A velocidad de resort

A velocidad de resort

El veredicto de Nina

Nina García BOCAS

Nina García.

Foto:

Álvaro Corzo / Revista BOCAS.

18 de junio 2017 , 10:00 a.m.


París, Calabasas, Florencia y Kioto. El mundo de la moda giró alrededor de estas cuatro localidades en el último mes gracias a Chanel, Dior, Gucci y Louis Vuitton, cuatro de las casas con más reconocimiento y poder en la industria de la moda, que presentaron sus colecciones resort, o de pre primavera-verano.

En 1951 Christian Dior presentó una colección inspirada en las pinturas rupestres de Lascaux (nota al margen: les recomiendo el maravilloso documental que Werner Herzog hizo sobre estas cuevas). Este año, Maria Grazia Chiuri, la directora creativa de esa casa, decidió inspirarse en esa colección a la hora de plantear su propuesta. La diseñadora italiana hizo uno de esos mix que tan bien funcionan en el mundo de la moda: Lascaux, el arte de los indios americanos, el tarot y las pinturas de Georgia O’Keeffe –que actualmente se exponen en el Museo de Brooklyn en una brillante retrospectiva– están presentes en esta sólida colección de Maria Grazia, la cuarta con Dior. Estos diseños fueron presentados en un entorno natural incomparable: la localidad californiana de Calabasas, un escenario de películas icónicas como Lo que el viento se llevó y de series televisivas como Mash, que volvió a la popularidad gracias a la huella de Kanye West y sus diseños para Adidas en los que se lee impresa la frase “Made in Calabasas”. Más que un desfile, esta colección de Dior pareció un ritual pagano: globos aerostáticos de fondo, luz cálida de hoguera y unas mantas que nos esperaban en nuestros asientos. Maria Grazia nos contó una historia.

Ahora seguimos a Florencia. Muy pocos diseñadores tienen el talento y la capacidad de explicar múltiples historias en una colección y de tener en su poder una máquina del tiempo que hace dialogar el arte del Renacimiento con una película de Wes Anderson y con las décadas de 1960 y 1980. Alessandro Michele, el diseñador estrella de Gucci, lo volvió a hacer. 116 looks masculinos y femeninos se pasearon en una pasarela que instaló en uno de los edificios más icónicos de la ciudad italiana: el palacio Pitti. Michele tiene en su poder el don de la sorpresa y con un estilismo impecable hizo que este desfile no aburriera a ninguno de los asistentes (tengo que reconocer que a veces una colección de 15 looks puede hacerse eterna). No se puede olvidar otro aspecto destacado de las prendas que llevan el toque Michele: las creaciones del italiano tienen el drama de la pasarela, pero al mismo tiempo captan la atención del consumidor cuando las ve colgadas en una vitrina.

Escuché que la idea de Michele era mostrar esta colección en el Partenón de Atenas, pero ni la crisis económica que sufre Grecia ni el gran poder mediático de Gucci fueron suficientes para convencer a los políticos locales. Las ideas flotan en el ambiente y a pocas millas de Florencia, en París, uno de los grandes creadores de nuestro tiempo, Karl Lagerfeld, tuvo una idea similar. Chanel no nos hizo viajar a Grecia, pero el país helénico sí viajó a París. Una docena de columnas griegas se levantaron en el Grand Palais de París y sirvieron de escenario para una nueva colección de Chanel. Es imposible separar la realidad política de lo que vemos en las pasarelas: creo que Trump, brexit, las últimas elecciones francesas y los ataques terroristas que está sufriendo Europa estuvieron presentes en la mente de Karl cuando planteó su colección como un viaje al lugar donde nació la democracia y la cultura europea. Lo que más me gustó de esta colección fue su ligereza y versatilidad: fue un homenaje a Grecia en el que Karl no hizo disfraces.

El último viaje fue para el recuerdo. La primera vez que fui a Japón estaba muy pequeña para entender lo magnífica y diferente que es su cultura. Esta vez, el respeto a la naturaleza y a las tradiciones y el diálogo entre tecnología de última generación y la historia me dejaron con ganas de integrarme, de pasar varios meses allí. Tengo que dar las gracias a Louis Vuitton y a su director creativo, Nicolas Ghesquière, por su invitación. Su colección, que solo puede entenderse como una muestra de amor a la cultura nipona, fue presentada en el Museo Miho –diseñado por I. M. Pei, que este año está celebrando su centésimo cumpleaños–, situado a una hora en auto desde Kioto. Fue un collage que hizo dialogar a los estampados tradicionales con los colores de las películas de Kurosawa; a los guerreros nipones y sus armaduras con la sensibilidad de los kimonos. Todo pasado por el filtro pop del creador francés.

Nicolas, Maria Grazia, Alessandro y Karl me demostraron, una vez más, el gran poder de la moda. En un mundo que necesita historias, ellos me hicieron viajar a través del poder de la imaginación. ¡Que siga siendo así!

NINA GARCÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 64 - JUNIO 2017

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