Antonio y Bill

Antonio y Bill

Un homenaje a Bill Cunningham y a Antonio López en la última columna de Nina García para BOCAS.

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El veredicto de NinaColumna de Nina García en Revista BOCAS

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02 de agosto 2016 , 05:42 p.m.

Más de cincuenta calles en Manhattan separan a dos amigos. Por un lado, en la calle 57 con Quinta Avenida, junto a la tienda de Louis Vuitton y frente a la tienda Tiffany’s que Audrey Hepburn popularizó con un croissant en la mano y unas gafas de sol, luce desde hace unas tres semanas un cartel que anuncia el Bill Cunningham Corner, una esquina dedicada a un querido y admirado fotógrafo de The New York Times que nos dejó hace un mes. Por otro lado, junto a Central Park, en la calle 105, El Museo del Barrio acoge la retrospectiva de una de las personas que más marcaron mi vida profesional: la del ilustrador Antonio López, que murió en 1987 y es considerado uno de los artistas más revolucionarios de nuestro tiempo.

Aprovechando que estamos en familia, voy a explicarles un secreto que creo que solamente he compartido con mis amigos más próximos.

Mi pasión por la moda empezó a una edad muy temprana. Influenciada por el estilo de mi madre y por su armario, siempre tan bien cuidado, aprendí que la moda es un lenguaje que transmite al mundo no solamente quiénes somos, sino quiénes queremos ser. Uno de mis lugares favoritos de Barranquilla era el hotel El Prado, el único lugar de mi ciudad al que llegaban todas esas revistas de moda extranjeras que nos hacían soñar y viajar a lugares exóticos al mostrar las últimas tendencias de París y Nueva York. Recortando pedazos de estas revistas y pegándolos en folios, yo hacía mi propia revista. Así sembré esa semilla, cuyos frutos recogería años más tarde.

Uno de los nombres habituales en estas revistas era Antonio López. Sus ilustraciones para grandes firmas de moda –me acuerdo perfectamente de las que hizo para Gianni Versace– y para Harper´s Bazaar, Interview, Elle o The New York Times, me influenciaron tanto que empecé a copiarlas en papel. De la mano de Antonio aprendí a no tenerle miedo al color ni a los estampados, entendí el poder arquitectónico de la moda y supe cómo conceptualizar los diseños a través del volumen. Él le dio vida al mundo de la ilustración de la moda, que a principios de los setenta estaba realmente muerto. Descubrió en la calle –y en las fiestas– a Jessica Lange, Jerry Hall, Grace Jones y Tina Chow. Los jóvenes bailarines del Barrio –la parte latina de Harlem– se convirtieron en su inspiración. Fue íntimo amigo de Karl Lagerfeld y de Yves Saint Laurent cuando París era una fiesta –que también documentó en unas fotos que hoy se pueden ver en este museo de Manhattan–, y hoy sus creaciones siguen desprendiendo vitalidad.

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Bocetos de Antonio López en la exposición de El Museo del Barrio, en Manhattan. Foto: Cortesía Nina García.

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También estaba Bill Cunningham, el fotógrafo de The New York Times que durante más de 40 años documentó la moda de las pasarelas, la calle y las fiestas de la alta sociedad de Nueva York y París. En las páginas que él creaba uno puede entender la evolución de nuestra sociedad y cómo la moda puede trasladar un tiempo concreto en eso tan abstracto que llamamos “tendencia”. Bill era un enamorado de la moda. Con más de ochenta años, iba en bicicleta por Manhattan siempre con una sonrisa, una rapidez de cazador y el uniforme de trabajo que nunca cambió: una chaqueta utilitaria francesa de color azul. Bill era un antropólogo con una cámara de fotos colgada en el cuello. Tuve la oportunidad de compartir muchos desfiles con él y en alguna ocasión tuve el honor de ser fotografiada. Su actitud y su ética profesional siempre sacaban lo mejor de uno. No se pueden imaginar cómo lo echaré de menos.

¿Y qué papel tuvo Antonio en la vida de Bill? Aunque Bill no acostumbraba a hablar de su vida privada ni de sus amistades, siempre que hablaba de Antonio y su pareja sentimental, Juan Eugene Ramos, lo hacía con una gran sonrisa (los llamaba “kids”). En una de las pocas charlas públicas que realizó, se puso a llorar con el recuerdo de los amigos que el sida se llevó, entre ellos Antonio y Juan.

Cunningham tenía un negocio de sombreros y Antonio hizo algunas ilustraciones para él. Pero fue David Montgomery, un amigo de Antonio, quien sin quererlo le cambió la vida por completo cuando en 1966 le regaló su primera cámara de fotos. En esta extraordinaria exposición de El Museo del Barrio se encuentran algunas de las primeras fotos que Bill realizó, en las que vemos a Antonio en acción.

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Bill Cunningham. Foto: Cortesía Nina García.

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Y siguiendo con esta simbiótica relación, fue Bill quien le presentó a Antonio al gran diseñador Charles James, considerado el primer couturier de Estados Unidos: aunque los separaban 37 años y provenían de clases sociales antagónicas, Antonio ilustró y documentó durante diez años todas las creaciones que James diseñó en su vida. Antonio, un puertorriqueño amante del break dance y lleno de juventud, se juntó con un diseñador de origen británico ya mayor y arruinado. Ellos sumaron su creatividad pensando en la posteridad. Es lo que sucede cuando el contraste se hace forma y los polos opuestos se atraen. Y es que en la vida real, como en el mundo de la moda, el contraste es garantía de creatividad. ¡Nos leemos en un mes!

Por: Nina García

REVISTA BOCAS
EDICIÓN 54 - JULIO 2016

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