"Las caricaturas deben ser una burla al poder y a uno mismo": Matador

"Las caricaturas deben ser una burla al poder y a uno mismo": Matador

Recordamos la conversación que tuvo BOCAS con el caricaturista Matador en octubre de 2013.

Matador

Matador en la edición 24 de la Revista BOCAS. Octubre de 2013.

Foto:

Revista BOCAS

06 de abril 2018 , 06:15 p.m.

¿Qué heredó de su padre?
El trago y la violencia intrafamiliar, jajaja, no, mentiras.

¿Conoce al expresidente Uribe?
Una vez lo tuve a 300 metros, pero no le alcancé a pegar una pedrada, jajaja, no, mentiras.

¿Alguna vez le ha dicho a Daniel Samper Pizano que usted fue su fan adolescente?
No le puedo decir eso porque de pronto me pide plata prestada, jajaja, no, mentiras.

Así es una charla con Julio César González Quiceno, mejor conocido como Matador. Casi siempre, ante una pregunta perfectamente normal, inventa una respuesta seguida de una risa y de un “no, mentiras”. Luego sí habla en serio. O no tanto, porque es un mamador de gallo profesional. Vive de eso.

Hijo de zapatero y enfermera, Matador es el mayor de cuatro hermanos. Empezó a hacer mamarrachos a los cuatro años en los cueros que caían de la mesa de cortar en el taller de su papá, José Ovidio González, de quien heredó el buen humor. Su madre, Alicia Quiceno, atesoró los garabatos de su hijo por años, como si intuyera que él terminaría viviendo de ellos, “hoy valdrían miles de dólares, jajaja, no mentiras”, vuelve y juega.

A los ocho años, Julio César leyó la biografía del famoso caricaturista argentino Roberto Fontanarrosa y decidió que quería ser como él…, vivir del dibujo.

Probó la marihuana a los once años, fue gamín, “pero de esos que tienen papá y mamá y que van al colegio”.

Entró a la universidad, pero no tuvo mucho éxito, “perdía los semestres porque me la pasaba rayando los cuadernos, tomando trago y conociendo muchachas”.
Hoy, muy a pesar de su prestigio, no se toma muy en serio el hecho de ser considerado uno de los tres caricaturistas políticos más influyentes de Colombia. El único título de los que le atribuyen que sí le gusta es el que, supuestamente, le dio la revista People, como uno de los caricaturistas más apuestos del mundo. “Escriba ahí que soy más bonito que Vladdo, aunque no tiene mucho mérito, porque ese ‘man’ es muy feo”.

Matador

Julio César González Quiceno, más conocido como Matador, en la Revista BOCAS.

Foto:

Romi Díaz.

Es un garabateador compulsivo, crítico punzante, ilustrador de libros, caricaturista, publicista. Sus mamarrachos, como él los llama, están o han estado en casi todas las revistas importantes de este país, desde el 2003, cuando apareció su primera caricatura en El Tiempo, donde publica casi todos los días.

Hoy es, si se puede decir, una especie de tomador rehabilitado por su hija, Sara, quien, hace once años, desde que nació, le cambió el chip y le dio un vuelco a su vida. Ahora solo bebe un trago de whisky después de su jornada laboral en su casa del barrio El Tulcán, en Pereira. En su estudio, del piso 17 del edificio Diario del Otún, nunca consume licor.

Escucha rock, a veces música clásica, no le gustan las fotos, la farándula, ni los cocteles. No pinta nada que no piense, no le carga falda a nadie; para él vale lo mismo el presidente Santos que la señora de la esquina; pinta para los de a pie y es un convencido de que la caricatura debe estar siempre en contraposición al poder.
No se cree una celebridad y piensa que el país “va y seguirá de culo”. Tiene 44 años y, “como buen montañero”, no le gusta Bogotá. Se ha casado dos veces y se ha separado una, algo que puede cambiar, dice entre risas, después de que su actual esposa, Alejandra María Valencia, “más conocida como Victoria Ruffo, `La Fiera, lea esta entrevista.

¿Qué tan cagada, como dice usted, era Julio César de niño?
Creo que en la época mía, cuando yo iba a hacer visita, no decían: “ahí viene Julio”, sino, “ahí viene ese ‘malparidito’, ese ‘hijueputica’”. Yo fui criado en la calle y aprendí muchas mañas; era una especie de gamín, pero iba a la escuela. Por eso debe ser que me gusta tanto Bart Simpson, porque Bart es cagada, pero no es tan cagada como los matones de la escuela.

Una niñez dura…
Nací en el centro de Pereira, cerca del Parque de La Libertad, una zona residencial donde empezaron a meter burdeles y “putiaderos”. Me crié viendo putas, ladrones, drogadictos y asesinatos, pero fue una niñez muy rica en historias, en cuentos, en cosas que a uno le pasaban; yo no veo eso como una tragedia, lo veo como que eso enriquece el panorama de uno ahora que es adulto. Creo que mi niñez fue muy feliz.

¿Una familia pobre?
No digamos que pobre. Mi mamá y mi papá vinieron de familias desplazadas por la violencia partidista y coincidieron en Pereira. Mi papá, José Ovidio González, hacía zapatos y trabajaba en fábricas. Y mi mamá, Alicia Quiceno, era ama de casa y enfermera. Nunca nos faltó nada

Matad

Respuesta de Matador a una de las preguntas de la entrevista

Foto:

Matador.

¿Es verdad que lo echaron de la universidad?
A mí me echaron de la Católica, de Manizales, en 1992, porque no hacía sino beber y parrandear y conocer muchachas. Perdía los semestres por bajas notas. Solo hice cuatro semestres. Era un idiota, un vago.

¿Qué tan malo era?

Yo era cosa brava. Aquí entre nos, vine a probar la marihuana cuando tenía 11 años y fue la única vez que mi papá no me castigó. Después me enteré de que no me castigó porque él también la había probado. Andaba con unos gamines pero violentos. Fue el 8 de diciembre de 1980, el día que mataron a John Lennon. Ojalá esta entrevista no la vaya a leer mi hija porque va a decir: ¿cómo? Fue una época de hacer locuras, de hacer cagadas.

¿Nunca se graduó como publicista?
En 1996, abrieron en Pereira una universidad en una casa vieja. Ahí me matriculé, pero ya me tocaba trabajar y pagarme la universidad. Trabajé de taxista y vendiendo zapatos, que es el trabajo más duro del mundo. Así me gradué en el 2001. Cómo será de mala esa universidad (la del Área Andina) que me eligieron como alumno notable en el 2007. Fue una etapa muy chévere.

¿Bohemio?

Ese mundo nocturno de literatura y esas cosa, no. Como dice Serrat: “mis amigos son unos atorrantes”, y yo era un tipo de farra, no de bohemia. Era de mamar gallo, más gamín que intelectual. No me gustaba ni me gusta ir a cocteles, odio los políticos, a los lagartos y ese pequeño mundito del jet set.

¿Tuvo problemas con el alcohol?
Sí. Ya no me acordaba de pendejadas y vi que ya no era gracioso. O le bajaba o le bajaba.

¿Aún toma?
Un whisky al final de la tarde, como un premio por terminar la jornada, pero ya no como antes. Yo creo que Sara me cambió el chip en muchas cosas, en uno trascender más por uno y por ella.

¿Qué fue eso que lo hizo caricaturista?
Que mi papá me decía que dejara esas güevonadas y que cogiera oficio. Como yo era muy rebelde, para mí era mejor que me dijera que no. Y por llevarle la contraria, pintaba más. La cuestión es que yo no dibujaba bonito, yo hacía mamarrachos.

¿Hubo un momento revelador?

Mi mejor amiguito de esa época se llamaba Daniel Carvajal. Y una vez, en la biblioteca de su hermana, vi la Enciclopedia del humor. En la parte de atrás leí la biografía de un señor Roberto Fontanarrosa que decía que empezó como dibujante de publicidad y que era caricaturista. Cuando lo leí, dije, yo quiero ser como ese ‘man’.

Matador

Caricatura de Matador.

Foto:

Matador.

Así llega a Daniel Samper Pizano…
Sí. Yo vi que Fontanarrosa era muy amigo de él y entonces empecé a leer a Daniel, siempre me encantó la literatura de humor. Leí a Klim, a Woody Allen; nunca me conectaba con la literatura seria. A mis 15 años yo era un “fan” de Daniel Samper Pizano.

¿Cómo empieza a trabajar como caricaturista?
En el Diario del Otún, en Pereira. Yo montaba avisos y era creativo. Y el que hoy es director de arte de la revista Semana, Hernán Sansone, era entonces el director de arte. Un día el caricaturista, que era MEO, renunció y Sansone preguntó: “¿quién hace caricatura aquí?”, y yo dije que yo, entonces empecé. Obviamente ahí no me pagaban un peso, y eran muy malas.

¿Y cuándo le pagaron la primera?
Cuando me salí del Diario del Otún me volví independiente. Monté mi agencia de publicidad, MediaGram, con otros dos amigos. Paralelamente le empecé a pasar caricaturas al periódico La Tarde y ahí sí me pagaron, pero “poquitico”.

Y llegó a El Tiempo
Sí, en 2003. Yo hice una exposición de caricaturas aquí en Pereira y mi hermano le envió a Daniel Samper unas caricaturas mías y Daniel se las mostró al director de El Tiempo. Días después me llamó Rafael Santos y me dijo que le siguiera mandando, y al mes me contrataron. Al principio me publicaban una semanal, ahora creo que me convertí en el caricaturista diario del periódico.

Después llegaron las revistas…
Sí, después vino DONJUAN, Diners, ilustrar libros y SoHo.

Y se volvió famoso…
Ese tipo de cosas no se pueden tomar en serio. Es más, me aterra mucho cuando la gente me dice maestro, me siento como un culo.

¿Es verdad que la revista People lo llamó el caricaturista más pinta del mundo?
Pura mamadera de gallo. Un día lo pusimos por joder y así lo repite todo el mundo, pero eso es mentira.

¿Por qué se separó de su primera esposa?
Ah, eso se llama… diferencias irreconciliables, jajaja, no, mentiras. Uno a los 20 años es un idiota y a los 33 es un idiota, pero más viejo. Son cosas de la vida, todo se acaba. Pero Ana Milena y yo somos buenos amigos. Hay un aforismo que dice que el éxito de un hombre es tener una buena mujer y una buena exmujer. Yo creo que tengo las dos.

Y se volvió a casar…
Con Alejandra María Valencia, más conocida como “Victoria Ruffo, la Fiera”, porque a mi me gustan las mujeres bravas, yo creo que todas las mujeres que he tenido en la vida son de temperamento muy fuerte. De esas que uno les pega es en defensa propia.

¿Vive bien? El periodismo no da mucha plata…
Una vez Peñalosa me dijo que yo tenía la combinación perfecta, porque ganaba plata como si estuviera en Bogotá, pero estaba en Pereira y yo creo que esa es mi ventaja.

¿Qué tanto le duele el país?
Pues yo no soy de lágrima fácil, no soy melodramático, pero sí hay unas canalladas en este país, como que se volvió a lanzar Uribe, por ejemplo. La tragedia de este país es que la gente es muy tonta, tonta por falta de educación, y porque se deja comprar. Somos muy pobres en el sentido espiritual y por eso es que nos entusiasmamos con cualquier triunfo.

¿Cómo cuáles?
Como los del fútbol. Se matan estos niños a puñaladas, por un torneo de mierda, que es un torneo malísimo con unos equipos malísimos, que son de mafias del fútbol, somos una sociedad desesperada, enferma.

Matador

Caricatura de Matador.

Foto:

Matador.

¿Todo lo que pinta Matador es lo que piensa Matador?
Yo creo que sí. Incluso, yo no pintaría algo de lo que no tuviera la percepción de que es verdad. Una caricatura mentirosa no funciona. El humor con mentiras no funciona. Lo que debe hacer la caricatura es una contraposición al poder.

¿Usted crea la caricatura o lo hace el mismo personaje?
Eso lo solucionó Ricardo Rendón, que decía que el caricaturista no hace la caricatura, sino el personaje. Uno lo que hace es plasmarlo y ponerle unos acentos. Yo no me inventé a Uribe, él se inventó solo. Santos sale en calzoncillos, eso se lo inventó él, no yo. Entonces la caricatura la hace el personaje, la víctima.

¿Qué es más importante: la idea o el dibujo?
La idea. Yo me levanto a las cinco de la mañana y lo primero que hago es calentarme un café y leer noticias. Empiezo con los periódicos nacionales, hago un sondeo y anoto en una libreta lo que opinó el uno del otro.

¿Colombia es el paraíso del caricaturista?
Aquí pasan muchas cosas todo el día. Colombia es muy rica en tragedias y en desgracias; todo pasa en un día y todo se olvida en un día.

¿Más humor que crítica o más crítica que humor?
Yo creo que eso es 50 y 50, porque no creo en las caricaturas que ponen a pensar a la gente. La gente ya piensa. Tampoco creo en las que no tienen humor. Las caricaturas tienen que llevar una dosis de humor, porque deben ser una burla al poder, a uno mismo, a la sociedad.

¿De izquierda o de derecha?
Digamos, por el tema social, de izquierda; pero también hay planteamientos de la derecha que me parecen válidos, no soy “mamerto”.

¿Qué opina de Vladdo?
Vladdo es un excelente caricaturista, de pronto lo que no comparto es que se toma muy en serio. A él le gusta mucho ser personaje público y a mí no. Creo que el personaje debe ser la caricatura, no el caricaturista.

¿Cuál es su relación con el expresidente Uribe?
Una vez lo busqué para entrevistarlo y dijo que no. Y una alumna de una universidad que tenía un libro mío se acercó para que se lo firmara y dijo que no. Yo creo que no me quiere. Pero el día que dejó la presidencia sentí un huequito porque fueron ocho años de darle palo, entonces uno se va como encariñando del muñeco. La verdad es que a mí me parece terrible el hombre, como presidente y como persona.

¿Y el presidente Santos?
Santos es muy inteligente, pero le ha ido más mal porque no comunica bien. No estoy de acuerdo con muchas cosas, pero creo en el proceso de paz que lidera.

Matador

Caricatura de Matador.

Foto:

Matador.

¿Por qué vive en Pereira?
Todo lo que yo quiero está aquí en Pereira y uno tiene que estar en el lugar que lo hace feliz. Gracias al milagro de la Internet puedo trabajar desde cualquier sitio. Bogotá puede que tenga muchas oportunidades, pero les quita mucho a las personas.

¿Todavía se pone contento cuando ve sus caricaturas en el periódico?
Claro. Alguna vez leí que si usted de niño tiene un sueño y lo traiciona, esa traición se paga. Yo me devuelvo y digo, por lo menos no fui tan canalla, no me traicioné. Además, que le paguen a uno por hacer lo que a uno le gusta, eso no tiene precio.

Matador

Matador en Revista BOCAS.

Foto:

Romi Díaz

JORGE QUINTERO
FOTOGRAFÍA ROMI DÍAZ
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 24 - OCTUBRE 2013

Matador

Revista BOCAS

Foto:

Revista BOCAS

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