'Estoy seguro de que algún día ganaré el Tour': Nairo Quintana

'Estoy seguro de que algún día ganaré el Tour': Nairo Quintana

El ciclista cuenta cómo aprendió a lidiar con la derrota, las críticas y los insultos.

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A los 23 años Nairo Quintana fue subcampeón de un Tour de Francia.

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Pablo Salgado

26 de junio 2018 , 11:20 a.m.

Nairo Alexander Quintana, 28 años, maneja su camioneta BMW X5 por las carreteras periféricas de Tunja. Usa unos lentes oscuros con reflejos azulosos. Acelera a fondo. Toma las curvas con relativo riesgo. En el auto vamos el periodista y escritor inglés Matt Rendell; el hermano mayor de Nairo, Willinton Alfredo Quintana, y yo.

Buscamos una locación para hacer las fotos para la portada de BOCAS. La idea es conseguir un cultivo que deje ver la generosidad de su tierra. “Vamos a donde don José que tiene trigo”, dice Willinton. “No, mejor a donde doña Rosa que allá hay cosecha”, propone Nairo. El capo de Movistar acelera. Frena. Cambia de ruta y de idea. Se ríe. 

Encontramos la parcela apropiada en medio de un collage de verdes de la cordillera oriental donde nació y se crió. El paisaje es dramático. Nairo posa con aires de grandeza. Es el jefe de la tribu. Lleva un vestido azul que corta muy bien con la hierba aceitunada que hay de fondo y con el tapete de espigas que se extiende en el piso. Una oveja aparece y le conversa. Nairo le responde.

Terminan las fotos. Cambio de locación. El más importante ciclista colombiano de todos los tiempos –probablemente el más completo fue “Cochise” Rodríguez y el mejor escalador fue Lucho Herrera–, está sentado en el pub Bruder, en el centro empresarial Green Hills, a las afueras de Tunja, su tierra. Pide una cerveza. Se arrepiente. “Mejor un jugo. Aquí se me olvida que estoy concentrado. Lo que pasa es que hacen una cerveza casera muy buena”.

Nairo calla. Para nada está ausente. Mira con profundidad.

¿Siente que desde que debutó en Europa, hasta el día de hoy, el ciclismo ha cambiado, ha evolucionado?

Muchísimo. Antes todo era muy disciplinado. O más respetuoso. O por lo menos así lo veía yo. No sé. Los corredores respetaban a los jefes de filas.

¿Y ya no respetan hoy?

¡Nooooo! Esto se volvió una competencia feroz. Estamos viviendo una época de lucha atroz, incluso peligrosa. Ya ni siquiera dejan ir a orinar. Todos atacan. No hay códigos. Revise usted la velocidad promedio en la que se corrió el pasado Giro. ¡Una locura! Nunca se había corrido a esa velocidad. Fue un récord. Por eso cada vez es más difícil ganar, porque los rivales cada vez son más fuertes y atrevidos, y cada vez aparece gente nueva con más ambición que está dispuesta a todo.

¿No será que antes usted no era una sorpresa en el pelotón y desde 2013 ya no lo dejan ni respirar?

¡Noooo! Esto es de todos contra todos. Déjeme decirle: se nos está yendo la mano y estamos corriendo a un límite insospechado que atenta contra nosotros mismos. Nadie, solo nosotros, sabe lo que se expone físicamente en una carrera de tres semanas. Y a ese ritmo infernal.

Ahora sí, vamos despacio. Quiero desmenuzar su impresionante carrera como profesional en Europa. Empecemos por su debut en 2013, cuando corrió la Vuelta a Cataluña y cuando, en la tercera etapa, sorprendió a los “gallos” del momento: Purito, Valverde, Wiggins…

Yo no tenía previsto ir a esa Vuelta a Cataluña. Finalmente vieron que podía y me llevaron. En un ataque sorpresivo dejé atrás a “Purito” y a “Wiggins”, gané la tercera etapa y perdí el podio en el último día por tres o cuatro segundos. Ahí fue cuando, después de terminar, en Movistar vieron que mi condición física estaba bien. Entonces, sin pensarlo, me llevaron a la Vuelta al País Vasco. Me dijeron: “Vamos a formar un buen grupo y con ese equipo vamos a disputar la Vuelta al País Vasco”.

Y ganó… Y le ganó a Sergio Luis Henao...

Recuerdo una carrera con mucho frío, mucha lluvia, mucha nieve. Y sí, gané la etapa reina y, en la contrarreloj, que era la etapa final, quedé segundo detrás de Tony Martin. Así gané esa carrera. ¡Con una contrarreloj, imagínese!

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Quintana fue campeón del Giro de Italia en el 2014.

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Pablo Salgado

Tengo la impresión de que ese fue el momento en que el equipo le dio toda la confianza.

Sí, de alguna manera. Poco a poco venía haciendo méritos, pero yo era muy joven y me querían llevar despacio. Además, fue importante porque, siendo un equipo navarro, vasco y español, ese triunfo representaba mucho para Movistar.

Finalmente usted hizo parte del equipo que corrió el Tour en 2013 con la loca suerte (y el infortunio) de que el capo del Movistar, Alejandro Valverde, a mitad de la carrera, perdió más de 12 minutos y con ello todo chance de pelear el podio. Así, a los 23, usted asumió la capitanía. Y respondió.

Alejandro había tenido el percance y me dijeron: “Usted tiene que liderar el equipo y tiene que llevar toda la gente. Con todo lo que tenemos, lo vamos a respaldar”. Y planeamos todo para la etapa que terminaba en el Mont Ventoux, porque se sabía que ahí se iba a disputar buena parte del podio.

El sobreesfuerzo que hice para llegar a la cima del Mont Ventoux no tiene nombre. Es más, pienso que ha sido el esfuerzo más grande que he hecho en una carrera. Por eso me desmayé

Ese día nos metió un susto el macho. Usted llegó segundo después de un sacrificio inhumano, se bajó de la bicicleta y se desmayó. Como la escultura la Pietá de Miguel Ángel, usted quedó desgonzado en brazos de un asistente. Esa fue la manera de mostrar sus credenciales en un Tour de Francia. ¡Épica pura!

Ese día nosotros ayudamos a controlar la carrera y se marchó muy rápido, sobre todo en la subida. Todo fue muy duro y agresivo. Pero me sentía bien y, creo, la embarré en atacar demasiado lejos. Me solté faltando trece kilómetros porque yo sabía que ahí me metía en la pelea. Le di durísimo, pero atrás comenzaron los ataques de los otros líderes, incluido Froome. El sobreesfuerzo que hice para llegar a la cima del Mont Ventoux no tiene nombre. Es más, pienso que ha sido el desgaste más grande que he hecho en una carrera. Por eso llegué así de jodido, sin aire, destrozado. Pero bueno, siempre lo recuerdo con alegría, porque ahí fue donde ratifiqué lo que soy y, además, el podio de aquel Tour.

Días después, el 20 de julio, usted ganó la etapa en Annecy Semnoz. Le ganó a “Purito” Rodríguez, a Contador y a Froome. Entonces escaló al segundo puesto de la general. Todo salió como lo planearon y usted se graduó de héroe en el Tour.

Lo primero que hay que decir es que los compatriotas empezaron a enviar mensajes con motivaciones y con eso del orgullo del día de Colombia. Yo dije: “Esto hay que hacerlo por la gente y por el equipo”. Así que salimos mentalizados, íbamos por la camiseta de jóvenes, la de montaña y el segundo puesto. Y nos echamos la carrera encima, controlamos todo. Una enorme labor del equipo. Cuando yo vi que todos mis compañeros se entregaban por mí, pues dije: “Hay que retribuir también ese gran trabajo”.

A los 23 subió tres veces al podio en París: mejor joven, mejor en la montaña y subcampeón. ¿Se había soñado antes con algo así?

No, nunca. No por falta de visión, ni por falta de sueños, ni nada de eso. Sino porque es muy complicado poder hacer lo que se hizo, tanto que no lo he vuelto a hacer desde entonces.

Y eso es porque, para entonces, usted no estaba en los planes de nadie. Era prácticamente un desconocido. ¿O no?

Claro. Eso es parte de lo que se hace cuando uno es novato y pocos creen que uno es capaz de hacer algo así. Luego, cuando ya uno está en vista de todos, pues es muy jodido moverse porque todos lo controlan a uno.

Vamos al Giro 2014, el Giro que conquistó. Lo primero, Rigoberto Urán ganó con autoridad la contrarreloj y usted quedó más bien lejos. ¿Pensó que la carrera ya no era para usted?

Primero, Rigoberto hizo una “crono” brillante y muy rápida, la más asombrosa que ha hecho un colombiano en Europa, tanto que esa tarde se vistió de Rosa. Estaba volando. Y, por el contrario, para mí fue muy mala porque venía enfermo, me dio una gripa y una infección. Mi tiempo fue regular. Me dio otitis y cada vez que subía para mí era un infierno porque los oídos, el dolor y los cambios de altura me afectaban muchísimo. Finalmente comencé a salir de esa gripa que tenía. Mis compañeros fueron claves porque me empezaron a alentar.

Aclaremos de una vez por todas qué pasó en la cima del Stelvio donde, prácticamente, usted sentenció la carrera y Rigo la perdió. Siempre quedó la duda de si usted hizo caso o no a unas banderas que, parece ser, indicaban neutralización. Incluso el día anterior hablaron de no hacer esa etapa por las lluvias.

Sí, ese día a mí me entrevistaron y dije: “Si es seguro, que se haga”. Yo me sentía recuperado. Empezando la etapa ya sentíamos el frío y a medida que comenzamos a subir, vi mucho sufrimiento en el pelotón. Todo fue una locura porque hubo un momento en que no se veía a un metro de distancia. No se veía la carretera. Uno iba por donde se veía que iba la luz de la moto. Casi llegamos a la hipotermia. Yo me iba a bajar a colgar mi ropa, cuando mi compañero me dijo: “No te bajes que te congelas y te retiras”. La gente comenzó a parar a cambiarse de ropa y en ese momento aparecieron dos banderas que indicaban “atención”. En ninguna parte del reglamento dice que uno tiene que parar, que tiene que estarse quieto; no habían parado los de la fuga adelante, no había pasado nada, era un aviso de cuidado, de atención, no era la Fórmula 1, en la que si hay bandera roja se suspende la carrera. Si no, ¿por qué no habían suspendido la etapa y no habían parado a los de adelante? El caso es que comenzamos a bajar y cogimos a los que iban en fila, a los que no habían parado.

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En 2015, el boyacense fue el campeón de la Tirreno Adriático.

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Pablo Salgado

Lo más impresionante es que usted le sacó dos minutos al grupo de Rigo bajando y, luego, dos minutos subiendo. La diferencia de ese día fue de cuatro minutos y once segundos.

Ellos alcanzaron a estar a treinta segundos porque atrás estaba todo el pelotón persiguiéndonos. Yo solamente llevaba un compañero. En la subida final fue donde se notó toda la diferencia.

Se ha especulado que, desde entonces, su relación con Rigo no es buena.

Eso no es así. Siempre ha sido normal, siempre ha sido bien. Lo que pasa es que la gente quiere crear controversia y esa controversia la quieren alimentar a como dé lugar para crear cierta enemistad donde no la hay. Es mejor estar unidos siempre y siempre ayudarnos dentro de lo que podamos. Con Rigoberto nos hemos ayudado sin condición en diferentes carreras y nos ha ido muy bien así.

¿Qué le dijo a usted aquel uno y dos colombiano en el podio del Giro 2014?

Que se venían cosas grandes. Y así ha sido. El otro día me preguntaba un periodista si creía que este año iba a ser un año brillante para Colombia. Me tocó decirle: “Pero ¿cuál ha sido el año opaco?”. Es que, desde entonces, todos los años hemos tenido podio en Giro, Tour o en la Vuelta. Han sido años muy buenos y muy brillantes. Pero, claro, si no se gana el Tour parece que hubiera sido malo.

En marzo de 2015 usted ganó la Tirreno–Adriático. En esa carrera dio una enorme demostración en el Terminillo: le ganó a Scarponi (q.e.p.d.), Contador, Nibali, Purito, Rigo. ¿Puede ser una de sus mejores etapas o tal vez la mejor? De hecho, ¿tiene un top 3 de sus grandes hazañas?

Sí, esa en el Terminillo fue espectacular, increíble. Llegué en medio de una tormenta de nieve. De verdad es de las que más me gustan. Luego, también está la etapa de la Tirreno–Adriático 2017, esa también fue muy brillante. Me gusta mucho la etapa que gané en 2013 en la Vuelta a Cataluña. Luego hay otras carreras que tienen como menos importancia, pero que gané de forma muy bonita: la Vuelta a Burgos 2013 o 2014, contra Nibali.

Vamos al Tour de 2015. Aquella famosa segunda etapa en la que los vientos lo cortaron y, según lo dejó ver la historia, se acabó la posibilidad de título. ¿Qué quedó de esa experiencia? ¿O de esa inexperiencia, mejor?

El ciclismo es muy jodido. Íbamos muy bien ubicados, con todo el equipo bien puesto. De repente hubo una ráfaga de viento justo para salir a otra carretera donde, además, había un viento más fuerte. Entonces hubo cortes, abanicos y una caída de la que me libré, pero que me obligó a levantar el pie para esperar a los de mi equipo. Si no los espero, hubiéramos perdido más de cinco minutos. Finalmente llegamos a casi minuto y medio, que fue exactamente lo que me costó para ganar porque, si no, el resto de mis tiempos me hubieran puesto de primero. Ese Tour lo perdí por un minuto doce segundos.

Su esfuerzo, una vez más, fue sobrehumano, como en el Alpe d’Huez. Incluso se enfermó al final de la competencia. ¿Ahí se empezó a hablar de alergias? ¿Qué le da?

Me da por algo que sueltan las gramíneas del campo [espigas]. Me subo de peso y, para eso, el cuerpo se autoprotege. Entonces comienzo a retener líquidos que no me dejan desarrollar al ciento por ciento el físico. La gente no sabe lo complicado que es estar en una condición normal.

Sigamos con los títulos. Usted ganó el Tour de Romandía en 2016 y dio una entrevista diciendo que siempre había querido ganar esa carrera. ¿Por qué?

No sé por qué siempre me gustó. Es una carrera que tiene buenas carreteras y unos paisajes muy bonitos, aparte de que es una competencia muy importante, con gente de muy buen nivel, que ofrece la preparación para el Giro y para el Tour. Allí, de hecho, hice una de mis mejores cronos. Difícil de olvidar.

En esa competencia hay un remate de etapa muy famoso. Ilnur Zakarin le mete el codo a usted y cruza primero la meta. Pero luego, gracias al video, le dan la etapa a usted. Difícilmente se le ve a usted en un esprín codo a codo.

Normalmente nunca estoy en un esprínt, pero ese día fue particular. También un día brillante, porque todos los líderes iban muy rápido. Sin embargo, yo les hice una arrancada espectacular y los dejé sentados a todos, el único que aguantó fue Zakarin; pero no ayudó nada al relevo, prefería que nos alcanzaran los de atrás. El caso es que esa etapa definía también la general porque venía luego la contrarreloj. Así que en el remate él tenía por dónde seguir su línea de carrera y, de repente, cuando vio que yo venía acelerando, me cerró. Fue por eso que yo saqué el brazo. Finalmente los jueces me dijeron que la etapa era para mí.

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El ciclista fue campeón de la Vuelta a España 2016.

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Pablo Salgado

Tour de 2016. Usted dio unas declaraciones conmovedoras: “Las piernas no funcionan”, “va el alma, pero no va el cuerpo”, “he sufrido muchísimo”. ¿Qué pasó?

Es que no es el estado normal de uno. Y ver que otros corredores, que sabes que los puedes vencer, te están ganando, es bien difícil para uno. Y más uno como líder. Antes de ese Tour yo sabía que estaba en un gran nivel, pero en el Tour no podía más. Y yo no puedo salir a decir mentiras: no es que me pasó esto o es que pasó lo otro. Nada. Somos seres humanos y, como a cualquiera, un día amanecemos con un dolor de cabeza o enfermos. Allí pasa igual. Nosotros no tenemos medicinas que te aseguran: “Te damos una pastilla y mañana ya estás bien”. No la hay, no existe. Somos seres humanos y debemos entenderlo.

Vamos a la Vuelta a España de 2016, que usted ganó. Arrancó con Darwin Atapuma, amigo suyo, que fue líder a lo largo de cuatro etapas y que hizo parte de aquel equipo Colombia es Pasión, donde iniciaron y fueron compañeros todos ustedes: Henao, Chavito, Járlinson, Darwin, Nairo...

Mucha emoción, porque ese fue un equipo muy bien formado y muy bonito, en el que se hacían las cosas bien. La verdad es que salimos muy bien aprendidos. Había mucho nivel. Luego encontrarlos y verlos todos exitosos es un orgullo, siempre será un orgullo.

Lo chistoso es que esa camiseta de líder se la quitó usted a Atapuma.

¡Ja! Veníamos tranquilos hasta que en un momento dije: “Ya no espero más. Si espero más, se me van a crecer otros y ya no puedo esperar. Si tenemos que trabajar, pues vamos a trabajar”. Entonces cogí el liderato. Después lo perdí, pero le recuperé, gané en Covadonga con autoridad –por cierto esa es otra etapa que me gusta– y lo mantuve. Pero no era fácil sacarle una buena diferencia a Froome porque se venía la contrarreloj y, pues, ya sabemos…

Entonces vino la famosa etapa 15, en el Formigal, en la que Contador y usted sorprendieron a Froome y sentenciaron la carrera a su favor. ¿Cómo puede definir la manera como ganó esa Vuelta a España?

Espectacular.

¿Y cómo vio desde allá arriba la celebración en Madrid, con casi 10.000 colombianos en Cibeles…?

Un orgullo profundo. Pero más que orgullo para mí, es orgullo para esos hinchas. Es para esa gente que siente amor patrio verdadero, esos colombianos que están fuera del país y que alguna vez fueron humillados o fueron maltratados por el racismo. Ese es el momento para ellos. Para ir y sacar pecho. Para decir: “Esto somos nosotros, esto es Colombia”. Tal cual y como dije allá arriba: “Nosotros somos así, no somos malas personas, lo malo quedó en el pasado, ahora es algo nuevo, un país nuevo que está creciendo”.

Y habló de paz... Y le echó una mano al proceso de paz, que por entonces lo necesitaba. ¿Sigue apoyando ese proceso?

Yo siempre he estado de acuerdo con la paz, independientemente de partidos políticos y de las discusiones de la gente. Este es el momento de dar un paso adelante, de olvidar lo pasado. Tenemos que seguir adelante como hermanos, trabajando en equipo. En ese momento me nacieron las palabras “paz y “amor” porque sé que soy un conductor de la imagen y de la publicidad de mi país.

Usted también se volvió embajador del campo. ¿Cómo le ha ido con ese trabajo? ¿Si hay resultados?

Sí, las cosas cambian mucho. Pero siempre es cierto que este es un país muy grande y con muchas necesidades. Mi voz es de aliento para los unos y para los otros, como campesino que soy. Yo solo le digo a la gente que no les demos dinero a los campesinos, que no les demos subsidios, sino que les compremos sus productos a precios justos. Eso es todo.

Retomemos. El Giro 100. El primero por quien tengo que preguntarle es por Fernando Gaviria. ¿Una sorpresa que se haya ganado cuatro etapas y la maglia ciclamino?

Para nada. La verdad, yo esperaba eso de él. Adentro todos esperábamos que fuera el esprínter más fuerte del Giro. Y lo confirmó. Ahora tiene un gran compromiso con lo que se viene. Gaviria debe brillar en el Tour, porque el Tour es el estadio de lujo donde los grandes ciclistas deben mostrarse.

Usted era el favorito para el centenario del Giro, sin embargo se encontró con un Tom Dumoulin enorme y gladiador que se sobrepuso a su problema estomacal.

Domoulin fue y no fue sorpresa. Sabíamos que él era candidato por lo que había hecho el año anterior en España. Pero resultó que estaba mucho más fuerte de lo que todos esperábamos, más allá de sus problemas estomacales. También tuvo la fortuna y el apoyo de parte de diferentes equipos, ya que tuvo mucha ayuda. Y, la verdad, nosotros realmente no íbamos preparados para el Giro al ciento por ciento. La idea nuestra era llegar al Giro y hacer una transición de cara el Tour. Claro, la idea era intentar ganar el Giro, pero con esa preparación iríamos perfectos para el Tour. Y fue lo que hicimos, como lo habíamos hecho el año anterior con el Tour llegando a la Vuelta a España.

¿Se equivocaron de estrategia? ¿Usted mismo se sobreestimó?

Primero, se me fueron acumulando muchos días porque, cuando hicimos las cuentas, en un lapso de trece meses participé en cuatro vueltas grandes, de las cuales en tres hice podio. Luego hubo carreras de por medio donde en casi todas estuve en el podio y, en muchas, ganando. Entonces, para hablarlo claramente, recalentamos un poco el motor y pecamos de confianza y de borrachera de éxito.

¿Esa es básicamente la explicación de que pasó en Tour de 2017?

Esa es básicamente la explicación.

¿Le afectó que cierto sector de la prensa y de la afición le diera palo?

Bueno, hay diferentes tipos de prensa y de afición. Hay afición que conoce, hay afición humana y hay otra afición de éxito y de momento. Uno tiene que lidiar con todo y está claro que a todos no los puedo hacer felices.

Defina a Chris Froome.

Es un corredor muy fuerte y muy inteligente. Y es buen tipo.

Soy un corredor con una mentalidad fuerte, más fuerte que su físico, hay veces. Un tipo inteligente que le gusta mucho jugar con las estrategias. ¿Sabe? Soy estratega de la vida, desde muy pequeño

Defina a Nairo Quintana.

Un corredor con una mentalidad fuerte, más fuerte que su físico, hay veces. Y también, creo, un tipo inteligente que le gusta mucho jugar con las estrategias. ¿Sabe? Soy estratega de la vida, desde muy pequeño, y eso me ha servido para mi carrera deportiva y para mi vida.

¿Reza?

Sí. A la Virgen de los Milagros.

¿Cómo empieza y como termina la oración a su Virgen?

Empiezo: “Virgen santísima del milagro. Madre, la más amable y compasiva…”. Y termino, después de que le pido: “Estas gracias espero alcanzar de ti, a fin de que pueda verte y gozar de ti por toda la eternidad. Amén”.

En la rueda de prensa que dio en Bogotá, en mayo pasado, estuvo muy jocoso, muchísimo menos tímido que años atrás, y dejó bien claro que en su tierra entrena mejor. Incluso le dio para encargar otro bebé

Sí, yo disfruto mucho en la casa y en la altura descanso bien. Y sí, voy a tener otro bebé. Como ya he dicho, hay veces que no hay televisión y otras veces se va la luz. Entonces no es culpa de uno.

¿Ya le hizo alguna promesa al bebé que viene en camino?

No aún.

También pasa una buena parte del año en Mónaco. ¿Le gusta esa tierrita?

Sí, claro.

Mónaco es un lugar pequeño. ¿Se ha topado con Falcao García?

¡Ja! Yo salgo poco, pero hay veces me da risa cuando veo que él pone fotos por ahí en la ciudad. Entonces yo digo: “Este man está aquí al lado”. ¡Ja! Igual tenemos una buena relación.

En esa rueda de prensa también habló de doping. Incluso lo comparó con la corrupción. ¿Por qué?

Al final el doping es una trampa, igual que un robo. Una mentira para obtener ventaja sobre los demás.

¿Se cansa de tener tanta responsabilidad encima?

Disfruto correr en bicicleta. Y sé que mi responsabilidad no es solo sobre la bicicleta. Creo, además, que así debe ser para todas las personas. No se trata de ser responsable como corredor, mecánico o gerente. No, se trata de ser responsable en muchos aspectos.

Y, en su caso, ahora se trata de ser un empresario responsable... ¿Es cierto que usted ya es un inversionista de la moda?

¡Ja! Invertí en un centro comercial que se llama Paseo Villa del Río. Allí, en uno de los locales, voy a poner la tienda Nairo, donde iniciaré con algunas prendas deportivas con la marca Nairo. Pero, por favor, por ahora déjeme concentrarme en correr, porque si no me dan palo. Ya se vino el Tour.

Está claro que usted y su equipo aprendieron la lección de 2017 y para 2018 solo apuntaron por el Tour. ¿Todo listo?

He descansado bastante, he estado en mi tierra, he hablado poco. He ido con pisadas suaves, pensando en llegar al Tour al ciento por ciento. Lección aprendida.

Estoy seguro de que algún día ganaré el Tour

¿Usted podría afirmar que algún día ganará el Tour?

Estoy seguro de que algún día ganaré el Tour. Eso es lo que pienso y eso es lo que me motiva. Yo entreno fuerte todos los días para eso. Y si no es este año, seguramente lo intentaré el año siguiente y, si no, lo intentaré el siguiente. El que persevera alcanza. Le repito: estoy seguro de que algún día ganaré el Tour.

POR MAURICIO SILVA GUZMÁN
FOTOGRAFÍA PABLO SALGADO 
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 75 - JUNIO 2018

NAIRO BOCAS

El arte de ser Nairo

Foto:

Revista BOCAS

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