Esteban Chaves, ídolo del ciclismo en Colombia

Esteban Chaves, ídolo del ciclismo en Colombia

El ciclista bogotano le contó a BOCAS su increíble historia de vida.

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Este deportista ha liderado la victoria en dos etapas de la Vuelta a España, el título en el Tour de Abu Dhabi y el corazón del pueblo colombiano.

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Sebastián Jaramillo

20 de septiembre 2016 , 09:58 a.m.

No se mató de milagro.

Tiempo después del nefasto accidente, a Esteban le contaron que su pequeño cuerpo había impactado contra una señal de tránsito y que, ensangrentado, había quedado inconsciente sobre el asfalto.

Él no recuerda absolutamente nada porque su cerebro, a manera de protección –tal cual le dijeron los especialistas– había borrado toda la información del trauma, desde media hora antes del impacto hasta cinco días después del mismo. “Por fortuna”, dice él.

El parte médico de aquella calamidad, sucedida el 16 de febrero de 2013, en el marco del Trofeo de Laigueglia (Italia), decía así: “Trauma craneoencefálico, contusión pulmonar, fractura del yunque derecho (oído), fractura malar (pómulo), fractura del esfenoides derecho (en la base del cráneo) y fractura de la clavícula”.

Una vez estabilizado, todo parecía tener solución excepto una cosa: el conjunto de nervios que van desde la nuca hasta los dedos de su mano derecha estaba completamente destrozado a la altura del hombro, por lo cual se corría el peligro de que el 'Chavito' perdiera la movilidad de su brazo. El incidente llegó en el momento en el que la carrera profesional del campeón del Tour de l’Avenir 2011 había despegado en Europa. Y así, de un tajo, se truncaba un promisorio proyecto para el ciclismo colombiano.

Una vez recuperó las fuerzas para caminar, el joven de 23 años fue trasladado a Bogotá, su ciudad natal, donde empezó un proceso de recuperación engorroso y desalentador. Su brazo, en efecto, no respondía en lo absoluto. Todo fue reposo hasta que, el 15 de mayo de ese año, en una medida desesperada, Esteban fue sometido a una inusual intervención quirúrgica que pretendía volver a conectar los nervios de su brazo y que, a lo largo de nueve horas, lideraron los médicos colombianos Gustavo Castro y Julio Sandoval.

Chaves continuó su evolución en el departamento biomédico de Coldeportes, en Bogotá y, de la mano de la terapista Nury Neira, se entregó a una rutina de terapias sin ningún tipo de resultado. Paralelamente, tuvo que aprender a escribir, comer, peinarse y cepillarse los dientes con la mano izquierda. Todo era depresión y noche tras noche, a lo largo de tres meses, se entregaba al llanto. “¡Qué va a ser de la vida de mi mamá, de mi papá y de mi hermano, si ellos pusieron todo en mí!”, se lamentaba.

Pero una diminuta señal cambió todo. Una tarde de agosto de 2013, siete meses después del accidente, tras otra electromiografía de rutina, apareció una minúscula respuesta de sensibilidad en su brazo. Eso solo significaba que la operación había dado resultados y que, poco a poco, podría recuperarse. Al mismo tiempo apareció una oferta cuasi milagrosa: un contrato con el equipo australiano Orica GreenEDGE. “Cuando me llamaron, creí que me estaban mamando gallo. ¿Una oferta de Australia, si estoy casi retirado del ciclismo? Pero era en serio y era un equipo grande”, recuerda.

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entrevista con el ciclista esteban chaves el chavito

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De allí en adelante, todo ha sido una impresionante batalla personal. Hoy, Johan Esteban Chaves Rubio, de 25 años, es una de las grandes estrellas del ciclismo colombiano y mundial.

Este es el testimonio del niño que nació y se crio en el occidente de Bogotá (Quirigua, Villas de Granada, Bolivia y Villas del Dorado); del hijo del carpintero que proyectó su sueño ciclístico en su hijo; del joven con cara de mocoso a quien todos conocen como “El Chavito”; del deportista curioso, vivaz, inquieto y terco que en 2015 alcanzó el liderato y la victoria en dos etapas de la Vuelta a España, que en 2016 sorprendió al mundo ciclístico cuando alcanzó el segundo lugar en el Giro de Italia y que se echó al bolsillo al pueblo colombiano.

Esta es la historia de una sonrisa con amplia historia.

¿Quién le puso el apodo del 'Chavito'?

En 2009, desde que entré al equipo Colombia es Pasión. Los muchachos empezaron a decirme así.

Usted es un hombre menudo, de 55 kilos, de 1,64 de estatura y, con todo el respeto, sin mucha pinta atlética... Incluso, dicen sus papás, casi no llega a este mundo por minúsculo…

Llegué al mundo chiquito, pálido y feo. Y se complicó la vaina. Me tocó oxígeno, incubadora y toda esa vaina. Pálido y casi muerto...

Su padre dice que comenzó a montar en bicicleta a los tres años. ¿Recuerda algo?

No, pero hay fotos. Mis padres dicen que la bicicleta que me dieron ya era usada, que me subieron por primera vez, que me dieron un empujón y que empecé a andar.

¿A partir de cuándo tiene recuerdos montado en una bici?

Haciendo bicicrós, en el parque El Salitre. Es que mi papá siempre fue muy aficionado al ciclismo y que… “vamos a hacer bicicrós”. Luego de ir algunas veces, y hacer algunos saltos, un día me caí y me golpeé fuerte la cara. Ese día mi papá fue a la mitad de la pista y, en vez de ayudarme, me dijo: “Levántese, usted puede, sea berraco”. Entonces yo le dije: “Si usted quiere un campeón, monte usted”. Y no volví.

Entonces cambió de deporte y se zambulló en las piscinas, para luego entregarse a las pistas atléticas.

Es que mi papá siempre nos mantuvo, a mi hermano y a mí, en el deporte. Juegos Olímpicos, Juegos Nacionales, Panamericanos, lo que hubiera de deporte, nos lo ponía a ver. Él nos puso a hacer todas esas cosas para crearnos una disciplina, una constancia. Entonces hicimos cursos de natación en la Cruz Roja y, luego, atletismo.

Parece que el atletismo sí se lo tomó en serio.

Sí, el atletismo fue más competitivo. Fui fondista y todo, además con este cuerpo no me daba para 100 metros [Risas]. Hasta que un día salió un triatlón, y mi papá me inscribió; conseguimos una bicicleta prestada y me fue mejor en la bicicleta que en el atletismo y la natación, entonces, desde ese momento, dije: “Me gusta más la bicicleta, quiero ser ciclista”. Y en nada ya estaba inscrito en la escuela de ciclismo Monserrate. Yo tenía 12 años. Por cierto, creo que ese triatlón lo gané…

Y paralelamente se fue a la Liga de Bogotá.

Íbamos al velódromo todos los sábados y nos enseñaban cómo quitarle la rueda a una bicicleta, cómo despinchar, cómo hacer relevos, cómo hacer los cambios, hacer estiramientos, hacer calentamientos, cosas muy generales. Luego ir a entrenar en la ruta y luego ir a circuitos…

¿Ha sido consciente que usted es la proyección de su papá, un carpintero que, por falta de recursos, no tuvo las posibilidades de meterse en serio en el ciclismo?

Eso tiene que ver con la educación que él tuvo de mi abuelo, que le decía: “¿Usted por qué va a montar en bicicleta? Usted tiene que ser carpintero como yo. Usted lo que tiene es que trabajar”. Él cambió todo. Él nació soñador y claramente dijo: “Yo quiero que mis hijos tengan la oportunidad que yo no tuve”. Y siempre ha estado detrás en la moto, con las ruedas y las caramañolas y la comida. Es más, todavía lo hace cuando entreno en Bogotá y yo le digo: “Consigamos alguien para que haga ese trabajo, papá”, pero no deja.

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Sebastián Jaramillo

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¿Y su mamá también ha compartido el sueño?

El papá manda, pero para el mercado [Risas]. Y claro que mi mamá también ha sido un apoyo increíble, porque aceptar que un man le diga que va a dejar de trabajar por irse con los hijos a una vuelta en otra ciudad, pues también es difícil encontrarlo hoy.

¿Cuál fue el primer logro ciclístico relevante?

El Campeonato Nacional en Popayán. Tenía 16 años, quedé segundo en la contrarreloj de la categoría 15 y 16 años.

Fue en la Liga de Bogotá donde conoció a Luis Fernando Saldarriaga, el entrenador que más adelante lo llevó al Team Colombia…

Nosotros nos acercamos a Luis Fernando, que entrenaba a los ciclistas élite en la pista, y le dijimos: “¿Será que podemos entrenar con ustedes?”. Y aceptó. Pista y ruta, porque a esa edad se tiene que hacer de todo, combinar. Eso fue en 2007.

Usted ha sido hincha del ciclismo desde niño, incluso pegó afiches de las grandes estrellas en su habitación. Ahora usted es el que sale en las revistas de ciclismo, ¿no?

Mi papá compraba ejemplares de la revista española Ciclismo a fondo. Entonces yo, todavía siendo un niño, recortaba las figuras de Armstrong, Contador, Nibali, Valverde y todos los duros. Y, ¡cómo es la vida!, después ahí mismo salió un afiche mío… [Risas].

Luis Fernando Saldarriaga dice que, un buen día, cuando su papá no pudo pagar los implementos para entrenar en la Liga, pagó con dos camas. ¿Sabía eso?

¿De verdad hizo eso? Ese cuento no me lo ha echado mi papá todavía. Pero no tiene nada de raro…

Sus resultados a nivel prejuvenil no eran exactamente sobresalientes, pero sus técnicos veían algo en usted que muy pocos tienen: resiliencia (tal cual dijo uno de ellos). ¿Es así?

Eso de cambiar de casas, de cambiar de colegios porque no se podían pagar, de buscar cosas más asequibles, de luchar y luchar, te hace resiliente. Así que para nosotros siempre estuvo claro que había que ir a entrenar y al otro día había que volverlo a hacer. Es que hay dos opciones: quedarse acomodado en la casa y descansar, porque pobrecito el niño, o salir a darlo todo.

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entrevista con el ciclista esteban chaves el chavito

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Usted ha declarado varias veces: “Mi meta es ganar el Tour de Francia”. ¿Desde cuándo viene con esa idea?

Desde chiquito. Me acuerdo mucho haber visto ganar varias veces a Armstrong y soñar con tener esa camiseta amarilla.

Entonces el sueño está intacto porque, además, no ha corrido el Tour.

Siempre que estoy con ciclistas profesionales les pregunto: “¿Qué se siente cuando llegan a los Campos Elíseos?” Y todos se quedan dos o tres segundos callados y dicen: “Noooo, eso es impresionante, se te ponen los pelos de punta”. Entonces, ¡imagínate llegar a París y ser el ganador! ¿Ah?

¿Cuándo abandonó del todo la pista para dedicarse exclusivamente a la ruta?

A los 17 años. Lo que pasó es que, lastimosamente, en Bogotá no teníamos ningún apoyo y con mi papá encontramos una bicicletería que iba a sacar un equipo juvenil para que compitiera la Vuelta del Porvenir, pero la prueba para escoger los seis muchachos era una carrera de cuatro días en Medellín y los mejores seis muchachos entraban al equipo: Trek.

Y ahí es donde todo comienza muy en serio, ¿no?

Sí, entré al equipo Trek, que dirigía el “Parlante” Agudelo. Con ellos estuve los dos años de juvenil, de 17 y 18 años. Todo fue increíble porque la situación de la casa estaba difícil y, ¡oh sorpresa!, me daban todo, menos sueldo, pero yo tampoco lo necesitaba. Me dieron bicicleta, zapatillas, cascos, uniformes, hospedaje, me pagaban las inscripciones, me llevaban a correr en todo el país. Ahí inició el sueño.

¿Cómo le fue en esa Vuelta al Porvenir?

En la primera, a los 17 años, de 40. En la segunda, a los 18, de sexto.

¿Cómo dio el paso a Colombia es Pasión?

Porque Saldarriaga, mi entrenador en la Liga de Bogotá, vio que quedé de sexto en la Vuelta al Porvenir y me recomendó para entrar a Colombia es Pasión.

En el 2010 usted representó al país en el Tour de l’Avenir con Colombia es Pasión-Café de Colombia, un equipazo: Darwin Atapuma, Jarlinson Pantano, Nairo Quintana, entre otros. Usted llegó a ser líder de montaña, pero se cayó. ¿Qué pasó?

En efecto, iba de líder de la montaña y el segundo era Pantano. Pero me fui de jeta por culpa del viento y me lastimé toda la cara. Terminé esa etapa y me subí al podio, pero al siguiente día no me dejaron salir porque tenía un problema en una vértebra. Nairo ganó ese Tour de una manera increíble. Sencillamente impresionante.

La leyenda dice que el técnico Saldarriaga lo convenció de no seguir con el argumento de que el otro año era el suyo.

En realidad eso me dijeron todos, incluido el médico Camilo Pardo. Pero la verdad es que ellos ya estaban muy concentrados en Nairo.

¿Cuál es el gran abismo que hay entre un equipo profesional de primer nivel como Orica GreenEDGE, en el que está hoy, y un equipo como Colombia es Pasión, en 2010?

Que en 2010 todo era superempírico. Llegábamos y nos tocaba alquilar carros en el aeropuerto, quedarnos en hostales donde nos cogiera la noche, arrastrar las bicicletas por los corredores. Éramos como gitanos. No había nada programado.

¿Ahí nace su gran amistad con Nairo?

Sí, pero todos somos superparceros. Lo que pasa es que con Nairo tenemos la misma edad.

Defina a Nairo.

Un campeón de los de verdad, un luchador. Las cosas que él ha hecho a su edad, ¡nooooo! Es que quedar de segundo, a los 23 años, en el Tour de Francia… Muy bravo… Es una persona muy sencilla que, curiosamente, pasa por creída algunas veces, pero por lo tímido que es… Pero ya se ha soltado mucho en las entrevistas, ¡ja!

¿Nairo es un superdotado?

Sí, totalmente.

¿Usted es un superdotado?

No, yo creo que no.

Pero no solo los superdotados ganan grandes cosas en el ciclismo. También las ganan los tercos, ¿cierto?

Así es. No es solo talento, tienes que ayudarlo con disciplina y constancia y yo creo que eso es lo que a mí me sobra.

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entrevista con el ciclista esteban chaves el chavito

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Y en efecto, como se lo habían pronosticado, usted ganó el Tour de l’Avenir 2011. La estrategia fue mandar a Nairo como señuelo cuando en realidad la carta al título era usted…

Pero lo gané en la última etapa, en la última bajada, por siete segundos. Eso fue increíble porque, ese año en particular, no fuimos solo como Colombia es Pasión, sino como Selección Colombia. Había muchachos de Orgullo Paisa, de Deportes Boyacá, éramos la Selección Colombia Sub-23.

Entonces se lo llevan para el Team Colombia. ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue el primer equipo profesional en el que estuve, fue mi primer contrato profesional. Claudio Corti, el técnico, nos mostró qué es el ciclismo profesional, cómo funciona un equipo profesional, cómo es el sistema. Pero fue muy duro dar el paso al profesionalismo.

¿Cuándo se dio cuenta de que el profesionalismo europeo es otra cosa?

En marzo de 2012, en la carrera Tirreno-Adriático. Esa carrera es superagresiva, superfuerte; son solo siete días, pero se va a toda máquina. El caso es que en la sexta etapa no pude pedalear más. Terminé bajándome de la bicicleta llorando, porque no podía dar un pedalazo más. Me retiré hecho un mar de lágrimas. Recuerdo a Claudio abrazándome en el bus y diciéndome: “Tranquilo, no te preocupes, esta carrera es muy dura, es una de las carreras más exigentes del año. Entrénate, ya vendrán mejores carreras para ti”.

¿Qué le enseñó ese duro debut como profesional?

Yo corrí con el número 54 y, cuando me retiré, un juez me quitó el número de mi camiseta. El otro número, el de la parte de atrás, lo recorté y lo puse en frente de la pared de la habitación del apartamento donde vivíamos. Así que cuando yo me levantara, lo vería siempre y así me acordaría de qué tan dura fue esa carrera.

¿Conserva ese número?

Ese número lo tengo todavía pegado en mi cuarto de mi casa en Bogotá. Ese momento me marcó muchísimo.

¿Por qué?

Es que en Colombia el Tour de l’Avenir lo volvieron algo muy grande, porque fue como el primer triunfo de Colombia en Francia, con Alfonso Flórez. Y sí que es una carrera importante, pero no deja de ser una carrera amateur. Entonces, cuando un colombiano vuelve y lo gana, lo llevan a donde el presidente y lo sacan en EL TIEMPO. Entonces uno siente que ganó algo importantísimo y se dice: “Soy el putas”, por decirlo de una mala forma. Entonces, cuando yo llegué a Europa, me decía a mí mismo: “Es que yo gané el Tour de l’Avenir”. De pronto voy a la Tirreno-Adriático, en donde ni siquiera pude terminar en el grupo, y ahí sí: “¡Ay, jueputa!, esto sí es suplicio, esto sí es duro”. Claudio me lo hizo ver y me dijo: “Esto es el ciclismo de verdad. Entrénate, sé constante, lucha y ya vendrán otros momentos”.

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¿Qué tanto se demoraron en llegar esos buenos momentos?

Ese año corrí la Vuelta a Colombia. Me fue muy bien, quedé 18 y gané el mejor joven. Luego regresé a Europa y todavía con ese miedo…

¿Miedo a qué?

A seguir sufriendo de esa manera. Hasta que corrí la Clásica de Ordicia, en el País Vasco, y quedé de segundo. Y Claudio: “¿Sí ves? Tienes que tener paciencia. Lo importante no es que ganes todas las carreras, sino que estés ahí. Ya cuando ganes será porque es una carrera de tus características, porque atacaste en el momento que era”. A los ocho días volvimos a hacer la Vuelta a Burgos y gané la etapa reina, mi primera etapa como profesional. Imagínese la dicha, la primera victoria como profesional después de haber sufrido todo lo que había sufrido.

El 16 de febrero de 2013, en el Trofeo Laigueglia, usted casi se mata y quedó fuera de competencia por el resto del año. Luego de la operación de su clavícula, de la reconstrucción de los nervios de su brazo derecho y de que pasados tres meses no había ningún tipo de mejoría, ¿alcanzó a pensar “esto es todo en el ciclismo”?

Sí, claro. Es que el médico me dijo: “Yo lo opero, pero usted rece, con los nervios nunca se sabe qué va a pasar”. Y luego de esos tres meses, que no pasaba nada, me dije: “¡Jueputa!, ¿la cirugía quedó mal o qué pasó?” Yo trataba de comer con la mano izquierda y la comida se me caía toda. Eso me derrumbaba mucho.

¿Qué lo sacó adelante?

El contrato que me hizo OricaGreenEDGE. El hecho de saber que estaba a tan solo un escalón de cumplir uno de mis sueños, que era hacer parte de uno de los equipos más importantes del mundo, con el que probablemente podría correr un Tour de Francia, solo eso me hacía decir: “Vamos a la terapia”. Por eso yo vivo tan agradecido con Orica.

¿Cuándo hubo respuesta del brazo?

Cuatro meses después de la operación. Como todas las semanas me metieron una aguja en el brazo [electromiografía] para ver si había respuesta y el computador arrojó un leve sonido. Un ruidito. Finalmente había algo. Apenas oí eso, le dije a la terapista: “Necesito subirme ya a una bicicleta, así sea estática”. Y así, cayéndome y volviéndome a subir, empecé a combinar ambas terapias.

Y mientras tanto, ¿qué pasaba con su equipo Orica?

Es que el acuerdo con ellos era que solo si había indicios de mejora se firmaba el contrato. Si no había, pues no se firma nada. Obvio. Entonces en octubre me tocó ir a España a demostrar que estaba bien. Tenía tres días para eso. Lleve mi bicicleta y mis exámenes. Y yo lo que hacía era acomodar con mi mano izquierda el brazo derecho, que seguía atrofiado, sobre el manubrio, y arrancar… Y darle p’alante... El director deportivo, Neil Stephens, vio que sí podía montar y notó que yo quería estar ahí, entonces me dijo: “Bienvenido al equipo”. Y yo: “¡Uffff!”. En diciembre de 2013 ya fui a Australia a hacer parte oficial del equipo.

¿Cuándo pudo volver a levantar el brazo?

En abril de 2014.

¿Y volvió a ser como antes?

No. No lo puedo levantar del todo.

¿Cuándo comenzó a sentirse un ciclista élite?

En el Tour de California, mayo de 2014. Gané la etapa reina y es el triunfo más bonito que he tenido en mi vida. Era pasar la página. Ese día levanté el brazo derecho cuando crucé la meta. Y cada vez que gano una etapa, levanto ese brazo. Es un símbolo. Luego, en junio, gané una etapa en la Vuelta a Suiza. Después corrí la Vuelta a España que, para ser la primera vez, estuvo bien: terminé de 40.

Y luego asumió la temporada 2015 que resultó sencillamente increíble, bueno, a excepción del Giro de Italia, en el que se le veía sufrir…

El frío me pegó durísimo en Italia. Recuerdo que en la etapa del Mortirolo solo le pude aguantar 200 metros a Contador. Sufrí mucho en ese Giro. Luego hice la Vuelta a Suiza, bien, quedé de 14; y volví a Bogotá para preparar la Vuelta a España. Yo le dije a mi papá: “Yo no me puedo presentar como me presenté en el Giro. Necesito entrenar duro. Acompáñeme en la moto y le damos duro”.

Difícil creer que en sus cálculos estaban dos etapas, el liderato, varias camisetas y el top 5 en la Vuelta 2015…

No… El objetivo era estar ahí entre los mejores. Era el top 10. Pero en la segunda etapa me sentí bien y cogí y les gané [Risas]. Y logré el liderato. Luego, en la etapa quinta perdí el liderato y el día sexto fue muy bonito porque Mathew Hayman, el corredor australiano grandote, cuya función es ir adelante de mí para cortar el viento, cada nada me decía: “¿Cómo estás?”. Y yo: “Bien”. Y a los 20 minutos: “Esteban, ¿cómo te sientes?”. Y yo, “Bien, Mathew”. Y así varias veces, cada 15 minutos, hasta que le dije: “¿Qué pasa?”. Entonces me contestó: “Mira como están todos, jodidos. Hoy hizo mucho calor y si tú te sientes bien, ataca. Todos estamos hasta el límite. ¡Dale!”. Y sí, él me agrandó y los ataqué faltado dos kilómetros y volví y les gané. Ahí recuperé el liderato. Todo fue como un sueño. Terminé de quinto en la vuelta, fui el más competitivo a lo largo de dos semanas y Orica alcanzó la mejor ubicación de un ciclista en una carrera de tres semanas en su historia. Fue muy bonito saber que todos crecimos juntos”.

Una linda manera de agradecerle a Orica por semejante apoyo que le dio…

El tener victorias y conseguir resultados es mi manera de decir gracias a un equipo que me apoyó en el momento más difícil de mi vida. Yo quiero estar mucho tiempo con ellos porque les debo muchísimo.

Además, se ve que en Orica todos la pasan muy bueno. Han hecho videos simpatiquísimos bailando, cocinando, documentando el día a día del equipo y siempre se ve un ambiente extraordinario.

El video donde salimos bailando lo hicimos en Sudáfrica. El de la cocina, donde preparé patacones con carne desmechada y hogao, fue en Girona. Es que los australianos son unos tipos muy buena onda. Son unos bacanes. Nunca te miran por encima del hombro. Te enseñan. Te cuidan. Si no sabes su lengua, se preocupan para que te hagas entender.

¿Quién hace esos videos que se han vuelto tan virales?

Dan Jones. Un australiano que se volvió superfan de Colombia. Es un crack porque a Orica ahora lo conocen por eso, ya que somos los únicos que tenemos videos así, sin drama, con humor, con música, rebuena onda. Él me dijo: “Esteban, mostremos tu cultura; prepárate una cena a ver qué sale…”. Claro que los patacones los terminó haciendo Nataly, mi novia [Risas].

Nataly es hija de otra leyenda del ciclismo nacional, el gran Oliverio Cárdenas, ¿cierto?

Sí. Ella ha sido fundamental. Ella estuvo en todo el proceso de cirugía, recuperación y todo.

Y parece ser que todos en el equipo son hinchas de Colombia, ¿o no?

Con decirle que en la Vuelta a España el equipo mandó a hacer una camiseta para todos nosotros –ciclistas, masajistas, mecánicos, el dueño, todos–, con mi foto, cuando tenía la camiseta de líder, con la bandera de Colombia y la bandera de Australia y una leyenda que decía: The people’s champion (el campeón del pueblo). ¿Ah?

El consentido de Orica…

¡Uy, sí!, me consienten mucho. ¡Je!

¿Y lo molestan por algo?

Desde hace poco me la montan porque, en la pasada Vuelta a Suiza, en una etapa complicada, nos avisaron por el interno que íbamos a recibir alimentación. Entonces yo, que siempre trato de hablar todo en inglés, les dije que pusieran un gel en el bidón, pero por las comunicaciones no sé qué entendieron y el técnico dio la orden: “Muchachos, hay que ayudar a Esteban, quédense algunos y llévenle un gel a Esteban”. Y yo trataba de comunicarme, pero no podía. Cuando me llegó un compañero visiblemente agotado y me dice: “Toma el gel”. Y yo le dije: “No, tranquilo, yo dije que esperaba el gel adelante”. Y no sé qué entendió ese man y empezaron a decir por el radio: “Que Esteban lo que necesita es un gel con cafeína”. Y yo, “¿qué, qué?” Y de nuevo me alcanza otro gregario con un gel con cafeína, agotado, vuelto nada y me dice: “Toma tu gel”. Y yo: “¡Qué no!, ¡qué no necesito un gel!”. Y el man, con el último aliento, me dijo: “Esteban, por favor, ¿dinos qué puta mierda es lo que necesitas?”. Y yo ya qué le iba a responder. Bueno, esa me la han cobrado hasta hoy. [Risas].

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¿Cómo le va con el dueño del equipo, el millonario australiano Gerry Ryan?

Es un multimillonario rebacán y por eso es que el equipo es tan buena onda. Cuando nos visita, llega sin reloj, en chanclas y lo que hace es ayudar a alzar ruedas. Él hace que todo sea más relajado y que disfrutemos mucho de esta experiencia. A él lo que le interesa es que se muestre cómo es Australia y su cultura. Por eso insiste en hacer los videos.

En el 2016 va a hacer Giro y Vuelta. ¿Queda aplazado el sueño del Tour?

Allá llegaré con el cuerpo más fuerte.

Y su sueño intacto…

Con mi papá no sabíamos para dónde íbamos, pero si tú no sabes cuál es el camino, sigue tus sueños, que seguramente es el camino correcto.

Por: Mauricio Silva Guzmán
Fotos: Sebastián Jaramillo

REVISTA BOCAS
EDICIÓN 48 - DICIEMBRE 2015

Este artículo fue revisado y actualizado en julio de 2016 con el resultado que obtuvo Chaves en el Giro de Italia.

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