Carta abierta a los amigos y enemigos de la JEP

Carta abierta a los amigos y enemigos de la JEP

BOCAS recuerda algunos puntos importantes para que este sistema de justicia tenga éxito.

22 de octubre 2017 , 06:00 a.m.


En el momento del cierre de esta edición, la ley que le podría dar vida a la Jurisdicción Especial para la Paz está a punto de ser debatida en las plenarias del Congreso. Durante los próximos años, la JEP no solo administrará un marco especial para tratar los crímenes que se cometieron durante más de cinco décadas de conflicto armado en el país, sino que, además, será la encargada de investigar a fondo los hechos para darles verdad a más de ocho millones de víctimas.

Sin embargo, la JEP, por lo que se ve, se convirtió en una herramienta electoral. Más allá de las obvias y necesarias críticas que deban provenir de todos los bandos, la responsabilidad del Tribunal de Paz y de las Salas de Justicia –los órganos de la JEP– será grandísima. Por esa razón queremos llamar la atención de algunos puntos que serán muy importantes para que este sistema de justicia sea un éxito.

– Ni la izquierda, ni la derecha, ni el gobierno, ni ningún partido político deberían pensar que este sistema de justicia es una herramienta para conseguir votos. El Tribunal de Paz debería actuar con total independencia.

– El mayor compromiso de la JEP es con las víctimas del conflicto: son más de ocho millones de personas –¡casi el 17 % de la población colombiana!– las que han sido afectadas por desplazamiento forzado, homicidio, desaparición forzada, torturas y secuestros. Todas ellas tienen heridas abiertas y la única manera en que estas heridas pueden empezar a cicatrizar es conociendo a fondo la verdad de lo que sucedió en cada uno de sus casos.

– La JEP es el punto central del Acuerdo de Paz con las Farc. Si no fuera por el compromiso del Estado de diferenciar los crímenes comunes de los que fueron cometidos en relación con más de cincuenta años de conflicto, las Farc no hubieran entregado las 8.994 armas y las 750 caletas que verificó la ONU cuando dio por terminado el proceso de desarme.

– En todos los acuerdos de paz en el mundo se han instaurado sistemas especiales para juzgar los crímenes o, al menos, para confesarlos o investigarlos. Desde Irlanda hasta El Salvador, y desde Guatemala hasta Suráfrica, siempre las negociaciones han incluido una instancia de justicia que en lugar de culpar a las partes –como lo hace la justicia ordinaria–, intenta encontrar la verdad y la reconciliación.

– Una frase de Desmond Tutu, uno de los líderes de la reconciliación en Suráfrica, resume la filosofía que debe primar en este tipo de tribunales: “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón”.

– Por eso, a los victimarios, hay que invitarlos a dejar de lado el orgullo y la soberbia. Acá no hay espacio para el protagonismo ni las provocaciones: el Tribunal de Paz es un espacio que implica el compromiso absoluto con la verdad y para eso, ante todo, hay que reconocer los errores con humildad y trabajar por la reparación de las víctimas. Del otro lado hay muchos colombianos dispuestos a perdonarlos; algunos ya lo hicieron.

– En este punto, vale la pena decir que todos, tanto los amigos como los enemigos de la JEP, deberían tomarse un momento para revisar los nombres de los 38 magistrados titulares y los 13 magistrados suplentes que conformarán el Tribunal de Paz y las Salas de Justicia. En sus perfiles sorprende la diversidad: hay académicos, juristas, expertos en derechos humanos y personas que pertenecieron a la Justicia Penal Militar. Un balance que por ahora se percibe como una carta de garantía.

– A todos ellos queremos invitarlos a que recuerden el compromiso que tienen con la memoria. No solo se tratará de oír a las víctimas y a los victimarios, sino de investigar a fondo y con mucha firmeza. Esta será una oportunidad de oro para reconstruir las causas y los hechos que están escondidos en más de sesenta años de conflicto armado. El tejido de la memoria podrá servir para mirar a los ojos al otro y reconocer en él la historia común de un país, así esta resulte dolorosa.

– Una de las mayores críticas que ha recibido la JEP es que no habrá cárcel para los responsables de delitos, pero, sobre todo, que quienes se sometan a la JEP podrán participar en política. Este marco jurídico se aleja de la noción de justicia como venganza: hay que recordar que habrá penas alternativas dirigidas a la reparación de las víctimas. Esto no es algo banal: Rodolfo Arango, uno de los magistrados elegidos para el Tribunal de Paz, dijo que esta puede ser una buena oportunidad para lograr un cambio cultural hacia el perdón y el reconocimiento en una sociedad que lleva décadas acostumbrada a la agresión y la venganza.

– Ojalá la JEP actúe con suficiente sabiduría para que no paguen justos por pecadores y que nadie se pueda ver envuelto en una cacería de brujas.

– No sobra recordar que los tribunales deben convertirse en un ejemplo de equidad y juzgar con el mismo rasero a todas las partes del conflicto: el objetivo supremo es la verdad. ¿Se podrá?

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