Rafael Nadal: Una entrevista con BOCAS

Rafael Nadal: Una entrevista con BOCAS

Es uno de los mejores tenistas del mundo y el deportista español más grande de todos los tiempos.

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Rafael Nadal

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Vincent Kessler - Reuters / Revista BOCAS - Edición 20

27 de marzo 2017 , 10:37 a.m.

Esta entrevista fue publicada en la edición número 20 de BOCAS, en junio de 2013. Las posiciones en rankings y los resultados deportivos corresponden a ese momento.

Ocho títulos de Roland Garros relanzan la incombustible figura de Rafael Nadal al universo emérito de las grandes leyendas del tenis. Su reciente victoria contra David Ferrer (6-3, 6-2 y 6-3) y una épica semifinal con Djokovic, refrenda su extraordinaria temporada desde la vuelta a las pistas, tras siete meses lesionado.

Son siete títulos y dos finales más en 2013, con un despejadísimo horizonte en la segunda parte de la temporada. De ahí que sea muy lícito plantearse que el hoy número cinco del mundo pueda optar a reconquistar el primer lugar del ranking, dado que apenas tiene puntos que defender hasta el final del año.

Con su doceavo Grand Slam, revive el debate sobre sus opciones de alcanzar el récord de los diecisiete títulos que posee Roger Federer. ¿Llegará?

Lo cierto es que, del torneo Sopot 2004 (en Polonia), al momento presente, son unos cuantos los trofeos, las alegrías, dolencias y frustraciones.

Es un hombre el que ahora habla, a sus 27 años, con un discurso coherente y ordenado, lejos de aquel muchacho retraído cuya voz apenas podía distinguir a través del teléfono tras levantar la primera copa en la arcilla polaca.
Ganó prestigio, plata, un reconocimiento prácticamente indiscutible como el mejor deportista que ha dado España y la certeza de entrar en los libros como uno de los más grandes tenistas de siempre, pero es fácil reconocer idéntica actitud en el jovenzuelo correcto de antaño y en el profesional educado que acostumbra a empatizar con las necesidades del periodismo y no duda en desatender los imperativos de su agente para regalar diez minutos más de su preciadísimo tiempo.

No importa que venga de aplastar a Ferrer en la final de Roland Garros. No importa que haya arrollado a Federer en la final de Roma. No importa su conmovedora actuación en Roland Garros. No importa que haya hecho suyos, también, los títulos en Barcelona y Madrid, después de que Djokovic pusiera fin a sus siete años de hegemonía en Monte Carlo. Tampoco importa que haya ganado en São Paulo, Acapulco, Roma e Indian Wells.

Atrás quedaron siete meses de penitencia, desde julio de 2012 hasta el pasado febrero, desalojado de las canchas por la lesión en el tendón rotuliano de la rodilla izquierda. Su actitud “zen”, fruto de la esmerada educación recibida y del cultivo espontáneo de la sensatez, le permite metabolizar todo con absoluta equidistancia y facilita el trato distendido con un campeón ajeno a cualquier rasgo de vedetismo.

Un cálculo bastante certero invita a poner en valor su disposición y paciencia, por mucho que sean responsabilidades inherentes al hábito de la victoria. Con una cifra que suele rondar los ochenta partidos anuales y las conferencias de prensa consiguientes, alrededor de treinta entrevistas a los medios internacionales de mayor alcance y las intervenciones pactadas en la televisión, digamos que son alrededor de 1.500 las veces que Rafael Nadal hace frente a la curiosidad ajena a lo largo de la temporada.

Conversé largamente con él en Barcelona, antes del inicio del torneo Conde de Godó, donde logró su octavo título tras imponerse cómodamente en la final a Nicolás Almagro. Volvimos a encontrarnos en Madrid, Roma y Roland Garros, el Everest de la estación de arcilla, donde, una vez superadas las seis coronas de Bjorn Borg, es el máximo rey. Hoy ya suma ocho.

Natural, cual producto recién extraído de la tierra, se pone en guardia ante cualquier tentativa de sofisticación en un diálogo que pretende franco, directo, sin abandonar en exceso los estrechos lindes de la cancha. Sabe cómo se las gastan algunos en el oficio y en modo alguno quiere que una hipotética mala interpretación de su parlamento pueda alterar la bien ganada consideración pública.

Es esta la de un competidor ejemplar, que nunca dice una palabra más alta que otra y parece aplicarse a pies juntillas los versos de Kipling sobre la impostura de la victoria y la derrota, que, pertenecientes a su poema "If", están inscritos en el túnel de acceso a la Central de Wimbledon.

En ese escenario destronó a Roger Federer en la final de 2008, partido que la revista Sports Illustrated jerarquizó como el mejor de la historia. Un lustro después, y con otros seis de los grandes en su colección, para un total de doce, encara el corazón de la temporada con el entusiasmo de un recién llegado.

Nadal contempla el horizonte con la ilusión de un primerizo, y no la de un jugador que lleva más de una década en el circuito.

Surgen las preguntas sobre los muchos meses amargos, la paciencia y la obstinación para llegar hasta aquí. ¿Hubo incertidumbre?
Las dudas son parte de la vida y quien no las tiene es por arrogancia. Con la mentalidad positiva, la actitud y el trabajo he llegado hasta aquí, pero claro que tuve dudas.

Digamos que los siete meses en la orilla, a causa de la lesión, han acentuado su propensión a ir paso a paso, minuto a minuto, día a día.
Después de estar tanto tiempo sin entrenar y, obviamente, sin competir, lo normal es no estar en las condiciones en las que estoy ahora mismo. Puede resultar arrogante decir que la rodilla aún me duele, porque los resultados son muy buenos y parecería una falta de respeto para mis rivales, pero lo cierto es que me sigue molestando.

Lo cierto es que son más de media docena de títulos, y otras dos finales, desde su regreso en Viña del Mar, el pasado febrero.
Si me llegan a decir que el retorno iba a ser así, difícilmente lo hubiera creído. La única meta es volver a competir y tener buenas sensaciones. Cinco meses atrás nadie en mi equipo soñaba con un regreso como antes, pero aquí estamos.

Pero para alguien acostumbrado al éxito, puede pensarse que la victoria es una exigencia, casi un peaje hacia la felicidad.
El triunfo no tiene mucho que ver con la felicidad. Se trata de momentos puntuales de euforia y, sobre todo, de liberación de adrenalina. Está claro que las emociones que uno puede vivir con el deporte no las puede experimentar en ninguna otra faceta, las tendrá de otra manera distinta. Esa sensación de motivación y la emoción del momento en el que ganas algo a nivel deportivo es difícil de encontrar en otra faceta vital, pero no quiere decir que sea lo mejor del mundo. La euforia del triunfo es momentánea, la adrenalina dura segundos. Ganas algo muy importante y te tiras al suelo; es un instante fugaz. Si uno no es tan arrogante como para pensar que ha de vencer siempre, entenderá que ganar o perder no cambia la vida. Yo perdí en Monte Carlo la final y lo olvidé bastante pronto. ¿Hubiera estado más feliz en caso de derrotar a Djokovic en la final? Claro, pero no creo que cambie la vida ganar o perder.

¿Y la derrota? ¿Cómo se interioriza?
Nunca he sido un exagerado a la hora de festejar el éxito ni de manifestar tristeza en la asunción de las derrotas. Cuando sales a competir has de contar con la posibilidad de ganar o de perder.

¿Ha sido siempre así, o es una actitud fruto de su ya larga experiencia?
Hombre, si hablamos del principio de mi carrera, de algo que te pueda marcar tenísticamente, sí, ganar cambia. Después no. Al fin y al cabo nada dura tanto, y cuando todo esto se acabe, en mi equipo nos vamos a reír mucho de todas estas tensiones y nervios que preceden a los partidos. La vida es mucho más que todo eso. A veces se le da una importancia extra a un encuentro de tenis.

¿Le preocupa haber caído en el ranking? ¿Le provoca ansiedad volver al número uno?
Me preocupa cero. Nada. Obviamente prefiero estar en el uno que en el cinco, o en el tres que en el diez, pero por lo único que me hierve la sangre es por sentir que no hago lo suficiente para estar contento conmigo mismo. Si en un partido no he peleado, no he hecho todo lo que podía o debía para llevar a un rival hasta el límite o para llevarme a mí mismo hasta esa frontera, eso sí me hace enfadar. Pero si el adversario está más sano que yo, con la opción de competir más o es mejor que yo, lo único que hago es aceptarlo. Soy muy poco obsesivo, en general. No me obsesionaba ser número uno cuando creía que lo debía ser, en su día, así que mucho menos ahora. Lo único que ahora me motiva y me hace ilusión es poder cumplir mi calendario con garantías competitivas, que mi cuerpo me deje. Tampoco hubiera sido tan extraño llegar a junio habiendo caído hasta el puesto 30. De la manera en que está hecho el ranking es así. He estado ocho años sin salirme de los dos primeros lugares y ahora estoy en el quinto.

No me consta que haya bajado los brazos en partido alguno a lo largo de tu vida.
La verdad es que no recuerdo ninguno, en partidos casi nunca, como tú dices, eso de bajar los brazos no. Pero sí ha sucedido en algunos entrenamientos; ese día que no estás, que dices “hoy estoy cansado”, que te dejas llevar por la abulia y no pones de todo de tu parte. Luego piensas, “qué burro”, y cuando vas al torneo y no te sientes todo lo bien que te gustaría, te reprochas, “en su momento no hice todo lo que tocaba”. Interiormente me molesta la sensación de no haber hecho cuanto podía para estar en las mejores condiciones. A eso me refiero, al peso posterior de ese tipo de actitudes, que, felizmente, se dan en pocas ocasiones.

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Nadal acostumbra a realizar la gira europea de tierra acompañado de los suyos. A lo largo de estos torneos han estado a su lado sus padres, Sebastián y Ana María; su hermana, Maribel; y su novia, Francisca Perelló. Dos años más joven que él, Francisca es hija única del constructor Bernat Perelló y de la funcionaria del Ayuntamiento de Manacor María Pascual. Son novios desde la adolescencia y defienden aún la misma pandilla de entonces. La boda y la paternidad, que entran dentro de sus planes, quedan para más adelante.

¿Se ve como un buen padre?
No tengo ni idea, pero no me asusta para nada. La mayoría de los hombres lo son; mejores o peores, pero lo son. Mira, yo no tenía claro que pudiese conducir jamás, y ahora conduzco. No es mi momento al día de hoy, pero soy una persona familiar, sin duda alguna, y espero hacerlo bien.

Exhibe fortaleza, valentía, coraje, todas aquellas virtudes que cualquier persona desearía tener.
No me considero valiente. Sí creo que tengo buena capacidad de decisión. Soy una persona sensible; me emociono con facilidad muchas veces y tengo tendencia al llanto en esas ocasiones. Dentro de la pista puedo transmitir una imagen de agresividad, pero no creo que sea para tanto. Sí dispongo de un cierto autocontrol a la hora de intentar resolver situaciones difíciles. No me gusta discutir, ni dentro ni fuera de la cancha, y me gusta competir, pero también al margen del tenis. La competición es superarte a ti mismo y, a partir de ahí, intentar superar al oponente.

No han sido pocas las voces que lo daban por acabado, al menos como tenista con las máximas aspiraciones.
No tengo problema alguno con las críticas. La gente es libre de dar sus opiniones. Si hasta yo mismo he tenido dudas de conseguir lo que he logrado, es evidente que debo aceptar que las tengan los demás.

En este largo período de convalecencia habrá tenido oportunidad de seguir más de cerca de lo habitual el fútbol y las evoluciones del Real Madrid, su equipo favorito. ¿Cómo valora la situación de Casillas, otro símbolo del deporte español?
Casillas sale de una lesión. Cuando uno sale de una lesión y otro compañero lo está haciendo bien, la postura del entrenador es lógica, sea Iker o cualquier otro. Casillas está haciendo lo que le toca como campeón, que es luchar para recuperar su puesto desde el trabajo, desde el silencio y desde el apoyo al grupo. Cuando llegue el momento volverá a estar donde su calidad dice, que es en el once inicial. Tú sales de una lesión y necesitas un período de readaptación a la competición.

¿Imagina algo similar usted?
Bueno, es como si yo hubiera estado disponible para jugar la Copa Davis, pero hay otros compañeros más rodados. Si solo pudiéramos jugar David Ferrer o yo, y es la primera eliminatoria, lo lógico es que jugara él, que lo está haciendo muy bien. Y yo, pues salgo de una lesión, y no sé cuál va a ser mi respuesta.

En su autobiografía, escrita en colaboración con John Carlin, se reflejan algunos problemas serios con su entrenador, Toni Nadal, que pudieron llegar a comprometer su vínculo profesional.
Mi entrenador es, ante todo, mi tío. En mi vida se me ha ocurrido romper con mi tío ni creo que a él se le haya ocurrido terminar la relación tenística conmigo. Cuando uno tiene una relación diaria, discute, como todo el mundo. Yo discuto con mi padre, con mi novia, con mi entrenador, y no por ello vamos a dejar nada. Mi relación con Toni es muy buena, desde siempre, fantástica, nada complicada. Ahora, ¿he discutido con mi tío? Millones de veces, como es normal. ¡Si estoy con él desde los tres años, entrenando cada día! Él no tiene que coincidir necesariamente con mis principios. He aprendido de él muchas cosas, al igual que de otras personas que me rodean, especialmente de mi familia. Pero de ahí a pensar en cambiar algo, no. Acostumbro a echarme la culpa a mí, no a los demás. Si las cosas van mal es mi responsabilidad, no de mi tío, ni de mi "fisio", ni de mi mánager. Si las cosas van bien, se lo agradezco a cuantos me ayudan, pero sigo pensando que van bien porque yo estoy luchando porque así sea.

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Muy aficionado al deporte en general, ha matado la abstinencia de la competición debido a sus problemas físicos con la práctica del golf. El pasado enero ganó un torneo no profesional en Son Severa, Mallorca. Tiene hándicap 5 y hace poco desmintió que pensara dedicarse a este deporte una vez que abandone el tenis. Cualidades para intentarlo no le faltan.

¿Considera abusiva la obligación de informar a la ITF (Federación Internacional de Tenis) sobre dónde se encuentra cada día para facilitar los controles antidopaje?
Es un tema muy sensible en estos tiempos. Estoy a favor de los controles como el que más, y de todo lo que se pueda parecer que el deporte sea limpio, entre otras cosas, porque quiero que quien esté delante de mí en la pista compita en igualdad de condiciones, se encuentre igual de limpio que yo. Pero hay circunstancias de los controles en las que no estoy de acuerdo, especialmente en las formas. El asunto no es pasar uno, dos o trescientos controles. No tengo problema alguno; como si nos hacen pasar una prueba cada día. Ahora sí, que te hagan sentir un delincuente sí me parece inadecuado. Hay una cosa que es el respeto. Todas las cosas que pasan, generalmente en deportes que no son el tenis, lo único que hacen es afectar la imagen del deporte en general.

¿Qué opina de las cantidades que se pagan en el tenis? Pueden parecer desorbitadas...
Uno gana lo que genera y también lo que genera lo devuelve al Estado en más de 50%. Y no olvidemos que los tenistas ganamos la mayor parte de nuestro dinero fuera del país, con lo cual traemos dinero a España desde fuera.

¿Cómo se ve una vez que concluya su carrera?
Soy feliz sin jugar al tenis. Cuando estoy en mi casa sin jugar al tenis me encuentro bien, y cuando termine mi carrera supongo que seré igual de feliz o más que ahora. No tiene sentido pensar que cuando termine el tenis se acabe la vida. La mía siempre ha estado muy involucrada en el deporte y supongo que cuando me retire seguirá estándolo. Ahora bien, no quiere ello decir que cuando abandone la práctica deportiva vaya a sentirme insatisfecho. Hay cosas mucho más importantes. Tengo mucho más de lo que hubiera soñado tener. Y no hablo a nivel material, sino afectivo, de toda la gente que me rodea, una familia y unos amigos que me hacen estar bien y ser feliz.

¿Qué podrá hacer entonces que ahora le es negado?
Me apetece conocer más el mundo. Puede parecer paradójico, pero he viajado por casi todo el planeta y no lo conozco lo suficiente. Me gustaría poder visitar a fondo muchas de aquellas ciudades por las que he pasado.

¿Qué ha aprendido en este período lesionado?
Aprender se aprende trabajando. Cuando estás incapacitado, no puedes hacerlo. Espero que si la rodilla se cura y me deja jugar unos cuantos años, que espero no sean pocos, pueda desarrollar mis habilidades en el tenis. Me retiraré cuando me toque. Esas cosas no se pueden prever.

Los tenistas parecen estar suspendidos en una burbuja, ajenos a la situación dramática por la que pasa España.
No creo. A todos nos afecta la crisis del país, aunque no la padezcamos a nivel económico. No nos podemos abstener de todas esas cosas. Al fin y al cabo tenemos amigos, familiares, compañeros de trabajo que lo están pasando mal. Aunque a mí me haya sonreído la vida siempre, cuando tienes gente alrededor que lo pasa mal, tú lo pasas mal. Lo único que deseo es que esta situación se acabe cuanto antes y que desde el trabajo y la superación diaria, desde la gente que nos conduce hasta los que trabajamos cada día para que este país salga adelante, podamos dejar atrás esta crisis.

¿Cómo van los proyectos de la Fundación Nadal?
Estamos ayudando especialmente a los niños. A mí me gustan muchos los niños; son los inocentes y no tienen culpa de lo que pueda haber pasado a su alrededor. Estamos intentando poder llegar a la gente. Empezamos con un proyecto junto a la Fundación Vicente Ferrer en 2010, lo que nos permitió vivir una bonita experiencia a la hora de aprender cómo se hacen las cosas. A partir de ahí hemos desarrollado diferentes proyectos. Estamos en España, con Aldeas Infantiles, en Barcelona, en Andalucía, en Aragón, y colaboramos con Special Olimpics con niños con discapacidad o problemas de integración social. Nuestra ilusión es que la fundación vaya creciendo más y podamos ayudar a mucha gente.

Rafael Nadal. Foto: Vincent Kessler - Reuters / Revista BOCAS - Edición 20

Rafael Nadal. Foto: Vincent Kessler - Reuters / Revista BOCAS - Edición 20

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A lo largo de su carrera ha ganado cerca de 40 millones de euros en premios por sus 57 títulos individuales y los ocho conseguidos en dobles. Las cantidades cobradas de sus patrocinadores y de los ingresos publicitarios, que generalmente superan a los ingresos estrictamente competitivos, le han permitido invertir en complejos turísticos en América Latina. Poco dado a la ostentación, se dio el capricho de comprar un Aston Martin DBS y acaba de adquirir una mansión en Porto Cristo, en un terreno de 7.000 metros cuadrados rodeado del mar.

Los mallorquines se han alegrado de que haya adquirido usted esa propiedad que, de otra manera habría acabado convertida en una urbanización que afeara el ya maltratado paisaje.
Cuando uno compra es porque tiene intención de quedarse. Ahora sigo viviendo con mi familia porque así me siento bien, pero tuve la opción de adquirir esa propiedad en mi tierra, en un lugar que amo, intentando conservar la tradición de las casas mallorquinas, y lo he conseguido.

Volvamos a la raqueta. Confirma que no va a Halle. ¿Le pesa, porque aparecerá en Wimbledon por primera vez sin pasar previamente por la hierba?
Eso crea una clara incertidumbre. Mis opciones, al menos de entrada, serán un poquito menores. La hierba es el terreno más impredecible.

¿Qué tanto valora lo conseguido en esta temporada?
Pase lo que pase mi año ha sido brillante.

¿Su tenis tiene aún posibilidades de progresión?
Sí, sin duda. Nada es perfecto. Siempre puedes mejorar, lo cual no significa que vayas a ganar más. Hacen falta otras cosas, como la suerte y una mentalidad fresca.

¿Qué lo mueve a buscar la victoria año tras año?
Amo el juego. Amo el deporte y sólo lo entiendo con un objetivo, de otro modo me parece estúpido. Me divierto competiendo y buscando soluciones. Amo el espíritu del deporte.

JAVIER MARTÍNEZ
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 20 - JUNIO 2013

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