Steve McCurry: el fotógrafo nómada

Steve McCurry: el fotógrafo nómada

Una entrevista con uno de los más grandes retratistas de la historia..

McCurry BOCAS

El fotógrafo estadounidense Steve McCurry es mundialmente conocido por sus retratos para revistas como National Geographic y Time.

Foto:

Cortesía Phaidon.

24 de abril 2017 , 07:00 a.m.

Hace años intentaron matar a Steve McCurry.

El fotógrafo que se había vuelto famoso por la imagen de la niña afgana de ojos claros –tal vez la portada más recordada de la revista National Geographic– se estaba ahogando en una playa de Bombay, una de las mayores ciudades de la India. Era septiembre de 1996. En la ciudad se estaba celebrando una fiesta en la que la gente se sumerge en el mar con pequeñas estatuas de Ganesha. McCurry solo recuerda que alguien lo derribó y le sostuvo la cabeza debajo del agua para que no pudiera respirar. Lo querían asesinar y de no ser por un grupo de personas que pelearon contra su agresor, hoy sería recordado como un mártir de la fotografía. Todo por intentar dispararle con su cámara a alguien que cargaba un dios con cabeza de elefante.

Sin embargo, él se prefiere desmarcar del cliché de reportero arriesgado que está a punto de dejar la vida en cada una de sus fotografías: simplemente no le encuentra méritos a haber estado a punto de dejar colgando el pellejo. A diferencia de muchos de sus colegas, McCurry no celebra las imágenes que tomó en situaciones hostiles. Aunque cubrió varios de los conflictos de finales del siglo XX –entre ellos la guerra de Afganistán en 1979 y 1984, la del Líbano en 1982 y la del golfo Pérsico en 1989–, la mayoría de su obra la ha logrado en lugares tan cotidianos como un parque, una estación de tren, un colegio o una biblioteca. Sus fotos captan la vida cotidiana de la gente. Les recuerdan a las personas que leen una revista o que ojean un libro suyo en Roma, México o Nueva York, que son exactamente iguales a quienes viven en la India, en el Tíbet, en Camboya o en Malí. Que esas personas que parecen tan lejanas, también comen, descansan, pelean, posan para un retrato, se ríen y, a su manera, adoran a un dios.

McCurry BOCAS

Bombay, 1993. Devotos cargan la estatua de Ganesha hacia las aguas del mar Arábigo durante la inmersión ritual en la playa de Chaupati.

Foto:

© Steve McCurry, reimpreso de India. Phaidon, 2015.

Sus fotos son casi hipnóticas. El que se pone a mirarlas siente que puede establecer una conversación con los personajes que aparecen en ellas. Ya sea con el niño peruano de seis años que se apunta con un arma a la cabeza mientras se le escurren las lágrimas, con el faquir de mirada triste que lleva la barba y el pelo teñidos de amarillo en Rajastán, con el gaucho que observa desafiante sobre el suelo reseco del chaco paraguayo o con la joven que descansa en un parque de Washington D.C. El que ve esos retratos siente que conoce las historias que hay detrás de ellos. La del anciano que camina sonriente con el agua hasta el cuello con una máquina de coser a cuestas, la de los hombres trepados en una vieja locomotora que acelera frente al Taj Mahal, la de la geisha que sale de una estación de metro en Kioto, la del niño birmano que lee un cómic acostado sobre un andén y la de los camellos que caminan resignados frente a un pozo de petróleo en llamas después de un bombardeo durante la guerra del golfo Pérsico.

Steve McCurry nació en febrero de 1950 y su mamá murió cuando él tenía ocho años. Por esa época, su país hervía con las protestas raciales que promovía el movimiento por los derechos civiles de Estados Unidos. Él creció alejado de todo eso, en un suburbio de Filadelfia, y pasaba las tardes explorando un bosque o jugando al béisbol. Estudió cine y artes escénicas y luego se ganó la vida como fotógrafo en el Today’s Post, un periódico local de su ciudad.

Todo cambió en 1978. Renunció a su trabajo y decidió irse a viajar por la India, Nepal y Pakistán, pero dos años después aún no había regresado. McCurry empezó a vivir de los reportajes que hacía para revistas como Time, National Geographic y Paris Match. Fue el principio de un viaje que aún no termina y que está a punto de cumplir cuarenta años.

McCurry BOCAS

Rajastán, India, 2010.

Foto:

Steve McCurry, Retratos. Phaidon, 2013. www.phaidon.com.

Su carrera es una rápida cadena de aciertos. En 1980 ganó la medalla Robert Capa por las fotos que les tomó a los soldados de la guerra de Afganistán para Time. El primer testimonio gráfico que se publicaba de ese conflicto mostraba el backstage de la batalla: guerreros rezando, riendo o esperando en silencio tras las trincheras. Cuatro años después, en un campo de refugiados afganos de Pakistán, una niña de 12 años con ojos claros, pelo negro y la cabeza envuelta en un velo rojo lo miró desafiante hacia la cámara; el retrato que consiguió le dio un lugar en la historia de la fotografía como uno de los grandes retratistas del siglo XX. McCurry se quita importancia y explica sus mejores obras con una frase concreta: “Simplemente la fotografía estaba allí”.

En algún momento de la década de 1980 se obsesionó por la India. Los contrastes sociales, los paisajes abrumadores, los colores de los vestidos de la gente y la profunda espiritualidad que se veía a cada paso, no lo dejaban dejar de explorar. El premio World Press Photo de 1985 fue para un reportaje de McCurry sobre los trenes de ese país. Una de las imágenes mostraba a un par de meseros vestidos de blanco que se pasan una bandeja de té entre dos vagones en movimiento. Pero había algo que le faltaba. Algo que un artista podría llamar “libertad creativa”. McCurry prefiere trabajar sin reglas y cuando se hizo miembro de la agencia Magnum Photos pudo dejar de hacer reportajes freelance y empezar a viajar a su antojo.

Lo único que quería era recorrer el mundo sin seguir las instrucciones de ninguna publicación. Y lo ha logrado. Desde entonces ha publicado más de 15 libros que compilan su trabajo y de los que se han vendido más de un millón de copias. En Colombia se pueden conseguir Retratos (Phaidon, 2013), que recoge los rostros más impactantes que McCurry ha captado en sus casi cuarenta años de carrera, desde el de la niña afgana hasta el de un gaucho de Paraguay o una geisha en una estación de trenes de Tokio; India (Phaidon, 2015), un recorrido que recoge las contradicciones entre vida urbana, opulencia, pobreza y espiritualidad de un país que le despierta una profunda fascinación; y Sobre la lectura (Phaidon, 2016), que muestra escenas de personas leyendo en lugares tan disímiles como el metro de Nueva York, un templo budista en Camboya, un bar de Ciudad del Cabo o una biblioteca de Río de Janeiro.

McCurry BOCAS

Tres libros de Steve McCurry que se consiguen en Colombia.
Retratos, Phaidon (2013).

Foto:

Cortesía de Phaidon.

McCurry BOCAS

Tres libros de Steve McCurry que se consiguen en Colombia.
India, Phaidon (2015).

Foto:

Cortesía de Phaidon.

McCurry BOCAS

Tres libros de Steve McCurry que se consiguen en Colombia.
Sobre la lectura, Phaidon (2016).

Foto:

Cortesía de Phaidon.

Acaba de cumplir 67 años, ha estado en Cuba, en Colombia, en Italia, en la India, en Afganistán y en muchos otros países a los que vuelve cada vez que puede. En sus ratos libres le gusta escuchar piezas de Bach y de Beethoven, pero cuando se sienta a revelar o a retocar las fotos en su estudio prefiere trabajar en silencio.

Su teléfono suena en un cuarto de hotel en Bruselas, la capital de Bélgica. Dice que no tiene mucho tiempo, que está a punto de salir a inaugurar su exposición El mundo de Steve McCurry en el edificio de la bolsa de la ciudad.

–Hablemos en un par de semanas –dice–. Tengo planeado un viaje a Birmania y voy a estar desconectado, pero cuando regrese podremos conversar.

–¿Por qué Birmania? ¿Tiene algún proyecto en mente?

–No lo sé. Simplemente decidí ir a Birmania porque me gusta ir a Birmania.

Dos semanas después McCurry vuelve a contestar su celular. Esta vez está en Nueva York, la ciudad en la que se siente en casa.

La última vez que hablamos usted estaba a punto de tomar un avión hacia Birmania. ¿Cómo le fue?
He estado en Birmania unas veinte veces y siempre es un viaje fascinante. El país ha cambiado bastante desde que fui allí por primera vez, hace 20…, 25 años. Siempre me ha interesado ver cómo los lugares evolucionan, cómo se modernizan y cómo el progreso hace que cambien los lugares, los países, las culturas… Mi lugar favorito fue Mandalay… No sé por qué. Hay muchos monasterios budistas, muchas cosas interesantes para ver, sobre todo de la cultura budista.

¿Quiénes viajaron con usted?
Siempre busco un traductor, porque necesito alguien que pueda ser mi guía. Es bueno tener a alguien que pueda ayudar a moverse, un conductor y traductor, por lo general.

¿Y qué hay de su equipo? Productores, alguien que trabaje con usted, que le ayude a planear el viaje…
¡No, no, no! Siempre viajo solo.

McCurry BOCAS

Yangón, Birmania.

Foto:

© Steve McCurry, Sobre la lectura. Phaidon, 2016.

Usted creció en Filadelfia en la década de 1950 y 1960, una ciudad muy activa en cuanto a movimientos a favor de los derechos civiles. ¿Todo ese contexto tuvo alguna influencia en esa curiosidad por otras culturas que se puede ver en su trabajo?
No creo que haya una conexión directa entre mi trabajo y lo que sucedió en esos años. Yo vivía en los suburbios y siempre estuve alejado de todos esos movimientos. Mi barrio quedaba muy cerca de un bosque, entonces mi actividad consistía en ir a explorar. Era maravilloso poder explorar y recorrer ese lugar con tanta naturaleza.

¿Por esa época ya se animaba a tomar fotos?
No. Mi tío tenía un cuarto oscuro, entonces estaba familiarizado con el proceso. Pero para él era solo un hobby.

Su primer contacto con la fotografía de viajes fue la serie Monzón, en la que el fotógrafo neozelandés Brian Break tomó fotos de las inundaciones anuales en la India…
Tenía unos diez años y mi familia era suscriptora de la revista Life. Cuando vi esa serie, pensé que eran unas fotos asombrosas, transmitían algo mágico. Sentí que me estaba relacionando con una cultura que era totalmente desconocida para mí. Fue mágico, dramático, transformativo… Quedé muy impresionado.

Hace poco usted dijo que más que un reportero gráfico se veía a sí mismo como un contador de historias visuales. ¿Tenía esa misma idea cuando empezó su carrera?
Cuando salí de la universidad, trabajé en un periódico por un par de años. Creo que mi trabajo ha evolucionado: al principio, uno necesita un trabajo, conseguir dinero y todo eso. Ahora no trabajo en revistas ni en periódicos, entonces puedo decidir qué hacer. Veo el mundo de una manera muy propia, no estoy tratando de contar una noticia ni de acompañar un reportaje. Como no estoy cubriendo un evento, no sigo ningún brief y simplemente hago lo que quiero.

McCurry BOCAS

Bengala Occidental, 1983. Bicicletas cuelgan al costado de un tren.

Foto:

© Steve McCurry, reimpreso de India. Phaidon, 2015.

¿Cuál fue la primera fotografía de la que se sintió orgulloso?
No puedo decirlo exactamente, pero mi primera experiencia fotográfica sucedió en Suecia, en 1969. Tenía 19 años y la pasé muy bien en Estocolmo.

¿Estaba de vacaciones?

No, estaba viviendo allí. Me tomé un año libre y quise vivir en Europa y recorrer varios países. Fue una época muy interesante para mí. Estocolmo era una ciudad muy activa, con muchas protestas en contra de la guerra de Vietnam. Yo recorría la ciudad con mi cámara, le tomaba fotos a cualquier cosa que veía.

Hay un punto de quiebre en su carrera: un viaje a India que hizo a sus 28 años. ¿Por qué decidió ir precisamente allí?
Desde que estaba en la universidad siempre quise viajar. Fui a África por algunas semanas y también estuve en América Latina, en Panamá y en Guatemala, más o menos por un mes. También había estado en Europa, en Turquía, en Bulgaria… Cuando empecé a trabajar como freelance, quería conocer otra parte del mundo. Asía me hacía falta y la India fue una decisión arbitraria.

¿Adónde llegó?
A Delhi. Después estuve en Bombay, Bangalore, Calcuta…

¿Y cómo manejó el choque cultural?

No fue un choque. Es cierto que las diferencias eran más extremas que en otros lugares, pero… No sé, no lo veo como un choque. Solo que era algo diferente a lo que estaba acostumbrado a ver: una religión distinta, costumbres distintas, maneras distintas de hacer cualquier cosa. Ciertamente ese viaje me abrió los ojos. La literatura, la música, la arquitectura, todo era diferente.

McCurry BOCAS

Goa, India.

Foto:

© Steve McCurry, Sobre la lectura. Phaidon, 2016.

Estuvo viajando también por Nepal y Pakistán. Pero lo que realmente lo lanzó a la fama fueron las fotografías que logró en Afganistán justo antes de la ocupación soviética, a finales de 1979.
Ese viaje también fue algo aleatorio, una coincidencia. En Pakistán había conocido algunas personas. Eran refugiados y me ofrecieron ir a Afganistán para ver la guerra. Querían que contara cómo el gobierno estaba destruyendo sus aldeas, bombardeándolas… Yo acepté y entré al país de forma ilegal, crucé la frontera sin pasaporte.

Hay una foto de ese viaje: un joven, tal vez un niño, que posa con un arma más grande que él. ¿Quería denunciar algo cuando tomó esa foto, o solo estaba registrando lo que veía?
No tenía ninguna intención. Simplemente la fotografía estaba ahí. En ese primer viaje que hice había jóvenes armados, pero las armas eran parte de su cultura. Cuando un muchacho cumplía 12 o 13 años empezaban a familiarizarse con ellas. No eran combatientes activos, pero estaban empezando a entrenarse.

¿Es cierto que para salir de Afganistán escondió los negativos entre las costuras de su ropa?
Estaba muy nervioso de que me arrestaran, entonces decidí esconder las películas.

¿Pensaba en que si lo arrestaban podía quitarse la chaqueta y dársela a alguien para salvar la historia?
No, solo pensaba en que no encontraran las fotos si me llegaban a detener.

Además de Afganistán, ha cubierto otros conflictos. ¿En algún momento ha estado realmente en peligro?
Tuve un accidente aéreo sobre un lago de Eslovenia en 1989, pero eso no cuenta como conflicto político, fue un estúpido error humano. He tenido incidentes menores en el Líbano y en otros lugares, como en la guerra del Golfo. La verdad nunca he sido un fotógrafo de combate porque en los conflictos solo me intereso por lo que sucede en la periferia, las consecuencias en los seres humanos. Realmente nunca me han interesado los combates.

McCurry BOCAS

Angkor, Camboya, 2000.

Foto:

Steve McCurry, Retratos. Phaidon, 2013. www.phaidon.com.

Pero usted cuenta en su libro India que en 1996 estuvo a punto de ahogarse en Chaupati, una playa de Bombay. ¿Cómo es esa historia?
Era un festival en honor a Ganesha. No sé qué pasó… Algunas veces la gente se emborracha y no les gusta que los extranjeros tomen fotos. Unas personas se pusieron violentas. Ese tipo de cosas suceden. No es divertido, pero a veces la gente se sale de control.

Tuvieron reacciones violentas contra usted…
Sí.

¿Y qué sucedió?
Empezaron a golpearme y a mantener mi cabeza bajo el agua. Pero otras personas vinieron a salvarme.

¿En alguna otra ocasión alguien se ha negado, aunque no sea de manera violenta, a que usted lo fotografíe?
Muchas veces.

Por ejemplo…
¡Ay! No puedo acordarme en este momento. Trato de no darle importancia a este tipo de cosas y no intento recordarlo. Uno nunca va a entender totalmente por qué una persona no quiere ser fotografiada. Hay muchas razones válidas por las cuales alguien no puede tomarse el tiempo que esto exige: pudo haber tenido una muerte en la familia, o tener un problema en su vida personal, o alguna enfermedad… Pero son solo suposiciones. Yo creo que si alguien dice “no” hay que respetarlo y eso debe ser visto como algo normal. No deberíamos sorprendernos si la gente no quiere salir en una foto. Es decir, ¡son sus vidas! ¿No?

Claro que sí.
Nunca me he preocupado por eso, realmente nunca pienso en ese tema.

McCurry BOCAS

Amdo, Tibet, 2001.

Foto:

Steve McCurry, Retratos. Phaidon, 2013. www.phaidon.com.

¿Qué tan difícil es ganarse la confianza de la gente para que se deje tomar un buen retrato?
Yo creo que solo depende de la forma en que te relacionas con las personas, en cómo las tratas. No hay ningún truco, solo hay que tener resistencia y perseverancia.
¿Es importante conocer la historia personal de la gente en ese proceso?
¡No! ¡Eso sería imposible!

¿Y entonces cómo se logra?
Algunas fotos son exitosas, otras no, hay fotos que son mejores que otras. Uno nunca está seguro, solo toca seguir intentando, explorando, probando. Nunca hay garantías de que se vaya a lograr un buen resultado.

¿Cuánto tiempo se toma para sacar una foto?
Eso depende. No hay un promedio. Pueden ser 30 segundos, media hora, o puede tomar días o semanas. Es algo que no se puede generalizar. Si se trabaja en la calle, hay que ser realmente rápido.

Ahora quiero preguntarle por las historias que hay detrás de algunas fotografías suyas.
Adelante.

Hay una que fue tomada en el Tibet. Muestra a un bebé totalmente envuelto en mantas azules con una mirada muy profunda. ¿La recuerda?
Oh, claro que sí. Estaba trabajando en un libro sobre el Tíbet y en Shigatse visité la casa de una familia. Tenían una vida muy simple. De repente vi a este bebé. Fue muy inusual: estaba muy alerta y muy despierto, como si estuviera totalmente consciente de lo que sucedía a pesar de su corta edad. Era una pequeña criatura asombrosa.

McCurry BOCAS

Pul-i-Khunri, Afganistán, 2002.

Foto:

Steve McCurry, Retratos. Phaidon, 2013. www.phaidon.com.

Otras son los retratos de los mineros de carbón, en Afganistán... ¿Cómo encontró ese lugar?
Cuando fui a Afganistán en 2002 quería ver algo de su economía local, de las ocupaciones de la gente, de lo que hacían para vivir... Es decir, todos sabemos que hay campesinos y pastores, pero pensé que esto era un oficio interesante y distinto. La minería en Afganistán es difícil y riesgosa porque ellos no tienen las medidas de seguridad que suele haber en otros lugares del mundo… Eso fue lo que me llevó a esa mina en particular.

Algo que llama la atención cuando uno explora sus fotos es que usted siempre vuelve a ciertos lugares: la India, el Tíbet, Afganistán… ¿Qué es lo que lo lleva a regresar constantemente?
Es una fascinación. Siempre queda algo por aprender y por explorar. Regreso porque creo que puedo encontrar nuevos ángulos y nuevas formas de ver un mismo lugar. Es como un caleidoscopio, cada vez que lo giras ofrece una variación.

Otra fotografía que es impactante es la de dos personas que duermen justo al lado de un elefante encadenado, en la India.

Bueno, esa imagen no tiene una historia. Estas personas trabajaban con el elefante y solo se recostaron un rato para dormir. Ese es su hábito.

Pero es un ángulo especial, distinto. La mayoría de las personas que visita estos lugares siempre ve exactamente las mismas cosas, pero este es un espacio íntimo…
Bueno, es el lugar donde los elefantes permanecen cuando termina la jornada. Encontrarlo no es particularmente difícil, es solo que la mayoría de las personas no lo ve porque no se toman el tiempo. Es así de simple, no se toman el tiempo.

¿Qué es lo que usted busca expresar con imágenes como esas?
Mi trabajo es una aproximación creativa, expresa la manera como me relaciono con la realidad. Yo le tomo fotos a lo que veo, a lo que me llama la atención sobre la vida y sobre la gente, a lo que encuentro interesante sobre el mundo en el que vivimos. Creo que es eso, básicamente.

McCurry BOCAS

Rajastán, 2012. Mahouts duermen con su elefante.

Foto:

© Steve McCurry, reimpreso de India. Phaidon, 2015.

Sobre la lectura, el último libro que usted publicó, reúne fotografías de personas leyendo que ha tomado en todo el mundo. ¿Cuándo usted viajaba ya tenía la idea de este libro en mente?
No estaba trabajando conscientemente en un libro sobre la lectura, simplemente estaba tomando fotografías de lo que hacen las personas en su vida. Nosotros comemos, dormimos, trabajamos, rendimos culto… Hacemos todas estas cosas y, ciertamente, leer es una de esas actividades. Nunca fue una decisión consciente hacer un libro sobre la lectura, pero debo decir que en los últimos años sí fui consciente del proyecto y buscaba fotografías que sirvieran para él.

¿Exhibe sus fotografías favoritas en su casa?
No, no las mantengo en la casa. Me gusta mucho repasar mi trabajo, pero no me gusta colgarlas en la pared.

Hace algunos años estuvo en Colombia para tomar algunas fotografías del libro From These Hands, sobre los recolectores de café.
Colombia me pareció un país fascinante. Tiene paisajes increíbles y tuve una experiencia grandiosa: la gente es abierta y muy colaboradora. Realmente espero poder regresar en algún momento.

Acá tenemos un dicho popular: “La mejor parte de un viaje es volver a la casa”. ¿Nunca se lo dijeron?
¡No, jamás! Y no creo que sea verdad. Estar en casa está bien, pero hay que disfrutar los viajes.

JOSÉ AGUSTÍN JARAMILLO
FOTOS: CORTESÍA PHAIDON
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 62 - ABRIL 2017

BOCAS 62 - MCCURRY

"El fotógrafo nómada"
Entrevista con Steve McCurry.
Por José Agustín Jaramillo. Fotos: Cortesía de Phaidon.

Foto:

Revista BOCAS

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA