Ganó el 'pero' y nació la polarización

Ganó el 'pero' y nació la polarización

Citas de Casas - Agosto 2017

Alberto Casas BOCAS

Alberto Casas Santamaría.

Foto:

Pablo Salgado / Revista BOCAS

20 de agosto 2017 , 09:00 a.m.


“Si no acabamos con la guerra, la guerra acabará con nosotros”.

H. G. Wells

Nada como la conjunción “pero” para describir y precisar la situación de nuestro país, afectado por el desacuerdo total entre la población frente a cualquier asunto de interés colectivo. “Pero” es la palabra de moda porque el adversativo implica oposición. Doña María Moliner, autoridad insuperable del castellano, afirma que estas conjunciones sirven para expresar contradicción y agrega que, a veces, más que una oposición, la palabra expresa la desvirtuación de una consecuencia.

Carlos Vives es un artista sensacional, PERO no como para ser el principal homenajeado en el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar. Es juglar y distorsionador de la autenticidad del género, agregan.

Nairo Quintana es el mejor corredor del ciclismo colombiano en todos los tiempos y uno de los más reconocidos en el mundo, PERO se equivocó al intentar ganar el Tour de Francia y el Giro de Italia el mismo año. Es queridísimo, PERO no dio el ancho.

Somos amigos de la paz, PERO no del Acuerdo.

“Está bien, por supuesto, suscitar el pacifismo, convocar al amor, proponer una Colombia por encima de las vanidades, de los partidos y de los egos, (…) PERO al mismo tiempo la palabra pierde impacto y vigencia cuando la imposibilidad de lograr lo anterior aparece, única y exclusivamente, como culpa y responsabilidad de los demás y en ningún caso del gobierno”, dijo el editorialista de El Nuevo Siglo.

Los fallos judiciales se respetan, PERO no se cumplen o no se comparten.

Los periódicos titulan con la conjunción “pero” para ilustrar mejor a sus lectores. Se usa la palabra “peros”, en plural, para predecir fracasos; los mismos “peros” llevaron al Libertador a su laberinto: según García Marquez “el general Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios se iba para siempre. Había arrebatado al dominio español un imperio cinco veces más vasto que las Europas, había dirigido veinte años de guerra para mantenerlo libre y unido, y lo había gobernado con pulso firme, PERO a la hora de irse no se llevaba ni siquiera el consuelo de que se lo creyeran”.

Desde entonces, y no solo ahora, arrancó lo que se conoce como la polarización. “‘No fueron esos ni tantos otros los motivos que causaron la terrible ojeriza que se fue agriando a través de los años [entre Bolívar y Santander, antecesor y predecesor] hasta culminar con el atentado del 25 de septiembre. Fue la imposibilidad de Santander de entender que este continente fuera un solo país”, escribió García Márquez en El general en su laberinto. “La unidad de América le quedaba grande. Era un pescado muerto’, decía [el general]. Repitió por milésima vez la diatriba de los empréstitos que Santander recibió de Londres, y la complacencia con que patrocinó la corrupción de sus amigos. Cada vez que lo evocaba, en privado o en público, agregaba una gota de veneno en una atmósfera política que no podía soportar una más”.

El diseño de la democracia colombiana para marcar las líneas del campo de juego, consolidada la independencia de España, se convirtió en un tour de force entre las fuerzas que se disputaban el espacio político de la nación recién nacida. Proclamamos la independencia en 1810, más de quince años antes de conseguirla, e iniciamos la pelea entre el Sí y el No de Antonio Nariño y de Camilo Torres. Pactado el cese de hostilidades entre Nariño y Torres, enfrentamos la guerra con el Imperio y se perfeccionó la victoria en el pantano de Vargas y en el puente de Boyacá.

Asegurada la nueva nacionalidad y finalizada la operación militar, Bolívar propone construir las formas constitucionales para asegurar la estabilidad jurídica de la nación, pero arrancan los “peros”. En esos años principia la jaqueca de la decadencia y coincide con el agotamiento físico del Libertador. La Convención de Ocaña, la noche septembrina y las revoluciones de las provincias le dan la bienvenida a la polarización.

Hoy los “peros” y la polarización continúan amenazando la fortaleza institucional de lo que fue, hasta 1830, la Gran Colombia.

ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 66 - AGOSTO 2017

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