El futuro en femenino

El futuro en femenino

EL VEREDICTO DE NINA

Nina García BOCAS

Nina García.

Foto:

Álvaro Corzo / Revista BOCAS.

23 de abril 2017 , 05:00 a.m.


El mundo de la moda se mueve en una espiral. Año tras año mi calendario está marcado por unas citas inamovibles –las llamadas “semanas de la moda”– donde los creadores muestran al mundo sus colecciones para la siguiente temporada y reescriben la historia de la industria al reforzar algunas tendencias o al abandonar otras que quedaron anticuadas. Después de observar las pasarelas de Nueva York, Londres, Milán y París, y de seleccionar los looks más relevantes de todas las colecciones, he llegado a la siguiente conclusión: para el próximo invierno dos tendencias claras van a reinar en las revistas, en los aparadores, en Instagram y en la manera en que se van a vestir las mujeres.

Karl Lagerfeld nos hizo viajar al futuro. Yo aún tenía fresca en la mente la maravillosa película Arrival, con Amy Adams, en la que unas naves extraterrestres hacen acto de presencia en el planeta Tierra, cuando Chanel levantó un cohete especial en el centro del Grand Palais de París. Desconozco de dónde sacó la inspiración el diseñador de origen alemán, pero últimamente los noticieros y las revistas no dejan de tratar el calentamiento global, el futuro de nuestro planeta y la posibilidad de un viaje de la NASA hacia Marte.

Además, si se analizan detalladamente muchas de las colecciones presentadas en las últimas semanas –de Christoper Kane a Bottega Venetta, Loewe, Saint Laurent, Balenciaga y J. W Anderson–, es posible observar que los acentos metalizados dominaron las pasarelas en homenaje a Paco Rabanne. Fue precisamente en la colección que diseñó el joven Julien Dossena para esta histórica casa francesa donde vimos la mejor interpretación en el mundo contemporáneo del estilo de este creador de origen vasco, cuya madre trabajaba como costurera para Balenciaga, que en la década de 1960 le hizo ver el futuro a toda una generación. Finalmente, Josep Font, para Delpozo, vistió a sus modelos con unos gorros que mezclaban toques medievales con la edad espacial de 1960: andando pausadamente en una pasarela blanca cercana al Hudson, las modelos parecían pájaros de otro planeta que habían aterrizado en Nueva York. Igual que en la película Arrival.

Otra de las grandes tendencias para esta temporada es el fin de la minifalda y de los vestidos con transparencias a lo Kim Kardashian y compañía. En primer lugar tengo que destacar que los pantalones y los trajes de chaqueta han vuelto: lo hacen con toques intensos de color en Óscar de la Renta; con un estilo oversized en Céline, Victoria Beckham y Dries Van Noten; deconstruídos en las propuestas de Haider Ackermann y Alexander McQueen; con tonos neutrales en Maison Margiela; con un toque retro en Bottega Venetta; a rayas en Altuzarra, y tomando ideas prestadas del armario masculino en Calvin Klein. Por ejemplo, vuelve el llamado pant-suit –como lo llaman aquí en Estados Unidos–, que durante la campaña electoral fue uno de Hillary Clinton. Esta gran tendencia para el próximo invierno la podríamos resumir bajo el lema del apoderamiento de la mujer. En las camisetas de la primera colección que Maria Grazia Chiuri diseñó para Dior y que vimos en septiembre se podía leer: “We all should be feminists” (todos deberíamos ser feministas). Pues bien, seis meses después este concepto ha sido desarrollado –amplificado y reinterpretado– por la mayoría de los diseñadores.

Al unir estas dos tendencias puedo resumir que el futuro quiere hablar en femenino. Si en los años sesenta la minifalda se convirtió en un emblema de la liberación de la mujer, la actual consolidación del traje de chaqueta transmite un mensaje poderoso al mundo: las mujeres vamos a ser esenciales en el futuro de nuestro planeta. No hay duda, estamos más que preparadas.

No puedo terminar esta columna sin mencionar a mi gran amigo Santi González, que falleció hace unos días. Santi era alegría y paz. Era una persona que miraba el futuro con optimismo y con color, un visionario que convirtió a Nancy González en la primera marca global de lujo hecha en Colombia. Santi tenía una visión concreta y clara del mundo de la moda, y también de los valores que debían marcar el camino del éxito en Nancy González. Así lo consiguió. Junto a Santi aprendí infinidad de cosas y compartí momentos que guardaré siempre en un rincón muy especial de mi corazón. Momentos y enseñanzas que vivirán en mí y que les he compartido a mis dos hijos. La eternidad tiene que ser esto: la transmisión de la sabiduría del vivir. Gracias por tanto, Santi. Te queremos y extrañamos.

NINA GARCÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 62 - ABRIL 2017

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