Con Memphis y a lo loco

Con Memphis y a lo loco

El veredicto de Nina - Agosto 2017

Nina García BOCAS

Nina García.

Foto:

Álvaro Corzo / Revista BOCAS.

20 de agosto 2017 , 09:00 a.m.


En el Upper East Side de Manhattan, muy cerca de mi casa, se levanta un castillo. Para entrar hay que cruzar un puente que está sostenido por un pilar de duras formas geométricas. En el foso, unas sillas de hierro de color verde invitan a tomarse un café, mientras de fondo se escucha el rumor de los soldados, los carros que circulan por la avenida Madison.

Este castillo fue diseñado por uno de los faros de la arquitectura moderna, Marcel Breuer, y albergó el Whitney Museum antes de su traslado al Meatpacking District, una de las zonas más cool de la ciudad. Hace un par de años, el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York decidió alquilar este espacio y le dio nueva vida. Hizo una restauración sensible que sacó a la luz todos los detalles de un edificio de la corriente brutalista

En esta construcción de formas severas donde el peso del hormigón se nota, se ve y se siente con un total predominio del color gris, se está generando un diálogo que me ha dejado impresionada. Se trata de una exposición dedicada a uno de los diseñadores de muebles y arquitectos que más han influenciado al mundo de la moda: el italiano Ettore Sottsass, uno de los fundadores del llamado grupo Memphis.

Sottsass y compañía, a partir de 1981 y durante una década, revolucionaron la arquitectura y el diseño de interiores con muebles y elementos decorativos que se rebelaban contra la corriente moderna del estilo internacional, abanderada por el “menos es más” de Mies. El grupo Memphis puso color, diversión, jugó con la historia, abrazó el diseño industrial, rompió con las normas sociales e hizo de la mezcla de colores y estampados las señas de identidad de la posmodernidad.

Paseándome entre las salas de este museo y mirando de cerca todas las obras expuestas –jarrones, mesas, sillas, armarios, joyas y trozos de tejidos– no podía dejar de pensar en muchas de las colecciones de moda que se inspiraron en este movimiento. Desde Karl Lagerfeld –que decoró de arriba abajo su famosa Mansión de Montecarlo con muebles del sello Memphis– hasta Marni, Missoni, J. W. Anderson, Proenza Schouler, Valentino, Balenciaga –especialmente el de la época de Nicolas Ghesquière–, Sophia Webster y Celine. Todos los diseñadores o las casas de esta lista, en algún momento, han abrazado los colores y los estampados de Memphis, un grupo que le robó el nombre a una canción de Bob Dylan: “Stuck Inside of Mobile with the Memphis Blues Again”.

Esta nueva apreciación del estilo Memphis, esta revalorización de los años ochenta que estamos viviendo en el mundo de la moda, plantea muchas reflexiones interesantes que los filósofos deberían ayudarnos a entender. Todos sabemos que esta industria se mueve en ciclos, que las colecciones miran al pasado para poder mirar hacia adelante, pero creo que hay un elemento muy interesante en este renacimiento: Instagram.

Esta plataforma está pensada para generar impactos de manera visual. En un cuadrado, los usuarios –desde los amateurs hasta los fotógrafos profesionales– luchan para ser relevantes, para captar la atención en menos de un parpadeo del ojo. Instagram no solamente se ha convertido en una plataforma generadora de tendencias, sino que ha creado una estética propia. Instagram ha dado un portazo al revival del estilo mid-century modern –que llenó las casas y las revistas de decoración de diseños de Eames, Saarinen, Mies o Breuer– para abrazar el millennial pink que fue tan usado por los diseñadores del grupo de Memphis y que ahora se ha convertido en el color que está de moda.

Los diseñadores del grupo Memphis “abrieron una ventana que revelaba un nuevo paisaje”, como bien dijo Sottsass en una entrevista con The New York Times. Este artista, este Warhol del diseño de interiores –como algunos lo han calificado–, me dio una lección impagable en mis inicios en el mundo de la moda: decía que era muy difícil mezclar sus diseños y sugería que si alguien tuviera una pieza de Memphis en su hogar nada podía estar cerca porque llegaría a contaminar la armonía del lugar.

Coco Chanel –alguien que encontraríamos en las antípodas del pop de Memphis– decía algo similar cuando recomendaba a las mujeres que antes de salir de la casa se miraran en el espejo y se quitaran algo. Moda y muebles no solamente empiezan con la misma letra, son dos vasos concomitantes. Por eso me apasiona mi trabajo: el mundo de la moda se basa en el diálogo y es en el diálogo de opuestos donde uno puede encontrar la verdad, o si quieren, el estilo.

Eso lo pude comprobar en esta exposición del MET-Breuer. Así que ya saben: ¡a seguir dialogando!

NINA GARCÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 66 - AGOSTO 2017

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