARAMILLO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 53 - MAYO DE 2016

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