'El Papa le está pavimentando el camino a la bestia': José Galat

'El Papa le está pavimentando el camino a la bestia': José Galat

El excandidato presidencial le contó a BOCAS por qué dice que el papa Francisco es un hereje.

BOCAS Galat

José Galat.

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Sebastián Jaramillo / Revista BOCAS

25 de octubre 2017 , 02:19 p.m.


La primera vez que José Galat se arriesgó por defender una posición minoritaria fue en 1953. La mayoría del país político aplaudía entonces el golpe de Estado que el general Rojas Pinilla había dado a su mentor, el Monstruo, Laureano Gómez.

Galat, que terminaba su último año de derecho en la Universidad Nacional, decidió entonces cambiar el tema de su tesis y dedicarla a los eventos coyunturales de ese año. El joven aspirante a abogado, que ya para ese entonces era columnista del diario El Siglo y entendía cómo funcionaba la tramoya del escándalo público, le solicitó a su maestro, el liberal Darío Echandía, que fuera el director de su tesis. En ella se refirió al general Rojas Pinilla como “un tirano de usurpación”.

“Eso fue un golpe de opinión”, recuerda Galat en su biblioteca, rodeado de decenas de libros de teología, derecho constitucional, filosofía e historia de Colombia. Al poco tiempo tuvo que huir escondido en el baúl de un carro, refugiarse en la embajada mexicana y luego exiliarse a París.

“En Europa conservé una gran amistad con Echandía. Y un buen día, en uno de sus viajes, me invitó a almorzar ostras y le dije: “¿Por qué no nos unimos godos y liberales y tumbamos al dictador? ¿Por qué no le dices a Alfonso López Pumarejo y yo voy a Benidorm y le digo al Monstruo [Laureano Gómez]?”. Desde entonces, Galat se hizo un hombre moderado, como todos los políticos del Frente Nacional. Trabajó para gobiernos de ambas orillas: fue consejero presidencial del liberal Carlos Lleras Restrepo y del conservador Misael Pastrana.

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José Galat

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Sebastián Jaramillo / Revista BOCAS

Su nombre habría pasado a la historia con esa temperatura: la de un hombre católico y conservador, promotor de programas de fomento a las empresas comunitarias, devoto de la educación –en especial desde la Universidad La Gran Colombia, que dirige desde 1981– y de la acción laical –primero desde el Consejo Nacional de Laicos y luego desde Teleamiga, canal católico que cofundó hace quince años–.

Pero no. Mientras más se acerca a los noventa años, más polémicas añade Galat a su vida. En 2010, durante las elecciones presidenciales, fue el precandidato más viejo en aspirar a la Casa de Nariño. Meses después de las elecciones, algunos estudiantes y exprofesores del plantel protestaron públicamente y lo acusaron, sin mayores consecuencias, de utilizar recursos de la universidad para su campaña. En su momento, Galat se defendió y aseguró que las acusaciones provenían de personas “que habían sido despedidas de La Gran Colombia, y salieron resentidas y llenas de veneno a inventar falsedades”.

Hoy, a sus 89 años, Galat ha logrado poner a todo el santo mundo a hablar de él. En medio del fervor nacional producido por la visita del papa Francisco, Galat radicalizó su discurso, y en numerosas ocasiones, a través de su programa Un café con Galat, acusó en Teleamiga al sumo pontífice de hereje, de pavimentarle el camino al anticristo, por cuenta de las actitudes moderadas que ha asumido frente a algunas de las que Galat considera “verdades de fe” de la Iglesia.

Dos meses después de que la Conferencia Episcopal Colombiana emitiera un comunicado en el que negaba la naturaleza católica de Teleamiga y sugería la excomunión del abuelo laureanista, BOCAS lo visitó en su casa para entender qué lo ha llevado a asumir, en nombre de la fe, una postura que hoy le merece miradas de soslayo en cada misa que atiende.

Doctor Galat, arranquemos con la historia patria, ¿cómo es eso de que usted fue el celestino del Frente Nacional?
Así es. Darío Echandía fue mi profesor de filosofía en la Universidad Nacional. Aunque era liberal, desarrollamos una amistad. Cuando él necesitaba hablar conmigo, me mandaba llamar diciendo: “¿Dónde está el tomista?”. Y yo le respondía: “¡A ver, kantiano, a la orden!”. Esa amistad se trasladó a París, donde un tiempo después de mi salida del país nos encontramos para almorzar y yo le sugerí que tumbáramos al dictador. Él se fue a hablar con Alfonso López y yo con Laureano Gómez, que estaba en Benidorm.

¿Qué le dijo Laureano cuando se vieron?
Fui a donde el Monstruo –como le decía la gente, decidimos mantenerle el apodo–. Estábamos en una guerra, fue nuestro caballo de batalla. Al llegar le dije que habíamos almorzado con Echandía. Él me dijo: muy bien, esperemos los resultados de esa conversación... Al poco tiempo López Pumarejo envió a Europa a su secretario, Alberto Lleras Camargo. Ahí comenzó todo.

¿Qué pasa aquí en la Iglesia? Curas, teólogos, obispos y cardenales están en apostasía, niegan las verdades fundamentales de la fe que vienen de hace veinte siglos.

Mi generación creció con la idea de que Laureano era un reaccionario extremista, instigador de violencias…
Es exacta esa visión. Pero estaban también ustedes, los liberales, que querían animalizar a Colombia y la envenenaban con violencia. Tienes que entender que estábamos en una guerra, absurda o lo que tú quieras, pero una guerra. El trapo azul, que nos creíamos mejor que los otros, adorábamos al Monstruo.

¿Cómo era Laureano en su versión más íntima?
Laureano tenía una gran vida familiar, un humor muy especial… Tenía un profundo conocimiento del saber, vivía leyendo y meditando, dialogaba, y era un apasionado por el bien común del país. Yo era joven; él era el gran jefe del Partido Conservador, el defensor de la fe católica. Él encarnó todos los ideales…

Y hablando de ideales, ¿cuándo comenzó esta pasión suya por la fe católica?
Desde muy temprano, desde segundo de bachillerato. Comenzó con los filósofos griegos. Me llamó la atención Heráclito, que decía que hay que descubrir la llave que lo penetra todo, explicándolo todo. Un principio de unificación del conocimiento para conocer la realidad.

Y en la casa, mientras tanto, ¿qué pasaba? ¿Rezaban? ¿Eran católicos?
Sí, éramos una familia católica. Mis padres eran árabes: mi papá, sirio; mi mamá, libanesa. Durante la I Guerra Mundial, al viejo lo metieron en el servicio militar del Imperio turco otomano, ellos pretendían coger a los hijos de los católicos cristianos y musulmanizarlos separándolos de la familia. Mi papá era cristiano católico, de rito maronita, que es aprobado por Roma. Un rito distinto, autorizado desde viejos tiempos, en el que se canta mucho. A él eso le hervía la sangre y resolvió largarse a Sudán. ¡Desertó del ejército con todo y fusil!

¿Y cómo se conoció con su mamá?
Vencidos los musulmanes en la guerra, mi papá se fue a Egipto. A ella la conoció en El Cairo, porque por esa época mi abuelo era superintendente del rey. El hecho es que allá dijeron: “Vámonos de ese lugar donde nos persiguen, donde hay musulmanización de la gente” y resolvieron venirse para Colombia. Llegaron a Barranquilla en 1922. Luego arrancaron para Sogamoso, donde nací yo. Y finalmente, por cuenta de una enfermedad del corazón, nos fuimos para Neiva York [risas]. Allí fui yo al bachillerato, en el Colegio Santa Librada.

Y ahí comenzó su encarrete con la filosofía… ¿No coqueteó con el ateísmo?
Sí, un día llegó un profesor de Bogotá con el ateísmo y me agarró. Tuve seis meses de sarampión. Mi mamá oraba en la casa horrorizada.

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José Galat.

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Sebastián Jaramillo / Revista BOCAS

Y entonces, ¿en qué momento se le fue el sarampión ateísta?
Fue cuestión de lógica. Para explicarlo, le tengo que hablar de Pascal, un filósofo francés del siglo XVII. Pascal decía: “Si Dios no existe y yo no creo en él, me muero y no pasa nada. Pero si Dios existe y yo me muero, me jodí por toda la eternidad por pendejo”. Me pareció lógico. Digamos que fue… Una conversión con interés, por no sufrir el castigo.

Fe estratégica…
Una fe con sentido comercial [carcajadas]. Pero después, poco a poco, entendí y fui entendiendo efectivamente que uno podía tener la certeza de que Dios existe. ¿Por qué? Porque es que la fe no está colocada contra la razón, sino que es anterior y superior a la razón. Entonces uno descubre que tienes certeza absoluta y ya no necesitas pruebas racionales… [Duda]. No quiero decir entonces que sean irracionales, perdóname, porque eso no es irracional tampoco, sencillamente está por encima.

En todo caso, su fe parece muy intelectual…

Muy intelectual. Salvo una vez que tuve un sueño y no me lo expliqué.

Hábleme de ese sueño.
[Se ríe con desconfianza]. Después se lo cuento…

Pero si vine fue a eso, a hablar de su vida…
[Vacila] Estaba durmiendo y de repente se clausuró el sueño en que estaba y comenzó una visión. Yo sentí la angustia más grande que en mi vida he sentido, nunca he vuelto a sentirla, una angustia feroz. La angustia era provocada por una idea fija: “Lo van a profanar, lo van a profanar… Yo tengo que llegar antes de que lo profanen”. Entonces comencé a correr y a correr hasta que llegué a un templo, no medieval sino románico, con piedras grandes, piedras hermosas, grises. El templo estaba totalmente vacío: ni estatuas ni bancas, inmenso, gigantesco, con una luz difusa…

¿Había conocido usted iglesias románicas de ese estilo?
Sí, en La Mesa, Cundinamarca, había un ensayo de templo románico. Y en Europa yo conocí muchos cuando estuve desterrado en París por [Gustavo] Rojas Pinilla. Ese es otro cuento…

¿Qué pasó pues, con la Iglesia?
Luego de entrar, llegué a la parte de la eucaristía. Estaba abierto y no había nada, entonces dije: “Carajo, ¿tanta angustia para nada? ¿Qué quiere decir esto?”. Aquí no hay nada que profanar, está vacío todo, vacío. En ese momento me volteé a ver y me estaban persiguiendo. Los que me perseguían eran como carbones encendidos, se veía la silueta pero no más. Llegaron hasta la puerta, pero apenas iban a entrar, el temor fue exactamente a la inversa. Se espantaron al verme y comenzaron a retroceder, lentamente al principio, luego echaron la carrera rápido. ¿Qué pasó? Me vi transformado en luz, con una espada de luz en la mano.

¿Sigue hoy sin explicarse el sueño?
No, tiempo después logré hablar con la madre María, tataranieta de [Manuel] Murillo Toro. Era una persona de armas tomar, de gran personalidad. Había estado en la guerra española, la comunidad de ella servía a los hijos de los ricos que jugaban en el club… Un día dijo: “Carajo, dedicarme la vida a servir a estos muchachos mientras las mamás de ellos van jugando a las cartas, eso no tiene sentido”. Entonces formó una comunidad y se vino para Colombia.

No voy a fundar ninguna iglesia nueva. No soy lefebvrista ni sedevacantista ni ninguna de esas vainas. Los que deben salir son los que niegan las verdades de fe.

¿Y qué le dijo la madre María?
Ella me habló de San Francisco de Asís… El señor se le presentó en la iglesia y le dijo: “Construye mi Iglesia”. Él pensó que se trataba de reconstruir una iglesia que había encontrado en una vereda porciúncula y resulta que no, se refería a la Iglesia en general. Yo, por mi parte, lentamente fui entendiendo qué quería decir esa espada de fuego: me fui a la Biblia y comencé a ver que la espada de fuego significa la verdad, pero la verdad bíblicamente, la verdad dicha por Dios. Eso lo vine a entender ahora, hace poco.

¿A qué se refiere?
Hace seis años me invitaron a celebrar los cincuenta años de la Escuela de Líderes que fundé con el padre Luis María Fernández, adelante de Cachipay, Cundinamarca. El encargado del evento me pidió que llevara al obispo Libardo Ramírez, que no tenía carro para venir. Yo he formado cerca de siete u ocho obispos, más de mil curas, también a Beethoven Herrera, a Camilo Torres, a Manuel Elkin Patarroyo... Así que dije: “Yo llevo al obispo Ramírez”. A la vuelta teníamos que hablar y le comenté que los muchachos que teníamos en el liceo jugaban a veces con la tabla ouija y quedaban prendidos, y que algunos de los muchachos universitarios iban a conciertos de rock satánico y quedaban prendidos. Entonces el obispo, que iba entre el carro, se voltea y me dice: “¿Y tú crees en esas pendejadas?”.

¿Usted qué le respondió?
“¿Cómo? ¿Que qué? ¡Pues claro que creo! ¿Acaso no dice san Pedro que el diablo, como león rugiente, está dando vueltas para echarle la garra?”. Y el obispo dijo en son de burla: “Eso es pa los pendejos que se le acercan a un león rugiente”. Le dije: “No me digas que tú no crees. ¿Y las tentaciones?”. Y él: “No fueron tentaciones, fueron confrontaciones consigo mismo”. A partir de ese momento quedé preocupado: ¿Cómo un obispo de la Iglesia católica niega al diablo? ¡Jartísimo! ¡Es un deber! Es una verdad de fe de la Iglesia católica, definida en cuatro concilios anteriores y diferentes épocas. Entonces comencé a especular y dije: “Carajo, algo está pasando en la Iglesia, algo secreto”.

¿Qué hizo entonces?
Conté la vaina por Teleamiga, en el programa que tengo desde que nació el canal, hace 16 años. Hablé del milagro, pero no del santo. Y dije: “Si ustedes saben algo de esto, háganmelo saber y mándenme indicaciones”. ¡Aún hoy me siguen llegando cartas! Que el cura de Tamalameque dice que la Virgen no fue virgen, que el cura de no sé dónde dice que Cristo no resucitó, que el padre Escobar dice que el diablo no existe y que todo el mundo se salva, que no hay pecado, que el cuento de Adán y Eva es un cuento fantástico… Una cantidad enorme de vainas. Entonces, formé una carpeta y clasifiqué las cosas.

En resumen, ¿qué estaba ocurriendo en esta carpeta? ¿Cuál era su hipótesis?
Se llama apostasía. Se estaban negando las verdades de la fe: a base de herejías, que es negar una por una, o de apostasía, que es negar el conjunto saliéndose de la Iglesia. Había curas apóstatas en todo el país. Yo le mandé una carta a monseñor Rubén Salazar –entonces presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia–, pero nunca me dio respuesta. Luego me lo encontré en la Universidad Gran Colombia, le hablé de la carta y me dijo que no la había recibido. Bajé inmediatamente a donde mi secretaria y se la volví a enviar.

¿Y esta vez sí respondió?
Hasta hoy no he recibido respuesta. Unos quince días después me llama un cura sigilosamente y me dice: “Doctor, yo estaba en el momento en que el arzobispo recibió su carta y él le dijo al secretario, al canciller de la curia: ‘Cartas como la del doctor Galat jamás se responden’”. Quedé sentido, resentido; o más que resentido, reventado. ¿Qué pasa aquí en la Iglesia? Curas, teólogos, obispos y cardenales están en apostasía, niegan las verdades fundamentales de la fe que vienen de hace veinte siglos. Entonces me puse a observar, ¿y con qué me topo? Con que el papa es uno de los que sueltan esas barbaridades.

¿Qué cree usted que motiva esta suerte de revisionismo en la Iglesia?
Yo creo lo que está escrito, y eso está enunciado. [Galat hace una pausa y le pide a Cristian, su asistente de comunicaciones, que lea el capítulo 13 del Apocalipsis]. Hay dos personajes clave que estamos esperando desde hace veinte siglos: el anticristo, un gobernante mundial muy amable y gentil, que tiene carácter de Dios pero es un personaje diabólico; y, por el otro lado, el papa falso. La Biblia los llama “bestias”: la bestia del mar que es el anticristo, y la bestia de tierra firme que es la de la Iglesia. Lo que yo digo es que el papa Francisco le está pavimentando el camino a la otra bestia, negando las verdades.

¿Cuáles verdades?
Yo tengo documentadas unas 150. [Galat saca varias hojas con citas del papa Franciso y versículos de la Biblia que él ha compilado. En el cabezote se lee un título en rojo: “Herejías del papa Francisco”]. Por ejemplo: que nadie puede ser condenado para siempre porque esa no es la lógica del Evangelio, o que Dios no puede ser Dios sin el hombre. ¿Cómo es esa vaina? Antes de ser engendrados los montes, antes de que naciera la Tierra y el mar, y desde siempre hasta siempre, él es Dios, de modo que Dios es independientemente de la vida del hombre…

Doctor Galat, muchos católicos consideran que el papa Francisco ha atraído a una cantidad de gente a la Iglesia, especialmente a los jóvenes, porque ha actualizado lo que dice la Biblia y ha entendido que mucho de lo que se dice allí es metafórico o enunciado en contextos muy distintos al actual…

¿Tú vas a atraer a la gente con mentiras? ¿Contra la palabra de Dios?

Pues evidentemente la interpretación de la palabra de Dios depende de los hombres...
Yo me atengo a veinte siglos de explicaciones que han dado los mismos pontífices. ¿Cómo es que este las cambia? Además, dice claramente Santiago: “El que quiera hacerse amigo del mundo, se hace enemigo de Dios”. Para ganarse la amistad de los jóvenes no hay que eliminar el pecado ni la responsabilidad, ni la fortaleza ni la dureza, ni el vigor de los principios. Ahí no se puede conceder nada. Cuando uno elimina los principios, la gente se escandaliza y se sale.

¿Y ve mucha gente saliéndose de la Iglesia ahora?
Mucha gente.

Yo vi fue mucha gente saliendo a la calle a hacerle barra al papa hace unas semanas....
Eso es un acto de masas que no refleja la realidad.

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José Galat.

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Sebastián Jaramillo / Revista BOCAS

Yo no soy católico, pero veo en el papa una actitud por tender puentes con otras religiones, por reducir el nivel de violencia que produce el radicalismo religioso… ¿Cuánta gente murió en las guerras entre católicos y protestantes en Europa?
En eso tiene razón él. Pero ese no es el problema, el problema es adaptar el Evangelio a los gustos y a las modas de nuestro tiempo.

No le parece que asumir posiciones tan pegadas a la letra puede fácilmente devenir en violencia…
El que mata en nombre de Dios comete un peor pecado que todos los otros porque pone a Dios como testigo de una abominación que es quitarle la vida al otro.

¿Y qué pasó en la Inquisición?

Eso fue un error de la Iglesia y por eso han pedido perdón tanto este como los anteriores papas. Sobre todo Juan Pablo II pidió perdón. Eso fue un error de la Iglesia.

Cuando yo lo escucho a usted acusando al papa de hereje me pregunto si hace trescientos años Francisco no habría terminado en la hoguera…

Hubiera sido así. Hoy le digo hereje, pero no lo quemo [se ríe a carcajadas].

Bueno… Y eso no le cayó en gracia a los jerarcas. ¿Al fin a usted lo excomulgaron?
No sé. Ellos soltaron esa vaina, pero dejaron como una especie de condicional. ¿Tú qué crees? [Le pregunta a Cristian]. Yo no me he preocupado por eso.

¿No sabe si está excomulgado?
El Derecho Canónico dice que una persona que está excomulgada no puede excomulgar a otra. ¿Por qué quedan excomulgados los que me quisieron excomulgar? Porque negar una verdad de fe es ponerse afuera de la Iglesia.

¿O sea que usted está excomulgando al papa?
No, perdóneme. Antes de eso, a los dos obispos que pretendieron excomulgarme: resulta que Óscar Urbina, el obispo de Villavicencio –y tengo dos curas testigos– niega al demonio. Y [Ricardo] Tobón Restrepo, aunque directamente no tengo la prueba de que haya negado al demonio, pero indirectamente sí. Él soltó un documento en el que negaba o impedía los sacramentales –agua bendita, aceite exorcizado, sal exorcizada– a los antioqueños y a los de las diócesis cercanas a Antioquia. Esas son las armas que tenemos normalmente los pobres pendejos como nosotros para defendernos. Si niega las armas, ¿qué quiere decir? Niega al enemigo. Eso en el fondo es la misma vaina.

En este agarrón van es a acabar con la Iglesia porque todos quedarán excomulgados…
Una gran mayoría de los curas actuales están excomulgados y no lo saben.

Le va a tocar es montar una iglesia nueva a usted…
La Iglesia remanente. Es la Iglesia de siempre. Nací en ella, quiero estar en ella y morir en ella. No voy a fundar ninguna Iglesia nueva. No soy lefebvrista, ni sedevacantista ni ninguna de esas vainas. Los que deben salir son los que niegan las verdades de la fe.

¿Y usted ha ido a comulgar en estos tres meses?
Sí, a mi iglesia, San Norberto.

¿Y le están dando su hostia?
¡Jartísima la vaina! El cura me echa indirectas, pero me da la hostia [carcajadas].

¿Y cómo va con el rating después de que la Conferencia Episcopal le ordenara a sus fieles a dejar de trabajar o ver Teleamiga?

¡Se disparó! [Risas]. Es que cometieron un error. Entiendo que, según me llegan rumores, el cardenal, que no es ningún pendejo, decía: “Yo veo lo estúpidos que fueron ustedes, eso no debieron haberlo hecho con José Galat”.

En la Universidad La Gran Colombia, que usted preside, el ambiente también ha estado difícil…
Mire yo soy un tirano que cree en la libertad porque, además, he sido catedrático cuarenta años de mi vida. Un catedrático tiene que saber que hay distintas opciones y que las distintas opciones deben tener libertad para manifestarse. La prueba de ello es que en mi canal hay muchas personas que están con el papa y yo las respeto. Ahora, el cura de la universidad, el anterior, el padre Juan Guillermo García, me criticó públicamente en homilías: eso es un acto de deslealtad. Está bien que él crea en el papa, pero no puede utilizar la misa para lanzarme críticas.

¿Cuál fue la crítica de García?
Que yo estaba ofendiendo al papa. Él tiene que respetarme igual que yo respeto que él haya tenido una opinión distinta. Pero públicamente no puede desautorizarme en mi casa.

¿Cómo manejó ese tema con la familia García, fundadora de la Universidad La Gran Colombia?
El propio fundador dijo que no quería la intervención de la familia en la universidad. Una cosa es la universidad y otra cosa son los herederos.

Entiendo. Aunque con el despido del padre García se le derrumba aquello de que usted es un tirano que cree en la libertad…
Tú no puedes utilizar un vehículo de la universidad para criticar al rector: eso es deslealtad. No pueden utilizar mi casa para criticarme a mí.

Bueno, al parecer este tipo de polémicas no se resolverán en la Tierra. Ahora, metámosle imaginación: ¿Qué le diría usted a Dios si cuando llegue al cielo le notifica que usted andaba equivocado?

Yo lo único que sé es que hay muchas personas que han encontrado la fe gracias a lo que yo digo. Yo le diría: “Tú me pusiste en esta vaina y honestamente te la cumplí. Es lo único que he hecho: defender la fe”.

Usted, que fue protagonista de la paz del Frente Nacional, ¿cómo analiza hoy los acuerdos de paz de La Habana?
El Frente Nacional hizo la paz política, pero no hizo la paz social. Fue una paz deficitaria, pues quedó aplazada la paridad social: nunca la quisieron hacer. Había que hacer la paz entre el capital y el trabajo, pero nunca llegó. Había que volver a la empresa comunitaria.

¿Los acuerdos de La Habana corrigen ese problema?
Hay que esperar a las realizaciones para ver en qué para tanta belleza. Estoy a la expectativa.

¿Qué opina de la gestión histórica del presidente Juan Manuel Santos?

Los juicios serían imprudentes. Como digo, hay que esperar a ver en qué para tanta belleza.

Y en la otra orilla, ¿cómo cree que pasa el expresidente Álvaro Uribe a la historia?

Uribe hizo grandes contribuciones para conseguir la paz mediante la guerra, pero desgraciadamente su gestión quedó afeada con los falsos positivos. Yo sé que no fueron directamente obra de Uribe, pero la presión que ejerció sobre los militares para que obtuvieran resultados hizo que algunos se brincaran las normas legales y fueran más allá de ellas. Los falsos positivos son una infamia.

Finalmente, quería que me contara cómo se sintió hace ocho años cuando decidió lanzarse a la Presidencia a sus 81 años. ¿Por qué lo hizo? ¿No sintió el rigor de un país que menosprecia a las personas de la tercera edad?

Lo hice porque aún tenía vigor, no tenía la disminución que tenía ahora. Y no me importaban las críticas que me lanzaran en ese sentido. Es que si uno se lanza y tiene temor por las críticas, mejor no lanzarse.

JUAN CAMILO MALDONADO TOVAR
FOTOGRAFÍA SEBASTIÁN JARAMILLO
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 68 - OCTUBRE 2017

BOCAS 68 - Galat

El hombre que acusó de hereje al papa
Por Juan Camilo Maldonado Tovar
]Fotografía Sebastián Jaramillo

Foto:

Revista BOCAS.

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