El lenguaje de la moda

El lenguaje de la moda

El veredicto de Nina - Julio 2017

Nina García BOCAS

Nina García.

Foto:

Álvaro Corzo / Revista BOCAS.

17 de julio 2017 , 12:00 a.m.

La llegada del verano a la ciudad de Nueva York significa para mí el retorno a un estudio en Long Island City –justo al otro lado del East River– desde donde se puede admirar a la perfección el famoso skyline de Manhattan. En los últimos años, a los ya míticos edificios del Empire State y el Chrysler, se les han sumado media docena de rascacielos que configuran, con mayor o menor fortuna, un paisaje humano vivo, en constante evolución. 

Tres veces por semana, de camino a ese estudio donde se graba el programa de televisión Project Runway –del que estamos ya celebrando la decimosexta edición–, admiro ese skyline y multitudes de memorias desfilan por mi ventana: los primeros días que pasé en esta ciudad, mi primera pasantía, la llegada de mi primer hijo y luego el segundo… Todos esos recuerdos están circunscritos en una cuadrícula que posee el nombre mítico de Manhattan.

Formar parte del jurado de Project Runway me ha permitido algo extraordinario: ser testigo de los poderes de la creatividad humana. Semana tras semana los jóvenes diseñadores que participan en este concurso logran sorprendernos a todos con unos looks que están hechos con un presupuesto ínfimo y en muy poco tiempo. Reto tras reto, Heidi, Zac, Tim y yo vamos viendo cómo estos creadores construyen su propio vocabulario, su propio estilo.

Muchas veces durante este show hemos tenido el debate sobre si la moda es arte o comercio. Yo siempre he pensado que es un poco de ambos, que en el equilibrio entre esos dos elementos es donde se encuentra el éxito de un diseñador. Ahora bien, para ir más allá de esa discusión, a mí me gusta entender la moda como un lenguaje.

Me explico: cuando estamos de celebración evitamos usar las mismas palabras de siempre al dirigirnos a nuestros abuelos o a nuestros amigos; lo mismo sucede con las prendas que nos ponemos. Cada mañana, cuando nos levantamos, hacemos una decisión llena de significado y pensamos en el mensaje que le vamos a transmitir al mundo, un mensaje que refleja quiénes somos o quiénes queremos ser. ¿Zapatos de tacón o zapatos planos? ¿Traje pantalón o vestido estampado de flores? ¿Bolso de líneas femeninas o bolso rectilíneo? Cada una de esas decisiones transmite un poderoso mensaje a nuestros amigos y empleados.

En el mundo de la política, por ejemplo, esto se ha hecho evidente en las últimas semanas con los calcetines de Justin Trudeau, el flamante primer ministro de Canadá. Durante las actividades del orgullo gay utilizó unos de colores arcoíris; para una entrevista con un canal de televisión estadounidense lució unos con una hoja de arce… ¡Incluso, para celebrar Star Wars, mostró unas medias de la saga galáctica! Trudeau continúa con la estela de la diplomática estadounidense Madeleine Albright, quien usó sus broches para transmitir un mensaje extra durante las reuniones con líderes como Yasser Arafat, Vladimir Putin o Nelson Mandela.

En la pasarela de Project Runway vemos la construcción de la gramática del estilo. En el documental The Art of Style –que puede verse online–, el director creativo de Valentino, Pier Paolo Piccioli, habla sobre el lenguaje que poco a poco ha ido desarrollando en la mítica casa romana y lo asocia al estilo de un director de cine: a los vacíos de Antonioni, al universo pop de Pedro Almodóvar, a la teatralidad de los encuadres de John Ford, al barroquismo de Visconti, a la naturalidad de Vittorio de Sica, al pastiche de Sofía Coppola… Cada director de cine tiene un lenguaje –un estilo– que hace que sus películas puedan ser reconocidas al instante. Algo similar sucede en el mundo de la moda: colección tras colección, Pier Paolo añade más palabras al vocabulario de Valentino.

El lenguaje, la moda y las ciudades –como Nueva York y su cambiante skyline– son entes vivos que se expanden y amplían delante de nuestros ojos. Por eso me gusta la moda. Más allá de trabajar en una industria inmóvil que está construida en mármol de Carrara, mi mundo se encuentra en constante cambio, igual que el lenguaje que utilizamos en el día a día. Año tras año, las academias de la lengua se ven forzadas a añadir en los diccionarios oficiales –o mejor dicho, a aceptar que hagan parte de ellos– esas nuevas palabras que todos nosotros ya estamos empleando. Por eso me gusta ser juez de Project Runway: ver en vivo cómo estos diseñadores construyen su propio lenguaje nos da vida a todos los miembros del equipo de este programa y a millones de espectadores que nos ven cada temporada. ¡Hay que seguir ampliando nuestros diccionarios!

NINA GARCÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 65 - JULIO 2017

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