Emily Blunt, una actriz con carácter

Emily Blunt, una actriz con carácter

La protagonista de 'La chica del tren' habló con Revista BOCAS en 2015 sobre su familia y su carrera

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Emily Blunt hizo su debut como actriz en la obra de teatro The Royal Family.

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Foto archivo.

10 de octubre 2016 , 02:56 p.m.

 Paradojas de la vida. Emily Blunt (Londres, 1983) sufrió tartamudez desde los 7 hasta los 14 años. Para superar su trastorno, una profesora la animó a participar en la obra de teatro de fin de curso. “Me resultaba más sencillo hablar cuando ponía una voz tonta o fingía acentos. Resulta irónico que haya acabado en este negocio, donde tienes que hablar todo el tiempo, porque de niña nunca imaginé que pudiera hacerlo del tirón”.

La actriz atesora ya un Globo de Oro, conseguido en 2007 por su papel secundario en el drama de la BBC Gideon’s Daughter, y el premio BAFTA 2009 al Artista Británico del Año. En una carrera fulgurante, Emily se ha convertido en una de las actrices más reputadas de su generación, con papeles en géneros dispares, como la comedia romántica La pesca del salmón en Yemen, de Lasse Hallström. y el musical Into the Woods, de Rob Marshall, si bien, en los últimos trabajos ha mostrado una querencia por las heroínas de acción.

Su más reciente estreno fue, precisamente, Edge of Tomorrow, de Rob Liman (2014), un frenético sci-fi donde reitera viajes en el tiempo junto a Tom Cruise. Curiosamente, en 2005, la intérprete clamaba en The Telegraph que prefería tener un mal salario en el teatro por el resto de su vida que aceptar un rol de figurante en una película de Tom Cruise. Y aunque sus palabras se le podrían echar en cara, lo cierto es que ha cumplido su palabra, porque al fin y al cabo, ambos son igualmente protagonistas de la película.

Emily es la segunda de cuatro hermanos. Su madre es una actriz retirada y su padre, consejero de la Reina, un perfil de letrado que solo existe en los países pertenecientes a la Commonwealth. Lo curioso es que, en declaraciones a The Guardian, confiaba que la profesión de su progenitor le ha servido más para aprender de tensión dramática, al verlo comportarse en juicios.

Aunque el mundo la reconoce por su pelo castaño, en realidad es rubia y ahora que es madre de un bebé de 20 meses –para evitar la pereza que le despierta el mantenimiento del color impostado en la peluquería–, recuperó su tono natural

La pequeña Hazel es el fruto de su relación con el actor y director John Krasinski, con quien contrajo matrimonio en 2010 en la casa en el lago italiano de Como de su amigo George Clooney. Hace seis años que vive en California, pero antes estuvo instalada en Vancouver, durante su noviazgo con el cantante Michael Bublé.
Su debut en la profesión no pudo contar con mejores madrinas. Judy Dench fue su compañera de reparto en el teatro. Emily tan solo contaba 18 años cuando fue seleccionada para la comedia satírica The Royal Family. Las primeras palabras que escuchó de la boca de la gran dama de la escena fueron: “Hola, querida. Si cualquiera te da problemas, ven directo a mí”.

Y su mentora en el cine no le fue a la zaga. En su segunda película, El demonio viste de Prada (David Frankel, 2006), Meryl Streep interpretaba a su abusiva jefa.

Su más inminente estreno es Sicario, un thriller de acción junto a Benicio del Toro y Josh Brolin, donde interpreta a una agente de la ley idealista que en una operación en México, en la guerra contra las drogas, se enfrenta no solo al peligro al otro lado de la frontera, sino a la amoralidad de la conducta de su unidad.

El director, Denis Villeneuve, se quedó prendado de su interpretación en el drama histórico The Young Victoria (Jean-Marc Vallée, 2009). “Interpreta a una mujer joven que se convertirá en la reina de Inglaterra. Era capaz de transmitir vulnerabilidad y al mismo tiempo, una fortaleza interior que resultaba muy presente y vibrante”, publicó el periódico Toronto Sun. Por eso la llamó para Sicario.

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Emily Blunt. Foto archivo.

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Esa dualidad entre fragilidad y coraje, seriedad en su trabajo y despreocupación en la vida (y mucho sentido del humor), es la que ha erigido a Emily Blunt en la estrella femenina de acción del momento y la que, además, le facilitará la salida de su encasillamiento.

Incluso, así empezó esta conversación: “Espero que esta entrevista sea mejor que la anterior”, dijo.

En serio, ¿qué ha pasado?
Solo estaba bromeando. Lo hacía para despertar tu competitividad.

Ya que menciona la competitividad, ¿es cierto que los productores de Sicario exigieron que su papel fuera interpretado por un hombre?
Al guionista, Taylor Sheridan, le dijeron que si convertía a la protagonista en un hombre, le aumentarían el presupuesto, pero él se negó. Así que estoy muy contenta de que lo hiciera, porque si no, ahora no estaría aquí. Pero además creo que hubiera sido un error, porque ya hemos visto ese personaje cientos de veces: el tipo duro que va corriendo pistola en mano y peleando contra otros hombres rudos e igualmente armados. Así que el hecho de que introduzcas este personaje femenino en un mundo tan masculino, magnifica el rol, porque es inusual. Hay un elemento misterioso en Kate.

Es interesante como se ha convertido en la actriz a la cual recurrir cuando se pone en marcha una película de acción con heroína al frente.
Es porque resulta raro que estos papeles se escriban para mujeres, así que solo somos un puñado las que hemos soltado puñetazos en la gran pantalla. La lista es muy corta y a la gente le gusta encasillarte. Tengo que replantearme hacia dónde quiero dirigir mi carrera, porque no quiero pasarme la vida en un gimnasio [risas].

¿Considera que los papeles jugosos para mujeres son más raros en la industria del cine?
Creo que está empezando a resultar más fácil, que la situación está cambiando poco a poco y está dejando de ser una anomalía ver a mujeres en este tipo de roles. Ahí tienes a Charlize [Theron] en Mad Max: Fury Road, a Jennifer Lawrence en Los juegos del hambre o a Rebecca Fergusson en Misión Imposible, e incluso a la humorista Melissa McCarthy con una gran proyección en la comedia. Las mujeres están haciendo dinero en taquilla. El público paga por verlas. Y me siento muy feliz de estar contribuyendo a este cambio.

Acaba de rodar junto a Charlize Theron el spinoff de Blancanieves y The Huntsman. ¿Midieron fuerzas?
No es un personaje físico. Visto trajes de noche y lanzo hechizos. Es un papel en el que tengo apariencia de estatua de hielo. Para variar, estoy muy inmóvil. He disfrutado trabajando con Charlize y Jessica Chastain, porque las he admirado durante largo tiempo. Y por lo que hablábamos de anomalías, a pesar del título, The Huntsman es una película sobre mujeres. De hecho, no creo que Chris Hemsworth quiera volver a trabajar con mujeres. Fuimos un poco abusonas con él, le hacíamos callar cuando intentaba meter baza en la conversación, aunque de vez en cuando le dejábamos unirse al club de las chicas.

¿Rodó esta película, inspirada en un cuento de hadas, a modo de regalo para su hija?
No, qué va. Espero que Hazel nunca vea The Huntsman, porque interpreto un personaje horrible, el de una bruja malvada. Y en la próxima, The Girl in the Train, voy a encarnar a una borracha con lagunas mentales, así que no creo que Hazel deba ver mis estrenos más inminentes.

Los papeles de alcohólicos suelen tener opciones al Óscar.
¿Tú crees? Yo pensaba que eran más habituales los roles en los que afrontas una discapacidad, quizás debería incorporarle a mi personaje una cojera…

¿Cómo ha influido su hija Hazel en su carrera?
En cierto modo me ha influido en la elección de mis papeles. Ahora tiene que merecer realmente la pena, porque es un mundo que consume mucha energía, así que supongo que trabajo menos. Y para compensarle tanto personaje oscuro, voy a participar en el doblaje de My Little Pony. Esa película sí es para ella. Y el género de la animación es genial, puedes trabajar vestida en pijama.

¿Cómo recuperó tan rápido la figura tras el parto?
Siempre digo que el crédito es de Tom Cruise. Es la nueva pastilla dietética. Estaba en una forma estupenda justo antes de quedarme embarazada y volver a mi físico anterior me resultó más fácil.

Tomó un descanso para ser mamá. ¿Qué tuvo Sicario para motivarla a que se reincorporara?
Era irresistible. La gente implicada era seductora y cuando algo es original... Leo muchos guiones y a las 20 páginas ya sé si quiero o no hacerlo. Y con Sicario lo supe a la segunda página.

¿A qué quiere invitar a la audiencia tras ver Sicario?
Quiero que se autoanalicen, que discutan, que se cuestionen su brújula moral, que su foco de atención recaiga en la guerra contra las drogas, porque nos pasamos el día escuchando hablar del Estado Islámico y nunca de algo que sucede en el país vecino, que es brutal y terrorífico. Podrías trasplantar este mundo a Oriente Medio y sería el mismo horror.

Denis Villeneuve comentó que la película trata técnicamente sobre la guerra contra las drogas, pero que en el fondo habla del espíritu de EE. UU.
Es cierto. Hay una reticencia a hablar del tema, porque hay mucha corrupción en el lado estadounidense de la frontera, además de una gran responsabilidad en el problema, porque hay una enorme demanda de drogas. Hasta que no disminuya ese consumo ingente, el suministro tampoco lo hará. Existe una complicidad entre ambos lados.

Ya lleva unos años viviendo en California, ¿Se ha acostumbrado a la American way of life?
Hay aspectos de los estadounidenses que adoro, como su efusividad, su entusiasmo, su energía. Los británicos nunca revelamos ninguna emoción [risas]. Pero esa cualidad tiene otra cara que me vuelve loca, que es la falta de sinceridad. Y su naturaleza jactanciosa me resulta dura como británica.

¿Cómo es vivir en Los Ángeles?
Tengo una relación de amor-odio. Me gustan el clima y mis amigos, pero detesto que una industria, la del cine, sobresalga en cada esquina, que conduzcas y todos lo carteles giren en torno al audiovisual, a la taquilla, al estreno, al éxito… Tampoco me gusta la ausencia de cultura. Crecí en Londres, así que se me hace difícil que todas mis inquietudes se tengan que satisfacer en un par de galerías.

¿Cómo desconecta entonces?
Salgo mucho fuera. Visito a menudo Londres. Tenemos una casa en Ojai, a una hora y media de Los Ángeles, y pasamos mucho tiempo allí. Está en una de esas viejas ciudades hippies californianas, donde la gente vende cristales y atrapasueños. Todo el mundo es amable y hay huertos y viñedos.

¿Le simpatiza lo hippie?
Mi madre nos curaba con tratamientos homeopáticos. Precisamente, estuve en casa en primavera y pasé la noche allí. Y mi madre puso esos palitos de aceites esenciales en mi habitación para dormir mejor. Lo adoro. No es que sea hippie, sino que le gusta la medicina alternativa.

Parece una persona muy centrada. ¿Cómo evita la presión que ejerce la industria de Hollywood?
No me afecta, porque tengo una adorable vida familiar y eso lo cambia todo.

Cuando rodó The Young Victoria declaró que a veces la gente la reconocía por la calle, pero que pensaban que les sonaba del colegio. ¿Qué tal ahora, reparan mucho en usted?
Sí, supongo que ya nadie se confunde pensando que fueron compañeros míos de clase.

¿Trata de evitar ciertos sitios?
Por supuesto, hay lugares a los que no voy, pero es cierto que en muchos puedo pasar desapercibida. En cambio, alguien como mi marido, que mide 1,90 metros está jodido porque sobresale en todas partes, así que se le ve a la legua. Para él es una pesadilla. Resulta mucho más duro para John.

¿Qué sitios evita?
Los eventos deportivos, por ejemplo. La última vez que fui a un partido de hockey con mi marido fue una mala experiencia.

¿Qué le asusta?
Soy una persona bastante valiente, pero lo interesante es que de niña era muy asustadiza. Me daban miedo las abejas, el césped cortado bajo mis pies, los Papá Noel, los globos… Y mírame ahora, saltando de edificios y afrontando escenas peligrosas. Qué ironía que esta niña chillona tenga ahora una inclinación por acometer cualquier reto.

¿Cuándo se produjo este cambio?
Cuando empecé a actuar, porque en este oficio hay cierta necesidad de abandonarte a la temeridad.

¿Tuvo algún entrenamiento físico para rodar Sicario?
Sí, tuve preparación con armas con agentes locales del FBI, la DEA y los Delta Force.

De hecho, Denis Villeneuve nos ha contado que la llama a usted “Full Metal Bitch”.
Lo sé, le encantaba llamarme así en el set. Se dirigía a mí como “F&B”. Denis hizo de este rodaje un espacio feliz, a pesar de la complejidad y la seriedad del tema que abordamos en la película.

Tengo entendido que entre toma y toma se reían mucho y resultaba difícil mantener la compostura.
[Risas] Sí. Creo que en una película tan oscura, es importante mantener la libertad y zafarte, de lo contrario, todo el mundo acaba deprimido y bajonero.

¿Qué la hace reír?
Las cosas más estúpidas. En su momento sonaban hilarantes, pero ahora lo pienso y no tienen gracia. Josh y yo somos un par de idiotas cuando nos juntamos. Denis nos decía: “Parecen un par de críos de guardería”. Intentábamos sumar a Benicio a nuestro loco campamento, pero él se concentra mucho en los rodajes. Al final lo conseguimos.

Es curioso, porque Josh ha descrito el rodaje como una tortura.
¡Será mentiroso! [Carcajadas].

¿Todavía se siente deslumbrada al conocer a alguna estrella?
Oh, claro que sí. Todo el tiempo, sobre todo con músicos. Cuando vi a Bruce Springsteen me quedé sin habla.

¿Cómo lleva la fama asociada a su profesión?
A veces bien, a veces no. Es muy raro y es una posición extraña en la que estar, porque no pienso en mí misma de esa manera. Así que cuando desfilo en la alfombra roja y veo a la gente alineada para verme, me resulta muy extraño. No lo comprendo.

Su vestuario en Sicario se limita a llevar camiseta. Dado el cuidado con el que siempre se viste en la alfombra roja, ¿fue una suerte de relax?
Me encanta vestir una camiseta y punto. Los chicos en Cannes se quedaron mirándome en plan: “¿Y tú quién eres?”, porque no estaban acostumbrados a verme vestida de gala y con zapatos de tacón. Yo era su compadre, había una neutralidad de género en el rodaje.

¿Tacones o zapatos planos?
Los tacones no son mi vida. Tengo un bebé de 20 meses, así que voy por los suelos tras mi hija, tambaleándome. Pero en Cannes fue mágico desfilar por la alfombra roja, y cuando hay una sensación ceremonial me gusta llevarlos.

Cuando estalló el llamado shoegate, la polémica sobre la negación de acceso a mujeres en la alfombra de Cannes por no llevar tacón, se mostró muy indignada…
Si quieres llevar tacón, hazlo, y si prefieres zapato plano, adelante. Se te tiene que permitir el acceso con cualquiera de las dos opciones. Es muy embarazoso que se plantee una polémica así a estas alturas. Estamos en el siglo XXI, venga ya. Hace un tiempo tuve un problema en el tobillo y me tuvieron que operar, y no pude llevar tacones durante semanas. ¿Qué hubiera pasado si hubiera presentado una película en Cannes, no hubiera podido pisar la alfombra roja?

La controversia se extendió durante todo el festival. ¿Cree que ha servido de algo?
Creo que los medios exacerbaron el incidente. Y cuanto más más atención prestan a este suceso, menos tiempo dedicamos a hacer más para crear más programas para directoras.

¿Hay directoras con las que le gustaría trabajar?
Katrhyn Bigelow y la directora de una película de terror que se llama Babadook, Jennifer Kent.

¿Con qué tipo de directores le gusta trabajar?
Lo que aprecio en un director es que no sea vago en sus ideas, quiero que sea claro en lo que quiere. Los mejores son los que te involucran y crean una atmósfera que es relajada, alegre y confiada para que puedas probar cualquier cosa. Brindo mis mejores trabajos cuando no me visten con una camisa de fuerza. Los directores que tienen una idea demasiado preconcebida de lo que esperan, pero que son abiertos de miras a tus aportes, son lo que me suponen un mayor reto, porque me gusta estirar y ver qué me encuentro. Y, en cambio, si la filmación se vuelve muy técnica, me siento limitada porque tengo que estar en el ángulo preciso en el plano.

¿Cuánto tiempo le lleva deshacerse de un papel?
No me lleva mucho, pero es verdad que el de Sicario se metió bajo mi piel. Y tras la escena física y tan desagradable que comparto con John Bernthal, pasé tres noches en las que me resultó difícil conciliar el sueño. Y te aseguro que yo duermo a pierna suelta. Nunca me había pasado antes. Soy una persona que separa radicalmente el trabajo de la vida, y más ahora que tengo una hija y no puedo llevarme al personaje a casa, así que es cierto que Kate me clavó las uñas. De todas formas, la parte final del rodaje fue en México D. F., donde enfermé de un virus estomacal, así que solo pensaba en volver a casa y tirarme [carcajada].

¿Qué le pasó?
Me comí una lechuga o algo equivocado. Recuerdo las escenas de conducción y cómo sudaba. No había maquillaje, estaba destrozada. Y Benicio me decía: “No pintas nada bien”. A cada momento abría la puerta y vomitaba. Fue muy desagradable.

Para forjar su personaje se entrevistó por teléfono y Skype con cuatro mujeres del FBI. ¿Qué fue lo que más le sorprendió de ellas?
Fueron muy generosas y honestas, y yo muy metiche en sus vidas [risas]. Hay una en concreto en la que he basado a mi personaje. Es bastante tímida y socialmente algo rara. Y la acompaña cierta quietud. Solo una de ellas tenía novio, ninguna estaba casada ni tenía hijos. Yo no sería nada buena en un oficio así. No tengo el carácter especial que requieren los cuerpos de seguridad. Siento que todas viven una vida solitaria, porque su trabajo les consume mucho y resulta difícil distanciarse emocionalmente.

¿Hay soledad en su trabajo?
No, para nada. De hecho estoy feliz cuando me quedo a solas. En ocasiones, no me gusta hablar con nadie.

¿En qué aspectos se identifica con su personaje?
Creo que todos nosotros queremos pensar que haríamos lo acertado ante una situación moralmente reprobable, que trabajaríamos del lado de la ley, pero los seres humanos también tenemos esa ligera tendencia a que la balanza se desequilibre y a responder a la violencia con violencia y a afrontar situaciones desde la amoralidad.

¿Qué es lo más ilegal que ha hecho en su vida?
Mi hermana mayor siempre me animaba a hacer cosas cuando éramos pequeñas que me metían en líos, así que una vez le hice caso y robé unas semillas de un centro de jardinería.

¿Por qué película ha luchado más para conseguir un papel?
Por mi primer papel en televisión, en la película para televisión Boudica, para el que tuve que realizar cuatro audiciones de una misma escena. Probablemente actué igual, pero se ve que no les convencía [risas]. Interpretaba a una guerrera de la tribu iceni.

En los últimos tiempos ha elegido roles muy serios, ¿Para cuándo podremos volver a verla en una comedia?
Se me han ofrecido varias, pero son papeles que ya he interpretado antes.

¿Qué hay del teatro? Sus inicios se dieron en las tablas.
Estuve ligada a un proyecto, pero quedé embarazada.

¿Qué diferencias encuentra entre un formato y otro?
Ha pasado tanto tiempo que ya no lo recuerdo bien, y es triste pensar que ya hace 12 años que no me subo a un escenario, así que quiero volver a esa sensación tan gratificante de enfrentarme a un público en directo y explorar ese territorio noche tras noche para hallar diferentes ángulos y darles un giro a las escenas. ¡Qué maravilla actuar sin el lastre de los aspectos técnicos!

¿Difieren mucho las películas que decide interpretar de las que elige ver como espectadora?
No, normalmente hago películas que me gusta ver.

¿Revisa entonces sus películas?
Hay algunas que he visto una o dos veces, pero hay unas pocas, tres en concreto, que nunca he visto.

¿Cuáles?
No, no quiero herir los sentimientos de nadie.

¿Se arrepiente en alguna ocasión de dónde la ha llevado el destino?
¿Bromeas? No. ¿Qué estaría haciendo en la vida si no? No estoy cualificada para otra cosa [risas].

¿Lee las críticas a sus películas?
No. Solo aquellas que me aconsejan porque son buenas, así que permanezco totalmente ajena a la existencia de gente que me odia en una interpretación. Prefiero vivir así, en la ignorancia [risas].

BEGOÑA DONAT
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REVISTA BOCAS
EDICIÓN 46 - OCTUBRE DE 2015

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