En modo Boris Johnson

En modo Boris Johnson

Citas de Casas - Octubre de 2017.

Alberto Casas BOCAS

Alberto Casas Santamaría.

Foto:

Pablo Salgado / Revista BOCAS

22 de octubre 2017 , 06:00 a.m.

El Reino Unido está en una crisis del tamaño del desorden capilar del cerebro del brexit. Boris Johnson, el excéntrico ministro de Relaciones Exteriores y exalcalde de Londres, puso de moda en el mundo su estilo y, por su cuenta, la vida es al revés o, al menos, diferente.

Como triunfó su tesis, lo obvio era encargarlo del manejo correspondiente y delicado de abandonar la exitosa Unión Europea, pero él tomó las de Villadiego y dejó embollados a los ingleses: “That person cannot be me”. Ahora los conservadores lo acusan de desleal y es así como se va imponiendo una nueva cultura, mediante la cual en lugar de peinarse, hay que despeinarse.

Las mujeres ya no se casan, necesariamente, con otro hombre, sino con una mujer; los hombres también se pueden casar con un hombre y no, como antes, con una persona del otro sexo.

La paz, el proceso, no une a los colombianos sino que los divide. Todo lo relacionado con la paz será la columna vertebral del debate electoral que seleccione al próximo jefe del Estado, en contradicción de lo que suponían los columnistas más respetables de los medios de comunicación. Se decía que había que prescindir del tema por el aburrimiento del electorado en continuar una controversia sobre algo que ya estaba acordado; pues no: el debate continúa, ¡y a qué velocidad! ¡Y a qué precio!

La norma constitucional, según la cual la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimien-to, no resultó suficiente para interpretarla y desarrollarla de manera unívoca. La máxima de 1932, que hizo famosa Laureano Gómez, en el conflicto con el Perú –“paz en el interior, guerra en las fronteras”– se ha “borisjohnsonizado” por su contraria, “guerra en el interior, paz en la frontera”; o peor, “guerra en el interior y guerra en las fronteras”.

Los poderes del Estado ya no son garantía para la democracia y funcionan a media marcha. Hay un brexit institucional: los medios de comunicación han sustituido parcialmente algunas de las funciones estatales, el gobierno está cuestionado, los jueces están juzgando jueces y los parlamentarios no tienen respetabilidad ni confianza.

Por otro lado, los partidos políticos ya no tienen la capacidad de elegir a su candidato presidencial y recurren al “modo Boris Johnson” para seleccionarlo. No se peinan, sino que se despeinan: salen a buscar personas que pertenecen o pertenecieron a otros partidos y que pueden firmar con la cédula sin ningún requisito adicional, sin comprometerse a votar por ese candidato a quien se le firma. Una misma persona puede firmar cuantas solicitudes le presenten los candidatos: es un favor que se le hace al amigo que sirve de intermediario del candidato interesado a cambio, por ejemplo, de una boleta de fútbol para ir a ver jugar a la selección Colombia.

El próximo brexit es el despeluque diseñado para desconocer los fallos de la Corte Constitucional por la vía de las consultas populares. Con este procedimiento se pretende pasar por la faja la norma mediante la cual se le confía a ese tribunal “la guarda de la integridad y supremacía de la Constitución”. Preguntándoles a los ciudadanos si están o no de acuerdo con pronunciamientos formulados a través de sentencias por el organismo de cierre a las controversias de orden constitucional, se invoca el argumento de que, por tener origen el pronunciamiento respectivo en una tutela, el fallo no crea jurisprudencia. Aun cuando la providencia sea clara en ordenar el restablecimiento de un derecho fundamental, con el prurito de que cinco personas “no pueden decidir por la totalidad de la nación”.

Don Boris Johnson es un historiador, un personaje muy simpático con gran sentido del humor, pero su brexit ha dejado en el mundo división y problemas a tutiplén. A partir de su triunfo electoral, el nacionalismo populista ha tomado un impulso peligroso y difícil de detener. El último brexit ha sido el de Cataluña: España está en crisis y la rabia crece, la prensa del mundo calificó a la península hispana en jaque y el número de heridos pasa de cuatrocientos. Las fotografías del uso de la fuerza superaron a los episodios informativos del referéndum. Curiosamente, en ese conflicto, don Boris no se despelucó y se puso del lado contrario del brexit: apoya a España y no a Cataluña.

En definitiva, el mundo está agarrado de las mechas. Como diría don Rafael Núñez: “¡Oh despelote!".  

ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 68 - OCTUBRE 2017

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